16. Licor Xion Pov's
El tintineo de las personas comiendo me invade; las cucharillas chocando contra el plato del postre, las copas tintineando, las servilletas siendo sacudidas formalmente. Esto no es una cena, es una fiesta, y no una fiesta de empresarios, es la boda de alguien de la compañía. Muy bonito Saïx Russell omitiéndolo todo cuando me pidió el favor, «unas nimiedades» me dirá cuando le pregunte.
Salí del tocador y atravesé un pasillo adornado con dorado y blanco cuando de pronto un reflejo rubio hizo enfocar mi mirada en la fuente de chocolate, allí de espaldas había un chico de cabello dorado; como las burbujas de la copa de Champagne, probando algunos platos de bufé. Tenía la misma complexión de Roxas, y hace rato vi a otra rubia por el lado del jardín. No esperaba encontrarlos aquí, pero es un alivio, hará más llevada la fiesta para mí, considerando que quiero irme lo más pronto posible.
Avancé con paso firme dispuesta a hacer una de mis entradas triunfales.
Lo abracé por la espalda y recosté mi cabeza en su hombro, oh, creo que es más bajito de lo que pensé.
—No atrapé el ramo de flores de la novia —empecé empalagosamente, buscando sonar como una cuarentona desesperada—. Pero te imploro que me aceptes en sagrado matrimonio. Juro que seremos felices; tendremos seis hijos, violencia intrafamiliar, dificultades económicas y después de cinco años de casados me puedes abandonar por otra mujer más joven y hermosa e irte del continente sin dejar rastro, ni enviar manutención para nuestros niños.
El cuerpo tibio tembló por completo bajo mis brazos. No era esa sacudida típica que estremecía a mi mejor amigo de pies a cabeza en un descontrol evidente de hormonas. Era más... como un movimiento compulsivo y nervioso. Me aparté con cuidado de su espalda; este no es Roxas.
—S-Solo quiero una hija —dijo el rubio, con la cara encendida en rojo dándose la vuelta—. ¿Violencia intrafamiliar significa que me van a pegar? ¿Esto es un examen? ¿Mi mamá te envió para dijeras eso? Está preocupada de que me enamore de una chica que me haga daño, así que dijo que me va a esconder los papeles hasta los 25 para que no pueda casarme.
Era Ventus.
—Oh, caramelo, no. No era mi intención asustarte, perdón, te confundí con Roxas —expliqué pasando mi mano por su hombro—. ¿Cómo estás? No tenía idea de que estuvieras aquí...
—¿Eh? —Ven entre cerró los ojos y me contempló con detenimiento—. Me he dejado los lentes de contacto, ¿eres tú Xion?
Acabó por sacar unas gafas de montura negra para colocárselas.
—¡Xion eres tú! ¡Me alegro mucho de encontrarte aquí! —iba a darme un abrazo de frente, pero se detuvo a medio camino y su mirada escaneó mi vestido—. Vaya, te ves muy... diferente con eso puesto.
—¿Diferente mal o diferente bien? Puedes decir que me veo ridícula, no hay problema, es la primera vez que uso algo así y tuve que pedir ayuda para variar.
—Estás preciosa —resumió cohibido.
—Gracias... —murmuré—. Como sea, ¿qué haces aquí?
—Mi mamá es una de las invitadas, es empresaria, la última vez que la dejé estaba sembrando el terror en algún lado, pero se me perdió —explicó él—. Ahora estoy aquí por la comida, tratando de averiguar quién es el cocinero para... ehm...
—¿Buitrearle las recetas?
—Es una forma poco cortés de decirlo, pero sí, eso, ¿y tú qué? —lucia tan contento de haberme encontrado como yo a él, es evidente que ninguno de los dos queremos estar aquí, pero él se ve más acostumbrado a la situación.
—Mi padre es Saïx, un tipo con una rosa en el traje y una cicatriz en la cara, parece violento a primera vista, pero no lo es, o sea, no tanto como pensarías —agregué en forma tentativa—. Conoce directamente al novio porque es un compañero de trabajo, pero...
Ventus se puso azul.
—Saïx... ¡Saïx! ¡Claro! ¡Saïx Russell! —Por su cara, no parecía muy feliz, más bien asustado—. Es el hombre alto de cabello azul con el que está coqueteando mamá. Me lo ha nombrado varias veces, pero solo pensaba: oh, tengo una amiga con ese apellido y jamás se me ocurrió que estuvieras emparentada con él.
Mis ojos se abrieron de par en par, rescate la más importante de sus palabras "coqueteo".
