Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 8
Charlie corre desde la sala, arrastrando a Sue detrás de ella. Está ansiosa por mostrar la nueva ropa de cama que le compré, un regalo espontáneo por haber sido buena en su primera semana de escuela.
Papá se pone cómodo en su silla, sonriendo con felicidad bien alimentada. Él y Sue normalmente vienen a cenar un par de veces al mes, lo cual es un buen respiro para nuestras vidas agitadas. He aprendido a forjar nuestro tiempo de descanso y relajación —y, últimamente, yoga con Rose— porque sino quedaré hecha polvo. Lo heredé de mi padre—él es tan dedicado al trabajo como yo.
—Bella —comienza él, sonriendo a su servilleta—. ¿Quién es Edward?
Mi pecho se contrae incómodamente.
—¿El amigo de Emmett?
—¿Preguntas o dices? —bromea, echándome un vistazo.
—Probablemente lo conoces —digo, encogiéndome de hombros—. Él y Em fueron a la universidad juntos. ¿Recuerdas? ¿Estaban en la misma fraternidad con Mike?
—Ah, el chico con fideicomiso —dice él, pasando sus dedos por su bigote—. Pensé que estaba en el exterior, jugando algún deporte.
—Lo estaba. Él, eh, se desgarró un ligamento en la rodilla y volvió a casa por un tiempo.
Él hace una mueca en compasión.
—Eso no sana apropiadamente. ¿Él planea jugar de nuevo o ya no?
Como siempre, este tema me hace sentir en conflicto. Parte de mí quiere ver a Edward feliz y haciendo lo que sabe hacer mejor—jugar. La otra parte de mí es egoísta, y sabe que el fútbol probablemente lo lleve lejos de nuevo.
He intentado... realmente intentado... que no me importe, pero parece que mis sentimientos han tomado el mando.
—No lo sé —digo, eventualmente—. Él quiere volver. Dice que es su objetivo.
Papá asiente pensativamente.
Empujo mi tenedor por los restos de mi plato.
—Como sea, ¿por qué preguntas?
—¿Sobre Edward?
—Sí.
—Charlie debe haberlo mencionado una docena de veces entre la tienda y aquí.
Cerrando los ojos, sacudo la cabeza.
—Ella... puede que esté algo encariñada.
—Juzgando por tu sonrojo, diría que tú también.
—Papá.
—Solo digo lo que veo, Bella —se ríe.
Haciendo una mueca, me pongo de pie para limpiar la mesa, ahuyentándolo cuando intenta ayudar. Ignorándome, toma lo que dejo atrás y me sigue a la cocina.
—¿Es un buen tipo?
—Sorprendentemente, sí.
—¿Por qué sorprendentemente?
—Porque sí. —Abro el lavavajillas y comienzo a cargarlo—. A veces los atletas profesionales pueden ser un poco... engreídos. —Como si conociera a muchos—. Pero él no lo es.
—Igualmente, ten cuidado, ¿sí?
Si fuera un poco más cuidadosa, estaría usando un cinturón de castidad, pero simplemente asiento.
—Lo sé.
~tbts~
El lunes por la mañana amanece oscuro y lluvioso. Hace que salir de la cama sea casi imposible, pero lo logro, bostezando desde la ducha a la mi rutina matutina. Mi hija está más alegre que nunca, parloteando durante todo el desayuno y de camino al preescolar. Lo juro, si pudiera envasar su energía, no necesitaría café.
Una vez por mi cuenta, me pongo en contacto con Emmett. Tuvimos un fin de semana ocupado y se viene otro, así que estamos ansiosos de comunicarnos y discutir lo que fue bien versus lo que podría necesitar trabajo.
—¿Entonces qué más es nuevo? —pregunto algo distraída, esperando al semáforo. No es como si no vea a Emmett toda la semana.
—No mucho... de hecho, no... ¡Mike!
—¿Qué?
—Mike. Está saliendo con esa chica de la boda Sadler...
—¿La adorable dama de honor? ¿La de cabello rizado?
