Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.


Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!


Figura Ocho

Capítulo Ocho: Besos y Besos

EPOV

Dios, besar a Bella era un sueño hecho realidad. No esperaba que ella correspondiera mis sentimientos, pero cuando dijo que se sentía igual que yo quise gritarlo desde los techos. Así que hice la segunda mejor opción. La besé. Acuné su rostro en forma de corazón y presioné mis labios sobre los suyos. La jalé gentilmente hacia mi cuerpo, rodeando su pequeña figura con mis piernas. Sus dedos se enredaron en mi cabello y gimió en voz baja.

Bien, se besaron. ¿Podemos tener algo de acción? ¿Por favor? ¡Nos estamos marchitando aquí abajo!

No es el momento, cabrones. Estoy besando a la chica de mis sueños.

Besar su boca es divertido. Pero viaja más al sur… besa ESOS labios.

De verdad necesitaba encontrar un psicólogo.

Estaba tan enfrascado en el beso que al parecer no escuché las llaves de Alice. La puerta se estampó contra mi espalda baja y gemí.

—¡Owww!

Alice se disculpó y preguntó por qué estábamos en el piso. Ayudé a Bella a levantarse y le conté a Alice sobre el encuentro con Jacob. Sin embargo, las deje solas para platicar. Agarré un par de jeans, un bóxer y una camiseta blanca. Me metí a la ducha y dejé que el agua corriera por mi cuerpo. Especialmente por mi espalda. Alice me pegó con fuerza.

Casi estaba tentado a masturbarme, pero se sintió raro pensar siquiera en eso con Bella en la otra habitación. En un mundo perfecto, su mano estaría envuelta alrededor de mi polla. No la mía.

Ahora ves la sabiduría de nuestros métodos. ¿Deberíamos ir por ella?

¡Ugh! ¡CÓMPORTENSE!

Terminé mi ducha y me afeité la cara. Terminé de vestirme, poniéndome una camisa de botones color azul sobre mi camiseta. Me rocíe algo de colonia, agarré mis zapatos y salí descalzo hacia la sala. Alice estaba sentada en el sofá que ya habían vuelto a montar, vibrando dentro de su piel.

—Hola, Hada —dije al sentarme en una silla.

—¡Eres el mejor, Brit! Hiciste sonreír a mi mejor amiga. O sea, una sonrisa genuina —gritó Alice—. ¡Podría besarte! Pero dejaré que mejor beses a Bella. Ella necesita un poco de amor.

—Uh —me sonrojé al ponerme los calcetines y zapatos—. Eres un poco rara, Alice.

—Lo sé. Entonces, ¿cómo estuvo? —preguntó Alice, dejándose caer sobre mi regazo.

—Espacio personal, Hada —bufé—. Me gusta tenerlo.

—A mí no. Aguántate —dijo Alice mientras saltaba en mis piernas.

—De acuerdo, deja de montar mis piernas. Justo ahora tienen consistencia de hule gracias a que fui a correr —dije, deteniendo su cuerpo—. No voy a soltar la sopa sobre nuestro beso. Pero sí tengo una pregunta respecto a Jacob.

—¡Ugh! Lo odio. Es un jodido idiota —Alice hizo una mueca—. ¿Qué hay con él?

—¿Siente algo por Bella? —pregunté, apretando el puño.

—No que sienta algo por ella como tal. Ella era una conquista. Quería meterse en sus bragas y cada vez que lo rechazaba, él se volvía más y más hosco —dijo Alice—. Pero Bella nunca habría aceptado estar con él. Es un patán. Ella tiende a alejarse de gente así. En realidad, ella tiende a gravitar más hacia la bondad en la gente. Creo que es por eso que se abrió contigo. Eres un hombre bueno por naturaleza, Edward. Irradias optimismo.

—¿Me vas a decir que mi aura es color rosa? —bromeé.

—No. No estoy tan chiflada —se rio Alice—. La mamá de Bella es quien leería tu aura.

—Dios, ¿ustedes tienen acceso a mariguana de la buena o algo así? Todos los que están relacionados con Bella tienen una especie de sexto sentido en ellos. Tú puedes "sentir el futuro". Aro puede leer a la gente, ¿y ahora la mamá de Bella puede ver mi aura?

—Pues Jasper sí tiene acceso a mariguana de grado médico. ¿Quieres un poco? Te provoca el mejor viaje —se rió Alice.

—No. Mi compañera fue expulsada indefinidamente del deporte por su consumo de drogas. Me quedaré con el alcohol —dije, palmeando las piernas de Alice—. Le prometí a Bella que le prepararía de desayunar y me gustaría prepararle uno de mis omelettes.

—¿Sabes cocinar? —gorjeó Alice—. Dios, eres un chico de ensueño. ¿Me puedes preparar uno a mí también?

—Seguro —sonreí. Agarré todos los ingredientes para los omelettes y comencé a prepararlos. Alice hizo pan tostado y puso la mesa. Bella salió usando un par de jeans ajustados, un suéter café y zapatos de piso. Su cabello estaba rizado y salvaje, colgándole sobre los hombros.

—¿Cómo está tu espalda? —preguntó Bella.

—Tengo un lindo moretón. Gracias, Alice —dije con ironía.

—Tú fuiste el inteligente que se sentó frente a la puerta —bromeó Alice.

