Historia y personajes no me pertenecen
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LA MUJER DE NARUTO
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CAPÍTULO 9
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La nueva mujer era mucho mejor que la anterior.
Hinata sonrió a la anciana Konoha. Ella estaba en excelente forma para su avanzada edad, tenía el pelo largo y negro, las arrugas cubrían su rostro y llevaba ropa.
Kurenai era dulce. La primera reacción al ver a un ser humano había sido una gran sonrisa. Le había dicho algunas palabras, pero Hinata no las pudo entender por qué el conis estaba instalado en el dormitorio y ellos estaban en la sala. La mujer mayor se acercó a ella lentamente. Naruto le había asentido desde la puerta con una sonrisa para decirle que estaba bien.
Hinata se sintió pequeña. Todos los adultos Konoha era unas buenas ocho pulgadas más altos que ella. Incluso Kurenai era mucho más alta. La mujer había caminado hasta Hinata, dándole el equivalente a un abrazo de oso, sin apretarla demasiado fuerte. La sorprendió pero se recupero lo suficientemente rápido para devolverle el abrazo.
Kurenai había retrocedido y comenzado a tocar Hinata.
Hinata no se movió mientras la mujer le rozaba la mejilla y luego el cabello. Miró a los ojos color rojo de Kurenai. Había visto la curiosidad en sus profundidades. Ella era una extranjera y a Naruto le gustaba decirle que era tan linda como una horma.
Una horma era una criatura pequeña que para Hinata era algo así como la versión Konoha de un mono.
No estaba segura si le gustaba la comparación, pero cuando Naruto había puesto la foto de uno de ellos en el conis había entendido. Tenían grandes ojos perlas, eran unas hermosas criaturas blancas. Había peores cosas con las que ser comparada.
A Kurenai le encantaba mimarla. A veces, Hinata se sentía como una muñeca. Kurenai la seguía a la habitación para que pudieran hablar con el conis. Mientras estaban en el dormitorio Kurenai agarraba un cepillo y le cepillaba su largo pelo negro a Hinata. También le gustaba ponerle loción en la piel. Le dijo que tenía la piel tan suave que temía que se le lastimara si no se ponía loción constantemente. Hinata también la sintió como una madre. Le gustaba.
—Debes quitarte la ropa.— Kurenai hizo un gesto hacia el cuerpo de Hinata. —Te escondes de Argis Naruto...¿Eres tan diferente a nuestras mujeres?
—Me gusta la ropa. No la utilizo cuando duermo con Naruto.
—Nuestras mujeres están desnudas en casa. Naruto agradecería que anduvieras desnuda. Tú eres su vínculo. No conoces nuestra cultura. — Kurenai le sonrió. —Estaría muy complacido al final del día al verte desnuda esperando en la puerta. Es nuestra costumbre. Cubrirse de los otros hombres, pero nunca en tu propia casa.
—Yo no soy Konoha. No soy tan diferente físicamente. Simplemente no me siento cómoda caminando desnuda. Mi cultura siempre lleva ropa a menos que estemos solas, vayamos a tener sexo, a dormir o a ducharnos.
Kurenai suspiró.
—Estás vinculada a Naruto. Él es Konoha. Ahora tú también eres Konoha.
Hinata pensó en eso y se dirigió al armario. Naruto le había traído ropa por lo que el armario estaba lleno.
Había dejado pasar el hecho de que la ropa era del tamaño de una Konoha adolescente. A Kurenai le parecía divertido burlarse de que Hinata fuera mucho más pequeña que las mujeres Konoha. Hinata le pidió algo para cortar la mayoría de atuendos en su armario. Ella era decente, pero mostró un poco más de piel. Se miró en el espejo cuando terminó.
Las mujeres Konoha llevaban sus vestidos a la altura de la rodilla. Si llevaban sujetador o ropa interior ella no los había visto nunca. Algunas mujeres que trabajan con Shisune en el centro médico llevaban pantalones anchos y camisas. Hinata tenía poca experiencia con las mujeres Konoha. Naruto la mantenía en casa, no le permitía salir sin él.