—Mala idea, muy, muy mala pésima idea —advertí sin despegar las palabras—. Dile a tu madre que deje de hacer eso, mi padre es alcohólico, apático, irresponsable y amargado, tú no quieres a tu mami casada con Saïx, claro que no. Es un mal que no le deseo a nadie.
—Mi mamá es controladora, manipuladora, obsesiva e intensa —dijo Ven—. Creo que se podrían llevar bien.
—NO ESTÁS ENTENDIENDO —solté estresada—. Mi papá es un fracaso como esposo.
—¿Quién es un fracaso como esposo? —replicó una voz gruesa y ronca detrás de mí.
Maldita sea, y yo que creí que se había olvidado de que vino conmigo.
—Y-Yo —dijo Ventus como un pequeño ratón, para desviar la atención—. Ella dice que yo sería un fracaso como esposo, porque no me gusta... dormir con la luz prendida —fue un momento de pánico.
Me di una palmada en la frente.
—Ah, un rubio, ¿Y tú quién eres? —inquirió Saïx con un atisbo de desagrado en su voz—. ¿Eres amigo de Xion?
—No, no, amigos-amigos, o sea, sí, lo somos, p-pero no como usted cree...
—¿Y cómo lo creo? —una pronunciación implacable.
—¿Q-Que cómo lo cree? pues... pues...
Mala forma de iniciar una charla por parte de ambos.
—No sabía que Xion tuviese amigos —chasqueó indolente, con desprecio—. ¿Con esta clase de gente te juntas, cariño?
—¿Y con qué clase de gente debería juntarme según tú? —protesté irritada, pero sin perder la altura, por ahora—. Escucha, se llama Ventus, hemos sido compañeros de estudio un par de años, y ahora estamos juntos porque resulta que él es el presidente del club de radio al que pertenezco.
—¿Perteneces a un club de radio? —Su mirada se intensificó, pero recayó sobre mi esta vez—. Cuando dices que ahora están juntos, ¿a qué te refieres exactamente?
—A que somos amigos —dije dejándolo en claro, mi paciencia amenaza con evaporarse—. Ya sabes, amistad, es como una relación de simpatía, afinidad y compañerismo, en la que dos personas se respetan y se cuidan la una a la otra sin necesidad de follar, papá.
Por supuesto, no espero que lo entienda.
—¿Estás segura?
—¿Cómo carajos no iba a estarlo?
Me dispuse a levantar una demanda. No es posible que busque una discusión conmigo en público. ¿Será que está enfadado porque no ha encontrado oportunidad para beber algo? Puta madre, no quiero que se emborrache, pero si no lo hace estará amargado todo el rato. Por otro lado, ebrio, es posible que me haga pasar vergüenza o algo peor.
Una música suave aligeró de pronto el ambiente, a nuestro alrededor buena parte de los caballeros sacaron a alguien a bailar, y algunas amigas se agruparon juntas cerca de la banda en el escenario.
—Ventus, ¿quieres bailar conmigo? —pregunté tendiéndole amablemente mi mano—. No te puedo prometer que no pisaré tus pies, pero...
—No sé bailar, perdón —respondió cabizbajo—. De verdad, perdón.
Iba a agarrar sus dedos con tal de infundirle confianza, así como alguien me infundió a mí una vez. Pero de repente mi padre me sujetó por el brazo antes de que pudiese reaccionar y me arrastró con él, con esa mirada de «desobedéceme y me harás enfurecer» quedé helada, no tengo ocho años para que crea que puede hacerme esto sin que haya repercusiones. Me encuentro aterrada e insultada al mismo tiempo, ¿qué le pasa?
(...)
La noche fracasó en todos los aspectos; mi padre me forzó a bailar dos canciones lentas con él, luego se encontró con alguien importante a quien le interesaba ofrecerle sus servicios a la empresa. Se pusieron a conversar, bebieron y antes de lo que se puede decir «Carta Roja» ya estaba ebrio dando traspiés e insultando a todos los seres vivos, plantas, personas, animal, objetos animados e inanimados, que tuvieran la desgracia de atravesarse en su camino. Una vez llegada la cumbre de sus síntomas, no estuve dispuesta a permitir que me involucrase, eso jamás fue parte del trato. Él sabía que para mantener mi cooperación no tendría que haber bebido, o al menos no tanto.
Ventus estuvo haciéndome compañía hasta que la gente empezó a largarse cerca de las cinco de la madrugada. Lo observo de lejos en el instituto por razones personales, pero hoy incluso pude llegar a conocerlo algo más a fondo, quizás tanto como conozco a Riku. Descubrí que una vez dejada de lado la timidez de lado, Ventus era capaz de sobrellevar mi extraño sentido del humor con bastante destreza. No llega jamás a la habilidad de Roxas, (que se pone a mi nivel) pero no deja de ser agradable a su propia forma. A veces se pasa de ingenuo, pero incluso eso es muy lindo.