—Puede que tenga que pedirle a Emmett que me dé un masaje de espalda —gruñí—. No es algo que espere con ansías. Como sea, el desayuno está servido. —Puse dos platos en la barra y terminé de servir mi plato. Me serví una taza de café y me senté junto a Bella.

—Santa mierda —gimió Alice—. Este es el mejor omelette que he probado en mi vida. Es tan ligero y esponjoso.

Bella probó un bocado y me miró.

—Sabe delicioso —dijo—. El mejor de todos.

—Gracias —me sonroje mientras mordisqueaba mi pan tostado. Comimos en silencio. Alice estaba sorprendentemente callada. Estaba demasiado ocupada llenándose la boca con sus huevos.

—¡Brit! Eso estuvo delicioso. Me voy a bañar, luego me iré a mi tienda —dijo, despeinando mi cabello húmedo—. ¡Muchas gracias!

Bella agarró nuestros platos y lavó los trastes.

—El desayuno estuvo delicioso, Edward —murmuró, mirándome sobre su hombro—. Gracias. Voy a tener que subir a tu departamento por comida. Aunque Alice intenta cocinar, no es muy buena.

—Eres bienvenida cuando quieras —sonreí al pararme detrás de ella, envolviendo su cintura con mis brazos. Se recargó hacia atrás y puso sus manos en mis brazos. Nos quedamos ahí parados disfrutando del abrazo.

—Bien, ¿a dónde te llevaré primero? —preguntó, girándose en mis brazos. Apoyó sus manos en mi pecho, rascando ligeramente mis pectorales.

—A la mueblería —respondí—. Luego la agencia de autos.

—¿A qué hora te puedes mudar mañana? —preguntó Bella, mirándome entre sus pestañas.

—El casero dijo que podía recoger mis llaves a las nueve —respondí, frotando su espalda con mis pulgares—. ¿Crees que Emmett y Jasper estén dispuestos a ayudar a sacar las cosas de tu cuarto de invitados?

—Oh sí. Ya hablé con ellos respecto a eso —dijo Bella—. Sólo no estaba segura de a qué hora necesitaban estar aquí.

—Voy a intentar programar la entrega de los muebles cerca de las once. ¿Qué te parece si vienen alrededor de la una? Les prometo pizza y cerveza. Añade el supermercado a la lista de lugares a donde me tienes que llevar.

—Les enviaré un mensaje antes de irnos. Les encantará tu oferta de comida —dijo. Bella se sonrojó y se mordió el labio. Su mente estaba volando.

—¿En qué estás pensando? —pregunté, apartándole el cabello de la cara.

—En nada —dijo, alejándose.

—Oh no —dije, apretando mi agarre en ella—. Te estás mordiendo el labio y tienes el ceño fruncido entre las cejas. Estás pensando en algo.

—Um, podemos… uh —se sonrojó. Enterró la cara en mi pecho y gimió.

Capturé su mentón con mis dedos y alcé su cara hacia la mía. Me agaché. Mantuve los ojos abiertos y le pedí permiso con la mirada. Ella asintió en silencio. Sus ojos se cerraron e hice lo mismo. Acaricié su perfecta boca con mis labios. Ella suspiró y abrió ligeramente la boca. Tracé su labio con mi lengua. Ella ladeó la cabeza y profundizó el beso. Estaba avanzando con cuidado porque no quería asustarla.

Ella se apartó, respirando pesadamente. Mantuve la boca en su piel, besando con gentileza a lo largo de su mandíbula. Rodeó mi cuello con sus brazos y se derritió sobre mi cuerpo.

—Edward —susurró al mover la cabeza. Me brindó mejor acceso y besé sobre la columna de su grácil cuello. Regresé dejando besos hacia sus labios y acaricié su boca. La besé rápidamente unas cuantas veces más antes de apartarme, recargando mi frente en la suya.

—¿Eso es lo que querías? —pregunté, riéndome ligeramente.

—Mmmhmm —respondió—. Lo siento.

—¿Por qué te disculpas? —pregunté.

—Soy muy nueva en esto. Probablemente piensas que soy…

—Si te menosprecias... —advertí—. Bella, sé que no tienes experiencia y no te culpo por eso. Para alguien que nunca antes ha sido besada, eres increíble.

—Por favor, ténme paciencia, Edward —pidió, sus ojos color nuez moscada me lo estaban implorando.

—Bella, te esperaré para siempre —dije honestamente—. Lo que tenemos es demasiado especial como para tirarlo a la basura.

Jadeó y echó sus brazos alrededor de mi cuello. La abracé con fuerza, enterrando la nariz en su perfumado cabello. Pasó sus dedos entre mis mechones que seguían algo mojados. Sonreí, se sentía perfecta en mis brazos.

—Gracias, Edward —exhaló—. Vayamos a conseguirte algunos muebles y un carro nuevo.

—Todo lo que en realidad necesito hacer es firmar los papeles y listo —respondí. Bella fue por su abrigo. Yo me puse mi chaqueta y fuimos a su carro. Le di a Bella la dirección de la mueblería y manejamos hacia allí. Estiró la mano sobre la consola y entrelazó sus dedos con los míos. Mi cuerpo estaba muy consciente de ella. Cada toque. Cada caricia. Cada vez que nos conectábamos, mi corazón golpeaba mis costillas. Era perfecto.

