CAPÍTULO VIII

Sasuke miró a Sakura que yacía de lado en la pequeña cama que Shizune le había dejado. Sus hombres estaban durmiendo fuera, a la intemperie, igual que hubiese preferido hacerlo él si no hubiese sabido todo lo que Sakura le contó. Ahora entendía sus pesadillas y esa mirada triste y a veces agónica que había atisbado en alguna ocasión pero que ella se había afanado por ocultar. Había permanecido tumbado en el suelo del salón. Lo suficientemente cerca de ella por si las pesadillas o cualquier otra cosa perturbaban su sueño y le necesitaba. No pudo dormir, pensando en todo lo que le había contado y en qué podía hacer, y la respuesta había estado clara desde el principio. En ese preciso instante, antes de que el sol comenzase a mostrarse tímidamente por el horizonte, Sasuke se acercó a Sakura para despertarla. Necesitaba hablar con ella sin ser molestados, y necesitaba determinar cuál iba a ser la ruta de ese día antes de que los hombres se levantasen y preguntasen por el plan para hoy.

—Sakura —dijo Sasuke en voz baja mientras tocaba su brazo a fin de que se despertase.

Sakura gruñó un poco por lo bajo. Alguien estaba intentando despertarla y ella solo quería dormir un poco más. Estaba tan cansada y dolorida por la tensión del día anterior que solo quería que la dejaran en paz y poder seguir allí echada.

Sin embargo la persistencia de quien fuese no tenía límites y a pesar de haberse dado la vuelta para quedar de espaldas, el ignorarle no dio fruto. Con mucho esfuerzo abrió los ojos, dispuesta a decirle cuatro cosas a quien fuese que no la dejaba dormir en paz.

—Sakura, necesito que te sientes. Tenemos que hablar —le dijo una voz masculina y tentadora que le llegó desde lejos.

Sakura enfocó su visión todavía algo borrosa después de su letargo y vio a Sasuke con una sonrisa en los labios sentado en el lateral de la cama. Aunque su boca decía una cosa, sus ojos denotaban cierta preocupación que intentó ocultar en cuanto Sakura le miró.

—¿Ya es hora de irnos? —preguntó ella, que pensó que estaba demasiado oscuro como para que hubiese amanecido. Al mirar hacia el frente vio que, salvo pequeñas brasas que todavía se quemaban en el hogar, la casa estaba completamente en penumbra.

—No, no es hora de irnos, pero falta poco para el alba y tengo que hablar de algo importante contigo antes de que los demás despierten y sea más difícil.

Sakura se sentó en la cama con los pies subidos todavía en ella. Elevó las piernas cubiertas por su falda hasta el pecho y las rodeó con los brazos. Claramente Sasuke quería seguir con su conversación de la noche anterior, y Sakura pensó que no podría volver a pasar por ello nuevamente.

Algo debió de reflejarse en su rostro porque Sasuke se apresuró a tranquilizarla.

—Tranquila, no quiero que me cuentes nada más sobre aquello —dijo él, viendo cómo la postura de la joven volvía a relajarse—: He estado pensando en lo todo lo que me dijiste y quiero proponerte algo —dijo Sasuke. La seriedad en su tono, desprovisto de su natural jovialidad o ironía, dejaron a Sakura nuevamente preocupada.

—Dime.

—Cásate conmigo en secreto —dijo él de forma contundente.

Sakura escuchó un sonido que no percibió como suyo hasta que vio la expresión de Sasuke al mirar hacia el salón, vigilante por si ella, con ese ruido mitad quejido, mitad asombro, había despertado a Shizune o Amai.

—Escúchame. Déjame terminar antes de decir nada, ¿de acuerdo? —insistió Sasuke con un tono más suave aunque igual de firme.

Sakura solo pudo asentir con la cabeza. Ninguna palabra podría salir ahora de su garganta que parecía haberse quedado sin habla.

