Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


CAPITULO 10

Katherine es tu hija

Albert bruscamente se levantó de su escritorio y se acercó a Candy, obligándola a que se pusiera de pies tomándola por los brazos.

—¿Por qué no me lo contaste antes? ¿Hasta cuándo me ibas a ocultar que tenías una hija mía? –le reclamó indignado.

—No merecías saber que había quedado embarazada de la noche que pasamos juntos. Yo sola salí adelante con mi hija sin tu ayuda, que sentido tenía decírtelo.

—Yo sé que me porte como un canalla contigo, pero tenía todo el derecho a saber que tenía una hija.

—Lo se…pero no quería decirte nada, estaba tan dolida contigo que por todos los medios quería ocultarte la existencia de la niña –admitió Candy apartándose de él y dándole la espalda –. Tú no te puedes imaginar todo lo que sufrí cuando me enteré que estaba embarazada. Mi padre me echó de la casa y tuve que venirme a la ciudad con mi tía Pony, la única persona que me apoyó. Trabaje muy duro para poder mantener sola a mi hija.

Albert sentía que se le partía el corazón, escuchando las palabras de Candy de todo lo que había sufrido por su culpa. Cuánto daño le había hecho aquella pobre muchachita que se entregó a él, dejándola sola y embarazada. Ahora más que nunca comprendía porque ella lo odiaba tanto.

—Si…yo hubiera sabido que habías quedado embarazada, las cosa habían sido tan distintas -expresó Albert sintiéndose realmente muy miserable.

—Tú me dejaste, nunca más volviste al pueblo.

—Lo se…y ahora estoy pagando ese error con tu odio y el no haber podido disfrutar de mi hija antes.

—Pero ya eso es parte del pasado, ahora hay que mirar el presente y si te conté la verdad, es porque ella si merece conocer a su padre.

—¿Cómo se llama mi hija?

—¡Katherine!

—Katherine…fue lo que dijiste cuando recibiste un llamado el día que te fuiste de la mansión.

—Si…así se llama mi hija, bueno nuestra hija.

—¿Y por qué decidiste contarme ahora que te fuiste con Terry?

—Es que no pude hacerlo, porque la niña se puso muy mal.

—¿Como que se puso mal? ¿Qué le pasó a mi hija?

—Ella tiene una enfermedad al corazón y hace unos días le dio una recaída, ha estado muy delicada –le contó Candy poniéndose a llorar.

Albert se acercó a ella y la abrazo con toda su fuerza.

—Tranquila, mi amor...todo va estar bien. ¿Quiero conocer a mi hija?

—Claro Albert…-le dijo Candy apartándose de él.

—Entonces, llévame al hospital.

—Si…vamos.

Al llegar al hospital Candy y Albert pasaron a ver a la pequeña que estaba despierta.

—¿Cómo estas mi niña? –le preguntó la rubia.

—Bien mamá… ¿y quién es él?

Albert la miraba con sus ojos llenos de lágrimas, al ver lo hermosa y dulce que era su pequeña.

—Te acuerdas que una vez te dije que tu papá vivía muy lejos, ahora ha regresado para conocerte.

—¡Mi papá! –repitió la niña.

—Si…yo soy tu papá, mi pequeña –le dijo Albert abrazándola lleno de emoción.

Candy no aguantó más y salió de la habitación donde se puso a llorar de la emoción, al ver a Katherine por fin con su padre, sintiéndose realmente aliviada de poder haber revelado a Albert de la existencia de la niña.

Después de que Albert estuvo un buen rato disfrutando de su hija, sintiendo sentimientos encontrados, ya que por un lado se sentía triste de no haber podido estar con ella cuando nació, cuando dijo sus primeras palabras, en fin, se había perdido miles de momentos que jamás volvería por su maldito error de haber abandonado a Candy. Sin embargo, por otro lado, se sentía inmensamente feliz porque tenía una hija de la que ahora se iba a dedicar a proteger, a entregarle todo su amor y hacerla inmensamente feliz.

Le pidió a su esposa que fueran a la cafetería del hospital para hablar con ella sobre Katherine.

—Nuestra hija es una niña encantadora –dijo Albert emocionado.

—Y muy alegre a pesar de su enfermedad –contestó Candy revolviendo su taza de café.

—Candy…yo sé que nuestra relación está muy mal, que tú me odias y con razón. Pero, por favor no me apartes de la niña.