Nos estacionamos y entramos a la mueblería. Caminamos hacia las cajas en la parte trasera de la tienda. Le hice una seña a una vendedora y le expliqué que necesitaba pagar y organizar la entrega de mis muebles. La mujer rubia me sonrió tontamente y me llevó a una caja. Todo el tiempo estuve sosteniendo la mano de Bella. La mujer, Kat, estaba coqueteando abiertamente conmigo e intentó darme su número de teléfono. Rodeé la cintura de Bella con el brazo, intentando indicarle que no estaba disponible. Al menos, no para ella. Incluso Bella se estaba enojando con Kat. Su cara estaba de un brillante color rojo y estaba agarrando con fuerza mi abrigo.

Organicé la entrega y salimos rápidamente de la tienda. En serio quería otra ducha después de la forma en que Kate me estuvo "follando con la mirada". Bella estaba agarrando el volante con mucha fuerza y su boca estaba presionada en una sombría mueca.

—¿Bella? ¿Estás bien?

—De maravilla —respondió cortante.

—Bell —dije, acariciándole la mejilla. Se relajó un poco y me miró. Tenía los ojos tristes—. ¿Esto es por la vendedora?

—Podría decir que sí —se encogió de hombros—. Sé que no tengo ningún derecho sobre ti, pero obviamente estabas ahí conmigo y ella seguía coqueteando.

—Bell, tienes derechos sobre mí. Creo que fui tuyo desde el momento en que patiné contigo en mi audición —dije en voz baja—. Técnicamente todavía no hemos tenido ni una cita, pero hemos compartido dos increíbles besos y me acurruque contigo anoche. En mi mente, ya estoy contigo. Y no sólo como tu compañero.

—¿Te refieres a que eres mi novio? —preguntó con los ojos llenos de lágrimas.

—Si me aceptas —dije—. Y no tienes que pedirme besos. Te los daré de buena gana. También estaré encantado de aceptarlos.

Se inclinó sobre la consola y me besó castamente. Incluso el toque más inocente me excitaba. Sonreí cuando sus labios tocaron los míos.

—Hmm, podría acostumbrarme a esto —murmuré sobre su suave boca.

—Yo también —dijo apartándose—. ¿Dónde está tu carro?

—En la agencia de Volvo —sonreí—. En Bellevue.

—¿Qué clase de Volvo es? —preguntó Bella al encender el carro.

—Un S60 —respondí—. Plateado. Ya debería estar ahí, lo pedí en Londres. Sólo necesito firmar los papeles.

—Bien —dijo mientras manejaba hacia la agencia de carros—. ¿Quieres pasar por tu carro y luego regresar al apartamento? Podemos ir a dar una vuelta con tus llantas nuevas. Además podemos ir al supermercado.

—Me gusta como suena —dije mientras tomaba su mano para besar sus nudillos. Nuestro tiempo en la agencia no fue ni de cerca tan traumático como en la mueblería. Martin, el vendedor, era anciano y muy gay. Al menos no tuve que quitármelo de encima con el zapato. Bella se veía caliente. Firmé los papeles y salí manejando del estacionamiento en mi Volvo S60 recién comprado. Bella paró su carro en el complejo de apartamentos y vino saltando hacia mi carro nuevo. Se sentó en el asiento del pasajero.

—Rayos —gimió—. La piel se siente tan suave.

—Lo sé —ronroneé al frotar el asiento. Manejamos por ahí durante el resto de la tarde, hablando sobre tantas cosas diferentes. Me contó sobre crecer en Forks y sobre su familia. Me sorprendió saber que fue educada en casa durante toda la secundaria y preparatoria. La razón detrás de eso era que su mamá quería que se concentrara en patinar. Tampoco ayudó mucho a Bella con sus problemas de confianza. Se le dificultaba relacionarse con gente de su edad. Aunque yo estaba en el mismo bote. No me educaron en casa, pero mi mamá solía bromear con que era un alma vieja. Ideales muy victorianos. Un caballero.

Pero eso salía por la ventana al estar en la habitación. Me encantaba hablar sucio. Una chica americana con la que estuve antes de Kate me dijo que mi acento hacía que fuera más erótico cuando hablaba sucio. No le conté eso a Bella. Esperaba que pudiéramos llegar a ese punto de forma natural. Estaba emocionado por nuestro nuevo estatus como pareja, pero ella tendría que establecer el ritmo de nuestra relación física. Sin embargo, si ella quería esperar, estaría de acuerdo con eso.

Nosotros no estaríamos de acuerdo. ¡Vamos! ¡Está jodidamente buena! Queremos…

No terminen esa frase, chicos. Bella está a cargo de este viaje. Nosotros sólo somos pasajeros.

Al carajo con nosotros. Nos vamos a marchitar y nos convertiremos en una vagina.

No, eso no pasará. Dios, amárrense las bolas. Oh espera, son bolas… cabrones.

—¿Edward? —preguntó Bella, interrumpiendo mis cavilaciones con mis gónadas.

—¿Hmm? —respondí.

—¿Estás bien? Estabas en tu mundo —murmuró.

—Estoy un poco derrotado —respondí—. Sigo ligeramente con el horario de Londres.

