Capítulo VIII


Lograron salvarle la vida al clon. La nueva zona del castillo de Dryl, la piscina, había sido clausurada por temor a que el agua estuviese contaminada. Sin embargo, ningún estudio arrojó algún elemento extraño en el líquido.

Apenas habían pasado dos días cuando el siguiente clon por la mañana colapsó en la cocina. Mismos síntomas, convulsiones y pérdida de sangre. Todavía no acaba el día cuando dos más cayeron en las mismas circunstancias mientras limpiaban el vestíbulo.

Entrapta consideró la posibilidad de algún elemento externo dentro de Dryl que estuviese provocando esos efectos. Pero, descartó su hipótesis cuando recibió la alerta de la princesa Perfuma, tres clones más habían pasado por las mismas características de ataques.

—Vega, quedas a cargo. Ten a la mano en todo momento el pad, mantente dentro del traje de seguridad.

El mencionado ahora estaba recubierto por un traje de plástico blanco, una careta en su rostro y guantes. Hasta que no se descartara por completo la hipótesis de un agente externo (ya no solo en Dry) debía estar aislados uno de otros. Se quedó cuidando a sus hermanos.

Kadroh y Entrapta salieron a la velocidad de la luz en una pequeña nave de corto alcance. En Plumeria las cosas no mejoraron, los residentes hacían lo posible por detener las hemorragias. Faltaban unas horas para que terminara ese segundo día de martirio cuando llegó un mensaje de las Salinas… era la misma historia.

Una vez que la princesa de cabello morado enseñó las medidas de contención de sangre y recuperación salió disparada hacia las salinas. Cuando sentía que su cuerpo no aguantaría más se encontró con un mensaje de Netossa, al parecer también en los acantilados estaba sucediendo pero justo a tiempo recibieron la visita de los hechiceros de Mistacor.

—No te preocupes, todos los clones de Mistacor están con nosotros, si alguno tiene síntomas podremos tratarlos.— Dijo Spinnerella en la imagen. Tras ella se abría una larga fila de camas, todas de ellas ocupadas.

—Gracias. —Susurró Entrapta.

Perfuma acató las próximas órdenes de la princesa de Dryl y mandaron traer a todos los clones de Luna Brillante. Era mejor irlos poniendo en pequeños campos de concentración para su atención inmediata.

Noches y días de terribles sucesos a la vez. Algunos lograron sobrepasar los primeros sangrados, otros habían perdido demasiado y tuvieron que recurrir a las transfusiones. No sin antes realizar el censo correcto de los clones.

Pasó una eterna semana. Entrapta entró a su tienda, con los ojos hundidos en ojeras de color negro. Se tumbó en su cama, al fondo, Kadroh se encontraba realizando algunas pruebas en la sangre de sus hermanos.

—¿Cómo vas? —Susurró ella desde la incómoda posición en la que se encontraba.

—Los niveles de hemoglobina son correctos, no parece ser una afección de la sangre.

—Eso no explica porque simplemente colapsan, tiene que ser entonces el rechazo a una entidad en el ambiente. Algo en Etheria los vuelve inestables.

Kadroh quiso negarlo, pero no parecía tener pruebas suficientes.

—Es como si algo dentro del planeta fuese radioactivo para nosotros.—Susurró desmoralizado. Entrapta alzó la mirada y vio a su amigo con un estado depresivo.

—Deberíamos solicitarle a She-Ra que nos preste a Darla, si hacemos un experimento de enviar a los únicos que no han tenido síntomas al espacio y no tienen afección alguna podemos dar por sentado que es la atmósfera del planeta.

Tenía toda la lógica del mundo. Estaban desesperados por encontrar la causa y mayormente la cura pero… esa solución dejaba un amargo sabor.

Si ellos resultaban inestables para la vida en Etheria… ¿tendrían que irse? ¿A dónde? Entrapta sintió como el corazón se le apachurraba.

Negó con la cabeza. Debe haber alguna solución.

—No te preocupes, encontraré la cura para ustedes. Sé de buena fe que la vida aquí no es imposible para los de su clase. Hordak es la prueba viviente de ello. Aunque él tuviera un defecto genético nunca sufrió de este abrupto ataque de hemorragias.

—¿Crees que debas contactarlo? Si nos dice su historial desde que llegó a Etheria podríamos llegar a una conclusión.

Kadroh seguía dándole la espalda, escribiendo en una computadora toda la información. Entrapta sintió un escalofrío pero lo apartó, ahora más que nunca necesitaba respuestas. Por la ciencia, por la vida de sus amigos.

