Invaluable


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«Hinata»

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—¡Tokuma! —gritó Shizune a través de la casa—. Deberías venir a buscar a tus pequeños traviesos antes de que los estrangule.

Reí mientras Gracen, el hijo de dos años de Shizune, se deslizó por debajo de su brazo y corrió de nuevo hacia donde yo estaba sentada en la cama, seguido casi inmediatamente por su hermana gemela Issa cuando se liberó de su madre. Se arrastraron sobre el colchón, Issa fascinada con mis pendientes y tirando de mi collar de corazón, Shizune se dio la vuelta y levantó las manos en derrota.

—Me doy por vencida. No puedo pararlos.

—¿Qué pasa? —Tokuma apareció en la puerta, mirando el caos con cautela.

—Tus hijos... —Shizune los señalo, en caso de que los olvidara, supongo—. No dejan de perseguir a Hinata.

Él parpadeó, claramente perplejo. —Eso es lo que siempre hacen.

—Lo sé, pero estoy tratando de prepararla para su cita, y sería muy bueno si no estuviera unida a los niños por una vez. ¿Puedes...? —Hizo un gesto hacia los gemelos y una mueca de dolor cuando Gray estornudó en la parte delantera de mi vestido.

—Sip. Los tengo. —Tokuma entró y arrastró a su hijo bajo un brazo y a su hija debajo del otro, y luego los levantó a ambos. Issa y Gray se echaron a reír, cuando los sacudió a propósito amenazándolos con dejarlos caer.

—Eres el hombre más increíble de mi vida —lo arrulló Shizune, ahuecando su rostro en las manos antes de levantarse para presionar un suave beso en su boca.

Le hizo un guiño.

—Me puedes pagar más tarde. —A medida que su mirada se desvió hacia mí, su sonrisa cayó—. Te ves bien —murmuró antes de preguntarle a su esposa—. ¿Estás segura de que ese vestido no es demasiado corto?

—Es perfectamente respetable —argumentó—. Le queda hasta las rodillas.

—Hasta que se siente, y va a estar haciéndolo toda la noche.

Acariciando sus mejillas, Shizune se río y lo echó de la habitación.

—Todo lo que quiere es bromear con su cita.

—¿Bromear? —Se hizo un eco, moviendo la cabeza para mirar boquiabierto a Shizune—. ¿Qu-qu-qué, podría ser una broma? No tiene por qué haber ninguna burla.

—Oh, pfff. Tiene veintidós años. Deja de preocuparte tanto. —Con eso, le dio una palmada en el trasero para que se vaya.

Parecía como si quisiera discutir con ella antes de mirarme y ver el dolor en mis ojos. Se encogió de hombros en derrota, dejó escapar un suspiro y luego se dio la vuelta, preguntando a sus hijos—: ¿Quién quiere helado?

Sus chillidos resonaron por el pasillo mientras se los llevaba. Shizune gimió cuando volvió a mí.

—Sí, esoes lo que necesitan —se lamentó—. Una dosis de azúcar para hacerlos más hiperactivos.

—Es probable que les dé galletas, también —sentí la necesidad de añadir. Porque era cierto. Tokuma consentía demasiado a sus hijos. Me parecía que era un aspecto adorable en mi hermano. Shizune se quejaba de ello, pero sabía que también le encantaba, sobre todo porque amaba todo lo que estuviera relacionado con él.

Me frunció el ceño un momento antes de romper en una sonrisa.

—Estoy segura de que lo hará. Es muy blando.

Oh sí, sin duda le gustaba su lado consentidor. A mí también me gustaría si estuviera casada y la mayor debilidad de mi marido fueran nuestros bebés.

Una punzada de pérdida, pero también de anticipación recorrió mi cuerpo. Siendo realistas, sabía que probablemente nunca podría experimentarlo, pero... tal vez si esta noche iba bien tenía que dejar de pensar de esa manera. Pobre Utakata. Si supiera qué tipo de sueños y expectativas ya estaba fijando en él.

Tenía que dejar de hacerlo. Ahora mismo.