—Podemos regresar al apartamento. Mañana será un día ocupado con tu mudanza. Creo que Alice estará en casa. Podemos pedir comida china o algo así. Te ves como si te viniera bien una siesta, tus ojos están medio cerrados.

—Una siesta. Eso suena fantástico —caturreé. Manejé de regreso al apartamento y estacioné mi carro nuevo en mi lugar asignado. Subimos en el elevador. Bella estaba acurrucada en mis brazos y yo estaba apoyando mi cabeza en la suya—. Mierda.

—¿Qué? —preguntó.

—Mi cama está actualmente guardada —gruñí.

—No te preocupes. Puedes dormir en mi cama —dijo Bella, dándome un apretón en el costado.

¿Te unirás a nosotros?

¡CÁLLENSE!

—No quiero incomodarte —fruncí el ceño.

—Edward, no cabes en el sofá. Eres demasiado alto —dijo Bella. Abrió su puerta y me arrastró hasta su habitación. Era de un relajante color violeta y lavanda—. Tengo esa enorme cama king size. Puedes tomar una siesta aquí. ¿Por favor?

Me mordí el labio y me senté en la orilla de la cama. Se sentía raro estar aquí. Esta era su habitación. Ella dormía aquí. Lo que me sorprendió más fue cuando ella se quitó la chaqueta y los zapatos. Bella se metió a la cama y se acostó en las almohadas. Abrazó una almohada decorativa, mirándome seductoramente.

—Será difícil que duermas sentado, Edward.

—Um —dije quitándome la chaqueta y la camisa de botones—. ¿Estás segura?

Asintió y palmeó la cama junto a ella. Me quité los zapatos y me acosté de lado, mirándola.

—Me disculpo si te abrazo o me acurruco mucho.

—En realidad me gustó —se sonrojó—. Me sentí segura.

—Haré todo lo que esté en mi poder para mantenerte a salvo, Bell —murmuré mientras le acariciaba la mejilla. Ella se acercó más y puso su cabeza en mi hombro. Rodeé su pequeño cuerpo con mis brazos. Besé su frente y cerré los ojos.

Nuestra siesta fue reparadora. Muy reparadora. Bella estaba acurrucada en mi costado y tenía la cabeza en mi pecho. Se sentía tan bien tenerla en mis brazos. Además estaba ahí porque quería estarlo. No podría sentirme más feliz.

Eventualmente nos levantamos y cenamos. Alice cocinó, apenas era comestible. La papilla de coliflor de mi padre era mejor que la porquería que Alice puso frente a mí. Jasper llegó después de la cena y vimos otra película que él había traído. Era una película de horror. Bella pasó la mayor parte de la película con la cara enterrada en mi pecho. Jasper sonrió tontamente al vernos. Le lancé una mirada y señalé la pantalla de la televisión. Se rio entre dientes y se giró de regreso a la película de terror.

Luego de que se terminó, Alice y Jasper se fueron a la cama. Bella y yo preparamos el sofá cama. Ella se fue a poner algo más cómodo y yo me puse la misma pantalonera de la noche anterior, pero mantuve mi camiseta. Me lavé los dientes y me metí entre las sábanas. Bella regresó y se acostó a mi lado. Llevaba el cabello atado en una coleta alta y su cara estaba libre de maquillaje. Se veía tan inocente. Tan hermosa.

Hablamos sobre nuestro próximo día de diversión. Ella seguía haciendo planes, pero tenía una idea sólida de lo que quería hacer. También platicamos sobre nuestra relación. Bella era una persona muy privada. Demonios, yo también lo era. Mantendríamos privada nuestra relación hasta considerar lo contrario. Era obvio que Jasper y Alice sabían. Les diríamos a Carlisle, Rose y Emmett. Sin embargo, de momento mantendríamos a nuestras familias sin saber. Mi mamá no estaba lista para que yo tuviera una "relación". Bella temía que Renee me castrara con mis patines mientras que su papá, el jefe de policía, me dispararía en mi culito blanco.

Sus palabras… no las mías.

Bella no estaba avergonzada de mí, pero sus padres insistían mucho en que mantuviera su concentración en el patinaje. Entendía eso. Sin embargo, era importante mezclar diversión y recreación con esa concentración. Bella prometió que lo haría. Luego me hizo cosquillas. O al menos intentó hacerme cosquillas. Sólo era cosquilludo en un lugar muy específico: mi costado derecho, justo bajo el pezón. Eso hizo que tatuarme fuera muy gracioso para el tatuador. Cada vez que pasaba sobre ese lugar, yo rompía en risas.

Bella estaba determinada en encontrar mi lugar cosquilludo. Intentó en todos los lugares de siempre. Rodilla, pie, nuca, justo sobre la cintura de mi pantalonera. Puso su mano en mi cadera derecha y apretó. Yo sonreí con dulzura. Pero se estaba acercando peligrosamente. Subió la mano centímetro a centímetro.

¡Me estás matando!

Luego dio con ese lugar. Me mordí el labio, intentando no delatarme. Pero vio mi control vacilar y lo atacó con todas sus fuerzas. Me reí de forma histérica hasta que le agarré con gentileza las muñecas y las sostuve sobre su cabeza. Estaba sostenido sobre ella, mirando sus orbes cafés. Ambos estábamos respirando pesadamente por nuestra lucha. Jasper entró a la sala y se aclaró la garganta. Solté las muñecas de Bella y me sonrojé con fuerza. Bella se tapó la cara con las manos. Sus hombros estaban temblando y podía escuchar su tintineante risa. Jasper caminó lentamente hacia la cocina y agarró una botella de agua.

