Daybreaker
Celestia disfrutaba del aire nocturno, haciendo que, por una vez, su crin se moviera a causa del viento y no de una fuerza mística desconocida. Había sido una gran noche, los generales y gobernantes de todos los países implicados en la guerra habían mostrado su deseo de acabar con esta de una buena vez. Uno de los que más agradaron a la alicornio fue el general Cratar, y pese a que sabía que Trevor le había dicho que él fue el responsable de la creación de ese gas y los súper soldados, a ojos de la princesa había mostrado un vano interés en la guerra. No era tonta, y sabía que en la guerra no podía dejarse llevar por las simpatías, pero siempre creyó en la reforma de los peores villanos, y ese general había mostrado un genuino interés en sus ideales de armonía y paz sobre el poder y el odio, al menos a sus ojos.
Podría equivocarse, lo sabía bien, pero teniendo en cuenta lo cerca que estaba el final de la guerra y la rendición grifo, además de la destrucción de las bases de sus armas secretas, no sería descabellado pensar que el general había dejado atrás las ideas de remontar la guerra. Celestia estaba encantada, si esto seguía así, podría destruir todas las armas de fuego de Ecuestria y proponer lo mismo a otros países, siendo un ejemplo para todos. Eso sí, las espadas, ballestas y otras armas seguirían allí, pues el crimen interno seguiría existiendo, con o sin guerra. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la aparición del pueblo encantador en el que se había quedado, viendo el brillo anaranjado de las llamas. Con un muy mal presentimiento, ordenó a sus fieles guardias que apretaran el paso, acelerando su camino.
Pronto, aterrizaron a las afueras del pueblo, y la princesa salto de su carruaje y se interno en las calles, siendo seguida por sus guardias a paso rápido. Sus ojos vagaban por todos lados, viendo las llamas, llamas que apagaba de inmediato con un simple gesto de su cuerno, ordenando a sus guardaespaldas que buscaran heridos. A más avanzaba, más signos de pelea encontraba, grifos desgarrados por garras, quemados vivos en las entradas de los edificios, con sus cabezas arrancadas... Pronto, también empezaron a aparecer soldados de su propio ejército, pero ninguno del invasor. Si hubiera sido una toma del pueblo, ya se habría encontrado con un soldado enemigo, pero no había sido el caso. Su paso acelerado se detuvo al girar una esquina, viendo un espectáculo horrendo, avanzando poco a poco con sus ojos bien abiertos.
Frente a la entrada de una casa había una pareja de grifos, los dos muertos, pero lo que le aterrorizo fue la imagen de dos niños pequeños a los que alguien les había arrancado las alas y las patas, y por sus expresiones, lo habían hecho con ellos vivos. Celestia reconoció a uno de los pequeños como uno que le había pedido tímidamente si quería jugar con él a la pelota, a lo que la princesa del sol acepto con gusto. Las lágrimas aparecieron en su rostro y se dejó caer, sin despegar la mirada del niño asesinado a sangre fría. Los guardias observaron preocupados a su princesa, que no se movió en mucho tiempo, hasta que al fin, habló.
- Traed al capitán Trevor y a Diana- dijo en una voz calmada, pero que aún así, dio escalofríos a sus guardias.
No tardaron mucho en llegar junto a Trevor, que se inclino respetuosamente.
- Alteza, me alegro de...
- ¿Dónde está Diana?
- E... en la plaza, su majestad- dijo Trevor un tanto inquieto, algo sonaba muy mal en su princesa.
- ¿Fueron súper soldados?
- Si, alteza.
- ¿Cuántos civiles han sobrevivido?
- Desgraciadamente, sólo los que vivían en la plaza, los encargados de matarlos fueron detenidos por Diana.