Ya.

Uf, esto de reprimir sueños era algo duro.

Frente a mí, Shizune se frotó las manos con deleite, mirándome a la cara como si fuera un artista contemplando un lienzo en blanco.

—Creo que vamos a empezar con una base plateada en la esquina de tus ojos, a continuación, algo de azul marino debajo —dijo, abriendo de golpe el kit de maquillaje que se parecía más a la caja de sueño de Barbie, agarró media docena de sombras de ojos—. Luego polvo con un poco de melocotón y rosa ciruela... Levantó un color a mi cara y cambió su mirada entre mis ojos y la sombra, luego hizo una mueca y sacudió la cabeza—. No. Tal vez... ajá. Rosa dorado. Oh sí. Eso es perfecto.

Me senté lo más quieta posible, aunque no del todo, pero Shizune ya estaba acostumbrada a maquillarme, y era una profesional en ponerme bonita, a pesar de mi constante meneo.

Durante un par de minutos, ninguna de las dos habló. Mi mente se perdió en lo que iba a suceder en menos de treinta minutos, mientras mi estómago se retorció con nervios, los buenos ylos malos. No podía calmar la agitación en mis miembros. Casi quería vomitar y sin embargo a la esperanza dentro de mí le habían brotado alas tan grandes que estaba segura de que podría comenzar a flotar en cualquier momento.

—Me siento como Pinocho —dije, necesitando decir algo porque temía que podría estallar si lo contenía todo dentro de mí.

Shizune hizo una pausa en aplicar rubor a mis mejillas para enviarme una mirada extraña.

—¿Estás mintiendo sobre algo?

—No —me reí—. Por fin voy a llegar a ser una chica de verdad.

En lugar de compartir mi emoción, los ojos de Shizune se llenaron de tristeza.

—Oh, Hinata cariño, siempre has sido real.

Negué con la cabeza.

—No. Realmente no. Es decir, siempre he sido una espectadora. Aparte de la graduación, en realidad nunca he salido y he hecho algo. Esto se siente como mi primera oportunidad de hacer algo. De vivir.

Sin embargo, aún no lo entendía.

—Yo... Lo siento mucho. Nunca me di cuenta que te sentías de esa manera. Me refiero, tanto Tokuma como yo hemos tratado...

Cogí sus manos para detenerla.

—Shizune. Tokuma y tú son increíbles. Nunca podría merecer todo lo que han hecho por mí. Pero esto es algo que finalmente estoy haciendo por mí misma.

—Oh —susurró y sus ojos se llenaron de humedad como si estuviera a punto de estallar en lágrimas. Luego se lanzó hacia delante y echó los brazos alrededor de mí para darme un abrazo enorme—. Estoy muy orgullosa de ti, Hinata —me dijo al oído—. Por todo lo que has logrado y todo lo que todavía estás logrando. Eres la mejor cuñada y tía de mis hijos que cualquier mujer puede tener. Te deseo toda la felicidad del mundo esta noche.

Cuando se retiró, sus ojos ya no estaban cubiertos de rocío. Ahora nadaban con la humedad.

—Maldita sea. —Limpió la humedad—. Me prometí que no iba a llorar.

Saqué un pañuelo de la caja que estuvo utilizando para perfeccionar mi maquillaje y se lo entregué.

—¿Es mi turno para recordarte que tengo veintidós?

—La edad no tiene nada que ver con eso —murmuró, tomando el pañuelo y limpiando su nariz—. Se trata de tu primera cita. Lloraría si tuvieras diez o treinta años.

Excelente. Ahora iba a llorar yo. Y Shizune ya había terminado mis ojos. Estaba segura de que lucían maravillosos. No quería arruinar todo su hermoso trabajo.

Siempre había estado ahí para mí y se esforzó por hacerme sentir bien conmigo misma. Esta mujer era la madre de mi corazón, y yo era muy afortunada de tenerla en mi vida. Siempre supe que podía pedirle algún consejo, lo que me recordó...

—¿Y si quiere besarme?