Como ella había cortado el vestido este le quedó como un mini vestido. Le había arrancado las mangas y lo había cortado para que le quedara más escotado. Incluso había cortado unos centímetros en sus caderas para que sus muslos se vieran. Tendría que tener cuidado al sentarse. Ella estaba totalmente desnuda bajo el vestido. Se veía bien. Nunca lo usaría fuera de casa, pero esperaba que a Naruto le gustara. Por el momento no estaba dispuesta a andar desnuda.
kurenai vio a Hinata cuando salió de la habitación. Hinata le sonrió a la mujer y dio un giro para que la contemplara. Kurenai la miró con las cejas arqueadas.
Miró la altura del vestido y sonrió. Miró a los ojos de Hinata y levantó la mano poniendo en alto el dedo pulgar.
Hinata se echó a reír. Ella le había enseñado ese gesto.
Naruto trabajado seis horas al día, cuatro días seguidos. Tenía tres días de descanso. Él era una especie de juez. Naruto le explicó que escuchaba a su gente y se ocupaba de sus asuntos. Juró que amaba hacerlo.
Hinata lo extrañaba cuando estaba en el trabajo. Kurenai apenas le permiten hacer algo en la casa. Normalmente Hinata dormía la siesta o seguía a Kurenai alrededor de la casa para observar y aprender lo que la mujer hacía.
Desde que Naruto no le permitió salir de la casa a Hinata, salir al jardín era la única manera que tenía de tomar aire fresco. Cuando ella le preguntaba a Naruto que por que no podía ir de compras con Kurenai o por qué no se le permitía salir de la casa, él evadía las preguntas.
Siempre le distraía. Naruto era muy bueno cuando pasaban tiempo en el jardín. Tenía un bonito arrollo de color rojo, árboles negros y púrpura. Un alto muro alrededor. Siempre terminaba llevándola a la cama.
Después de unas horas con Naruto terminaba tan agotada que se olvidaba de cuestionarlo.
Miró el reloj. Ella había aprendido a leer la hora Konoha con la ayuda de Naruto. Sabía que él estaría en casa pronto. Cuando la pequeña flecha golpeó el símbolo de aspecto de ave el ya debería de estar en casa. Se mordió el labio. ¿Qué le estaba escondiendo? Tenía que estarle escondiendo algo. ¿Estaba ella en peligro de su pueblo? ¿Por eso no le permitía salir de casa? Tal vez era un simple caso de preocupación por ella. Ya que ella no podía comunicarse con nadie.
Sólo había pasado un poco más de una semana desde la visita al centro médico. Los Konoha aún no habían puesto a trabajar el programa de traducción de los Akatsuki dentro de los traductores Konoha. Ella suspiró. Tal vez había computadoras inalámbricas, uh, conis, con los que podría caminar, para entenderle a todo el mundo. El conis era del tamaño de un televisor de trece pulgadas. Se preguntó si los Konoha tenían carretillas. Se rió de la idea de cargar con una.
A Naruto se le hacía tarde. La flecha estaba moviéndose del símbolo del ave al de la serpiente. Ella frunció el ceño. Siempre estaba en casa cuando la flecha estaba en el símbolo ave. Fue en busca de Kurenai.
Ella encontró a la mujer lavando la ropa. Hinata la saludó y le hizo el signo de —tenemos que hablar—.
Kurenai la siguió a través de la casa.
—Es tarde. Estoy preocupada.
Kurenai miró al reloj.
—Tal vez se fue con los hombres. A ellos les gusta beber Amond mientras hablan de cosas como la vinculación masculina.
Amond era probablemente como la cerveza. Hinata no se molestó en preguntarle a Kurenai. Los hombres eran hombres en cualquier planeta.
—¿No se le ocurrió utilizar el dispositivo y hacerme una llamada para decirme que no iba a venir a casa?
Kurenai sonrió.
—¿Los hombres en tu mundo hacen eso?—, Se rió. —Las mujeres mandan allá, ¿no? La idea de que uno de nuestros hombres llame para pedir permiso para salir con otros hombres es divertida.
Hinata suspiró.
—Genial. ¿Entonces los hombres de este mundo no llaman para decir que van a llegar tarde?
—No. Echaras a perder a Naruto. Si otros hombres vieran la forma en que lo hechas a perder se burlarían sin piedad. Hiciste que echara a las dos ayudantes que tenía en casa y se negó a vincularse con la mujer que su padre envió. Ella era deseada por muchos hombres. Por eso se le ofreció.
Hinata le frunció el ceño a Kurenai.
