Sasuke fue traído por Itachi hasta la casa de los Namikaze.
¿La razón?
El mayor deseaba tener una oportunidad para charlar con él, de hermano a hermano y hacerle ver que se estaba desviando de su objetivo:
Un noviazgo con Naruto, algo serio y estable basado en la confianza y el respeto mutuo.
¿Sexo? También, solo que a su tiempo.
«Si sigues dejándote llevar por tus hormonas, vas a arruinar las cosas con Naruto…»
Las palabras de Itachi se reproducían en su cabeza cual disco rayado y es no podía negarlo, su hermano tenía la razón en esta ocasión. No, la verdad es que su hermano mayor casi siempre la tenía, pero ni de broma se lo haría saber.
De alguna manera su reciente desliz con Naruto fue a dar a oídos de Itachi. Su teoría era la siguiente: Karin se lo contó a Deidara y este a Itachi… aunque también cabía la posibilidad de que Suigetsu fuera el chismoso.
Ya se encargaría de averiguarlo después.
Por ahora debe enfocarse en aguantar esa tormenta hormonal adolescente que, hasta antes de conocer al dobe, controló a la perfección.
Y es que cómo resistirse si el mismo rubio se lo permite.
Naruto… —susurró mirando al techo.
Era viernes por la noche y se hallaba a un par de recamaras de la del rubio. Jodido Jiraiya, que frustró toda posibilidad de que Sasuke terminara compartiendo cama con su Naruto.
Con tal de que los invitados pudieran disponer de una habitación cada uno, el anciano se ofreció voluntariamente a dormir en la sala. Cabe aclarar que no solo estaban ahí Sasuke e Itachi, sino también Suigetsu, que se integró al plan a petición de Karin.
Solo esperaba que, al despertar, al abuelo de Naruto le doliera la espalda terriblemente. Es lo mínimo que se merecía.
Aunque si lo pensaba mejor, Jiraiya en realidad le estaba haciendo un gran favor…
Se acomodó mejor girando su cuerpo hacia el otro lado. De momento, era mejor que aprovechara su desvelo para meditar en cómo pedirle a Naruto que acepte ser su novio.
Sábado por la mañana.
Cerca de las 9:30 todos habían bajado a desayunar.
— ¿Cuándo regresas a México, abuelito? —preguntó Karin.
— Todavía no lo sé, tal vez me quede hasta después de la graduación de mi adorado nieto favorito —bromeó dirigiendo la mirada hacia el mayor de sus nietos—. Que mejor regalo que mi presencia ¿verdad, Deidara?
— Por mí te puedes ir … —pero un par de ojos negros al otro lado de la mesa le observaban atentos—. En un año, dos o tres. Cuando gustes, abuelito.
Itachi notó que lo último fue pronunciado con socarronería y para quedar bien con él, aun así prefirió sonreír ligeramente. Su rubio hermoso se estaba esforzando en todos los sentidos y eso le hacía sentir orgulloso.
Incluso en clases logró notar una mejoría.
— Me gustaría tomarte la palabra, sin embargo tengo asuntos que atender allá. Me he hecho de una finca y recientemente mi gente empezó a trabajar en el cultivo de tomate…
— ¿Escuchaste eso, teme? —interrumpió Naruto—. Si algún día vamos a visitar a mi abuelo, no pasarás hambre-ttebayo.
— Hm.
El tradicional monosílabo de Sasuke ocultaba todo lo que cruzó por su cabeza, el rubio estaba pensando a futuro y este le incluía.
El resto de los presentes se soltaron a reír, el comentario había estado de mas, pero no dejaba de ser gracioso.
— Chicos, después de desayunar necesito que le den una mano a su abuelo en lo que yo voy a comparar unas cosas. Tiene planeado una carne azada por la tarde y una fogata en el jardín por la noche, así que ayuden en lo que puedan, por favor.
Sus hijos, Sasuke y Suigetsu asintieron.
Al terminar, cada uno puso manos a la obra. Excepto Itachi, que se ofreció a acompañar al Namikaze para poder estar a solas y tener aquella tan necesaria conversación. No podía permitir que terminara enterándose por otro medio.
Por otro lado, Deidara se sentía ansioso, preocupado, emocionado… todo un cumulo de emociones estrujaban su corazón.
— Todo saldrá bien — extrañamente, Sasuke se detuvo a su lado en ese instante.
— ¿Cómo puedes estar tan seguro, hm?
— Porque es un Uchiha —enfatizó sonriendo con suficiencia. Deidara le sacó la lengua en un gesto infantil.