—No me hagas patearte el culo, Masen —bufó Jasper.

—¿Qué? —ladré. Señalé a mi novia que se reía—. Ella comenzó.

—Uh huh, seguro —dijo Jasper, poniendo los ojos en blanco—. Si quieren montarse entre ustedes, háganlo en la habitación de Bella.

—¡Jasper! —siseó Bella. Agarró un cojín y se lo aventó a la cabeza—. No me hagas contarle a Alice tu secreto.

—No lo harías.

—Oh, sí que lo haría —siseó Bella, entrecerrando los ojos. —. Eres un invitado en el apartamento. No me hagas patearte a ti el culo.

—Mierda, Bells. Eres muy agresiva ahora. Me gusta. Pero no le digas a Alice —rogó. Se puso de rodillas y avanzó hacia el sofá cama.

—Compórtate y no tendré que hacerlo —dijo Bella con severidad—. Ve a tener sexo con tu novia.

—Bien —dijo Jasper, parándose de un salto. Corrió al otro lado del apartamento—. ¿Lista para montar a tu vaquero, lindura?

—Oh Dios —gemí—. No necesitaba tener esa imagen mental.

—Y son muy ruidosos. Lo siento, galán.

—¿De qué secreto hablaban? Necesito conocer los trapos sucios del Dr. Jasper —dije, recargándome en las almohadas.

—Prefiere usar ropa interior de mujer —dijo Bella con una sonrisa pícara.

—No me jodas —me reí—. Él parece tan… tan…

—No digas normal. No lo es. En serio, no lo es —se burló Bella.

—Bien, de acuerdo. Pero ¿cómo lo descubriste?

—Pues llegué a casa un día después de la práctica y vi que Jasper estaba aquí en el apartamento. Él tiene una copia de la llave y su camioneta estaba estacionada en el espacio de visitas. Entré y lo vi sentado en este sofá usando solamente uno de los camisones de Alice y una tanga. Estaba viendo Oprah y comiendo unas papitas —dijo Bella.

—Oh, rayos. Voy a dormir en el piso. La tina. Cualquier otro lugar que no sea aquí —me estremecí—. Las nalgas desnudas de Jasper estuvieron en este sofá. Estoy traumado, Bella. Traumado.

—Lo peor de todo fue que nada estaba escondido —Bella hizo una mueca—. Vi su ramita y sus bayas. Créeme cuando digo que nunca quiero volver a ver esa parte de Jasper. Jamás. Es como un hermano mayor demente que puede recetar analgésicos.

—Voy a buscar a mi propio doctor —hice un puchero—. Eso es cincuenta sombras de jodido.

—¿Estás seguro de querer quedarte con este loco conjunto? —bromeó Bella, pero sus ojos estaban tristes—. Somos un montón de lunáticos.

—Estás atrapada conmigo. Solo necesito encontrar mis propias rarezas de personalidad —bromeé.

—Puedes leer mentes —dijo Bella—. Cuando estamos en el hielo, es como si anticiparas lo que estoy pensando y lo haces. Esa es tu rareza.

—¿Cuál es la tuya?

—Puedo protegerme de toda esta mierda de locura cuando lo necesito. Tengo una cara de póker que nadie puede vencer —Bella sonrió—. Solo me derrumbo cuando estoy estresada o completamente desprevenida. Por ejemplo, Jacob. Sus duras palabras me sorprendieron por completo. No soy ninguna de esas cosas.

—No, no lo eres. Literalmente podría partirlo en pedazos por lo que te dijo, Bell —dije—. Tal vez debí haberle tirado las muletas.

—Calma, Edward. No condono la violencia —me regañó Bella—. Por muy cabrón que haya sido, sí tiene una rodilla jodida. Probablemente le gustaría patinar de nuevo.

—Eh —me encogí de hombros—. Tuve la misma lesión y estoy bien.

—¿De verdad?

Asentí y me subí la pantalonera en la pierna derecha. Bella trazó la larga cicatriz en mi rodilla derecha.

—Estuve fuera de juego por casi dos años. De hecho, estaba entrenando para ser patinador individual, pero aterrice de forma horrible mientras hacía un cuádruple.

—¿Con cuál salto?

Lutz cuádruple. Caí y choqué contra las tablas. Afortunadamente fue en una práctica y no durante una competencia. Me rehabilité fuera del hielo por un año e intenté regresar a las competencias individuales. Pero mis cuádruples eran horribles. Fue entonces cuando trabajé con Liam para empezar a convertirme en patinador de pareja y me emparejaron con Tanya. Estuve con ella casi cuatro años. Hasta que decidió convertirse en una farmacia andante.

—Habrías sido hermoso patinando solo, Edward —dijo Bella, acurrucándose—. Medallas de oro y todo lo demás. Eres tan ágil y elegante en el hielo.

—Podría decir lo mismo de ti —me sonrojé—. Tus espirales y giros son perfectos.