Levantándose, la princesa empezó a caminar hacia la plaza, sin mirar a Trevor, cosa que le puso más nervioso aún. En el centro del pueblo, pudieron ver a varios civiles fuera de sus hogares, llorando amargamente, y los soldados supervivientes, apenas 80, reagrupándose. Frente al bar, estaba Diana ayudando a tratar a varios heridos, pero lo dejó en cuanto vio a la alicornio acercarse.
- Hola, princesa.
- ¿Se sabe quién es el responsable?- dijo sin molestarse en saludar a la amazona, algo que llegaba a comprender.
- Sospechamos del general Cratar, alteza- dijo Trevor, algo nervioso por la actitud de su princesa.- El era quien le daba su presupuesto e instalaciones a la doctora veneno.
- ¿Sabemos dónde está su base?
- No, alteza, nosotros...
- A 15 kilómetros de aquí- dijo una voz que se acercaba.
Era el mismo grifo que Diana había atrapado en el laboratorio secreto, que se acercaba decidido, aunque se acobardo un poco al ver la fría mirada de Celestia sobre el.
- El... el general Cratar ordenó que en cuanto los súper soldados estuvieran listos, los mandaran a esa base para ser equipados correctamente y hacer una demostración al resto de generales y al emperador.
- Muchas gracias, ¿qué quieres a cambio de tu colaboración?- dijo Celestia, aún con ese tono gélido que tanto ponía de los nervios a Trevor y sus solados cercanos.
- Me basta con ser admitido en su ejército y que me otorguen la ciudadanía ecuestre. No me queda nada en el Imperio Grifo, y sería ejecutado por traición.
- Que así sea- dijo antes de mirar a uno de sus guardias, que indicó al grifo que lo siguiera para ingresarlo en las filas ecuestres con el capitán del escuadrón, antes de girarse a Trevor y Diana.- Quiero que ustedes dos y su equipo me acompañen, vamos a acabar con esto.
Los dos asintieron, viendo a la princesa acercarse a su carruaje, momento en el que aprovecharon para mirarse entre ellos. No podían evitar la sensación de que algo horrible iba a suceder.
Cuando faltaba poco para el amanecer, pudieron ver la base militar cerca de un bosque, en una gran llanura, por lo que aterrizaron a una gran distancia entre los árboles. Celestia se alejo unos pasos sólo para traer el nuevo día, y la amazona pudo escucharla cantar una nana para dormir mientras hacía caer la luna. Pese a que eso pareció relajarla, una vez terminó, su furia pareció reflotar, empezando a caminar a paso rápido a través de los árboles, ordenando con un grito dejar el carruaje, pues llevarlo por allí solo los estorbaría. Cuando el sol alcanzó su punto más alto, el escuadrón de soldados se detuvo en lo alto de una pequeña colina, viendo la base a lo lejos.
- Quedaos aquí, iré a hablar con ese Cratar personalmente.
- Pero alteza...- dijo uno de los guardias, escogiéndose al ver la mirada de su princesa sobre el.
- ¡Es una orden!
Todos los presentes, a excepción de Diana, retrocedieron algo asustados. La amazona, por otra parte, vio un cambio sutil en la princesa, uno que no se apreciaba a simple vista. A parte de su clara furia, la desaparición de su tono alegre y calmado, sus ojos, antes llenos de paz y amor, ahora estaban llenos de odio. Eso sin mencionar que su color había pasado de un rosa calmado, a un furioso naranja, igual que las llamas más ardientes del infierno. Estando segura de que nadie la detendría, la princesa Celestia se dirigió a la base dispuesta a enseñarle una lección al general Cratar y mostrarle a todos y cada uno de los países porque no debían probocar su furia, haciéndoles ver que lo mejor sería rendirse.
En la puerta de la gran valla que rodeaba el complejo, dos grifos hacían guardia, algo bastante aburrido, pero alguien debía hacerlo. Uno de ellos observo algo a la distancia, algo que venía del bosque y se acercaba a paso lento. Pronto, llegó al camino de tierra que llevaba directo a ellos, mostrándose como el poni más grande que habían visto en su vida. Los dos apuntaron nerviosos al extraño invitado, que al acercarse, se rebeló como la alicornio que ellos sabían que era la gobernante de Ecuestria.
