Capítulo VII
¡Señorita Candy, señorita reaccione! – le pidió George sin que ella saliera de ese estado de incredulidad cuando había vuelto al cuarto. ¡Esto no puede estar sucediendo! Y ahora ¿qué le voy a decir a la señora Elroy? – se preguntaba mentalmente, bajando el rostro compungido.
Candy ¿qué sucede? ¿Por qué se ha desmayado? – el médico le pregunta a Candy.
¡Por la impresión creo! – George sólo atinó a contestar eso, ya que al parecer Candy no podía aún salir del estupor.
¿Quién es usted? – cuestionó el médico mientras revisaba a Albert.
Soy el Sr. Johnson, mano derecha del Sr. William Andley. Puede atenderlos mientras voy a ver al Dr. Lenard, por favor – solicitó George preocupado porque Candy también se había desmayado. El médico asintió y salió de ahí, rápidamente recorrió cada lugar del hospital hasta que dio con la oficina del mencionado doctor.
Toc toc
Adelante – el galeno dio el acceso.
Dr. Lenard – lo llamó.
Sr. Johnson ¿puedo ayudarle? – el galeno se prestó solicito.
Sí, es con respecto al paciente del cuarto cero – refiere George el asunto que quiere tratar.
Ya veo que conoció al Sr. Albert, el esposo de Candy – platica amenamente.
Sí, pero no se llama así, él es… esto que le diré tiene que ser confidencial – solicitó George un tanto afligido.
Por supuesto, ¿quién es entonces? – cuestionó el médico.
El señor William Albert Andley… - soltó con una preocupación latente.
¡No lo puedo creer! Candy… - solo atinó a pronunciar el nombre de la rubia en cuestión.
Sí, bueno, ya somos varios los que no creemos nada, lo malo es que se ha desmayado – le informó.
¿También? – cuestionó ya que rara vez Candy se enfermaba.
Sí, la impresión ha sido mucha al enterarse de que se ha casado con su tutor – refiere George apenado por el rostro que ha puesto el galeno.
¡Increíble! ¿Desea usted que se le cambie de habitación? – sugirió reservándose lo que pensaba de aquella noticia.
No, deseo que se le traslade a Lakewood, Dr. Lenard – recomendó George.
Pero allá no podremos atenderlo como es debido – refutó el galeno.
El médico de la familia lo atenderá con sus debidas indicaciones y por una enfermera, creo que Candy ya se ha titulado – refirió George despreocupado.
Cierto, por eso no se preocupe, haré el traslado, pero tardará unos días – le informó el Dr. Lenard, llamando a su asistente.
Entonces estamos de acuerdo, yo también tengo que hacer lo mío – tomó su sombrero, se despidió con un asentimiento de cabeza y salió por la puerta.
George no podía creerlo, ahora el problema sería cómo se lo explicaría a la señora Elroy y a los chicos... Cuando dejó todo concluido en el hospital, salió de allí y abordó un carruaje. Necesitaba pensar qué decir. La mansión de Chicago era una revolución, la tía abuela aún seguía con los improperios hacia Candy, George entró con paso decidido, ese era de esos días de los cuales no disfrutaba nada, fue más bien un día lleno de conflictos…debía de decirle esto a varios representantes del consejo, por lo que decidió convocarlos a una junta en las oficinas de Chicago con urgencia.
George ¿qué has averiguado?
Continuará…