—Sí. Supongo que se cruzaron en Starbucks o algo. ¿Loco, no? Siempre pensé que él tenía algo contigo.
—Así es. Pero generalmente tiene que ser mutuo para que haya una chispa.
—Una chispa, ¿eh? —Emmett resopla—. Sí. De acuerdo.
—Entonces... —Me aclaro la garganta, tratando de seguir adelante—. Rose me pidió cuidar a los niños esta noche. ¿Dijo que saldrían?
—Cierto, sí. Nuestro aniversario es el domingo, pero vamos a estar ocupados con la gala en el centro de la ciudad.
—Agh; no me lo recuerdes.
—Maggie te va a ayudar esta vez, sin peros.
—Lo sé, lo sé.
—Pero, ¿entonces puedes cuidar a los niños esta noche? Quiero llevar a Rose a ese restaurante del que hablaba.
—Por supuesto. Ustedes cuidan de Charlie todo el tiempo.
Nos quedamos en un silencio cómodo. Quiero preguntar sobre Edward, porque no lo he visto en unos días, pero estoy reacia. Em sabe que hay una vibra entre su amigo y yo —incluso si Rose no fuera metida, él no es ciego— pero verbalizarlo será raro.
Pero no tengo autocontrol, así que:
—¿Cómo está Edward?
—Bien, supongo. Está en L.A.
—Oh...
—Supongo que tiene amigos allí abajo. Se fue por el fin de semana, pero creo que vuelve mañana.
Estoy sorprendida de la decepción que siento.
Porque si soy honesta conmigo misma, Edward y yo no somos más que conocidos. Nuestra conexión es un resultado directo de Emmett, y más allá de eso, no hay nada. Esta es una comprensión dolorosa, dado que meto mucha energía mental al pensar en él, y de repente me siento avergonzada.
Puede que piense en él todo el tiempo, pero dudo que él piense en mí. Porque si lo hiciera, él me hubiera dicho que se iba de la ciudad.
¿Cierto?
¿Acaso realmente importa, Bella?
~tbts~
Para las nueve de la noche, los niños están dormidos, tumbados sobre las mantas y bolsas de dormir en el cuarto de Charlie. La hora de dormir de Charlie es a las ocho, pero fue imposible tranquilizarla con Makenna y Embry molestándola.
Mi sala es un desastre, el suelo está cubierto de Barbies, bloques y la colección de DVDs de Charlie. Normalmente tengo poca paciencia para esta mierda, pero esta noche fue más importante dejar sueltas a las bestias salvajes que hacer que limpien. Ya casi termino de restaurar el orden cuando suena el timbre, sorprendiéndome.
Em y Rose no tienen previsto volver por un par de horas más, así que espero que todo esté bien. Echándole un vistazo a mi teléfono para asegurarme de que no me haya perdido alguna llamada o mensaje, miro por la mirilla.
Y entonces, agradeciendo a Dios que no me haya puesto pijamas aún, le abro la puerta a Edward. Él está empapado, por la lluvia, y vistiendo unos increíbles jeans... increíbles en él, al menos... y una chaqueta. Él luce muy... L.A. En una buena manera. Diablos, es una muy buena manera.
—Hola, Edward.
—Hola. Espero que no sea demasiado tarde...
Tragando, asiento y le hago seña con la mano para que entre.
—Pensé que estabas fuera de la ciudad.
Sus ojos están rojos, como si está drogado o simplemente exhausto.
—Acabo de volver. —Mira a su teléfono, haciendo una mueca al ver la hora—. Mierda, es tarde. Lo siento, Bella.
Toco su brazo.
—Está bien. Vamos.
Navegamos por la sala, con cuidado de esquivar a Barbie Guardiana de Zoológico y su colección de animales.
—Y bien... ¿está todo en orden?
—Sí. No quería volver a casa todavía.
Eso reactiva mi corazón, y quiero decir sus latidos. De cero a sesenta, así de simple. Agh.