Las palabras de su "cuñadito" no le tranquilizaban en lo absoluto.
A petición de Itachi, antes de ir al supermercado, pasaron a una cafetería a unas cuantas calles de la casa. Tenía que ser hoy y debía ser ahora mismo.
Por su lado, el Namikaze adoptó una expresión de preocupación porque pensó que lo mas probable era que su hijo mayor, Deidara, estuviera a punto de reprobar el año y, por lo tanto, no podrá ir a la universidad de artes. Seguramente Kushina los despellejaría vivos a los dos: a él por ser un padre desobligado y a Deidara por flojo y desaplicado.
No, no podía ser eso.
El mismo Kakashi le había confirmado que su hijo estaba mejorando notablemente desde que el Uchiha se convirtió en el profesor encargado de su grupo.
¿Entonces qué estaba sucediendo?
— Si Dei esta fallando en algo, dímelo con toda confianza, Itachi —expresó sosegado tratando de ocultar su impaciencia por saber la verdad.
— No, para nada. Deidara está en su mejor momento académicamente hablando, se lo aseguro.
Minato dejó salir todo el aire contenido en sus pulmones, esas eran buenas noticias.
— Me alegra escuchar eso —sonrió—. El siempre ha sido de cabeza dura a diferencia Karin y Naruto.
— Lo que pasa es que el tiene intereses poco usuales a la mayoría, pero su pasión por el arte le será suficiente para lograr grandes cosas. Yo… —titubeó para luego adoptar la posición más formal posible—. Yo estaría encantado de acompañar a su hijo en todo ese proceso.
— Pero el esta por salir del colegio —platicaba Minato sin analizar a detalle las palabras de Itachi, tomando un sorbo de su humeante taza de café.
— No hablo como docente, sino como hombre…
Ahora si entendió, con cuidado bajo la taza hasta colocarla sobre la mesa nuevamente. Llegó a la conclusión de que la persona de la que su hijo les habló hace un tiempo durante la cena, es el mismo que ahora estaba frente a él. Itachi.
El profesor Itachi.
— Estoy profundamente enamorado de Deidara y el me corresponde, puedo asegurarle que no le he faltado al respeto ni a el ni a la escuela. Sin embargo, entenderé si esto que acabo de decirle le resulta inadmisible y estoy dispuesto a aceptar las consecuencias de mis acciones aunque esto implique perder mi trabajo —sus profundos ojos negros se enfocaron en aquellos azules parecidos a los de su amado rubio—. Pero no pienso renunciar a Deidara.
Atónito.
Estupefacto.
Perplejo.
Existen tantas palabras para describir el estado en el que se encontraba Minato Namikaze, tantas que es difícil elegir solo una. Si tan solo pudieran ver su cara…
Aclaró su garganta y se movió incómodo sobre su asiento. Era un tema bastante serio como para considerar si quiera que se tratase de una broma, mas aun viniendo de alguien tan serio como el Uchiha.
— Por las palabras que has utilizado, infiero que ustedes dos ya son pareja ¿estoy en lo correcto? —Itachi asintió—. Bueno, creo que, aunque mi esposa y yo nos opusiéramos, Deidara está por cumplir los 19 y conociéndolo, sería capaz de hacer cualquier locura.
— Mis intenciones con el son las mejores, se lo juro —añadió el pelinegro.
— No lo dudo, incluso admito que has influenciado positivamente a mi hijo… creo que lo que yo pueda decir sale sobrando. Lo único que puedo pedir es discreción.
— Por supuesto.
Bien, por ahora todo estaba claro. Únicamente faltaría el paso más complicado de dar y obviamente, esto no lo haría Minato, ya hablaría más adelante con su hijo para que el se encargara de contárselo a Kushina.
El día se les estaba yendo entre preparar la carne y gastarse bromas entre ellos, bromas en las que también Jiraiya participaba.
Hubo un momento en el que Naruto apareció con una manguera y comenzó a rociarlos a todos, afortunadamente alcanzaron a correr y solo solo terminaron con algunas salpicaduras de agua en su vestimenta.
Era un momento agradable, con comida por montones y muy buena compañía.
— El viejo está loco —comentó Deidara a los demás, mientras veían como Jiraiya balbuceaba algo -probablemente relacionado con mujeres o alguna obscenidad- en el oído de Minato.
— Loco es poco —añadió Naruto.