- Solicito audiencia con el general Cratar sobre un ataque a un pueblo a 15 kilómetros de aquí. Díganle que se que fue él.
Los dos se miraron entre sí antes de que uno entrara al complejo. Media hora después, volvió con veinte guardias, algunos ponis, que se encogieron al ver a la que gobernaba sobre su especie. Tras colocarle un anillo inhibidor en el cuerno y varias cadenas que sujetaran bien sus alas al cuerpo, la ecoltaron hacia la base. Celestia pudo ver un almacén gigantesco, lleno con varios cañones antiaéreos y un centenar de soldados vestidos tal como le describió el capitán Trevor, súper soldados. La princesa sintió la ira arremolinarse en su interior, pero se contuvo. "Aún no, primero Cratar". Subieron varios pisos y pasaron diversos pasillos hasta entrar a una habitación con una mesa frente a ella. La llevaron al asiento frente a la puerta y la dejaron allí, esperando. Veinte minutos después, un grifo de pelaje rojizo y vestido con una chaqueta llena de medallas de guerra entró en la estancia, con un unicornio detrás que llevaba una tetera y dos tazas en su magia. El grifo se sentó frente a Celestia y permitió al poni preparar el té antes de saludar e irse por donde había venido.
- ¿Te gusta?- dijo, hablando en ecuestre pero con un acento griffin muy marcado, señalando el té mientras tomaba su propia taza.- Tengo entendido que te encanta el té.
El naranja en los ojos de la alicornio, que el grifo juraba que antes eran rosados, brillo antes de centrarse en su taza, tomarla con su casco derecho y tomar un sorbo.
- Esta bien, gracias.
- Bueno, supongo que esta aquí por mi prueba con mis súper soldados- eso hizo que Celestia se detuviera y lo mirara fijamente, haciendo que algo en lo más profundo de su mente le dijera que corriera lo más lejos posible.
- Así es...
- Entonces sabrás que no tienes posibilidades, princesa. Así que, te diré las condiciones para tu rendición, que proclamarás ante las naciones y...
- No vine para eso... Vine para demostrarte porque no me debes enfadar, general. Atacaste a un pueblo pacífico, ordenaste matar inocentes, y entre ellos habían niños.
- ¿Y?- dijo Cratar con indiferencia, aunque algo se removió en su interior al ver que la crin de la alicornio se movía un poco más rápido.- No puedes hacer mucho, tus alas están firmemente atadas y tienes un anillo inhibidor en el cuerno. Estas indefensa, princesa, no trates de dar miedo, porque no lo das. ¿Tú, la princesa qué desea desarmar a sus ejércitos porque las armas de fuego son horribles? ¿Tú, qué pones como prioridad proteger inocentes que luchar con tus enemigos? No me hagas reír.
Celestia cerró sus ojos, tratando de calmarse, bebiendo un sorbo de té, antes de volver a abrirlos. Para asombro de Cratar, estos tenían ahora una iris draconiana, algo muy inquietante.
- ¿Le gusta la historia, general?
- ¿Qué...?
- Dígame, ¿sabe cómo se decía "guerrero" en griffin antiguo?
El general Cratar frunció el ceño antes de encogerse de hombros. Estaba acabada, ¿por qué no satisfacer su deseo? Arrugó la frente en concentración, tartando de recordar, algo complicado con el calor que estaba empezando a hacer, ¿desde cuando hacía tanto calor? Estaban cerca del invierno.
- Calir... Calista... Caelestis...- los ojos del grifo se abrieron al notar lo extrañamente paracido que era al nombre de la princesa ante él, en cuanto a Celestia, se mantuvo tranquila, bebiendo su té.