—Está bien. —Asiento como un cabezón—. ¿Quieres un vaso de café? ¿Té? —¿O a mí?
—¿Por qué? ¿Estabas por tomar algo de eso?
Estaba por tomar una copa de vino, pero no puedo ser responsable de mis acciones si mezclo alcohol y Edward.
—Sí —miento—. Té. Manzanilla. Es, ya sabes, relajante. No que necesites relajarte.
—Me gusta relajarme.
Le echo un vistazo de nuevo.
—¿Estás drogado?
—No. —Se ríe—. No he tocado eso desde la universidad. ¿Por qué? ¿Luzco drogado? —Se pone de pie y camina hacia el espejo que tengo colgado en la pared—. Luzco como la mierda.
—Sí, eres horrible. —Poniendo los ojos en blanco, me dirijo hacia la cocina—. ¿Está bien de manzanilla?
—Si eso es lo que vas a beber.
—No tienes que ser tan respetuoso, ¿sabes? —Bufo—. Solo di lo que quieras.
—Odio la manzanilla.
—Apuesto que odias los hot dogs también —mascullo, sacando una caja de té de menta—. ¿Este está bien?
—Más que bien. Gracias —dice, cruzándose de brazos mientras se inclina sobre la encimera—. Y sí me gustan los hot dogs. Haces unos muy buenos.
Tratando de ignorar cómo su presencia me hace temblar por dentro, vierto agua en la pava y la pongo a hervir. Edward baja una pequeña bolsa sobre la encimera a mi lado.
Tomándola, echo un vistazo dentro de ella.
—¿Qué es esto?
—Ábrelo.
Es un tazón con el rostro de Peppa la Cerdita. Es adorablemente tonta, y me hace sonreír.
—No puedo creer que hayas recordado eso.
—Podría decir que era para Charlie, pero ella no bebe café, ¿o sí?
Mordiéndome el labio, levanto la mirada hacia él.
—Gracias.
Asintiendo, él comienza a acomodar la bolsa.
Y simplemente necesito saber. No soy buena con este entremedio. Pensé que sí, pero no.
—¿Cómo es que... no mencionaste que te ibas?
Él ladea su cabeza, apuntando esa mirada láser hacia mí.
—¿Supongo que no creí que importaba? Fue solo un par de días.
Asiento, sabiendo que es verdad.
—No pensé que te darías cuenta —añade.
—Lo noté.
Bajando la bolsa, da un paso más cerca. Y luego otro. Nos miramos por más tiempo de lo que es apropiado, y sé que me va a besar. Será encantador, e irreal, y puede que sea el mejor beso que haya tenido, y puede que sea la última vez que lo vea porque cosas así no pasan, pero...
Él se inclina, colocando sus manos a mis costados, descansándolas sobre la encimera. Ni siquiera nos estamos tocando, pero hay una intimidad en esta cercanía... y provoca un alboroto dentro de mí. Él está tan cerca que puedo olerlo —perfume suave, detergente— y veo los círculos debajo de sus ojos. Pero también puedo ver lo hermosos que son esos ojos verdes, mirándome atentamente.
Deberías ser modelo, Edward. Eres precioso.
Él hace preguntas con esos ojos. Espero que vea el gran sí en los míos.
Acercándose, roza su nariz contra la mía. Mis ojos se cierran. Nuestros labios, finalmente, se tocan. Me besa muy lentamente, sus labios suaves contra los míos. Una y otra vez. Estiro mis manos, subiéndolas por su pecho y uniéndolas por detrás de su cuello.
Él muy suavemente muerde mi labio inferior. El suave dolor me hace respirar un poco más fuerte, y él desliza su lengua dentro de mi boca.
La pava suena después de un minuto, pero él simplemente la quita de la hornalla y vuelve a besarme, presionando finalmente todo su cuerpo contra el mío.
Espero que todas estemos Awwwww jajaja, juro que amo este Edward, bueno digo lo mismo del Comandante Masen y Masenry, pero, me pueden ;)
¡Gracias por comentar y hasta el próximo!