— Ahora veo de quien lo heredaron —ambos rubios fulminaron a Sasuke con la mirada—. ¿Qué? No estoy diciendo mentiras.
— Pero así te trae de un ala el Narutin y tú a él, no sé qué tienes que estar hablado Sasu —dijo Siugetsu, que al parecer mantenía una insana obsesión por poner en riesgo su vida.
Karin, Deidara e Itachi se echaron a reír. Sasuke golpeó en la cabeza al peliblanco y Naruto…
— ¿A dónde se fue Naruto? —preguntó Minato a unos metros de ellos.
Los jóvenes se miraron entre ellos. Se supone que hasta hace unos segundos estaba ahí sentado con ellos.
— Lo vi levantarse y entrar a la casa— escucharon decir a Jiraiya.
Una vez en su cuarto, entró directamente y se recostó boca abajo hundiendo su rostro entre la almohada.
Dejó escapar un grito de fastidio en ella para que nadie más lo escuchara.
A naruto no le gustaba sentirse expuesto, mucho menos ridiculizado. El siempre había sido el que se burlaba o le gastaba bromas a los demás, más aún tratándose de temas como las relaciones de pareja, citas y demás.
Y luego el maldito sonrojo, ese que últimamente no abandonaba su cara haciéndolo ver como uno de esos tomates que Sasuke tanto ama.
Sasuke.
Todo se estaba volviendo más complicado para él desde que aceptó que le gusta y todavía más cuando supo que el otro también se sentía igual. Para este instante ya llevaban más o menos un mes en esa situación.
Ha habido ocasiones en las que el Uchiha le acaricia las mejillas, le abraza brevemente o lo besa hasta dejarlo sin aliento.
Besos. Esos a los que el no es capaz de oponerse porque sabe que también los desea…
«¿Te gustaría tener algo con él?».
La voz de Shikamaru hizo eco en su interior. Tener algo con Sasuke…
¿Algo como qué?
Algo como caminar de la mano por el colegio.
Algo como darse pequeños besos de buenos días antes de iniciar las clases.
Algo como presentarlo a sus padres como su pareja y que el hiciera lo mismo.
Algo como llamarse bebé, amor, vida, cielo…
Algo como darse obsequios o subir fotos abrazándose y/o besándose a las redes.
Algo como tener citas, cocinar juntos, etc.
Algo como experimentar nuevas emociones y sensaciones.
Algo como decirse Te quiero, te extraño…
Algo como un noviazgo en toda la extensión de la palabra .
¿Hacer todas estas cosas con Sasuke?
La única vez que intentó entablar una relación fue con una chica, con Hinata y no funcionó por el simple hecho de que no le gustaba. Aunque en este caso el amargado -quizás ya no tanto- de Sasuke sí le gusta, pero aquí…
¿El sería la chica?
— Hermano ¿estás bien?
Karin estaba sentada en la orilla de la cama, acariciando sus cabellos con suavidad. Tan ensimismado se había mantenido que ni la escuchó entrar, además de que su posición sobre la cama le obstruía un poco la visión en dirección hacia la puerta de su recamara.
— Sí —respondió incorporándose para quedar sentado al lado de ella—. Creo que comí demasiado, es todo.
— Voy a prepararte un té ¿vale?
— No, Karin espera… quiero preguntarte algo.
La pelirroja asintió, de un tiempo a la fecha no tenían muchas oportunidades de platicar como solían hacerlo cuando eras más pequeños. Tal vez por el ritmo de vida, el hecho de que los dormitorios los mantenían separados o el círculo de amistades que, aunque prácticamente era el mismo, cada uno andaba por su lado.
— Pregúntame lo que quieras, hermanito —pidió abrazándose a el y recargando la cabeza sobre su hombro.
— ¿Cómo supiste que querías tener una relación con el feo de Suigetsu?
— ¡Oye! —Naruto se rio ante la reacción de su hermana—. El no es feo, bueno yo no lo veo así. Respondiendo a tu pregunta, no lo sé.
— ¿Eh? No te entiendo-ttebayo.
— La atracción es mutua, platicar con él es agradable y fluye con naturalidad, quiero pasar más tiempo con él, me hace sentir en confianza e incluso me fascina su torpeza. Así que cuando me lo pidió, solo acepte. Que funcione o no, eso depende de los dos —concluyó sonriendo.
— ¿No tienes miedo?
— ¿De qué? ¿de qué me engañe, me mienta, me deje por otra…?
— Pues… sí.