—Lo haré, ahora mismo buscaré el pad y rastrearé su señal. No debe ser-

¡COF COF!

La princesa calló.

—No te preocupes, estoy bien. —Murmuró Kadroh con dulzura. Entrapta tomó el pad cerca de ella y tecleó con su cabello varios patrones. La información de conexión no estaba. La princesa intentó rastrearla en el historial cuando hablaron por última vez aquella noche, pero la información ya no estaba. Como si la hubieran borrado. Tal vez estaba encriptada, debía cerciorarse pero la señal no era estable.

—Saldré un momento, enseguida regreso.

Pero no obtuvo respuesta. Justo en ese momento los cabellos de la nuca se erizaron. El pad cayó de sus manos y corrió hasta el escritorio. La mesa de metal estaba bañada en sangre verde.

—¡KADROH!

Él no respondió.

Movió su cuerpo intentó hacerlo reaccionar, pero solo logró que éste se cayera y ella lo tuviese entre sus piernas.

—¡NO KADROH, POR FAVOR, TU NO!

Con lo que tuvo a la mano, paños, sábanas, ropa, comenzó a bloquear los torrentes que salían por sus puertos de conexión.

—¡KADROH, RESPONDE!

Nada aún, solo un leve parpadeo y su vista nublada por las lágrimas. Apretó con fuerza la tela que impedía que la sangre continuase corriendo. De pronto vio un dedo de él moverse, lo miró con sorpresa, estaba señalando algo en la pantalla.

—¿Qué? ¿Qué es lo que quieres decirme?

La mano cayó inerte. Entrapta gritó:

—¡AUXILIO! ¡POR FAVOR! ¡ALGUIEN AYÚDEMEEEEE!

Los siguientes segundos más largos de toda su vida corrieron cuando vio entrar a Bow y a un grupo de Plumeria, tomaron al herido entre brazos y lo llevaron lejos. Entrapta estaba cubierta en su sangre de color verde.

—¡Cálmate, cálmate! — Le ordenó Bow. La princesa estuvo a punto de tomarlo con su cabello y arrojarlo lejos pero el maestro arquero se resistió al ataque. Con la pena en su rostro alzó el dorso de la mano y la estrelló contra el rostro de la muchacha.

—¡Entrapta! — Le gritó.

Los ojos carmesí, inundados lo miraron ahora con una mirada perdida, nublada y sin emoción.

—¡Tienes que calmarte!

No dijo nada.

—Necesitas estar serena, Kadroh será atendido.

Las manos dentro de sus guantes de trabajo se estrellaron contra sus ojos y la muchacha se echó a llorar como nunca antes había hecho. Bow la atrajo hacía él. No había manera de consolarla. Estaban en un túnel sin salida. Sin una pizca de luz.

Pasaron los minutos, nadie más entró a la tienda. Bow continuó acariciando el cabello de la princesa. Cuando su llanto se fue apagando, la incorporó. Tenía el color rojo en toda su cara. Las lágrimas habían hinchado sus ojos.

—Te mantendré al tanto, pero tienes que descansar.

—¿Cómo puedo descansar con todo esto?

—Si no lo haces, no serás capaz de ayudarlos. Ellos te necesitan al 100%.

Se secó las lágrimas con el dorso del antebrazo. Justo cuando iba a replicar una pequeña luz le encandiló la vista.

—¿Pero qué…?

Algo en el charco de sangre llamó su atención. Un pedazo de metal que reflejaba los rayos del sol que se colaban en la tienda de campaña. Era un contorno circular. Lo tomó entre sus dedos.

—¿Qué es eso? —Preguntó Bow.

Entrapta lo analizó de cerca, a simple vista parecía solo un fierro que había encontrado su sitio ahí pero de pronto los ojos de la chica se abrieron desmesuradamente.

—Es el puerto de su tórax.

—¿Cómo dices?

—¡Es el puerto de su tórax! Los clones tienen en sus brazos, espalda y vientre puertos por donde eran alimentados al ser creados por Hordiano Primero, a través de ellos también obtenía información.

Se giró de lleno a la pantalla. Había un dibujo girando en la pantalla.

—Información genética.— Susurró para sí misma.

Bow se acercó a ver lo que en la computadora había. Era un registro de todos los códigos genéticos de los clones. El arquero comprendió.

—Es una condición genética. Ellos están…

—Mutando.—Finalizó la oración Entrapta.

Secó como pudo el escritorio y continuó tecleando en él.

—Pero, ¿cómo? ¿A qué han estado expuestos? — Preguntó Bow.