—No puedo esperar hasta que finalmente empecemos a trabajar en nuestras rutinas —dijo Bella con una sonrisa de emoción adornando sus facciones—. Hemos comenzado a trabajar en la de Gladiador, pero podremos divertirnos tanto. Antes del circuito de competencias, podemos hacer algunas exhibiciones y Rose ya me envió por mensaje algunas ideas muy geniales. También Alice tiene algunas sugerencias. Aunque creo que las de ella son más atrevidas.

—Oh, cuéntame —le dije mientras me acostaba sobre mi estómago, mirándola.

—Alice ha estado intentando convencerme de hacer la rutina de Fever con Michael Buble. La hice cuando patinaba sola, pero quiere que la haga con una pareja. ¿Cómo lo dijo ella? Oh sí, follar sobre el hielo —Bella se sonrojó—. Pero no quiero explotar nuestra nueva relación…

—Bell, eso sería muy caliente —dije—. Tengo un millón de ideas dándome vueltas en la cabeza en cuanto a movimientos y maldición…

—¿Querrías hacerlo conmigo?

—Demonios, sí. Obviamente no para una competencia, pero las exhibiciones serían perfectas para esa rutina. También podemos añadir un poco de espectáculo de patinaje. Dramatizarlo de verdad. Tanya y yo hicimos la rutina de Salva un caballo, Monta a un Vaquero como una broma. Pero fue una de las favoritas de los fans. Fue una de las pocas ocasiones en que pude hacer mi back flip.

Bella bostezó y se escondió detrás de su mano. Yo hice lo mismo.

—Estoy contigo, amor. Completamente exhausto. —Justo cuando estaba a punto de besarle los labios, Alice comenzó a gritar.

—Más fuerte, vaquero. Fóllame el coño, bebé.

—Oh Dios —gemí—. ¿Cómo voy a poder dormir con eso?

Bella se paró y me ofreció su mano. Le alcé una ceja. Tomé su pequeña mano en la mía, y me guió hacia su habitación. Tragué. Sí, habíamos tomado una siesta juntos, pero esto era diferente. Esto era dormir juntos.

¿Follar?

Eso no, necios.

¡MALDITA SEA! Vamos, mojigato.

Los voy a ignorar.

Vete al carajo, pendejo.

—¿Estás segura, Bell?

—Te vas a mudar a tu apartamento mañana. La última cosa que necesito es que te caigas de las escaleras porque estás cansado. Sin embargo, más te vale que te comportes y no intentes montarme mientras duermes.

—No hice eso anoche, ¿cierto? —grité.

—No, sólo te aviso.

—Bien, prometo no montarte en medio de la noche —me burlé. Ella sonrió y se metió entre las sábanas. Programé la alarma en mi celular y me acosté junto a mi chica. Se acomodó en mi pecho luego de haber apagado la luz. Alzó la vista hacia mí y me sonrió. Acaricié su mejilla antes de bajar la cabeza para besarla. Fue inocente y casto, pero el fuego que ardía en mi estómago por ella se sentía irreal—. Buenas noches, amor.

—Buenas noches, Edward —murmuró adormilada sobre mi boca. Me besó una última vez y se acurrucó en mi costado. Envolviendo mis brazos alrededor de ella, cerré los ojos y suspiré feliz. La vida no podía ser mucho mejor que esto…

Sí podría. Podríamos estar teniendo sexo justo ahora.

En serio estoy considerando castrarme para no tener que escucharlos a ustedes dos.

xx FO xx

La siguiente mañana llegó temprano con mi alarma sonando desde el buró de Bella. Agarré el celular y lo apagué. Bella estaba acostada de lado. Yo estaba de cucharita detrás de ella con mi brazo sobre su vientre. Estaba tan cerca de mí. La besé detrás del oído con gentileza. Ella gimió en voz baja y se enterró más cerca de mi cuerpo.

—Despierta, amor —le hablé suave al oído.

—Hmm, el mejor descanso nocturno. De todos —dijo con una sonrisa en su rostro—. Pero no creas que será algo regular.

—Lo disfrutaré mientras dure —dije, soplando besos en su cuello. Gritó y me pegó en el brazo. Me levanté de su cama y fui a la habitación de invitados. Me bañé rápidamente y me puse ropa cómoda para la mudanza. Vi mi reloj y terminé de alistarme. Alice y Jasper ya estaban en la cocina. Jasper tenía una sonrisa de satisfacción en la cara. Alice se veía un poco "cansada".

Ese pudiste haber sido tú, idiota.

Cállense.

—¿Estás listo para tu mudanza? —preguntó Jasper.

—Definitivamente —sonreí.

—Noté que el sofá cama no se usó anoche —dijo Alice, moviendo las cejas.

—Eso se debe a que cierta hada fue muy ruidosa —me reí—. ¡Maldición! No creo que te hayan escuchado todos los del área metropolitana de Seattle, Alice.

—Puedo ser más ruidosa todavía —bufó Alice—. ¿Quieres que te lo demuestre?

—No.

Bella entró a la cocina usando unos pantalones de yoga gris y una camiseta morado oscuro. Llevaba el cabello recogido en una trenza que caía entre sus hombros.

—Buenos días —dijo animadamente.

—¿Qué tan bueno fue? —preguntó Jasper agitando las cejas.

—No me hagas rayar tu carro —dijo Bella, fulminándolo con la mirada.