Me siento más alegre por tener amigos. Sin embargo, ninguno es una chica y aunque los adoro de vez en cuando me hiere algo ese recordatorio, porque bueno, no hay ni una fémina con la que tenga trato, salvo con Naminé, que, bueno, me odia.
Pero regresando a mi padre...
Lo metí medio muerto en el asiento del copiloto y tuve que conducir hasta casa, rezando que las patrullas no nos detuvieran ni sospechasen nada. Porque sí sé conducir, pero aún no cargo licencia, y dejar coger el volante a Saïx Russell ebrio podría acabar conmigo protagonizando el próximo capítulo de Mil Maneras de Morir.
Rememoro una última vez su intento patético de subir por las escaleras hacía su dormitorio. Me cobré la irresponsabilidad suya por ponerse a beber no ayudándolo a distinguir el camino hacia la cocina, del camino del baño. Sonrió por encima de mi taza de café. Me siento feliz de haberlo hecho andar solo a su cuarto. Cayó por las escaleras tres veces antes de descubrir que agarrándose al barandal era más fácil ascender. Pobre idiota.
Ahora faltan diez para las dos y él aún no despierta, yo llevo como una hora trabajando en un elaborado desayuno, porque luego del festín que me di anoche, no me indigesté, se me abrió aún más el apetito. Necesito comida que sepa bien e igual el inútil de mi papá no se mete en la cocina y cocina mejor que yo el muy cabrón. Como sea, de cualquier forma, con resaca es un peligro que lo intente.
Tengo la música algo alta en mi teléfono, suena mi basura ligera mientras termino de bajar los cubos de hielo para mi batido de moras. Se reproduce Melody of Murder y muero por volver a bailar un vals lento, lento pero retorcido.
La letra es dulce, pienso que estaría perfecta para ponerla de fondo en una película donde una pareja está a punto de suicidarse y la canción simboliza algo importante para ellos, un buen diálogo, una forma dramática de morir y sería ideal. ¿Cuál es la mejor forma de morir? Siento una irresistible atracción a la idea de saltar de un piso 22, pero podría clasificarse como terrorismo si estoy en un lugar público.
Un disparo en la cabeza es demasiado violento y uno en el corazón en exceso romántico. Creo que el maravilloso punto medio son las navajas, aunque reconozco que son algo excéntricas, todo esto de la sangre y las venas abiertas es arrollador, dramático, escandaloso pero propio de un alma atormentada; la chica tendría que ser la viva imagen de la melancolía. Girarse primero con el filo de la cuchilla a punto de cortarle los puntos vitales y decir:
—Nunca lo olvides, esta es la verdad —tomo el cuchillo más cercano y lo posiciono en horizontal sobre mi muñeca, en la línea exacta de mi pulso—. Todo lo he hecho siempre por ti, y ahora ya nada tiene sentido porque te he lastimado, ahora moriré para compensar el daño que te he hecho.
—Yo... uhm... ¿debería preocuparme por esto?
Un grito espasmódico se atraviesa abruptamente en mi garganta y suelto el cuchillo que cae con estrépito al suelo. Malditasea, podría hacer al menos un ruido o algo. Yo lo hacía comatoso sobre el colchón. Casi me mata de un susto.
—¡Papá por el amor a lo que más quieras!, ¡casi me da un paro cardíaco! —gritó con histeria.
—¿Qué hacías?
—Comida de una categoría no especificada —le llamé desayuno porque en realidad estaría rompiendo el ayuno o algo así, pero la verdad es hora del almuerzo. En todo caso, me siento ridícula porque me encontró en un momento privado de estupidez.
—Hablas tan extraño, por eso no tienes amigos... —Se dirigió patosamente al refrigerador fingiendo no tener interés en lo que estoy friendo. Cuidé de no reírme en voz alta, esa resaca se está llevando lo poco que queda de su alma, no lo puede disimular.
—Hey, hey, hey, largo de la cocina, me estorbas —solté, dando un pinchazo en su mano cuando esta se dirigía al plato blanco junto a la sartén—. Al rato te llevo tu bandeja, no te quiero cazando el tocino.
—¿Qué pasó anoche? Me desperté con la cara en el suelo de mi cuarto y la cabeza dando vueltas.
—Pfff, vaya poca cosa —comento inclemente—. Si es por mi te despiertas en la bañera remojándote en vinagre con sardinas, papá. Te comportarse horrible anoche, todo un cretino.
—¿Estás molesta conmigo, linda?
Oh no, el ciclo se repite.
Aurora