Una pequeña luz al final del túnel. Muy pequeña pero era lo suficiente para hacer que recobrara las fuerzas. El escenario cambió, sus ropas estaban limpias pero su rostro seguía igual de cansado. Ante ella estaban nuevamente la alianza de las princesas a excepción de Netossa, Spinnerella y Glimmer quienes observaban la junta desde una pantalla.

—¡Es mutación genética! —Exclamó.

—¿A qué se debe? —Preguntó Adora.

—Aún no estoy segura, pero el agente responsable se encargó de crear un cambio en los nucleótidos o en la organización de ADN. Es un caso que puede darse de manera espontánea.

—¡Como las hemorragias! —Exclamó Perfuma comprendiendo el punto.

—Exacto.

—Todos nosotros somos seres pluricelulares, las mutaciones solo pueden ser heredadas cuando afectan las células reproductivas.

Los términos utilizados por la ingeniera no eran comunes para ellos pero no se detuvieron a preguntar qué cosa era nucleótidos.

—Pero ellos no fueron concebidos.

Un nuevo cabo sin salida.

—No, pero están actuando como si algo los afectase. El que su origen no sea una concepción no significa que estén exentos a este tipo de efectos.

—Pero… son efectos perjudiciales. Tenemos que detener el camino de esta supuesta mutación. —Explicó Mermista.

Entrapta negó con la mano.

—Eso no es posible. Tenemos que contrarrestar los efectos de los ataques en ellos pero no podemos cortarlos de raíz, todo ser vivo pasó por un tiempo moderado de 'efectos secundarios' antes de adaptarse.

Se miraron entre ellos.

—La mutación a largo plazo trae beneficios. Sin mutación no hay cambio y sin ellos, la vida no puede evolucionar.

—Pero este cambio los matará.—Mermista se puso de pie molesta.

—Mi reino y yo mantendrá su promesa y no dejará que ninguno de ellos muera pero, ¡hay que detener lo que sea que en sus cuerpos esté pasando! Esta condición tiene un alto riesgo de aniquilarlos, no habrá tiempo de una evolución si ni siquiera sobreviven al cambio. ¡Se nos acaban los clones estables, ya todos han comenzado con la mutación! Pronto nos quedaremos sin reserva de sangre para poder aliviar la pérdida de ésta.

Adora intentó calmarla. La mirada de la princesa de Dryl se oscureció. Tomó su pad y tecleó una información, en la pantalla apareció el pedazo de metal que había encontrado en el suelo cuando Kadroh colapsó.

—Kadroh, uno de las más recientes víctimas perdió esto en su sintomatología. Lo estuve analizando, se trata del soporte para mantener abierto su puerto. Cada clon tiene 10 puertos. Dos en los brazos, uno en la nuca, uno en medio de la espina dorsal, dos en los omóplatos y dos pares en el vientre. Como su nombre sugiere son accesos que antes Hordiano Primero creaba para poder llenar los sacos amnióticos de ADN.

Nuevamente una mirada de no comprensión rodeo la junta. Entrapta rodó los ojos.

—Hagan de cuenta que cada uno de ellos es un ombligo.

Se escuchó un coro enseguida:

—Aaaahhh.

—Pero en el caso de Kadroh, su puerto estaba presentando carnación a su alrededor. Es decir, el cuerpo comenzó a generar nueva piel que rechazaba el puerto de metal.

Adora alzó la mano. Entrapta le cedió la palabra.

—No creo que sea el único, en los tratamientos que les hemos dado al menos cada clon ha perdido 5 de estos puertos que dices.

Los ojos de la muchacha brillaron.

—¡Entonces mi teoría es correcta!

Nuevamente silencio, esta vez Entrapta no se ofendió.

—Significa que su cuerpo está mutando para ya no tener que depender de los puertos. Lo que quiero explicar, es que sus cuerpos están sanando estos agujeros en su piel, pero el hecho de perder el núcleo por donde fueron alimentados antes de 'existir' genera una reacción contraproducente y la sangre que necesita cada herida para sanar es demasiada.

Bow habló:

—Eso quiere decir que sí están evolucionando para bien. Solo necesitamos evitar que se desangren mientras sus cuerpos regeneran la piel necesaria para deshacerse de los puertos.

—¡Correcto! —Gritó Entrapta con felicidad.

Hubo un aullido de entusiasmo en medio de la tienda. Sin embargo, pronto acabó cuando Adora volvió a hablar.

—Comprendo la felicidad de la noticia, pero… uno de sus puertos está en la nuca, en una zona muy delicada para ser una herida. No podremos simplemente evitar que sangre sin que haya una consecuencia grave después, hay tejido comprometido en ello.