De acuerdo, probablemente estaba soñando muy por encima de mi nivel con ese pequeño deseo, pero... podría suceder. Tal vez. Utakata me invitó a salir.

Seguramente pensó que también merecería un beso.

Sin duda.

—¿Lo quieres? —preguntó, sus ojos oscuros brillando con malicia. Cuando movió las cejas, me reí y me sonrojé.

—No sé. —¡Sí! Tenía tantas ganas de saber cómo se sentía un beso.

—Bueno... —Apretando los labios como si tratara de controlar una sonrisa tonta, Shizune tomó aire—. Besas a Issa y a Gray todo el tiempo, por lo que ya tienes esa parte. Con besos de boca a boca, creo que lo más importante es evitar chocar las narices. Así que él va a inclinar ligeramente la cabeza hacia una dirección, entonces debes tratar de inclinar la tuya para el otro lado.

Practiqué inclinando la cabeza, mientras Shizune se reía, capturando mi cara entre sus manos.

—Tal vez no tanto. Ahí. Eso

El calor corrió a través de mí cuando recordé que hace apenas un par de noches, Naruto y yo estuvimos en mi cama presionando nuestras frentes.

Inclinamos nuestras cabezas del mismo modo. Era como si hubiéramos estado preparándonos para algo que nunca pasaría entre nosotros.

Aclarándome la garganta, murmuré—: Creo que sé lo que quieres decir. — Entonces seguí—. ¿Qué pasa con la lengua?

—¿En el primer beso? —graznó Shizune, abriendo mucho los ojos—. Oh diablos, no.

Mis mejillas se sonrojaron aún más. —No sabrá que es mi primer beso. —Al menos, esperaba que así fuera.

—Bueno, en mi humilde y honesta opinión, cualquier primer beso entre dos personas nunca debe comenzar inmediatamente con la lengua. —Sonreí mientras terminaba. Siempre fue entretenido cuando Shizune decidía impartir sus puntos de vista sobre la vida conmigo—. Un primer beso es una etapa introductoria, donde dos desconocidos todavía están conociéndose uno al otro. —Recogió dos tubos de lápiz labial y los separó con un par de centímetros, pretendiendo que eran dos personas a punto de besarse—. Si vas con fuerza al primer movimiento —los tubos se unieron de golpe y los balanceó—, arruina toda la experiencia.

»Si se empieza así, solo se puede ir hacia abajo desde allí, así que... —Separo los tubos de labios, y luego poco a poco los acercó más, como si se estuvieran oliéndose el uno al otro—. Tienes que comenzar con el simple contacto de los labios. Y si eso va bien, a continuación, sus cuerpos pueden acercarse de forma natural. —Los tubos se unieron suavemente, y la ropa de repente se sintió un poco apretada contra mi pecho—. Antes de que te des cuenta, tu mano estará agarrando su hombro o su cuello, o algo así, y luego, cuando la respiración se intensifique y sus corazones latan un poco más rápido, él podría probar aguas y empujar la lengua contra tus labios, pidiendo acceso.

Con mi mirada pegada a los lápices de labios que se besaban, tragué saliva.

—¿Y si eso sucede?

Sonrió. —Bueno, si lo deseas, se lo permites. Ah, pero... —Hizo una mueca, apartando las barras de labios—. No basta con abrir la boca y luego no hacer nada con tu lengua. A eso se le llama un beso de pescado. Muy mal. Tienes que hacer cosas con la lengua también si él lo está haciendo.

—¿Sí? —Oh, mierda. Esto empezaba a sonar complicado—. ¿Cómo?

¿Debería tomar notas?

Shizune frunció el ceño, antes de arrojar un tubo a un lado y destapar el otro. A medida que lo trajo a mi boca para aplicar una capa, murmuró—: No sé. Solo imita un poco lo que hace él.

—Le imito —repito, confundida, ahora con la esperanza de que Utakata no trate de besarme.

—Se trata básicamente de algo instintivo. —Dejando a un lado el lápiz labial y recogiendo el brillo de labios para cubrir lo que acababa de aplicar, se encogió de hombros—. Es difícil de explicar, pero una vez que estás ahí, lo haces sin pensar en ello.

