Capítulo 8
¿De verdad había esperado que creyese esa tontería?
—¡Por favor, no estoy tan desesperada! —exclamó Sakura, cerrando la puerta del taxi y pillándose el bajo de la gabardina—. Porras —musitó, abriendo de nuevo para rescatar la tela.
Después de un segundo portazo que hizo al taxista levantar las cejas, se dejó caer en el asiento, con los ojos cerrados.
—A la estación, por favor.
La última media hora había sido surrealista.
Aún no estaba totalmente segura de que Sasuke hubiera hablado en serio. Pero si ésa era su idea de una broma... la gente no iba por ahí pidiéndole a una chica que fuera su prometida de mentira.
Aunque había descubierto que Sasuke Uchiha no era exactamente un hombre que cumpliera las reglas. De hecho, parecía muy cómodo inventándolas por el camino.
—Si te hubieras quedado un minuto más, habrías terminado diciéndole que sí —murmuró. Y luego soltó una carcajada, pero sonó hueca... y el taxista empezaba a mirarla de forma extraña.
No se había sentido tentada. Ni por un segundo.
No, cuanto antes tachase de su vida aquella aventura escocesa, mejor para ella, pensó, sacando el móvil del bolso.
Su hermana contestó enseguida.
—¿Te pillo en buen momento?
—Pues claro, estaba pensando en ti. ¿Cómo van las cosas por Escocia?
Sakura no perdió el tiempo con rodeos:
—Fatal. Vuelvo a casa. Como Utakata y tú estáis en Nueva York hasta marzo, ¿te importa si me quedo en tu casa unas semanas?
Al otro lado de la línea hubo una pausa.
—Ahora es cuando dices: «te lo advertí», seguido de un: «estoy deseando verte».
—Pues claro que estoy deseando verte —rió Hotaru.
—¿Entonces?
—Iba a llamarte, pero Utakata me dijo que te dejase en paz. Verás, Saku, la mujer de Sasori ha pedido el divorcio.
Sakura abrió los ojos como platos. Y luego arrugó la frente, intentando recordar el rostro de Sasori. ¿Una persona tendría que hacer un esfuerzo para recordar la cara del amor de su vida?
Incluso cuando consiguió formar una imagen mental, sus ojos cambiaban del ónix al moca oscuro y tenía otra boca, más sensual.
—¿Sigues ahí, Sakura?
—Sí, sí. O sea que Sasori va a divorciarse.
Sasori sería libre, algo que debería hacerla increíblemente feliz.
Pero no era así. Y eso seguramente significaba que Hotaru tenía razón y que lo que había sentido por Sasori Akasuna no había sido amor. Y «había sido» era el tiempo verbal importante en aquella frase. Fuera lo que fuera lo que había sentido por Sasori, ya no lo sentía.
Lo cual la convertía en una persona frívola y superficial. Sasori se divorciaba por su culpa y ella no podía ni recordar la cara del pobre hombre.
—No, su mujer ha pedido el divorcio.
—Ah, mejor.
—No, mejor no. Su mujer ha pedido el divorcio porque descubrió que Sasori tenía una aventura con otra.
—No, no... nosotros no teníamos una aventura en sentido estricto...
—No contigo, Sakura. El reptil tenía una aventura con la niñera.
Sakura miró el teléfono, incrédula.
—¡La niñera!
—Y la cuestión es... —la compasión que había en la voz de su hermana hizo a Sakura sospechar lo que iba a decir—. En fin, que llevaban dos años juntos. No iba a contártelo, pero si vuelves a Londres te enterarías de todas formas.
—Me lo advertisteis, ¿verdad? Y yo no os hice caso —suspiró Sakura—. Ahora entiendo por qué le resultaba tan fácil aceptar que yo no quisiera acostarme con él. Pensé que su amor era genuino. Dime, Hotaru, ¿hay historial de locura en nuestra familia? Qué horror, cuando pienso en cómo ha debido reírse de mí...
—Yo lo mataría —dijo Hotaru.
—No si yo llego primero.
—En fin, no hagas ninguna locura. Voy a tomar el primer avión... allí hay aviones, ¿verdad?
—Tranquila, no hace falta que tomes ningún avión. Estoy bien.
—Mentirosa. Pero si eso te consuela, lo han despedido... incluso antes de que se descubriera su aventura. Cometió un error y no había una Sakura que le salvara el pescuezo.
—Sí, la verdad es que yo tapaba sus errores —suspiró ella, recordando la cantidad de horas extra que había trabajado para hacerlo quedar bien delante del consejo de administración—. Debes pensar que soy una tonta.
—¿Quién soy yo para juzgar a nadie, Sakura? Yo tampoco tengo un historial brillante en lo que se refiere a los hombres.