Entrapta volvió a su rostro serio. Tosió de modo educado y carraspeó la voz.

—En efecto, Adora. Necesitamos que su cuerpo reaccione de manera más sencilla al momento de sanar, para que no pierdan la sangre que necesitan. Sugiero tomar una muestra de ADN, el gen encargado de proveer las proteínas en la sangre. Empero, tendría que ser de un clon que no ha sufrido las consecuencias de la mutación.

Se miraron desesperanzados. Era cierto, días atrás Glimmer envió una decena de médicos de Mistacor y Luna brillante para sanar a Vega y los demás clones en Dryl. Entrapta estaba al tanto de la situación, ellos fueron los últimos en infectarse.

—No hay ni uno…—murmuró Mermista.

—Lo hay. —Aseguró Adora quien no dejaba de mirar a Entrapta. Ella a su vez se acercó a la princesa del poder.

—Adora… Necesito que me prestes a Darla. Debo ir a donde está Hordak, tengo que ir a isla bestia.

El rostro de la junta nuevamente se llenó de sorpresa.

—Él no parece haber sufrido ni siquiera de las hemorragias ya que conserva todos sus puertos. Algo en su genética logró sobrevivir sin deshacerse de los conectores. Si voy a donde está él, puedo tomar una muestra de su ADN y encontrar la cura para que los cuerpos de los demás puedan sanar con el cuidado necesario.

Cambió su voz a una súplica y se dirigió a la reina Glimmer quien había atendido la junta en total silencio.

—Por favor, reina Glimmer.

La reina de luna brillante y la princesa del poder se dieron una mirada cómplice. No hubo más silencio.

—Darla estará lista cuando tú lo estés.—Afirmó con una sonrisa.

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Una sacudida la despertó. Miró a todos lados no reconociendo el sitio donde estaba. Estaba en una silla metálica con un mapa holográfico en frente de ella.

—Buenos días Entrapta. —Saludó una voz robótica.

La princesa logró calmarse.

—Nos encontramos a 17 kilómetros del destino, tiempo promedio de llegada: 5 minutos con 24 segundos, la temperatura es relativamente baja de 18°c…

Continuó con el pronóstico del tiempo y algunas recomendaciones. La chica ya no la escuchaba, pronto su voz se volvió un murmullo lejano mientras se volvía a dejar caer en la silla de comando. La noche anterior había tomado sus pertenencias y no había tardado más de lo normal en subir sus instrumentos a la nave.

Llevaba las muestras de los clones, apuntes y demás artículos que serían de ayuda. Había contado todo con cautela y precisión. Adora y sus amigos la ayudaron, una vez que la nave estuvo cargada hablaron:

—¿Estarás bien tu sola? —Preguntó Bow preocupado.

—Lo estaré, necesito que ustedes cuiden a los que están aquí. En cuanto llegue estableceré conexión con ustedes, cualquier anomalía por favor comuníquenmela.

—Así será princesa. —Asintió Adora.

—El rey Micah llegó hace un par de semanas, él comentó que Hordak estaba en buenas condiciones. —Agregó Perfuma.

Eso no lo sabía, la princesa se había limitado a no preguntar. Parecía reacia a querer arrojarse a la desazón de recordar su último encuentro con el ex villano.

—Entonces ¿él ya sabe sobre lo que está sucediendo?

Perfuma negó.

—El rey Micah sugirió esperar, los clones se ven afectados cuando se quedan solos, no quería irse diciéndole que era por esto.

Aguardó un poco y le entregó una bolsa cosida a mano, estaba algo pesada.

—Si acaso él estuviera presentando condiciones, llévate esto consigo, son ungüentos que disminuyen el sangrado y gasas.

Entrapta asintió no satisfecha de albergar esa opción. Ante todo, deseaba que Hordak estuviera bien, tenía que estarlo, era el único que en todo su tiempo en Etheria que jamás había mostrado síntomas.

Antes de despegar había hecho una rápida visita a la enfermería donde Kadroh estaba. No pudo despedirse, estaba inconsciente. Magos procuraban proveerle del oxígeno necesario y curaban cada 3 horas sus heridas.

—Volveré con la cura, lo prometo. —Aseguró en un susurro. Esa noche, después de una triste despedida la dejaron partir. Darla se alzó en el cielo estrellado y se alejó con su brillo azulado.

Recordar los últimos sucesos de la noche la dejaron somnolienta de nuevo. Había colocado el piloto automático por si se quedaba dormida. Había hecho bien. El mapa holográfico delante de ella desapareció.