—Si te casas conmigo estarás segura y no tendrás que preocuparte por Kinuta. Ya no podrá hacerte nada. Si te propongo que lo hagamos en secreto es porque si nos casamos frente a todos ahora suscitaría las mismas preguntas. Solo nos hemos visto una vez anterior y tanto tu familia como la mía se preguntarían por qué tan pronto, por qué en el camino y por qué sin ellos. De esta manera podríamos empezar a cortejarnos cuando lleguemos a casa. Hotaru y Utakata serán testigos y después de un corto periodo nos casamos para el resto del mundo y para el padre Baiu... y para nosotros una confirmación de nuestro matrimonio en secreto. Y si te preguntas por qué no nos cortejamos primero y nos casamos después, es porque si Kanuta está tan demencial como para haber contratado a unos mercenarios para que te vigilen, no sabemos qué más puede hacer. Si intenta hacer algún movimiento o te amenaza para que vuelvas cerca de él, esa será tu salvaguarda. En cualquier momento podemos decir que nos casamos en secreto y nadie podrá reclamarte salvo yo.

Sakura estaba totalmente paralizada. No sabía qué le iba a decir Sasuke pero jamás hubiese imaginado que le iba a proponer que se casara con él.

Un silencio sepulcral se instaló entre los dos.

—Ahora estaría bien que dijeras algo —dijo Sasuke esta vez con su eterna sonrisa no solo en sus labios sino también en sus ojos.

—¿Por qué? —preguntó Sakura sintiendo su propia voz extraña. Sin duda producto de su sorpresa y de su nerviosismo.

—Porque así estarás segura. Si nos casam...

—No, no pregunto eso —dijo Sakura interrumpiendo a Sasuke con cierta premura—. Lo que quiero saber es por qué tú harías algo así por mí. ¿Por qué vas a casarte conmigo? ¿No hay nadie especial para ti? Porque si no lo has encontrado todavía, seguro que aparece en un futuro y yo no puedo condenarte de esa manera. No puedo arrebatarte la oportunidad de casarte con la persona que sea capaz de robarte el corazón. Créeme que tu proposición es lo más hermoso, desinteresado e increíble que nadie ha hecho por mí, y que cada parte de mi estaría más que honrada de decirte que sí, pero no puedo hacerte eso, no soy tan egoísta como para salvarme yo a costa de tu felicidad, tu futuro y tu vida. Gracias, Sasuke, pero no, esa no es una opción —dijo Sakura mirándole con determinación.

Sasuke sonrió más ampliamente y algo en su mirada la dejó paralizada. Sintió que su cuerpo entraba en calor solo por sus ojos. Sasuke acortó un poco las distancias entre ambos y se sentó más cerca de ella.

—No hay nadie especial en mi vida. Nunca me he enamorado y no sé si podré enamorarme alguna vez. Creo que tengo una visión de la vida demasiado cínica como para que un sentimiento tan noble arraigue en mí, además los matrimonios rara vez se basan en el amor. Es un contrato, y mi hermano ya me ha mandado alguna que otra indirecta con el tema para poder formar alguna alianza con otro clan. Créeme cuando te digo que las candidatas no son muy compatibles conmigo. Así que no me ofrezco en sacrificio y mi propuesta no es tan desinteresada como piensas. Tú también me estarías ayudando a mí. Creo que tenemos más de lo que muchos matrimonios tienen. Nos llevamos bien, la comunicación no es un problema, te hacen gracia mis ironías y...

—¿Y... ? —preguntó Sakura con un tono de voz apenas audible.