— No, no me voy a privar de disfrutar algo tan bonito como un noviazgo por ideas paranoicas —Naruto frunció el ceño, no concebía el que su hermana fuera tan ingenua—. El que no arriesga, no gana. Y si tú no te arriesgas, te van a ganar —insinuó antes de levantarse para regresar al patio.
Pasaron el resto de la tarde jugando juegos de mesa.
Naruto se tomó su tiempo para procesar las palabras de su hermana, pero después de un rato se animó a bajar antes de preocupar a su padre o a su abuelo, que solo querían pasar un día con sus hermanos y el.
Además, tampoco podía ser descortés con su invitado, después de todo fue su idea traer a Sasuke y el solo había salido huyendo de ahí para esconderse en su cuarto.
Por otra parte, Sasuke prefirió mantenerse sereno, darle su espacio a Naruto para no incomodarlo, ya bastante tenía con la imprudencia viviente -Suigetsu- haciendo comentarios tan estúpidos como su existencia misma.
Además, Karin ya les comentó que Naruto estaba bien y eso lo confirmó en cuanto lo vio llegar hasta ellos sonriendo como de costumbre.
Llegada la noche y después de que todos se dieran un baño. Jiraiya improvisó una fogata en pleno jardín y Minato sacó todas las provisiones que su padre compro días antes.
Pronto, todos estaban sentados alrededor del fuego que les venía de maravilla puesto que la noche era fría.
— Mañana los llevaré a un restaurante de comida típica mexicana que encontré hace unos días en el centro— comentaba el mayor de los adultos al tiempo que destapaba una botella de sake aun ante la mirada reprobatoria de su hijo y sus nietos—. Les va a encantar, ya verán.
— Papá… —el tono de voz de Minato fue severo.
— Ah, perdón ¿Dónde quedaron mis modales? —vertió un poco del liquido en un vaso y lo extendió hacia el resto—. ¿Quieren?
Una gota se deslizó por la cien de Minato, su padre era todo un caso perdido.
— Déjate de tonterías, abuelo. Mejor pásanos la bolsa de malvaviscos —le increpó Deidara sentado al lado de Itachi.
— Obvio que a ti no te iba a dar, rubia. Me refería a Itachi y a tu padre.
— No gracias, no bebo —indicó el Uchiha aludido.
— ¡Bah! —bufó y prefirió cambiar de tema—. Entonces les contaré acerca de mis investigaciones…
La narración constó de tres elementos importantes:
Primero, de cómo vivió su duelo y atravesó por un episodio de depresión después del fallecimiento de su esposa, Tsunade. Tema que aun después de tantos años provocaba tristeza, especialmente en Naruto.
Después, de su llegada a México de cómo se dedicó a viajar a tantos lugares como le fue posible hasta decidir establecerse en un pequeño pueblo, alejado del bullicio de las ciudades.
Y por último, de la saga de libros eróticos que actualmente estaba escribiendo gracias a sus experiencias vividas y las que estarían por venir, porque aunque ya no se cocía al primer hervor, el no se consideraba alguien cuya vida tendría que detenerse.
Minato se vio obligado a retirarse de ahí un momento con el pretexto de ir al baño, escuchar las anécdotas de su padre le hacía sentirse ligeramente avergonzado y sabía perfectamente que no había poder humano que lo hiciera callar después de algunos tragos de sake.
— ¡¿Pero qué estás diciendo viejo pervertido?! —intervino finalmente Naruto—. Estas asustando a nuestros amigos.
— ¿Sus amigos? ¡JA! Permíteme que me ría —Jiraiya tomó el palito con el que asaba bombones y apuntó con este a Suigetsu—. Este va a embarazar a la princesa en tus narices —luego lo dirigió a Itachi—. El, está siendo acosado por Deidara y debo decir que lo compadezco…
— Viejo hijo deajfjgk…—intentó gritar el rubio explosivo, pero Itachi fue más rápido al subirle la boca con ambas manos.
— Y por último tu Sasuke —continuó el mayor apuntando esta vez al mencionado—. Este te va coger y te va a gustar, renacuajo.
El pobre Sasuke se atragantó con el pedazo de golosina que masticaba en ese momento. Naruto y Deidara querían agarrar a zapes a su abuelo, pero Suigetsu, Karin e Itachi se encargaban de detenerlos por la espalda.
Por el escándalo ocasionado, Minato salió y decidió que era mejor llevarse a su padre a dormir de una buena vez, ya que para ese momento de tanto alcohol ni caminar bien podría solo.
La velada se jodió.
Aun así, los jóvenes permanecieron ante aquella improvisada fogata un rato más.