—Pero tienes a Utakata.
—Ojalá tú tuvieras un Utakata.
—Los hombres como Utakata son raros, Hotaru.
—Saku dice que hay pocos como tú.
—Soy único... ¿cómo está? —oyó la voz de su cuñado—. Dile que le pegaré una paliza de su parte si quiere...
—No —dijo Saku entonces.
—¿No qué?
—Que no vuelvo a Londres.
Ella no amaba a Sasori. El Sasori al que había amado no existía más allá de su imaginación, pero podía decirle eso a su hermana hasta que le doliera la garganta y no serviría de nada. Y compasión era lo último que necesitaba en aquel momento. Eso sólo serviría para recordarle lo idiota que había sido.
¿Qué necesitaba? Ésa era la cuestión.
—Entonces, ¿vas a quedarte en Escocia?
—No puedo, me han despedido.
Sakura apenas se enteró del grito de su hermana. Estaba considerando sus opciones y eran más bien limitadas. Había realquilado su apartamento y no quería que Hotaru volviese de Nueva York ni tener que contestar a las preguntas de sus padres. Y tampoco le apetecía sacar dinero de sus ahorros.
¿Era aquél el momento de soltarse el pelo?, se preguntó. Ser cauta y hacer las cosas bien no la había llevado a ningún sitio.
—¿Te han despedido? —Hotaru no podía parecer más incrédula.
Había una salida, pensó. Sasuke se la había ofrecido, pero era una locura. No podía hacer eso... ¿o sí? Cuando por fin había dejado de esperar al amor de su vida porque ese amor no existía, ¿no era el momento de dar un salto a lo desconocido y en ese salto quizá entrar en contacto con un hombre que la hacía estremecerse con una sola mirada? Por el momento, evitar la tentación siendo una buena chica no le había servido absolutamente de nada.
—Voy a intentarlo.
—¿Qué dices, Saku? ¿Qué vas a intentar? No, Utakata, no sé de qué está hablando y deja de interrumpir. Saku, ¿estás...?
—¿Por qué no? Tienes razón, Hotaru. He sido una cobarde, pero eso se acabó.
—Yo no he dicho eso —protestó su hermana.
—Sí, lo dijiste y tenías razón. Odio ser buena. La gente buena sólo recibe una patada en los dientes. ¿Sabes una cosa? No me acosté con Sasori porque soy demasiado buena. ¿Eso está bien o mal?
—¿Qué?
—Casi es mejor acostarse con alguien que no te importa nada. Así no podrán hacerme daño y puede que descubra qué me he estado perdiendo.
—Ay, Dios mío. ¿Estás pensando en alguien en particular? Mira, Sakura, puede que ahora no sea el mejor momento de tomar decisiones. Estás herida y...
—No estoy herida.
—Pues claro que lo estás.
Sakura apretó los labios. Su hermana gemela parecía haber decidido que estaba intentando hacerse la valiente para esconder un corazón roto. Era muy frustrante no poder convencer a Hotaru.
—No te preocupes por mí, había dejado de pensar en Sasori por completo.
Hotaru había tenido su «verano para olvidar» antes de encontrar a Utakata. Quizá ella debería tener un «invierno para olvidar»... o para recordar, dependiendo de cómo fueran las cosas.
—Es cierto, no tengo el corazón roto. Pero estoy enfadada por haber sido tan tonta.
—Mira, no tienes que hacerte la fuerte por mí. Yo he pasado por lo mismo y estas cosas llevan su tiempo.
—Para mí no. He conocido a otra persona —dijo Sakura. En cuanto hubo dicho esas palabras lo lamentó. Seguramente Hotaru no la creería de todas formas.
—Pero si no me habías dicho nada...
—No quería tentar al destino —improvisó Sakura a toda prisa.
—¿Y cómo es? ¿Es alto, bajo, moreno? ¿Está casado?
—No tengo por costumbre enamorarme de hombres casados y es muy alto —Sakura cerró los ojos, apoyando la cabeza en el respaldo del asiento—. Alto y moreno, con los ojos negros y las pestañas larguísimas. Y la boca... bueno, tiene una sonrisa preciosa. Cuando sonríe, claro.
—¡Vaya! ¿Tiene un hermano?
—Mira, Hotaru, tengo que hacer algo y no te preocupes, no es una locura... bueno, sí, un poco, pero una locura buena. Creo. Te llamo dentro de unos días.
Sakura guardó el móvil en el bolso y se inclinó hacia delante para hablar con el taxista, que había estado escuchando la conversación con el mayor de los descaros.
—¿Podría dar la vuelta y llevarme al castillo Clachan, por favor?