—No pretendo hacerlo…me equivoqué en al haberte ocultado la existencia de Katherine cuando nos rencontramos, pero ahora si tendrás el derecho de verla cuando quieras.

Albert le sonrió tomándole una de sus manos.

—Gracias Candy…me hiciste el mejor regalo del mundo al haberme dicho que tenía una hermosa hija. Te prometo que seré un buen padre para ella.

—Eso espero…-le dijo sacándole la mano.

—Sería tan bello que tú me perdonaras, los tres formaríamos una hermosa familia.

—Pero, eso no puede ser…

—A pesar que sabes que te amo.

—¡Tú no me amas, Albert!

—Yo sé que años atrás jugué con tus sentimientos, pero ahora las cosas son muy distintas.

Candy lo miró sin creer en sus palabras

—Además, yo estoy con Terry.

—¿Y él sabe que soy el padre de Katherine?

—No…pero se lo voy a decir cuando la niña se ponga mejor.

—Espero que no se meta en mi relación con mi hija.

—No te preocupes… él no tiene por qué meterse en ese asunto.

—Candy…quiero contarle a mi familia sobre Katherine.

—¡Por ningún motivo Albert! –le dijo Candy con molestia.

—¿Pero por qué? Ellos tienen derecho a saber que soy padre y que conozcan a Katherine.

—No quiero que tu familia le haga daño a mi hija.

—¡Eso jamás lo permitiría!

—No…lo digo por tu sobrino Anthony, sino por tía ella me odia, al igual que los Legan.

—Candy…por favor confía en mí, no voy a dejar que nadie maltrate a Katherine.

—De todos modos, prefiero que no se lo digas todavía. Además, tendrías que contarle la relación que tuvimos años atrás.

—Estoy consciente de eso y estoy dispuesto hacerlo, pero está bien esperare un tiempo.

Dos semanas después…

Katherine ya estaba más recuperada, así que el doctor Martí le dio el alta. Fue llevada al departamento de Candy donde Albert iba todos los días a visitarla, llevándole regalos y sobre todo entregándole su cariño que la niña acogía de buena manera, sintiéndose muy contenta de tener a su padre a su lado.

—¿Papá te gusta mi muñeca? –le preguntó Katherine mostrándosela.

—Si…es tan bonita como tú –le contestó Albert dándole un beso en la frente.

—¿Yo soy bonita?

—Eres muy bonita, mi pequeña. Cuando estés mejor te voy a llevar de paseo a cualquier lugar qué quieras.

—Al zoológico, mamá me lleva ahí.

—Entonces, te llevare al zoológico.

—Papá, quiero jugar con mi muñeca.

—Ahora tienes que dormir, es muy tarde –dijo Albert tapándola con cariño.

—Te quedas conmigo…

—Bueno…

Albert se colocó al lado de ella abrazándola, hasta que se quedara dormida, pero sin darse cuenta él también se quedó profundamente dormido al lado de su hermosa hija.

Candy entro a la habitación cuando vio a Albert que estaba dormido al lado de Katherine. Se quedó unos minutos observándolo con una sonrisa, sintiendo una gran alegría en su corazón, aunque con ella no se había portado bien como pareja, como padre lo estaba haciendo maravillosamente y eso sí que tenía que agradecérselo. Dio un suspiro y caminó lentamente a un armario, donde saco una frazada y se la colocó a Albert para taparlo.

Candy se dirigió a la cocina donde su tía estaba preparando una taza de té.

—¿Y el señor Andrew ya se fue? –le preguntó Pony.

—No…se quedó dormido junto a Katherine.

—¿Y por qué no lo despertaste?

—No quise para no despertar a la niña.

—Entonces, ¿va pasar la noche aquí?

—Si…¿te molesta, tía?

—No… ¿y a ti tampoco te molesta verdad? –le preguntó Pony echándole agua a su taza para tomar el té.

—Tía que estas insinuando…¿qué quiero que Albert se quede aquí?

—Y que tiene de malo es tu esposo y el padre de tu hija.

—Tía que le haya contado a Albert que tenemos una hija, no significa que regrese con él.

—¿Y por qué no? Él está demostrando que está cambiando con la niña se porta muy bien, es un buen padre.

—Tú lo has dicho es un buen padre, pero como pareja no.

Pony se acercó a su sobrina.

—Candy…deja el orgullo de lado y te das una oportunidad con tu esposo…los tres formarían una familia tan bella.