—Maniobra de aterrizaje sobre agua iniciándose. —Se escuchó. Entrapa alzó la vista y de entre toda la niebla divisó las grandes montañas y árboles ceñudos a la distancia.

Sus ojos carmesí de abrieron en sorpresa. ¿Esa era la misma isla a la que fue enviada a morir tiempo atrás?

La costa se bañaba en arena de color durazno y tan pronto como la vegetación empezaba el verdor de los árboles comenzaba. En el cielo pudo divisar una bandada de aves de gran envergadura. Las recordaba, tenían picos afilados y garras capaces de tomar a su presa en el aire para después dejarla caer.

Tenía que prepararse. El descenso fue más o menos suave, el choque del agua la desestabilizó un poco. Se acomodó su traje de camuflaje y a prueba de agua.

—Darla, en cuanto salga de la nave, enciende el protocolo de seguridad de abordaje. Permanece cerca de la costa. Espero volver pronto. —Habló con tono urgente mientras una lancha de goma se inflaba, el llenado de aire era automático y solo tomó unos momentos estar completa.

—Mis sistemas encuentran una variación en la atmósfera.

La compuerta se cerró, Entrapta prestó atención.

—Darla, informes.

—Una fuerte depresión atmosférica se acerca a gran velocidad, la isla Bestia está dentro de su trayectoria, no es recomendable acercarse.

—¿Hasta cuándo se podrá abordar en la isla?

—Dentro de 3 días posteriores a que la depresión acabe.

—Eso es demasiado. Ejecutar programa de descenso excepcional.

La compuerta se volvió a abrir. Se ajustó el chaleco salvavidas y con su cabello se arrojó hasta aterrizar en la lancha. Darla se cerró, incluyendo los cristales de la cabina principal y los motores. Ahora era un gran tumulto de metal que se sumergía con cuidado en el agua. Se quedaría bajo el agua para su protección de visibilidad.

Sintió el golpe de sal en su rostro. Tuvo un escalofrío cuando se dio cuenta de que estaba sola en el mar. Con su cabello prensil tomó el mando y arrancó, el motor rugió a su lado y apenas unos minutos después estaba en la costa. Pulsó unos botones que desinflamaron la pequeña lancha y la resguardó cerca, en la arena.

Soltó una risita, sentía la común ansiedad cuando aventuras científicas se avecinaban. Con la ancha sonrisa continuó mirando el paisaje, la costa tenía esa niebla peculiar. Por alguna razón que desconocía le vinieron los recuerdos de su llegada cuando fue enviada por Catra.

La escotilla de la pequeña nave desechable se había abierto para ella tras varios golpes. Estaba sola, en un lugar inhóspito y salvaje. Cuando se dio cuenta de lo que había sucedido, en el momento en que esos recuerdos llegaron y su espalda ardió como mil soles por el golpe eléctrico con el bastón de contención se echó a llorar a mares.

Pero esa memoria no la haría llorar, ahora no, estaba lista para volver a enfrentar lo que ahí se encontraba. Ya no temería a nada, nunca lo hizo, solo las veía con una fascinación inaudita en ella. Las bestias de la Isla la esperaban en esa espesura. El silbido entre la vegetación le llamó la atención. Dio un par de pasos.

Hasta escuchó un siseo distinto al que provenía de la jungla. Giró su cabeza y vio unos ojos amarillos contemplándola desde el suelo.

—Un nuevo espécimen, no nos habíamos conocido la última vez que estuve aquí, ¿cómo te llamas?

Reptó por el suelo, salió de la neblina y el par de ojos se elevó por encima de la cabeza de ella. Aquello no era una señal de bienvenida. Tras la mirada puesta en ella escuchó el siseo de nuevo, parecía algo que haría un reptil.

Un chillido monstruoso sonó del alargado cuerpo del animal. Tenía cabeza de reptil y el cuerpo escamado con poderosas patas.

—Creo que es hora de correr.— Se dijo a sí misma.

Se dio media vuelta, tenía que esconderse. Pero cuando emprendió la carrera tuvo la corazonada de devolver la mirada, no había nadie. El ser había desaparecido, alentó el paso. Creyó haberlo perdido pero en realidad el monstruo nació de la arena de la playa y se plantó justo delante de ella, la tiró al suelo y abrió sus grandes fauces, dispuesto a comérsela entera.

Entrapta chilló, con sus cabellos tomó al reptil y le cerró el hocico, lo retuvo por un momento. Un nuevo sonido la distrajo, era agudo y constante. Se detuvo unos segundos y volvió a escucharse.