- Si general, esa palabra la nombraron en mi honor, antes tenía otro nombre, pero lo cambiaron al conocerme. Ahora, siguiente pregunta, ¿qué habilidades tiene un alicornio?
- Esto...
- Déjame responder por ti, tienen la fuerza de un terrestre...
Al momento, sus alas se expandieron y destrozaron las cadenas, asustando a Cratar, que se alejo tirando su silla.
-... la magia de un unicornio...
Su cuerno se iluminó y la tetera se alzó en el aura de Celestia, que aún tenía el anillo inhibidor, y cuando se lleno la taza, esta floto a los labios de la princesa, para después volver a la mesa.
-... y la agilidad y...
Celestia desapareció en un borrón, y el general sintió a alguien tocarle el hombro, pero cuando se dio la vuelta, no había nadie. Al girarse, la princesa estaba allí, tranquilamente, como si no se hubiera movido.
-... la velocidad de un pegaso, todo, aumentado mil veces. Al menos, es así en un alicornio tan anciano como yo.
Celestia observo al general con esos ojos draconianos y una sonrisa, y para su horror, pudo ver un par de colmillos empezar a crecer en su rostro. A la par de esto, el anillo se derritio, convirtiéndose en metal fundido y cayendo por su pelaje.
- General, has logrado algo que ni siquiera Discord logró, enfadarme. Quisiste tomarme el pelo, quisiste aprovecharte de mi amabilidad, bien... Pues aquí están las consecuencias.
La crin de la princesa, que hasta ese momento se había estado moviendo como loca, estalló en llamas, su peto dorado paso a estar al rojo vivo y su joya se sustituyó por la imagen de un sol llameamte y furioso, su corona sencilla se transformó en la de una reina, con una joya tan roja como el fuego más ardiente. La alicornio miró divertida el terror en los ojos de Cratar, degustándolo con placer.
- ¿P... princesa... C... Celestia...?
- No... Celestia ha dejado de existir, de la bienvenida a... Daybreaker.
La recién nombrada como Daybreaker sonrió con maldad, alzando su taza y dando un sorbo, aún mirándolo detrás del borde.
- Por cierto, empieza a correr, tienes hasta que me termine mi té.
Cratar abrió la puerta y empezó a correr por los pasillos, apartando a todo aquel en su camino de un empujón, sin molestarse en explicar nada. En cuanto a Daybreaker, se terminó su bebida en el instante en que dos grifos entraban en la habitación, queriendo saber porque su general había huido así. Se quedaron un tanto sorprendidos al ver el nuevo aspecto de la alicornio, que se levantó y vio a los soldados apuntarla con armas, haciendo que sonriera, con una sonrisa macabra y cruel.
- Oh, nooo... Me están apuntando con armas, ¿qué voy a hacer? ¡Pobre de miii!- dijo mientras se llevaba el casco derecho a la frente, fingiendo, muy malamente, ser una pobre damisela en apuros.
Los soldados se miraron entre sí antes de disparar, pero antes de que las balas siquiera llegaran a su piel, primero se pusieron al rojo vivo, y después se desintegraron en cenizas. Daybreaker avanzó sonriente, sacando del camino la mesa al estamparla contra la pared, observando a los dos grifos con malicia. Estos trataron de huir, pero la cercanía de la diosa del sol enfurecida provocó que empezaran a arder, volviéndose completamente de un color negro ceniza, en apenas unos segundos.
- Vaya, se me han roto...- dijo Daybreaker con una risitas antes de rozarlos con sus alas, a lo que se deshacieron en cenizas.