Excelente. Tenía cero habilidades instintivas. Toda la expectación se volvió rápidamente temor.

¿Qué demonios pensé al ir a una cita? Naruto tenía razón: yo no era un ser sexual. Yo no pertenecía a las citas, los besos, al mundo instintivo.

—Relájate —murmuró Shizune, dándose cuenta de mi ansiedad. Acarició mi mejilla y sonrió—. Ni siquiera pienses en esa parte. Diviértete, llega a conocerlo, solo sé tú misma. Lo harás muy bien.

Al momento en que lo dijo, sonó el timbre de la puerta. El sonido vibró a través de mi pecho como el gong de la fatalidad.

—Oh, Dios —gemí.

—¡Yay! —Shizune empezó a aplaudir, haciendo un bailecito feliz delante de mí—. Ya está aquí y llegó unos minutos antes. Es una buena señal. —Agarrando mi silla de ruedas, la rodó para que pudiera subir—. Vamos, pollito. ¡Es hora de irse!

Me puse de pie. Después de tomar un paso tambaleante hacia adelante, me hundí en mi silla, dejé escapar un suspiro tembloroso y miré a Shizune.

—Te ves increíble —dijo antes de que pudiera preguntar.

Sonreí. Podía apestar en esta cosa de las citas completamente pero al menos estaba satisfecha con saber que me veía bien mientras tanto.

Shizune me siguió desde la habitación, por el pasillo hasta el vestíbulo, donde Utakata se hallaba de pie junto a la puerta mientras hablaba con Tokuma acerca de tener un lugar para guardar mi silla de ruedas en su coche. Al mismo tiempo, observó a Issa y Gray, que lo miraban con gran curiosidad.

Un dedo se clavó en mi espalda justo entre los omóplatos, y Shizune susurró entre dientes en mi oído—: Oooh, trajo flores. ¡Punto a favor!

Issa señaló y dijo—: Flor.

—Uh...—Utakata miró el ramo de margaritas en su mano y saltó como si se sorprendiera al verlos—. Oh. Está bien. —Sacó una del lote—. Aquí tienes, princesa.

Se lo entregó y Shizune me empujó de nuevo, silbando. —¿Acabas de ver eso? Oh, Dios mío, tan dulce.

Hice un gesto con la mano para hacerla callar porque estaba bastante segura de que Utakata la había oído, también. Tanto él como Tokuma echaron un vistazo, justo cuando Gray cuando empezó a hacer un berrinche porque su hermana consiguió una flor y él no.

Cuando Utakata se dio cuenta de que sería mejor darle al niño una flor, o podría tener la tercera guerra mundial en sus manos, rápidamente desprendió otro tallo y se lo entregó. Gray, sin embargo, utilizó su ramillete como una espada de duelo con su hermana, que empujó hacia su ojo. Ella gritó de ira, pegándole con su flor, y ambos padres intercedieron, separándolos y, básicamente, me dejaron sola junto a Utakata en el vestíbulo.

Me envió una sonrisa triste antes de entregarme el resto de mi ramo.

—Aquí tienes. Lo siento por eso. Todavía hay un par para ti, supongo.

Me reí al tomar el ramo, mientras el calor me invadía porque estaba siendo tan agradable. Supuse que significaba que aún no lo había arruinado. —Gracias.

Al tiempo que las llevé hacia mi nariz para inhalar su fragancia dulce, uno de los niños empezó a llorar en la otra habitación.

Utakata se encogió.

—Guau. No quería empezar nada.

—No te preocupes. Lo hacen todo el tiempo.

Sus ojos se abrieron con horror y casi me reí de su expresión, pero pensé que reírme de él podía ofenderlo, por lo que logré parar. Una respiración más tarde, el segundo niño se puso a llorar.

—Déjame poner éstas en un poco de agua, y nos podemos ir —dije rápidamente, lista para sacarlo de aquí antes de que me abandonara debido a mi loca familia.