Sonaba como un silbido. El animal se removió y se liberó del agarre para simplemente desaparecer por la jungla. Ni siquiera regresó la vista a su presa. Entrapta sacó su grabadora.

—Bitácora, día 01 coma 2 del retorno en isla bestia. Aún hay fauna desconocida, me pregunto si se debe a algún cambio climático.

Alzó su vista, se arremolinaba sobre ella nubes oscuras. El mar parecía comenzar a volverse inestable. Debía apresurarse.

Tomó el pad de su mochila con el cabello.

—Ahora, solo tengo que rastrear la fuente de energía más próxima. Logré enviarle datos a Hordak debería haber un historial de lo que se envió.

Comenzó a titilar, a emitir un pequeño sonido.

—¡Eureka! —Gritó cuando el pad logró formar un patrón de rastreo.

—Entonces, la señal está a 3.6 kilómetros de aquí. Me tomará alrededor de 50 minutos a pie.

Un trueno se escuchó en la lejanía.

—Tendré que correr.

Se dejó el pad como referencia y comenzó a moverse ágilmente por entre las ramas. Al principio el aire húmedo le trajo recuerdos amargos y dulces, una vez que se había recuperado de saberse abandonada en la isla comenzó a recabar información de aquél extraño lugar que podía ser su próximo hogar o su tumba. Los días eran calurosos, las noches eran heladas y húmedas. Había todo un ecosistema que descubrir y procuro empaparse de los seres que vivían ahí.

¡Cómo habían cambiado las cosas! Ahora estaba allí por voluntad propia y sin fines de descubrimiento, más bien era una misión de captura.

Capturar al alienígena que podía ser la clave para salvar a sus hermanos. Hay que añadir que sería la primera vez que lo ve desde hace dos meses y medio. No han hablado ni una sola vez en todo ese tiempo. Entrapta le enviaba aportes para sus investigaciones pero nunca leía los comentarios añadidos de aquellas solicitudes.

No había contacto por vídeo, todo lo había cancelado.

El alíen ahora solo era un recuerdo.

Más bien, no había recuerdo alguno del alíen en la isla, el único recuerdo que obtenía cuando pensaba en él era…

Entrapta se detuvo en seco, casi cayó al suelo. De repente tenía la sensación de que sus pies eran mucho más pesados de lo que recordaba, el sudor hacía que su traje se sintiera pegajoso en el cuello. Con un dedo intentó despegar la tela de ella.

El pecho comenzó a subir y a bajar. En eso sintió el golpe de su cabello en la mejilla.

—¡Concéntrate!

Tomó el pad y verificó que siguiese la ruta correcta. Continuó en silencio, solo concentrándose en llegar. Sus pies parecían hechos de plomo, el sudor le corría por la frente. Tenía que hacer caso omiso. Habían pasado ya 36 minutos a buen ritmo, su concentración debía permanecer o podría distraerse y cambiar la ruta sin darse cuenta y perder la señal. Un trueno volvió a escucharse en la lejanía. Una bandada de seres a lados se movía en gran número. Perdió sus siluetas cuando llegaron a las montañas, se estaban resguardando.

—No ahora por favor. —Se decía.

Los ataques de ansiedad habían parecido volver a ella, el ritmo cardíaco había subido, la respiración ahora parecía más entrecortada. Si dejaba que aquello se apoderara de su cuerpo no llegaría al destino.

—Eso pasó hace tiempo. Seguro que ya lo olvidó.

Una mentira.

—Ni siquiera yo recuerdo cómo fue.

Segunda mentira.

Antes acumular una mentira más volvió a quedarse de pie en un solo sitio. Una nueva incógnita formulada por su brillante mente la estaba acosando. Aunque ella solo había cortado comunicación fraternal, seguía estando al 'pendiente' de él. Entonces no debía temer por reanudar una convivencia que no se había cortado en realidad.

Pero...

—¿Y si ya no me necesita? No volví a recibir mensaje de él desde que sucedieron los ataques en los clones.

Si ya no me necesita…

Continuó su mente vagando. Una segunda bofetada proveniente de su cabello la hizo reaccionar.

—No importa lo que él necesite, si me necesita o no, no es mi problema. ¡Yo no lo necesito, los que lo necesitan son sus hermanos!

Esa fue la tercera mentira.

Apretó el paso, la señal se intensificó totalmente. El ardor de su pecho logró volverlo motor de sus piernas hasta que también ardieron. Cuando la respiración le exigió un descanso pudo comprobar en su pad que estaba a escasos 30 metros de su destino.