Salió de la habitación y vio a varios soldados y científicos viéndola confusos y, a la vez, con miedo. Sonriendo enormemente, la princesa empezó a avanzar, riendo al ver a los grifos apuntarla con sus armas. Se sentía divinamente bien, más viva que nunca, pero una pequeña parte de ella se horrorizaba al ver lo que estaba haciendo, pero esta empezó a desaparecer bajo la presencia de una Celestia más fuerte, una que no se dejaría insultar por otros. Usando su magia, provocó que los soldados que la apuntaban sintieran el fuego quemar sus entrañas, derritiendo sus músculos y piel, gritando de dolor en sus últimos momentos.
Pasando junto a los científicos, que se habían arrodillado en señal de rendición y respeto, la alicornio los observo, pensando que hacer con ellos. Una parte decían que debía dejarles ir, pero otra más fuerte argumento que debía dar ejemplo. Con una sonrisa macabra, iluminó su cuerno, realizando un hechizo poderoso y prohibido, empezando a caminar mientras escuchaba los gritos de dolor y terror en sus víctimas al sentir su piel desprenderse por si sola. Tras pasar por varios pasillos, matando a todo aquel que se encontraba en su camino, se topo con una puerta que, al aproximarse la señora del día, se derritio. Al salir, se encontró en una pasarela que daba al almacén, viendo a Cratar corriendo por su vida, girando su cabeza y observando con horror a la alicornio.
- ¡¡MATADLA!!
Los allí presentes vieron a la alicornio confusos antes de empezar a disparar, pero como con las anteriores, toda bala que se acercaba se convertía en cenizas. Extendiendo sus alas, alzó el vuelo y se lanzó a uno de los súper soldados, a tal velocidad, que uno no podía verla con claridad. Al aterrizar, aplastó por completo la cabeza del soldado, mirando sonriente a los otros, que se preparaban para pelear. Pero Daybreaker no pensaba gastar su tiempo, por lo que abrió sus alas y expandió un campo de energía que pulverizo a todo aquel dentro de su rango. Escudriñando la sala, vio al general a medio camino de la salida, algo que sólo le hizo reír.
- ¿A dónde va, general? ¿No decía que no daba miedo?
En un borrón, la princesa apareció frente al general, que se cayó hacia atrás de terror, arrastrándose lejos de ella.
- Bu- dijo la alicornio sonriendo.- Ha sido muy lento.
Con velocidad, colocó su casco derecho sobre la pata trasera izquierda del general, aplastándola bajo su peso y provocando un grito de dolor que sólo hizo reír a la princesa. Alzó el casco izquierdo y repitió el proceso con la otra pata, apartándose luego y viendo con diversión como Cratar trataba de alejarse a duras penas.
- ¿Aún piensa que puede huir?
La alicornio camino tranquilamente hasta su cabeza, colocando su casco sobre esta y dejando caer su peso. Mientras se limpiaba la sangre en la chaqueta del cadáver, las orejas de la princesa se movieron a la izquierda, detectando un sollozo. Al mirar en esa dirección, vio un antiaéreo apoyado contra la pared, y supo que quien sea que hiciera ese ruido, estaba detrás. Avanzando lentamente, se colocó frente al arma, agarrándola con un casco y expulsándola al otro lado de la sala con un simple movimiento. Ahí, acurrucándose e intentando no hacer ruido, estaba la unicornio conocida como la doctora veneno, observando aterrorizada el rostro alegre de Daybreaker.
- Mira que tenemos aquí, Diana se alegrará de verte. Estoy segura de que querrá unas palabras contigo por casi matar a su novio.
Agarrando a la yegua con su magia, extendió sus alas y alzó el vuelo destrozando el techo, sin importarle los arazaños que tuviera su pasajera. En apenas unos segundos, aterrizó con gran fuerza frente a sus guardias, Trevor, Shoot, Show, Kirak y Diana, que observaron confusos y con algo de miedo a la alicornio.
- Hola, Diana, mira que te he traído- dijo mientras acercaba a la unicornio a la amazona, dejándola caer frente a sus cascos.- La yegua que creo el gas, el suero de los súper soldados y casi mata a tu chico. Disfruta matándola.