—Y no me hagas patearte el culo —dije, cruzando los brazos sobre el pecho.

—Jas, no molestes a la pareja nueva —dijo Alice—. Se solidario con su relación.

Rodé los ojos y me serví una taza de café. Mientras la bebía, Bella se acercó a mí y apoyó la cabeza en mi hombro. Le besé la frente.

—¡Awwwww! Son taaaaaan lindos —chilló Alice.

—Ugh, no puedo esperar hasta que haya un piso entre nosotros, hada —dije—. Hablando de eso, iré a recoger mis llaves y firmar el contrato. ¿Quieres acompañarme? —miré a Bella y esperé que dijera que sí. Me sonrió y asintió. Agarré mi chequera y bajamos a la oficina administrativa. Firmé el papeleo y entregué el primer cheque de mi renta. El encargado me entregó las llaves junto con un formulario para revisar mi nueva casa.

Bella y yo fuimos a mi nuevo apartamento después de terminar en la oficina. Hice mi inspección y marqué las cosas que necesitaban atenderse. Bella estaba extrañamente callada y se mordía el labio.

—¿Qué pasa, amor?

—Nada —respondió—. Sólo admiro tu nuevo apartamento.

—Es agradable —dije sentándome de un salto en la barra—. No puedo esperar hasta que lleguen todos mis muebles junto con el montón de cajas.

—Alice se pondrá feliz de tener de regreso la habitación de invitados. Y así poder acceder a su segundo armario —se rio Bella. Se acercó a mí, la jalé entre mis piernas y besé sus labios suavemente. Suspiró y entrelazó sus manos en mi cabello—. Definitivamente me gusta esto de besarnos. Tienes los mejores labios, Edward.

—Oh, no. Esa eres tú —comenté, afirmándolo con un beso. Metí la mano a mi bolsillo y puse mi llave nueva frente a su nariz.

—¿Qué es eso?

—La llave de mi nuevo apartamento —dije.

—¿No es muy pronto para esto? —dijo con voz ahogada.

—Bell, eres una de las cinco personas que conozco en Seattle. Si me quedo afuera, no quiero tener que bajar con el casero raro por una llave nueva. Demonios, me niego a darle mi llave a Alice porque redecoraría todo mi apartamento en color rosa. Preferiría dársela a mi novia ya que ella pasará algo de tiempo aquí contigo. Eso espero —argumenté.

—Oh. Duh —se rio mientras sacaba su llavero. Puso mi llave junto a la suya y yo me derretí internamente. Nuestras llaves se estaban mezclando en su llavero.

Dios, de verdad nos vamos a marchitar. Te estás convirtiendo en toda una chica.

De verdad odio a mis pelotas justo ahora.

Me sacudí esa idea de encima y volví a la oficina de administración. Entregué mi lista y esperé en mi apartamento a que llegaran los muebles. Emmett, que había llegado mientras revisábamos el lugar, y Jasper comenzaron a subir mis cajas. Puse a Bella a cargo de organizar mi cocina. Alice quería quedarse para ayudar, pero tenía que trabajar. Mis muebles llegaron a las once. Les indiqué dónde poner todo y en dos horas mi apartamento ya se encontraba completamente amueblado. Les di propina a los trabajadores y se fueron. Pasé el resto de la tarde subiendo mis cajas desde la habitación de invitados de Bella junto con Jasper y Emmett.

Bella terminó en la cocina y agarró mis maletas. Se puso a trabajar en mi armario y cómoda. Entré en pánico por el hecho de que estaría tocando mis bóxeres y esas cosas. Sin embargo, ella nunca lo mencionó. Sólo lo hizo con una sonrisa. Cuando terminó con mis cosas, se fue diciendo que iría a recoger algo de comida para nosotros los chicos trabajadores. Emmett bufó y dijo que era un hombre. Infló el pecho y se pegó en el torso. Jasper tenía un ataque de risa. Emmett golpeó a Jasper en la cabeza. Puse los ojos en blanco y le entregué a Bella algo de dinero para la comida. Intentó devolvérmelo, pero insistí. Ella gruñó que era un terco, pero se fue.

Los chicos y yo conectamos mi televisión y el reproductor de DVD. Jasper me molestó por no tener una consola de vídeojuegos. Le dije que estaba demasiado ocupado para jugar Xbox o Playstation. Decidieron que me regalarían una consola en mi cumpleaños, para poder entretenerse en mi apartamento. Luego de terminar, nos sentamos y tomamos un poco del agua que Bella había traído de su refrigerador. Hice una nota mental para ir a comprar despensa además de algunas mierdas decorativas. Mi apartamento se veía genial, pero muy espartano.

Bella regresó con seis pizzas y dos doces de cerveza. Emmett se acabó tres pizzas él sólo mientras los demás nos encargábamos del resto de la comida. Bella se había comprado una ensalada y se sentó en la barra de la cocina mientras se la comía. Jasper y Emmett acabaron con sus pizzas y se terminaron un doce de cervezas. Yo mastique mi propia pizza y me tomé una cerveza. Se burlaron de mis hábitos alimenticios. Sonreí y les dije que necesitaba mantener mi figura femenina para nuestra competencia. Bella se estaba riendo desde la barra detrás de mí. Apreté su rodilla y le lancé una mirada.