Sasuke levantó su mano con sumo cuidado y la acercó a la mejilla de la joven hasta que tocó su piel suave y tibia. Eso le hizo tragar saliva. Cuando vio que Sakura no se retiraba, cuando no vio rechazo en su mirada, acercó su cara lentamente hacia la suya, sin dejar de mirarla a los ojos. Vio cierto recelo en ellos y se paró a medio camino, esperando unos segundos, mostrándole que jamás haría algo que ella no quisiese. Cuando vio que ese recelo dio paso a la curiosidad, se acercó un poco más. Pudo sentir el aliento de Sakura a escasos centímetros de su boca y volvió a mirarla nuevamente. Ella tenía los ojos cerrados y eso fue todo lo que Sasuke necesitó. Posó sus labios sobre los de ella, suavemente, dejando que Sakura se acostumbrara a la sensación. La sintió temblar bajo su contacto y abrió ligeramente los labios para saborearla, solo un poco, lo suficiente para no volverse loco de deseo, para controlar sus ganas de ella. Cuando Sakura imitó su gesto, Sasuke tuvo que sujetar con mano férrea sus instintos. Casi temblando a su vez, introdujo la lengua en su boca, lentamente pero de forma inexorable. Nada en ese instante podría haberle separado de esa boca, de su sabor que era pura ambrosía, de esa dulzura que con su inocencia lo estaba desarmando, dejándole tan expuesto que el simple hecho de pensarlo daba vértigo. Cuando Sakura rozó su lengua con la suya, Sasuke ahondó el beso, sintiendo cómo el fuego le abrasaba las entrañas, hasta que sacando fuerzas de donde no podía, se apartó de ella poco a poco.

—Y luego tenemos esto... —dijo Sasuke separándose unos centímetros, rompiendo ese beso febril, y apoyando su frente sobre la de ella.

Sakura sintió cada parte de su cuerpo rebelarse contra el hecho de que Sasuke se separase de ella. Ese beso... Jamás pensó que un beso pudiese ser así ni pudiese hacerte sentir como si pudieses flotar. Los pocos besos robados que le había dado Sabaku no se parecían en nada a aquello. Los otros habían sido rápidos y sin la profundidad ni la pasión de ese único beso, que ya echaba de menos.

Sasuke cogió suavemente la barbilla de Sakura y subió ligeramente su rostro para que le mirara. Pudo ver que su mirada todavía estaba turbada por lo que habían compartido. No le había sido indiferente y eso era algo a lo que aferrarse.

—Hay atracción, deseo. Otro punto de apoyo para esta unión. Cásate conmigo —volvió a preguntar Sasuke con toda la convicción que pudo expresar.

—¿Estas seguro? —insistió ella con gesto preocupado en el rostro.

Sasuke pasó suavemente la yema de los dedos sobre unas ligeras arruguitas que se le habían formado en la frente a Sakura al preguntar.

No podía evitar preocuparse por los demás antes que por ella.

—Completamente —dijo sin ningún atisbo de duda, ni en su voz, ni en su expresión, ni en su mirada.

Sakura le miró fijamente con el estómago en un puño y el corazón latiendo tan deprisa que temió que se le saliera del pecho.

Cuando Sasuke pensó que Sakura no le contestaría, esta hizo un pequeño gesto de asentimiento con la cabeza.

—¿Eso es un sí? —preguntó él con esa mirada canalla que tanto empezaba a gustarle.

Sin poder evitarlo, una pequeña sonrisa se instaló en sus labios antes de contestar ahora con palabras.

—Sí, Sasuke Uchiha. Me casaré contigo en secreto, y que Dios nos ayude —dijo Sakura mientras él cogía una de sus manos entre las suyas, y la besaba en la palma.

Sakura pensó que sus piernas temblorosas no la sostendrían si no fuera porque ya estaba sentada.

Con esa sensación, los primeros rayos de luz se filtraron por las ventanas y los encontró mirándose a los ojos. Varios sonidos provenientes de la habitación donde dormían Shizune y Amai rompieron el momento y Sasuke se levantó no sin antes guiñarle un ojo.

Aquel día sin duda iba a ser largo pero, a pesar de ello, Sakura se permitió la primera sonrisa genuina en mucho tiempo.