Pudo ver, a través de las hojas, una blancuzca construcción. En un espacio lo suficientemente amplio había un blanco componente de metal, alto, con ventanas blindadas. Había instrumentos algunos regados. Antenas que acordonaban la zona, se trataban de antenas para crear un campo magnético de energía, debía tratarse del sistema de seguridad para mantener alejados a los seres más hostiles.

Contempló el sitio desde el escondite.

¿Por qué se escondía de todos modos? No se respondió, solo continuó mirando desde la espesura. Podía ver el campamento protegido, parecía que nada faltaba allí. ¿Lo habrían construido el rey Micah y él?

En eso vio escritura de los primeros en una de las compuertas cerradas.

¡Habían formado el cuartel en base a piezas abandonadas en la isla por los primeros!

—Fascinante.—Susurró para sí. Debió ser las primeras piezas que fueron desensambladas.

Escuchó un ruido metálico no lejos de ella. Giró su cabeza y pudo distinguir la lejana voz masculina. Las piernas parecían volverse de gelatina.

Una buena bofetada la haría reaccionar pero no quería llegar con el peor aspecto del mundo de tanto golpearse a sí misma. Se sentó de espaldas al campamento, se revisó el cabello acomodándose mechones sueltos, el overol parecía en buen estado, se secó el sudor de la frente y se preparó con un par de respiraciones profundas.

Era ahora o nunca. Se levantó dio un paso y se abrió camino en la vegetación.

—…muéstrame el cuello, quédate quieta.

Los ojos casi se le salen de la impresión. Pudo ver la blanquecina espalda del alíen con sus cicatrices azules y delante de él una mujer.

Una mujer.

Una mujer… DESNUDA.

Una mujer… QUE SE LE ESTÁ ARROJANDO ENCIMA.

Tiene la piel lila, los ojos amarillos y el cabello morado y ¿ya dije que estaba desnuda? Hordak se removió en el suelo mientras la sujeta sumergía su boca en el cuello de él.

—¡AGH, YA BASTA TE HE DICHO QUE NO ME GUSTA QUE ME SALTES ENCIMA!

Al parecer aquello sucedía seguido.

Obviamente no se iría, pero mentiría si dijera que no reconsideró la opción de darse media vuelta y volver después de ver a aquellos retozar en paz ignorantes de su presencia.

De pronto, la hembra se dio cuenta de la presencia de Entrapta. Muy tarde para huir.

La mujer… ¿le gruñó?

Si, se quedó en 'cuatro patas' mientras le mostraba los dientes y los cabellos morados se erizaban. ¿Ese era el nuevo gusto de Hordak? De tener a una científica brillante a una bestia salvaje. Entrapta se sintió ofendida.

En eso el hombre giró la cabeza aún en el suelo. Era obvio decir que se quedó sin palabras.

—¿E-entrapta?

Los ojos carmesí se posaron en Hordak y para sorpresa de él aquella mirada le produjo un escalofrío. Tocó a la mujer DESNUDA que estaba ENCIMA DE ÉL.

—Cálmate, no te hará daño.

¡JA! Ahora resulta que la que imponía hostilidad era ella, ¡con un demonio! debió enviar un mensaje antes para evitar esa embarazosa situación. Siguió callada mucho tiempo.

—Lamento interrumpir sus juegos eróticos pero vine aquí con una misión especial.

—¿Qué? ¿Juegos eróticos? Espera ¡Oye!

La mujer lila se acercó a Entrapta y la olfateó. La ingeniera no se inmutó, de momento no parecía ya tenerle miedo. Hordak se puso de pie, se acercó:

—Entrapta, tu presencia aquí es mucho más que una sorpresa. ¿Qué es lo que-

—¿Puedes decirle que deje de olfatearme? No me agrada.

El tono de voz lo sacudió. Hordak miró a la mujer que además de DESNUDA era MUDA. El alíen apenas parecía comprender la situación.

—Un momento, no es lo que parece. No es una mujer real.

Los ojos de Entrapta se abrieron sin fingida furia.

—¡Tiene los senos más grandes que he visto en mi vida!

Algunas aves salieron volando del espanto, una mujer molesta siempre daba miedo. Hordak guardó silencio y después soltó un ligero bufido, relajó el cuerpo.

—No es lo que crees. Mira.

Se acercó a la hembra extraña y con la palma cerrada le golpeó la nuca. La mujer chilló y se retorció. Ahora Hordak era declarado golpeador de mujeres.

—¡Pero qué…!