Con esas palabras, se giro al ver la base, creando una cúpula a su alrededor. En cuanto a Diana, paso su mirada de la muy aterrada doctora Maru a la alicornio, confusa.
- ¿Princesa Celes...?
- Ya no me llamo así- dijo la alicornio mientras observaba la base distante.- Celestia era débil, demasiado amable, y por ello, morían inocentes. Pero se acabó, hoy muere la era de Celestia y nace una nueva, la era de Daybreaker... Emperatriz Daybreaker... Me gusta como suena.
Con una sonrisa, Daybreaker observo la base, que en un segundo estaba tranquila, a excepción de las alarmas, y al siguiente, estalló en llamas. El sonido del metal derretirse y convarse ante el calor se escucho en la llanura, pero de fondo, estaban los gritos de las pobres almas atrapadas en el fuego, tanto de soldados, como de prisioneros de guerra. La alicornio se giro para ver con una ceja alzada a la unicornio aún viva.
- ¿No la vas a matar? ¿Quieres qué te ayude?
Frunciendo el ceño, Diana se colocó entre la yegua aterrorizada y la alicornio enloquecida.
- No, no vas a matarla. Será juzgada por sus crímenes y...
- Como quieras, es tu regalo, has lo que quieras con el- dijo con indiferencia antes de volver a girarse.- Capitán Trevor.
- ¿S... si? ¿Alteza?
- Prepara a tu equipo y a mis guardias, vamos a marchar a la capital del Imperio Grifo. Puede que pida refuerzos, tengo que dar una gran entrada, y con solo quinientos soldados no se puede. Debo mostrar a mis nuevos súbditos la grandeza de su emperatriz.
- ¿Cómo?- dijo Diana, nada contenta con el rumbo que estaba tomando.
- ¿No es obvio? El emperador de estas tierras está hambriento de territorios. Basta una provocación mínima para que quiera empezar una nueva guerra y amenace a los inocentes otra vez. La única forma de evitarlo, es conquistarlos, estas tierras tendrán una mejor gobernante conmigo.
- ¿Y si los grifos no te quieren como gobernante?
- Lo querrán... o sufrirán las consecuencias.
Diana observo a la alicornio renombrada como Daybreaker, centrándose luego en los presentes. Salvo Trevor, que se había quedado cerca de ella, el resto habían retrocedido unos cuantos pasos. No podía permitir que está nueva emperatriz cumpliera sus objetivos, pero tampoco quería luchar con ella. Avanzando, pensó en alguna manera de tratar de hacerla entrar en razón.
- ¿Y piensas gobernar a tus súbditos a través del miedo?
- Por supuesto que no- dijo Daybreaker mirándola girando un poco la cabeza, mostrando un único ojo.- Puede que aquellos que me desafíen probarán mi ira, pero a los que muestren su lealtad, verán el amor de su emperatriz.
- Cosa difícil, la verdad. No creo que vean con buenos ojos lo sanguinaria que es su gobernante.
Daybreaker la miro fijamente mientras se daba la vuelta y se acercaba. En los lugares donde pisaba, el césped se quemaba, las flores cercanas se marchitaban antes de arder. La inmensa alicornio extendió las alas y se alzó en todo su esplendor sobre Diana, que se mantuvo firme.
- ¿Estas insinuando qué te opones a mí gobierno? Ten cuidado amazona, puede que seas más fuerte que cualquiera de tus congéneres, pero no estás a mi nivel. Las Amazonas seréis poderosas, pero no os comparais a los dioses.
Un trueno rugio en la distancia y el cielo se cubrió de nubes, pero ninguna de estas oculto el brillante sol, que ahora refulgia con más fuerza que nunca y hacia que todos bajo su luz sintieran un calor sofocante digno del desierto más letal. Pero Diana se mantuvo en su sitio, dando un paso adelante y sacando una risa en Daybreaker.