— Me disculpo por las imprudencias de nuestro abuelo —manifestó la pelirroja cubriendo su cara con ambas manos.
— No te preocupes, entendemos a la perfección que fue por la bebida. Tranquila, cuñada.
Los ojos de todos, se abrieron como platos debido al asombro
¿Itachi le había dicho cuñada a Karin?
Deidara lo abrazó instantáneamente entiendo el mensaje. Su padre no se oponía a su relación.
Sasuke sonrió ligeramente desde su lugar, se sentía feliz por su hermano.
— ¡Awww! Me alegro mucho por los dos — Karin se levantó para abrazar a la pareja.
Continuaron platicando hasta que el sueño empezaba a vencerlos y decidieron que seria mejor entrar. Naruto y Sasuke se ofrecieron a encargarse de apagar la fogata, en tanto el resto recogió el resto de las cosas y se fue, dándoles un poco de privacidad.
— ¿Estás bien? —preguntó el azabache enfocando su atención en que no quedara ningún pedazo de leña encendido.
— Sí, ya estoy acostumbrado a las imprudencias del viejo. De hecho, ya se había tardado.
— En realidad, me refiero a lo que dijo Suigetsu en la tarde…
— Ah, eso. Ni me acordaba —mintió envolviendo sus manos entre su ropa por el frio—. Creo que también me he acostumbrado a sus imprudencias, je.
Sasuke se aproximó a el y le desenredó las manos de la ropa, pudiendo sentir que las tenía algo heladas.
—¿Tienes frio? —indagó para luego abofetearse mentalmente por su pregunta estúpida.
— A-algo —contestó Naruto desviando la mirada.
El Uchiha lo abrazó en un intento por darle calor y permanecieron así por un par de minutos, la iluminación era escasa y ya no había nadie alrededor de ellos. El momento era el indicado.
— Naruto… —habló Sasuke rompiendo el abrazo entre ellos—. Sé que prometí no presionarte pero… me encantaría que aceptaras ser mi novio.
Las palabras fluyeron de su boca sin pensarlo demasiado.
El rubio sintió como si en cualquier momento se le fuera a salir el corazón del pecho, de la impresión, de la emoción. Inconscientemente apretó el agarre que mantenía sobre la playera de Sasuke a la altura de la espalda.
«Que funcione o no, eso depende de los dos…»
«No me voy a privar de disfrutar algo tan bonito como un noviazgo por ideas paranoicas…»
Como en la última vez que estuvo con el Uchiha en su casa y que también era de noche, sus neuronas estaban haciendo corto circuito, pero no, esta vez no lo pediría
— Entenderé si no quie-…
Sasuke fue callado de golpe, sintiendo los suaves labios de Naruto moverse sobre los suyos. Era un beso lento al que gustoso correspondió, enredando sus brazos alrededor de la cintura de Naruto y este colocó los suyos alrededor de su cuello.
No era la primera vez que se besaban, eso es cierto. Aun así, no dejaba de ser diferente al resto, porque Sasuke pudo sentir a Naruto temblar al comienzo y luego depositar en ese beso todas sus esperanzas.
Con calma mantenían el ritmo de sus labios, sin caer en los excesos, confesándose sus sentimientos sin necesidad de usar las palabras.
Al verse obligados a separarse y tomar aire, el rubio abrió sus preciosos ojos y así lograron conectar sus miradas por unos instantes. Naruto le regaló una radiante sonrisa antes de volver a besarlo.
Por si quedaba alguna duda, ese era un Sí
17:30 del día domingo.
De regreso en el colegio, Naruto dejó caer la mochila que llevó consigo sobre la cama. Estaba solo en la habitación pues su hermano había ido en busca de su "Danna" para contarle todo sobre Itachi y su padre, aun cuando él le sugirió no hacerlo.
Pero a Deidara no hay nada que lo detenga.
Pasados algunos minutos, Gaara ingresó a la habitación.
— Naru —saludo
— Hola ¿fuiste a ver a tu familia?
— No en realidad, Sai me invitó a pasar el fin de semana con su hermano y el pero tuve que regresarme temprano para que me diera tiempo de ir a mi casa —comentó el pelirrojo acomodando sus cosas.
— Ya veo ¿y qué tal te fue?
— Más o menos —Naruto dedicó una mirada de preocupación esperando que continuaba— Me iré a estudiar a una universidad en Estados Unidos.
Una sola persona atravesó por los pensamientos del rubio: Sai.