—Golpee su fermis superior, es una glándula reproductiva justo a un lado de su hipotálamo. Es lo suficientemente sensible para deshacer la ilusión.

En eso Entrapta miró desconcertada, la hembra perdió su figura y se fue transmutando. En eso, volvió a ver al reptiliano ser alargado que la había atacado en la costa. Los ojos amarillos la miraron una última vez antes de reptar por el suelo y enroscarse. Ahora era una gran circunferencia escamosa con un par de brazos y piernas.

—Es un lagarto espejo.

La princesa no comprendía. Miró al hombre esperando otra explicación.

—Es un reptil que vive en la costa, se mueven en manada pero este ejemplar lo encontré hace un par de semanas moribundo, parecía haber tenido una pelea con otro de su clase. Lo que viste es su mecanismo de caza. Cuando buscan una presa logran percibir tus olas neurocerebrales.

—¿Pueden leer la mente?

—Sí, toman de tus recuerdos alguna imagen que sea familiar y la usan para atraer a su presa.

La mujer que había visto antes… Tenía el cabello largo y morado ¿era una coincidencia? Entrapta sintió calor de nuevo.

—¿Y por qué estaba desnuda?

—No lo sé, el rey Micah casi se desangra por la nariz cuando lo miró convertirse en una réplica de la reina Angella SIN prenda alguna. Su capacidad cerebral no es vasta en raciocinio solo toman una imagen priorizando que se parezca físicamente pero olvidan el tema de la ropa.

Hizo una pausa, el reptil siseó.

—Aunque, al parecer se ha vuelto demasiado confianzudo desde que le salvé la vida.—Masculló Hordak molesto mientras le daba una mirada al reptil aún recostado.

—Pues parecía muy cariñosa contigo.

—Es macho.

Los ojos de la chica se abrieron de nuevo en sorpresa. Hordak encaró una ceja, tomó al reptil del cuello y le colocó un collar.

—Ahora vete.—Le ordenó y el animal con cierta duda se alejó.

—¿Qué es eso que le acabas de colocar?

—Un rastreado, estaba buscando el sitio donde suelen esconderse, he estado estudiando lo que en la isla habita.

—Increíble. —Dijo ella que quitó su mirada del desaparecido reptil y miró a Hordak, pero éste tenía el ceño fruncido.

—Por otro lado, necesito saber ¿qué haces aquí?

La muchacha espabiló.

—Vengo con una misión muy importante, tengo que analizar tu cuerpo.

Las orejas tan expresivas del alíen se replegaron hacía atrás con un toque carmesí.

—¿No pudiste enviarme un mensaje? Habría ido contigo si tanto lo deseas, no tenías que venir.

"No tenías que venir… No tenías que venir."

Que buen tino tenía Hordak para lastimar con las palabras.

—Parece que te molesta que esté aquí.

Hordak no respondió enseguida, en cambio miró al cielo.

—No, no es que me moleste, pero me preocupa. Debes irte de inmediato.

Y ahora la corría como un vil perro. La ira iba subiendo desde la punta de sus pies.

—¡No, no puedo! ¡Tienes que dejarme analizarte!

Enseñó el maletín que traía consigo y la mochila en su espalda. Estaba preparada.

—Entrapta, no seas necia. Haz llegado en el peor de los momentos.

Sintió en su pecho un fuego que comenzaba a expandirse y la consumía. Vergüenza, miedo y un escozor le dejaban aquellas palabras. Alzó la voz:

—No me importa lo que tú sientas respecto a mi o a mi visita, vine por una cuestión de vida o muerte.

El ex villano guardó silencio sin comprender. En eso cayó una gota en su cabello.

—Demonios. ¡Vamos! —Le tomó del brazo pero ella se resistió.

—No me iré, me quedaré aquí y…

De pronto sintió como su cuerpo se aligeraba. La había tomado entre sus brazos y corrió en dirección al cuartel.

—Para mí mala suerte, tendrás que quedarte… Ya no puedes irte.

No comprendía el cambio repentino en sus palabras. En eso resplandeció un potente rayo seguido de un terrible trueno. La compuerta se abrió y entraron, Hordak la colocó en el suelo y se aseguró de que la puerta se cerrara.

—Computadora, alista los termoacondicionadores, guarda distancia de 4.8 metros a la redonda. Enciende los campos magnéticos de poder.

—Enterado.— Replicó una voz robótica. Un ruido metálico y un chillante ambiente de ruidos inundaron los sentidos de la chica en el suelo. Comenzó a tener el presentimiento de que efectivamente había llegado en un mal momento.