Pasamos el resto de la tarde esperando al chico del cable y conectando mi computadora. Cuando él se fue, ya tenía televisión de alta definición, internet de gran velocidad y teléfono digital. Jasper se fue cuando le hablaron del hospital. Se tomó cuatro botellas de agua antes de irse. Emmett se despidió poco después porque tenía una cita con Rose.

Colapsé en el sofá junto a mi chica.

—Estoy muy cansado.

—Fue un día muy largo —dijo—. Pero tengo un regalo de bienvenida para usted, Sr. Masen.

—¿Tú con un moño? —pregunté.

—Ah, no —se rio—. Pero te tienes que levantar.

—Me acabo de sentar —me quejé.

—¿Quieres un poco de queso con tus "quejas"? —preguntó Bella al levantarse.

—Eres mala —gruñí. Levanté mi cansado cuerpo del sofá y seguí a Bella hacia mi habitación. Mi cama king size estaba completamente tendida completa con sábanas verde salvia y almohadas decorativas. Se veía muy tentadora—. ¿Bell?

—Luego de terminar de guardar tu ropa, hice tu cama. Puedo imaginar que estás… ¿cómo lo dijiste ayer?

—Derrotado —dije.

—Qué estás derrotado. Así que tendí tu cama. Están recién lavadas. También te compré un juego extra que guardé en el armario de blancos —dijo Bella con una sonrisa tentativa—. ¿Te gusta?

—Me encanta —respondí. La jalé a mis brazos y llené su cara de besos. Ella gritó y se rio. Era el mejor sonido del mundo—. Gracias, amor. Lo aprecio más de lo que puedo expresar con palabras.

¿Podemos probar la cama? Hay una chica sexy en tus brazos. ¡Vamos!

Los estoy ignorando.

—Me alegra que te gustara. ¿No es muy femenina?

—No. De hecho, me encanta el color.

—Combina con tus ojos —dijo Bella, pasando un dedo por mi mejilla—. Bueno, cuando usas colores más claros. Ahora tus ojos se ven casi de color gris. Es por eso que compré sábanas verdes.

—Gracias, Bell —dije, acunando su cara. Se paró de puntillas y me besó dulcemente los labios. Ladeé un poco su cabeza y profundicé el beso. Nuestros labios se movían lánguidamente entre ellos. Bella agarró mi Henley gris, acercándome a su cuerpo. Tracé con gentileza sus labios usando mi lengua y chilló en voz baja. Se apartó y me sonrió tímidamente.

—Lo siento, Edward.

—No te disculpes —murmuré, apartándole un mechón de la mejilla.

—Todo esto es tan nuevo. De verdad no tengo idea de qué estoy haciendo —se sonrojó.

—Tú estás a cargo de este espectáculo. Iremos al ritmo con el que te sientas más cómoda —murmuré—. ¿De acuerdo?

—De acuerdo —suspiró—. Debería irme. Dejarte para que te instales. Llámame si no puedes encontrar algo.

—Sí. Me gustaría saber dónde pusiste mis boxers y los trastes —me reí. Puso los ojos en blanco y se acercó a mi cómoda. Abrió el cajón superior y me mostró dónde estaban mis boxers y camisetas pulcramente dobladas. Me sonrojé de un brillante rojo. Luego tiró de mi mano y me dio el tour por mi cocina. Le agradecí de nuevo por toda su ayuda. Me besó en los labios antes de irse.

La puerta se cerró e inmediatamente quise echármela sobre el hombro, hacerla quedarse aquí conmigo. Hice un puchero y caminé descalzo hacia mi habitación para ponerme ropa limpia. Entré al baño y vi que Bella lo había ordenado también con toallas y champú.

Ella recibiría un enorme regalo por toda su ayuda el día de hoy.

¿Tu polla en su coño?

Al carajo con mi vida.

Me bañé y me puse a ver un poco de televisión. Mordisquee las últimas rebanadas que quedaban de pizza mientras veía programas americanos. Estaba dormitando en mi sofá cuando escuche un tímido golpe en la puerta. Me froté la cara y abrí la puerta. En mi tapete de bienvenida estaba mi chica. Se estaba mordiendo el labio y sostenía una manta sobre su cuerpo.

—No puedo dormir.

—Ya te acostumbraste a mí, ¿eh? —bromeé. Se sonrojó, pero asintió. La guíe adentro y fuimos a mi habitación. Se quitó la manta y estaba usando un ajustado camisón. Sin sostén. ¡Está intentando matarnos! Tragué y obligué a mi polla a comportarse. Nos metimos en la cama. Bella me besó los labios y me agradeció por dejarla quedarse. Si de mí dependía, nunca se iría.

Jamás.

Eso es un gran compromiso, chico Eddie. ¿Sólo un coño por el resto de nuestras vidas? ¡QUE ABURRIDO!

No si se trataba de Bella. Cállense. Cabrones.

Con mi chica en mis brazos, me fui quedando dormido, soñando con la belleza que era Bella Swan.


Este capítulo se retrasó mucho, lo siento. Por alguna razón me costó más terminarlo. Ese Eddie ya está listo para todo con Bella, aunque sus gónadas piensen otra cosa jaja

Mil gracias como siempre por leer, no olviden dejarme sus comentarios ;)