- Solo te digo la verdad, mira a tus guardias y soldados. Tan leales... y te tienen pavor.
Daybreaker paso la mirada por los mencionados, que retrocedieron asustados, incluso Trevor retrocedió. La alicornio gruñó y volvió a mirar a la amazona.
- Mientes.
Diana sonrió, porque a pesar de todo, vio un cambio sutil pero importante en Daybreaker, sus ojos dejaron de ser draconianos. Agarró su lazo de la verdad y lo desplegó, aún sonriendo.
- ¿Por qué no les preguntamos?
Giro la cabeza y observo al grupo, y de entre todos, Trevor fue el que avanzó, permitiendo que le rodearan con el lazo.
- ¿Qué piensas de tu gobernante?
Trevor observo a la autonombrada como Daybreaker, que le observo detenidamente, tragando saliva en consecuencia.
- Honestamente, antes la veía con respeto y admiración. Ahora... preferiría estar frente a una manada de timberwolves o estar apresado por los grifos.
Diana soltó el lazo y empezó a enrrollarlo mientras miraba a Daybreaker, que no quito su vista del terrestre. Poco a poco, su mirada se pasó por el resto, que retrocedían, temerosos de despertar su ira. La amazona sonrió, pues vio que el ojo derecho de la alicornio empezaba a volverse rosado. No obstante, la emperatriz del sol gruño y miró a la yegua con odio.
- ¡Ese lazo miente!
- Es el lazo de Hestia, diseñado para sacar la verdad, ¿cómo va a hacer lo contrario a su propósito?
- ¡Silencio!
La alicornio alzó el vuelo al tiempo que las nubes empezaban a sacar rayos y a moverse con furia, pero el sol seguía siendo visible.
- ¡Es mentira! ¡Mis súbditos me aman! ¡Yo les traeré paz! ¡Y tú, amazona, sufrirás por querer poner en mi contra a mis ponis!
En la llanura a lo lejos, se vio como del cielo descendían tornados que empezaron a generar rayos que salían en todas direcciones. Pero Diana se mantuvo firme, observando a Daybreaker, que estaba furiosa.
- ¡Puedes engañarte todo lo que quieras, pero sabes que tengo razón!- grito la amazona.
En lo profundo de la mente de la alicornio llameante, aún dormida, una voz resonó, tratando de tomar nuevamente el control. "Deja en paz a mis ponis". Daybreaker se llevó ambos cascos a la cabeza y cerró sus ojos con fuerza.
- ¡Basta! ¡Yo tengo el control! ¡YO! ¡TÚ ERES DÉBIL!
- ¡Princesa, por favor, esta no es usted!- grito Trevor desde la distancia, armándose de valor.
A su voz se le unieron la del resto de sus leales soldados, todos deseando que su amada princesa volviera a ser la fuente de amabilidad que era. Daybreaker trato de bloquear esas voces, ¿es qué no entendían que ella era mejor que esa inútil? ¿Es qué no veían su superioridad? La voz en su interior se volvió aún más fuerte, reforzando sus esfuerzos por retomar el control de su cuerpo.
- ¡SILENCIO!- grito la alicornio en desesperación.
Al final, se retrajo a una bola, cerrando las alas sobre sí misma, siendo lo único visible su crin y cola en llamas. Abriéandolas rápidamente, un campo de magia dorada se extendió desde su cuerpo, trayendo una sensación de paz y calidez propias de un agradable día de verano, las nubes y los tornados desaparecieron, la cúpula en la base se desmoronó y sus llamas se apagaron de inmediato. El sol apago un poco su brillo y su potencia, dejando de extender tanto calor. En cuanto a la alicornio, había vuelto a la normalidad, tanto su crin, como sus joyas y corona, descendiendo lentamente. Al tocar tierra, se permitió acostarse, con una expresión de cansancio en el rostro, que para alivio de todos, volvía a ser amable.
- Gracias... Diana...
