Prompt de este capítulo: familia.
Palabras: 463.
X
Manada
Bran montaba un caballo por primera vez. Para visitar a los clanes del bosque, había querido parecer más mayor de lo que era, así que había insistido en lo del caballo. Lo estaba haciendo bastante bien, pero por si acaso, Vorian no le quitaba el ojo de encima.
Era el favorito de todos sus primos: le recordaba demasiado a sí mismo. Bran soñaba con ser el gran caballero en el que Vorian también trataba de convertirse, y escuchaba con mucha atención cada pequeña anécdota que podía contarle sobre su tío Arthur, Barristan el Bravo o el príncipe Lewyn.
―Enderézate un poco ―le aconsejó―, o cuando lleguemos a casa estarás demasiado agarrotado.
Bran cambió de posición sobre la silla.
―¿Voy bien?
―Muy bien.
―¿Es cierto que te irás con la próxima luna? ―preguntó el niño.
―A mi otra casa ―asintió, contento―. No puedo seguir posponiéndolo. Han pasado casi cuatro años desde que llegué al Norte.
―¿Volverás pronto, verdad?
Vorian se encogió de hombros.
―No lo sé. Me gusta estar aquí, pero mi familia también está en el sur, y puede que Allyria y Edric me necesiten.
―Padre dice que tú eres más lobo que los de cuatro patas.
Vorian se echó a reír ante la ocurrencia. Guardaba en su memoria momentos muy felices de su niñez en Campoestrella, pero lo cierto era que se sentía como si hubiese nacido y crecido entre los muros de Invernalia.
―¡Tío Ned! ¡Vorian! ¡Bran! ―Jon les hacía señales con los brazos, a lo lejos―. ¡Venid aquí! ¡Mirad lo que hemos encontrado!
Bran desmontó y echó a correr en su dirección. Cuando Vorian los alcanzó, vio que Robb sostenía a tres cachorros de lobo, que olfateaban entre sus ropas.
―Huargos ―dijo―, los primeros que se ven al sur del Muro desde hace… quién sabe cuánto.
―¡Mira! ―Bran le tiró de una manga y señaló un bulto en el suelo―. Ha debido de pelearse con otro animal. Está muerta.
―Padre no nos dejará quedárnoslos ―suspiró Robb―. Así que todos hemos de sonar muy convincentes.
Se sonrieron entre ellos, como si estuviesen a punto de cometer una travesura.
―La semana pasada parió una de las perras ―recordó Vorian―. No sobrevivió la mayor parte de la camada, seguro que tiene leche de sobra.
―Necesitaremos más de una perra ―señaló Jon―. Son cinco cachorros. Y seguro que necesitan más leche que un perro.
―No son cinco ―murmuró Bran, inclinado en la nieve―. Aquí hay dos más.
Alzó uno con cada mano. A la derecha, un lobo de pelaje blanco y ojos rojos y despiertos, silencioso; y a la izquierda, uno rojizo que se revolvía con fiereza, tratando de alcanzar a su hermano.
―Vaya, son igualitos a vosotros ―se mofó Robb, dirigiéndose a Jon y a Vorian―. Fastidiándose mutuamente.
―Entonces esos son los nuestros.