—Tía…mejor me voy a dormir.

—Ve sobrina, pero con huir no vas a escapar de lo que sientes por él.

A la mañana siguiente Albert se despertó al lado de su hija, dándose cuenta que había pasado la noche en el departamento de Candy. Rápidamente se levantó de la cama y se despidió de la niña dándole un beso en la frente. Al llegar a la sala se encontró con Candy que se había levantado para preparar el desayuno, vestida con una bata de levantarse.

—Hola Candy –le dijo Albert sintiéndose un poco apenado con la situación.

Ella lo miro sintiéndose muy nerviosa.

—¿Cómo dormiste? –le preguntó.

—Bien…pero no sé cómo me quede dormido.

—No te preocupes a cualquiera le pasa.

—Bueno…ya me voy. Vendré por la tarde para ver a la pequeña.

—Claro…

En ese momento tocaron la puerta.

—Voy abrir –dijo Candy caminando hasta la puerta donde al abrirla se dio cuenta que era su novio.

—Buenos días, mi amor –la saludó Terry dándole un beso en los labios.

—¿Terry que haces aquí tan temprano?

—Quería verte –contestó entrando al departamento cuando vio la presencia de Albert.

Ambos se miraron con ojos de odio.

—¿Qué hace este tipo aquí? –preguntó Terry alterado –. Y a esta hora de la mañana, como si hubiera pasado la noche aquí.

—Tienes toda la razón, pase la noche aquí –respondió Albert.

—¿Candy dime que no es verdad lo que dice este imbécil? –le preguntó Terry.

—Es verdad, pero no es lo que estás pensando. Si Albert se quedó aquí es por Katherine.

—¿Que tiene que ver la niña en todo esto?

—Lo que pasa Terry… que Albert es el padre de mi hija.

—¿Es una broma? –dijo el sonriendo.

—No…!Albert es el padre de Katherine!

Terry se tomó la cabeza con ambas manos y dio unos pasos por la sala.

—No comprendo nada…este hombre es el padre de la niña.

—Terry… yo sé que desde un principio debí decirte que William Andrew era el padre de mi hija, pero si lo hacía tu nunca me habías dejado casarme con él. Y tú sabias que lo hice para poder recibir la herencia de mi abuelo.

—¡¿Cómo pudiste Candy ocultármelo?! –le gritó Terry dolido-. ¡He sido un imbécil, todo este tiempo te has estado burlando de mí!

—Eso no es verdad Terry…entre Albert y yo no ha vuelto a ver nada entre nosotros –le aclaró Candy –. Es más, ni siquiera quería decirle que tenía una hija de él.

—Así es Terry. Desde que Candy y yo nos rencontramos gracias a la herencia, ella siempre me ha despreciado por lo miserable que me porte con ella en el pasado –añadió Albert.

Terry miró a los dos con resentimiento.

—No sé si creerles…

—Por favor Terry, es la verdad, si le dije a Albert lo de nuestra hija es porque ella merecía conocer a su padre.

—¿Y qué va pasar ahora entre nosotros? ¿Piensas seguir casada con este tipo? ¿O vas a casarte conmigo? –le preguntó Terry directamente.

—Cuando me divorcie de Albert nos vamos a casar –le respondió Candy sin estar segura de lo que decía.

Albert la miro sintiendo un dolor en su alma, dándose cuenta que ya no tenía ninguna posibilidad con la mujer que amaba. Él solamente iba ser el padre de su hija.

—Bueno…ya que todo está aclarado me voy –dijo Albert marchándose.

Candy lo miró con tristeza.

Terry se le acercó y la tomó por la cintura sintiéndose triunfador.

—Gracias pecosa, por haberme elegido a mí. Espero que te divorcies lo más pronto de ese tipo para poder casarnos.

La rubia solo le sonrió…sintiendo su corazón lleno de confusión. Pensando si realmente estaba haciendo bien en haber elegido a Terry o tal vez ahora que Albert sabía lo de su hija, debía darle otra oportunidad.

Continuará...


Hola mis lindas chicas

Espero que se encuentren muy bien. Aquí les dejo otro capitulo de este fic, el mas espererado por todas ustedes, donde por fin Candy le confiensa a Albert que tiene una hija de él. Espero que lo difruten y me manden sus lindos comentarios.

Les mando un cariñoso abrazo a la distancia y nos leemos pronto si Dios quiere.