Puso su oído en mi dirección.

—¿Qué?

Levanté las flores y dije un poco más fuerte—: Agua.

—¡Oh! Puedo hacer eso —se ofreció, dando un paso adelante.

Pero levanté una mano.

—No es un problema.

Se detuvo y asintió, por lo que me apresuré a salir de la habitación. Cuando regresé, Issa y Gracen seguían llorando en algún lugar al final del pasillo.

—Es hora de escapar —anuncié, lo que lo hizo sonreír.

Cuando cogí mi bolso, dio un paso hacia delante como si esperara de alguna manera ayudarme, pero debió de haberse dado cuenta de que lo tenía bajo control porque sus hombros cayeron y dio un paso atrás de nuevo. En su lugar, abrió la puerta para mí.

Sonreí hacia él, encantada de que fuera un caballero. Me siguió por la rampa frontal y hacia lo que supuse era su coche junto a la acera.

—Así que, ¿cómo hacemos esto? —preguntó.

Echando un vistazo por encima del hombro, me puse de pie y me apoyé en su coche mientras doblaba la silla.

—¿Qué cosa?

Estaba demasiado ocupado mirándome boquiabierto.

—Oh —farfulló—. Caminas.

—Solo unos pocos pasos a la vez. ¿Dónde quieres esto? ¿En el asiento de atrás?

Al parecer aún aturdido por mis impresionantes capacidades, finalmente se adelantó para tomar la silla plegada.

—Permíteme. Voy a ponerlo en el maletero.

—Gracias. —Me sostuve del coche, mientras me di la vuelta para tratar de abrir la puerta del lado del pasajero y la encontré desbloqueada. Uf. Con los tacos que Shizune me había hecho poner era un poco más difícil de lo normal, pero me las arreglé.

En el momento en que Utakata guardó mi silla, ya estaba acomodada, con el cinturón puesto, y lista para irnos.

—Vaya, eres buena en eso —dijo mientras se sentó al volante.

Su alabanza me hizo resplandecer.

—He tenido práctica.

Guau, tal vez no iba a apestar esta noche, después de todo. Aparte de mi familia aterradora, personalmente parecía estar haciendo bien todo este asunto de citas.

Y Utakata era un auténtico caballero.

—Entonces, ¿a dónde vamos? —pregunté, poniendo la mano sobre mi estómago porque me estaba muriendo de hambre.

Frunció el ceño, pensativo antes de decir—: Lo siento, ¿qué?

Pff. Él no me podía entender. Me olvidaba que no era de la familia; que no estaba acostumbrado a mi lengua vernácula. Mi defecto del habla había mejorado drásticamente desde Shizune me programó una cita con un terapeuta cuando tenía trece años, así que pensé que hablaba muy claramente en estos días. Sin embargo, a veces algunas personas todavía tenían problemas para entenderme.

Poco a poco, repetí—: ¿A dónde vamos?

Había estado demasiado nerviosa para comer antes. Pero ahora... ahora tal vez podría comer una ballena. Oh mierda, ¿cómo era de indecoroso que comiera como un cerdo en la primera cita?

Maldición, eso hubiera sido una buena pregunta para Shizune.

—¿Qué hay de mi casa? —preguntó, lanzando una mirada incierta.

Mis labios se separaron, ya que no esperaba eso. En mi cabeza, todas las ideas igualaron salir a ir a comer a un restaurante.

—Um... —Negué con la cabeza, liberándome de esa noción—. Por supuesto. Eso suena bien.

En realidad, eso podría ser mejor. Aún no me sentía del todo cómoda en público. Si éramos solo nosotros dos, podía relajarme y ser yo misma.

Esperaba.

Mis manos juguetearon en mi regazo durante los cinco minutos que duró el viaje hacia su complejo de apartamentos. Aprendí hace mucho que inquietarme a propósito aquietaba una gran cantidad de movimientos involuntarios.

Ninguno de los dos habló, y no era un silencio cómodo. Seguí tratando de pensar en cosas que decir, solo para vetar todas las ideas.