—Es cierto. Él rechaza a todas las mujeres. Ellas son atraídas por él y lo buscan cuando está fuera. Es el heredero, Hinata. Eso significa que va a liderar este mundo cuando su padre se retire o muera. Es muy poderoso y querido. La mayoría de hombres en su posición tienen por lo menos tres mujeres en su cama, si no más. Él está vinculado contigo, pero los hombres siempre comparten el sexo con otras mujeres además de su vinculada. Una vinculada es la favorita del hombre a la cual le regala su semilla. Es un gran honor estar vinculada. Nuestros hombres tienen fuertes necesidades sexuales que una sola mujer no puede satisfacer. Naruto se niega a todo eso por ti.
—Yo satisfago todas sus necesidades.
Kurenai sonrió.
—Lo sé. Los he escuchado.
Un rubor cubrió las mejillas Hinata.
—Lo siento.
—No deberías. Haces a Argis Naruto muy feliz. La mayoría de nuestras mujeres trabajan. Él no quiere que salgas de casa. Es muy posesivo y protector contigo. Lo he visto contigo y te presta toda su atención. Nuestros hombres sólo nos prestan toda su atención durante el sexo. Pero él siempre te la da.
—Tal vez él cree que no hay un trabajo que yo podría hacer.
—Tu eres muy inteligente. Hay trabajos que podrías hacer sin necesidad de hablar ni que te hablen. El quiere cuidarte y conservarte sólo para sí mismo. Todos los hombres vinculados son posesivos y protectores, pero Naruto lo lleva a otro nivel. Todo el mundo lo sabe.
Hinata suspiró.
—Has estado con Argis Naruto el tiempo suficiente para concebir. ¿Sabías que los hombres vinculados se libran del vínculo si sus mujeres no pueden concebir? Es una de las pocas formas de romper el vínculo. Pero Argis Naruto no tiene ninguna intención de dejarte en libertad. Lo que quiere decir que te quiere con él hasta la muerte.
La ira de Hinata se fue. Que importaba si había salido con los demás chicos. Él había renunciado a mucho por ella. No era humano después de todo. Se dio cuenta que habrían diferencias culturales. Había renunciado a mucho de su cultura para hacerla feliz.
Ella asintió con la cabeza.
—Creo que voy a jugar con el conis y tratar de aprender más.
Kurenai asintió. Sonó el timbre. Hinata suspiró. Naruto no lo usaba, él solo entraba. Kurenai se dirigió a toda prisa para ver quién estaba en la puerta. Hinata vaciló y luego siguió a la mujer. ¿Y si algo le había sucedido a Naruto? El miedo la atenazó. Tal vez por eso no había vuelto a casa.
Cuatro hombres grandes estaban en la puerta.
Kurenai les gruñó algo. Hinata se abrazó el cuerpo. Rezaba para que los hombres no le hubieran dado malas noticias a Kurenai sobre Naruto. ¿Estaba herido?¿Muerto?
Sus rodillas casi se doblan ante el pensamiento.
Amaba a Naruto. Era su mundo. No lo podía perder. Se moriría si no pudiera estar con él otra vez. Lo amaba mucho. Se sorprendió por la profundidad de su amor hacia Naruto.
Uno de los hombres en la puerta le gruñó de nuevo a Kurenai. Cambió su cuerpo y sus ojos se encontraron con los de Hinata. De repente empujó a Kurenai. Ella gruñó, tratando de empujar al hombre de vuelta. Pero era demasiado fuerte. Empujó a Kurenai con tanta fuerza que la golpeó contra el suelo. Hinata abrió la boca y al instante salió en dirección a Kurenai para ayudarla a levantarse. Los otros tres hombres entraron en la casa. El último de ellos cerró la puerta detrás de él.
Kurenai siseó y sacudió la cabeza en dirección a Hinata.
Hinata vio el terror en los ojos de la mujer cuando sus miradas se encontraron. Hinata se detuvo en seco. Kurenai le gruñó algo y señaló hacia la habitación. Kurenai se puso en pie antes de lanzarse a sí misma contra el hombre que la había derribado. Él había comenzado a caminar hacia Hinata. La mujer mayor se abalanzó sobre el hombre de atrás gritando.
El hombre se dio la vuelta rápidamente. El poderoso movimiento envió a Kurenai volando de espaldas con un golpe duro contra la pared. Su cuerpo cayó al suelo. Kurenai no se movió, pero Hinata vio que aún respiraba. Un suave gemido vino de Kurenai un segundo después. Sus brazos se movían.
