N/A: Les dejo unos nuevos capítulos que espero les gusten.
Senorita-halliwell: Gracias por tus comentarios, me alegra de verdad que te esté gustando la historia, aquí te dejo nuevos capítulos :D.
Ni siquiera ser la mejor en su primera clase de pociones de ese año logró que su jefe de casa le obsequiara puntos por ello. Dándole a saber que estaba más que furioso por su imprudencia, solo esperaba que no le negara las pociones que necesitaba para curarse, al solo quedarle la opción de ir a la enfermería lo que significaba darle explicaciones a la enfermera, o esperar que se curara con el tiempo.
Ganar cinco puntos en su clase de transformaciones, y diez más en Aritmancia no logró que la chica se tranquilizara respecto a su castigo con Snape. Al contrario de los chicos que conocía, su profesor era un completo enigma. Nunca lo había visto sonreír, por lo que si se burlaba de ella no podía ni imaginarlo, pero aun así podía ser sobreprotector con la bruja cuando era herida.
— Tranquila— intentó calmarla Draco al haberla visto distraída no solo en el almuerzo sino en medio de la cena que compartían—. Sabes que siempre es así.
— Cierto— se limitó a responderle para volver a quedarse en silencio cenando para poder levantarse de la mesa e ir de manera directa al despacho de Snape a recibir su castigo.
Acostumbrada a ir varias veces al año a este, sabía a la perfección donde se encontraba al contrario de la mayoría de sus compañeros, dado que solo a ella le esperaba allí. Sus castigos solían ser en las mazmorras referentes a limpiar u organizar lo utilizado en clases ese día. El despacho y sus habitaciones, se mantenían alejados de las aulas de pociones y de la sala común de Slytherin. Apenas tenía una puerta de madera de roble antigua, que podía pasar desapercibida en medio de las oscuras paredes que la rodeaban.
— Pase— respondió el profesor en cuanto la chica llegó a su puerta y la tocó—. Vamos, no tengo todo el tiempo— la regañó al abrirla, para poder pasar y cerrarla de nuevo—. Creí haber sido claro contigo la última vez que hablamos de que dejaras de acortar tu falda…
— Yo…
— Sabes los problemas que te traen, y aun así lo haces— continuó su regaño sin dejarla contestar.
— Solo es una falda, los chicos seguirán viéndome el culo sin importar cuanta tela lo cubra— se defendió encogiéndose de hombros—. Lo que te molesta es que lo hagan en tu clase y delante de ti— lo retó mordiéndose el labio ganándose un gruñido de molestia de parte del mago que la hizo ponerse seria de nuevo.
— No vuelva a entrar con esa falda a mi clase, comenzaran a creer que estoy siendo blando con usted— exclamó antes de ella asentir sin animarse a acercarse al escritorio del mago.
— ¿Algo más o me dará mi castigo? —le cuestionó con su mismo tono de voz, cortante y frío.
— Eres una insolente— soltó sin borrar su expresión de molestia de su rostro—. Siéntese— ordenó sin ella tener muchas intenciones de obedecerlo—. No tengo todo el día niña.
— Si no tienes cosas que hacer podría irme por donde vine y así ambos nos ahorramos nuestro valioso tiempo— expresó sin cohibir sus palabras o actitud solo porque estaba delante de él.
— No le pediré de nuevo que tome asiento— solo tuvo que decir para que la chica rodara los ojos y lo obedeciera, sentándose en una de las sillas frente al escritorio del profesor—. ¿Usaste las pociones que te di? —preguntó sobre su verano de manera indirecta, logrando hacerla sonreír de lado antes de quitarse su túnica y dejarla en el espaldar de la silla.
— Se me acabaron de hecho— dijo casi un susurro observando cómo el azabache apartaba la mirada de los papeles que leía en su escritorio para observarla un poco preocupado—. Fue un verano difícil, en realidad quería pedirte un par más…
— ¿Estás herida? —exclamó poniéndose de pie para caminar hacia la silla frente de la chica y sentarse—. Creí que serías más prudente este verano.
— Mi papá no me la pone sencillo— se quejó con una mueca de disgusto—. Solo necesito algo para el dolor, y para curarme un hematoma, el maleficio que usó era muy parecido a un crucio, hubiera preferido una golpiza muggle, esas duelen y duran menos— dijo con ironía y dolor en sus palabras aun sabiendo que eso solo molestaba a su jefe de casa aún más—. Por cierto, gracias por el puesto de prefecta, es un fastidio, pero ahora puedo defenderme sin ser castigada en el proceso— intentó cambiar de tema.
— No tuve que ver…—trató de contradecirla al ponerse de pie e ir a buscar las pociones que la chica necesitaba.
— Ambos sabemos que fue cosa tuya, no intentes quitarte el mérito, aunque no comprendo aun como lograste convencer a Dumbledore de que era la adecuada para el puesto— comentó al observarlo ir a su despensa personal y sacar dos frascos, un vial pequeño, un frasco grande de un ungüento que conocía bien.
— Tienes las mejores notas de tu curso, no fue difícil convencerlo— aceptó la culpa de su nombramiento logrando hacerla sonreír.
— Se necesita algo más que buenas notas para ser prefecto, pero gracias, incluso mis padres estuvieron orgullosos cuando recibí la insignia— mencionó con nostalgia al recordar uno de los pocos momentos en que su padre se dignó a decirle que había hecho algo bien—. Puedes darme las pociones, me las tomaré y untaré en mi habitación…
— No seas ilusa, aquí tienes— le dio el vial para que se lo tomara, el cual la chica bebió sin rechistar—. ¿Dónde tienes la herida? —preguntó Severus en cuanto le devolvió el vial vacío.
