Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la maravillosa Victoria Vílchez, yo solo hago la adaptación. Pueden encontrar disponible la saga "Antes de que… " de venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.


—¡Sorpresa! —gritó alguien a mi espalda.

Me giré y casi me voy de culo al ver de quién se trataba.

—¡Alice! —exclamé, sin moverme del sitio—. ¡Alice! —repetí, antes de echar a correr y lanzarme a sus brazos.

Mi euforia fue tanta que a punto estuvimos de caernos las dos al suelo.

—¿Qué haces aquí? Creía que ya estabas en Londres.

Mi amiga soltó una carcajada mientras me seguía abrazando. Me sonó a música celestial. El verano anterior no nos había sido imposible coincidir y llevábamos meses sin vernos. Para nosotras, esa separación era casi un drama.

—No pensarías que iba a perdérmelo —murmuró, separándose de mí.

Se apartó un mechón de pelo de la frente y me dedicó una sonrisa al más puro estilo Joker. Resultó inquietante.

—¿Perderte el qué? —inquirí, sin comprender.

No es que me importaran demasiado los motivos que la habían traído hasta a mí, pero no lograba entender a qué se refería.

Se encogió de hombros y me rodeó para dirigirse a la barra. La seguí, intrigada.

—Ey, Jasper, será mejor que le sirvas a esta chiquilla un cubata o algo. Le va a hacer falta —se rio.

El aludido no puso ningún tipo de objeción al respecto y se dedicó a preparar la bebida sin decir ni una palabra. Que Jasper pensara que me hacía falta una copa resultaba preocupante. Me empecé a poner nerviosa.

—¿Y bien? —insistí—. ¿Qué es lo que no quieres perderte?

Alice se limitó a sonreír.

—Estás muy guapa —comentó, sin responder a mi pregunta—. ¿Algún plan especial para esta noche?

Estuve a punto de cogerla por los hombros y empezar a zarandearla para arrancarle una confesión. A Alice le encantaba mantenerme en ascuas, creo que aún me estaba haciendo pagar lo de haberle ocultado durante meses a Edward. Siempre me decía que no haberle hablado antes de mi particular dios griego era algo que no me iba a perdonar nunca, y eso que al principio, después de lo sucedido en Tenerife, Alice no había tenido una opinión muy agradable de él.

—Alice, que nos conocemos —continué insistiendo.

Le dio un sorbo a su bebida antes de mirarme y contestar:

—Esta te la tenía guardada.

Al final, todo lo que pude arrancarle fue un sugerente movimiento de cejas y que me enseñara la lengua en actitud infantil. También lo intenté con Jasper, Rosalie y

María, y hasta con Tyler, cuando lo vi pasar camino del almacén. Pero o nadie sabía nada o no querían contarme qué se suponía que iba a ocurrir esa noche.

De Edward no había rastro. Era extraño que no hubiera llegado ya, dado que solía ser él el que abría el Level, pero por más mensajes y llamadas a su móvil que había realizado, no conseguí hablar con él en toda la tarde. Y, dado que había quedado aquí conmigo, no entendía dónde se había metido. Si se había olvidado de la promesa que me había hecho de celebrar nuestro aniversario, iba a matarlo.

—¿Qué tal con Seth? —interrogué a Alice, tratando de distraerme ya que a todo el mundo parecía habérsele comido la lengua el gato—.Hace tiempo que no me cuentas nada de él.

Mi amiga enarcó una ceja y luego la otra. Me preparé para lo peor.

—El mismo que hace que no salimos juntos —terció ella, aunque no parecía demasiado afectada. Lo de Alice con los hombres era un caso perdido.

—¿Ya lo has mandado a paseo? Pensaba que te gustaba...

Le dio un pequeño sorbo a su bebida y sonrió, una de sus clásicas sonrisas de sí, yo también lo creía.

—Creo que no ha nacido aún el tío que consiga entenderme y hacerme feliz al mismo tiempo.

—Pues vas con retraso —comenté—, porque a este paso acabarás como Madonna o Demi Moore.

Su sonrisa se amplió.

—No me importaría terminar con Ashton Kutcher —afirmó, dándome un codazo—. Tú ya me entiendes.

Se me escapó una carcajada porque la creía muy capaz de casarse dentro de quince años con un yogurín. Y pensar que había sido ella la causante del lío de

Tenerife hace dos veranos, o al menos lo era en parte.

—Tal vez sea yo esta vez la que me dedique a buscarte novio. ¿Qué tal Tyler? —señalé al camarero, que atendía a una clienta desde detrás de la barra.

Alice lo escaneó de arriba abajo como si tuviera rayos X en los ojos. Su mirada fue tan insistente que Tyler levantó la vista de la copa que estaba sirviendo y miró alrededor. Al darse cuenta de que lo observábamos, esbozó una sonrisa ladeada e hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo.

—No está nada mal —murmuró mi amiga.

—Pues está soltero... Aunque es un ligón empedernido.

—También lo era Edward —señaló, sin dejar de contemplar los movimientos de su presa.

«Sí», pensé para mí. También Edward había sido un mujeriego antes de estar conmigo. Alcé la vista en dirección a la entrada del local, esperando que en cualquier momento Edward la atravesara. Empezaba a ponerme muy nerviosa su desaparición.


Alice, Alice, solo mantén tu bella boca cerrada por favor. ¿Y porque Edward tarda tanto? Hasta yo estoy nerviosa.

Ariam. R.