El terror había congelado a Hinata. Los cuatro hombres volvieron su atención hacia ella. Vio al que se hallaba cerca de la puerta agarrarse la camisa. Él la abrió. Sus ojos volaron hacia otro. Este alargó la mano hacia la parte delantera de sus pantalones. Los abrió para revelar que estaba excitado. Estaba malditamente claro lo que harían con ella si la alcanzaban. Miraron su cuerpo de arriba abajo. Le gruñeron, mientras se separaban para rodearla.
Hinata gritó mientras corría por su vida. Llegó a la habitación y cerró la puerta detrás de ella y la cerró con llave. No tenía ningún lugar adonde ir. Llegó a la puerta del baño y se volvió. Algo golpeó la puerta del dormitorio. La puerta era gruesa y el seguro estaba puesto, pero dudaba que alguna de esas cosas mantuviera a esos hombres fuera por mucho tiempo.
No sabía qué hacer. Estaba aterrorizada. La iban a violar. Lo sabía. Habían lastimado a Kurenai, que la había intentado defender. Se preguntó si Kurenai estaba realmente herida o si sería capaz de conseguir ayuda.
Algo golpeó la puerta y esta crujió en voz alta. La gruesa madera se estaba rompiendo. Sus ojos recorrieron frenéticamente la sala. Si Naruto mantenía armas en la habitación nunca las había visto. En lugar de eso tomó más ropa y la abrazó a su cuerpo.
Oyó un gruñido más fuerte cuando algo golpeó de nuevo la puerta. Vio como esta se astillaba. Ella sollozaba, se refugió en el cuarto de baño. Cerró la puerta con seguro. Temblaba mientras se ponía los pantalones y se colocaba una de las grandes camisas de Naruto. Si tenía que luchar contra ellos no quería hacerlo casi desnuda.
Evaluó frenéticamente el baño en busca de una vía de escape- no había ventanas. Tal vez debería haber intentado escapar por la ventana del dormitorio, pero sólo hubiera llegado hasta el patio trasero. El muro que rodeaba la casa era demasiado alto para subirlo y no había ninguna puerta. La habrían atrapado. Por lo menos en el baño tenía otra puerta entre ella y los hombres.
Oyó cuando la puerta del dormitorio se rompió.
Hinata buscó entre los cajones en busca de un arma. Encontró las tijeras de corte que Naruto utiliza para recortarse el pelo. Ella las tomó. Eran como unas tijeras largas un poco curvadas y extremadamente filosas. Retrocedió hasta la ducha y cerró la puerta de vidrio. No tenía forma de cerrarla, pero hacía que sólo hubiera una pequeña abertura por lo que sólo un hombre sería capaz de entrar en la ducha para tratar de agarrarla. Se apoderó de las tijeras en un apretón de muerte.
Atacaron a la puerta del baño. Sabía que no sobreviviría si la alcanzaban. Sería una manera horrible de morir. Naruto siempre había sido amable con ella y ella no se podía imaginar como hubiera sido si él no hubiera tenido cuidado. Los hombres Konoha eran grandes y fuertes por naturaleza. A los cuatro hombres tras ella, obviamente, eso no les importa. Ella sabía que Naruto mataría a cada uno de ellos cuando se enterará de lo que habían hecho.
Sus pensamientos se dirigieron a Naruto. La agonía la atravesó. Él la lloraría. Sabía que él la amaba. Oró para que él no se sintiera culpable. Si hubiera venido directamente a casa habría estado allí para defenderla.
Ella lo había visto pelear contra cuatro hombres antes.
Los cuatro hombres que entraron en la casa no se veían diferentes a los que la habían intentado alejar de Naruto en el asteroide. Naruto podría acabar con estos cabrones fácilmente. La puerta del baño se rompió. El tiempo de Hinata se había terminado. Ellos estaban en el cuarto de baño. El hombre que había atacado a Kurenai abrió la puerta de cristal. Metió la mano para agarrarla.
Hinata gritó y, utilizó las tijeras como un cuchillo, se lanzó hacia adelante y lo apuñaló en el pecho.
El mango de las tijeras se le incrustó en la piel, pero sin cortarla. Sintió la sangre caliente corriendo por sus manos. Volvió a gritar cuando el hombre gruño de dolor. Se tambaleó hacia atrás con las tijeras incrustadas profundamente en el pecho.