— En el muslo, debo quitarme las medias negras, me las puse para que ningún curioso se dé cuenta— respondió pidiendo permiso para poder quitárselas antes de él asentir, y la bruja comenzar a quitarse los zapatos y luego las pantimedias negras—. Apenas me duele, pero si me la tocan…—explicó al subirse la falda dejando a la vista no solo el hematoma que se tornaba verde en su muslo, sino toda su ropa interior de color plateada.
— Maldición Elynne, eso se ve fatal— exclamó con rabia al ver la gravedad de su herida, cualquier golpe muggle podría haber provocado tal herida en la chica, sobre todo por lo pálido de su piel, pero sabía que solo un buen maleficio podría hacerle eso, dañar su cuerpo por dentro tan fuerte como para dejar secuelas en su piel—. Deberías pensar en salir de esa casa…
— Puedes que seas un Prince, pero no sabes la mayoría de las reglas que tenemos los sangre pura— se defendió antes del pocionista comenzar a colocarle el ungüento en el muslo. Intentó no exclamar nada al sentir el frío de aquella poción en su piel, ni lo bien que sentía como las manos de su profesor se deslizaban por su muslo, masajeándola a la vez que la curaba—. Y aun sigo siendo menor de edad, si escapo me devolverán a mis padres.
— Cumplirás la mayoría de edad el año entrante— rectificó sin dejar de colocarle la crema hasta que desapareció la herida de su muslo—. ¿Alguna otra? — cuestionó sin poder dejarla ir sin terminar de curarla.
— Mis costillas, es interna, pero me duele al tacto— indicó al llevar sus manos a los botones de su camisa y comenzar a quitarlos uno a uno, para poder quitarse la prenda junto con su corbata, y dejarlas con su túnica, para seguirle la franela semitransparente que llevaba, quedando en solo sostén—. Esto fue por negarme participar en el torneo de los tres magos, aunque ahora gracias a Dumbledore, ni siquiera puedo intentarlo.
— No estabas capacitada para participar, eres lista, pero no lo suficiente — comentó tomando más ungüento del recipiente para comenzar a colocárselo en el costado izquierdo—. Si participabas hubiera sido una misión suicida.
— Quizás así mi padre lograría deshacerse de mí sin ir a Azkaban— bromeó aun con un poco de verdad en sus palabras.
— Tu padre siempre ha sido un bastardo, incluso cuando era estudiante, sin embargo, se extralimitó cuando se le ocurrió tocarte— soltó con rabia al saber la gravedad de sus heridas—. Maldición niña, te di suficientes pociones para curarte unas diez heridas, y aun así aquí estás…
— Haces lo que puedes, es más de lo que nunca he tenido— le aseguró atreviéndose a llevar su mano a su mejilla al saber que no debía ponerle una mano encima si él no tomaba la iniciativa—. Sino fuera por ti, seguro hubiera pasado parte del verano inconsciente del dolor o con el cuerpo lleno de moretones, incluso mi hermano dejó de molestarme en el colegio— le recordó todo lo que había hecho por ella en apenas dos años.
— No es suficiente cuando aún tengo que curarte cuando regresas de tu casa— se quejó sin apartar la mano de la chica de su cetrino rostro—. Si decides irte de casa después del próximo verano, mi casa puede recibirte…
— ¿Estás pidiéndome que viva contigo Sev? —preguntó con sorna provocando que el pocionista embozara una mueca de disgusto por su tono de broma antes de alejarse de ella y ponerse de pie—. ¿Te enojaste?
— ¿Sigues sintiendo dolor? —cambió de tema haciéndola reír.
— No, eres el mejor pocionista y sanador privado que podría desear— respondió mordiéndose el labio—. Draco ofreció su casa cuando cumpla diecisiete años, pero podría visitarte si quieres…
— No es necesario, apenas voy mi casa en verano, no es un lugar para alguien como tú— cambió de parecer de manera inmediata haciéndola sentir incomoda por tal declaración.
— ¿Alguien como yo? —le cuestionó ofendida—. ¿A qué te refieres?
— Naciste en una de las familias sangre pura más ricas de Reino Unido, solo has conocido lujos, mi casa apenas es una choza en comparación, y está en el Londres muggle, no es algo que fuera hecho para tu comodidad— explicó de manera breve al guardar lo que quedaba del ungüento para poder volverse hacia la chica que aún se encontraba sentada semidesnuda en la silla.
— Acepto que tu casa fue un infierno para ti como lo es la mía, pero no creas que me importa si es una pocilga o no, cualquier lugar donde esté a salvo es mejor que mi hogar— exclamó con rabia al ponerse de pie por tratarla de ser una niña mimada con lujos—. Gracias por curarme, creo que es mejor que me vaya a dormir— se despidió de manera brusca al tomar su franela y ponérsela, siguiéndole la camisa que apenas logró abotonar un par de botones antes de que el azabache se parara delante de ella.
— Disculpa por insinuar que eres una mimada— se animó a abandonar su orgullo y disculparse, logrando hacerla sonreír—. Con Moody aquí me siento de nuevo como un mortífago que intenta librarse de sus crímenes, no debí tratarte así.
— Disculpas aceptadas Sev— soltó sonriéndole al poder saber porque estaba de tan mal humor, más de lo usual antes de besar su mejilla con ternura—. Creía que estabas enojado conmigo— añadió mordiendo su labio inferior sin dejar de ver los ojos ónix de su profesor—. ¿Aun quieres qué me vaya o…? —intentó preguntar antes de que Snape capturara sus labios con los suyos dejando por respondida su pregunta.