—Aquí estamos —murmuró mientras entraba en el estacionamiento del edificio y encontraba un lugar para aparcar, muy lejos del sitio de discapacidad, donde tendría que ir a rodar mi silla para subir a la acera.

—Esta es una zona muy buena —dije, cuando ambos abrimos nuestras puertas. Nos encontrábamos en la parte histórica de la ciudad—. ¿Tu edificio es parte del recorrido histórico?

Se detuvo y miró hacia atrás.

—¿Qué?

Mi cara se calentó. Está bien, incluso yo oí el insulto esa vez. Asegurándome de pronunciar cada palabra precisamente, repetí la pregunta.

—Oh. Uh... —Sacudió la cabeza, mirando un poco aturdido—. No lo creo.

No dijo nada más mientras abría su baúl y sacaba mi silla.

Muy bien entonces. Él no era un gran conversador. Nota tomada. Pero sip, no estaba segura de cómo trabajar con eso.

—Gracias —le dije mientras me hacía cargo, desplegando la silla de ruedas y deslizándome hacia abajo en mi asiento.

Las cosas continuaron siendo más incómodas mientras trataba de guiarme directamente a la acera, pero tuve que buscar una parte más plana para llegar allí.

—Oh, lo siento. —Hizo un movimiento de disculpa con sus manos, pero le dije que estaba perfectamente bien. Él no se hallaba acostumbrado a este tipo de vida. No era su culpa.

Pero creo que empezaba a hacerlo sentir incómodo. Él jugó con el cuello de su camisa tan pronto como entramos en el elevador. Estaba casi tentada a decirle que debería solo desabrochar el botón superior cuando finalmente lo hizo.

Una vez que alcanzamos el quinto piso, me guió al apartamento 5A y desbloqueó la puerta antes de dejarme pasar primero. Encendió las luces mientras venía detrás de mí, y me di la vuelta para estar frente a él, preguntándome que se suponía que debía pasar ahora.

No había ningún olor en el aire como si él estuviera cocinando algo en el horno. Comencé a preguntarme si iba a haber alguna comida involucrada en esta cita justo mientras jugaba con su ahora abierto cuello de la camisa y luego me miró.

Le dediqué una sonrisa, esperando que ayudara a resolver su inquietud. Las sonrisas ayudaban con todo, ¿verdad? Pero la mía solo parecía ponerlo aún más incómodo. Desvió su mirada bruscamente, y me pregunté si —mierda— tal vez estaba babeando. Con un rápido movimiento del dorso de mi mano a través de mi boca, me di cuenta de que todo se encontraba bien allí. Gracias a Dios.

—¿Tienes sed? —preguntó finalmente.

—Um... sip, claro. —Asentí, aliviada al sacarlo de la habitación. Necesitaba un momento para aclarar mi cabeza y pensar en algo que decir, porque era obvio que él no iba a ser el iniciador de la conversación.

Traté de pensar en alguna de las cosas que Naruto y yo hablábamos ya que era un chico cerca de la misma edad de Utakata, pero él y yo hablábamos sobre muchas cosas y era difícil resumirlo a un solo tema.

Oh, a excepción tal vez de las películas.

Las películas eran un buen tema seguro. O programas de televisión.

Esperaba que Utakata fuera un fan de Supernatural. Tal vez podríamos sobrevivir a la noche si conectábamos sobre Dean y Castiel. Iba a preguntarle acerca de eso.

Desde la cocina, escuché la refrigeradora abierta y el tintineo de las copas. Mis nervios se pusieron en marcha. Él estaba sacando objetos de cristal; trataba de impresionarme un poco. Eso era bueno.

Todo se encontraba bien.

Podíamos hacer esto.

A mi lado, algo sonó. Miré por encima para encontrar que dejó su celular boca arriba en su mesita de café. Cuando una cierta palabra llamó mi atención, fruncí el ceño y me incliné más cerca, leyendo el mensaje completo.

Y lo que vi hizo que mis venas se llenaran de hielo puro.

Continuará...