Ella se echó hacia atrás y golpeó la pared de la ducha lo suficientemente fuerte como para sacarle el aliento. Se quedó mirando la cara del hombre mientras este se tambaleaba hacia atrás hacia sus compañeros.
Miró las tijeras que sobresalían de su pecho. Vio la sorpresa en su rostro. Se quedó en silencio antes de derrumbarse de rodillas. Sus compañeros se congelaron en estado de shock, al mirar cómo salía la sangre del pecho de su compañero.
El herido cayó hacia delante. Y no se movió más.
Las tijeras se incrustaron más profundamente por que cuando se cayó pudo ver las puntas que saliendo de su espalda. Estaba sin camisa. La sangre corrió de la herida, por toda su espalda hasta el piso del baño. Uno de los atacantes echó la cabeza hacia atrás, aullando. Hinata gritó. Los tres hombres se quedaron en silencio.
Ella vio en sus expresiones que iban a hacerla sufrir antes de matarla. No tenía ninguna duda de eso.
Uno de los hombres pasó por encima de su amigo caído para llegar a la ducha. Agarró a Hinata por la parte delantera de la camisa de Naruto. Oyó como el hombre partía el material de un tirón. Su pie chocó contra la parte inferior de la ducha. El dolor se disparó por el pie mientras la arrastraba hacia adelante. Sus pies golpearon el cuerpo del hombre caído, mientras la arrastrada gritando del cuarto de baño.
Los pies de Hinata abandonaron el suelo y el hombre la tiró en la cama. La lanzó tan duro que reboto cayendo al otro lado. Golpeó fuertemente el suelo. El dolor estalló en su cadera, el muslo y el brazo que fue el que recibió casi todo el impacto. Por debajo de la cama los podía ver moviéndose. Sabía que si permanecía ahí moriría.
Se metió debajo de la cama. Las camas Konoha no eran tan diferentes a las de la Tierra sólo eran más altas y con marcos más gruesos. Avanzó hacia el centro de la gran cama y se quedó jadeando. Se acercó y agarró las barras de la estructura. Sus dedos apenas tuvieron tiempo de apretar las barras antes de que una gran mano se cerrara sobre su tobillo.
Ella gritó de dolor cuando uno de los hombres trató de arrastrarla fuera. Casi arranca una de las barras de la cama. El hombre tiró de ella lo suficiente duro como para que sus pies ya no estuvieran bajo la cama y sus brazos dolieran por el esfuerzo de mantenerlos estirados. Pero ella se negaba a soltarse
—Sácala de ahí—, espetó uno de los hombres.
El conis continuaba encendido. Traducía todo lo que se hablará en el cuarto. Ella los podía entender por lo que ellos podrían entenderla. Sabía que probablemente no ayudaría, pero tenía que intentarlo.
La mano alrededor de su tobillo aumento la presión hasta que gritó de dolor. Sentía como si estuviera aplastándole el tobillo. El muy cabrón lo hacía a propósito para hacerle daño y que no pudiera escapar.
El dolor era suficiente para hacerla gritar.
— Naruto te va a matar. No hagas esto.
— Naruto está ocupado—, espetó otro hombre. — Vamos a prender fuego a la casa cuando hayamos terminado contigo y no habrá olor de nosotros que rastrear.
—Sacarla ahora. No tenemos mucho tiempo.
El hombre le dio un fuerte tirón al tobillo. Hinata gritó de nuevo. Sus dedos estaban rotos dolorosamente por sujetarse de la barra. El hombre la sacó brutalmente de debajo de la cama. Ella miró a los tres hombres Konoha medios desnudos. El que la tenía agarrada del tobillo no la soltó. Con la mano que tenía libre le agarró el pantalón y dio un fuerte tirón.
Hinata le dio una patada a él con su pie libre. El hombre Konoha era monstruosamente alto, por lo que no pudo alcanzar sus bolas. Sus piernas eran demasiado cortas. Ella se las arregló para patearlo en el muslo.
Ella gritó cuando le bajó los pantalones. Ella trató de rodar y agarrarse la cama. Si sólo pudiera salir y arrastrarse de nuevo debajo de la cama podría retrasar sólo un poco más el ser violada.
Dos de los hombres se agacharon, agarrándola de los brazos. La levantaron y la lanzaron sobre la cama.
El hombre que agarraba su tobillo puso una rodilla en el extremo de la cama entre sus muslos. Ella tiró de su pierna libre hasta el pecho y de puro terror encontró la fuerza para patearlo de nuevo. Esta vez lo pateo más duro y en un mejor lugar. Echó la cabeza para atrás cuando su pie lo golpeo en la mandíbula. Su agresor soltó el agarre sobre su tobillo al recibir el impacto.
Por desgracia, no le había roto el cuello, porque rugió de dolor.
Oyó otro estruendo, que sonó cerca. Vio a los hombres que todavía tenían sus brazos dirigir sus cabezas en dirección a la puerta del dormitorio. Hinata no perdió el tiempo mirando que les llamaba la atención. Movió de nuevo su pie libre hacia el pecho. Se estaba haciendo daño. Debía de tener el tobillo roto, o por lo menos un esguince, pero hizo caso omiso del dolor. Ella miró hacia abajo. El hombre que había pateado en la mandíbula se la sostenía con una mano mientras que con la otra le aferraba el tobillo. Tomando aire, lo pateo lo más fuete que pudo. Lo clavo directamente en su entrepierna.
Había dado en el blanco. Vio como abría la boca. El agarre en su tobillo se había ido de repente, mientras se tomaba la delantera de sus pantalones.
Cayó lentamente hacia atrás hasta chocar contra el suelo. Soltó un chillido agudo. La alegría la golpeó en un segundo. Esa vulnerabilidad de los hombres era universal sin importar su planeta de origen.
Hinata se volvió tratando de patear a otro de los hombres que la sujetaban, pero ambos la soltaron. Se alejaron de la cama antes de que ella tuviera la oportunidad. El terror estaba grabado en sus rostros mientras miraban hacia la puerta rota del dormitorio. Sus ojos siguieron los suyos.
Naruto irrumpió en el dormitorio.
Una rabia como nunca antes le desfiguró las facciones. Rugió. Le dolieron los oídos. El conis no tradujo. No necesitaba que le dijeran el significaba de ese sonido. Los ojos de Naruto buscaron a Hinata. Vio como sus ojos le recorrían el cuerpo. Él se movió rápido para atacar al hombre más cercano a él. Atacó al hombre a la derecha de ella.
Algo caliente la roció. Miró su brazo y vio puntos rojos brillantes por su cuerpo. Su cerebro registró que era sangre. Sus ojos miraron en estado de shock a Naruto y al hombre. Vio el destello de una hoja de metal en la mano de Naruto. El intruso grande cayó de rodillas. Vio que tenía la garganta cortada. Se inclinó hacia delante.
Naruto volvió a rugir mientras se dirigía hacia el otro hombre, incluso antes de que el primero tocara el piso.
El segundo hombre ni siquiera tuvo tiempo de hacer algún sonido antes de que Naruto estuviera sobre él. Naruto levantó su brazo lleno de sangre y lanzó un gruñido.
Se hizo el silencio un segundo antes de que escuchara un gemido suave al final de la cama.
Naruto se levantó del suelo solo. Caminó lentamente hacia el final de la cama. Miró hacia el hombre que Hinata había pateado en la entrepierna. Vio a Naruto agacharse. Su expresión estaba transformada en pura rabia. Escucho un gemido, más fuerte esta vez, proveniente del hombre. Naruto lo levanto por el pelo y Hinata vio como le cortaba la garganta, arrojando su cuerpo a un lado. Naruto respiraba con dificultad. Estaba manchado de sangre- en las manos, la hoja que sostenía y en su ropa. Se volvió a mirar a Hinata.
—Estoy bien—, se le quebró la voz. —Llegaste justo a tiempo.
Naruto dejó caer la cuchilla sobre la cama al llegar a ella. Hinata no se inmutó, cuando Naruto fue por ella con las manos ensangrentadas. Con suavidad, la levantó en sus brazos y la abrazó fuertemente contra su pecho ensangrentado. Hundió la cara en su garganta. Todavía estaba respirando con dificultad y temblaba de furia.
Hinata no dudó. Le echó los brazos al cuello para aferrarse a él por salvar su vida. Naruto la había salvado una vez más. Había matado por ella.
Sobrevivieron y estaban los dos juntos.
Continuará...
