—No… — Ronnie retiró su rostro. —No puedo aprovecharme de esto. —

Ronnie se acomodó a un lado de Lincoln para seguir con su plática antes de que el padre de Lincoln viniera a recogerlo. Tal vez fue suerte para ella que ningún miembro de su familia estuviera presente cuando llegó, sería algo muy difícil de explicar.

— ¿Sucede algo? — preguntó Lincoln al ya no sentir a Ronnie delante de él, sino a un costado de su hombro.

La chica suspiró. —Solo… Solo es difícil de digerir. —

—No tienes por qué… escucha, esto también es complicado para mí, pero… no es algo por lo que también debas mortificarte, ¿entiendes? Trato de llevar esto lo mejor que puedo… — el silencio reinó por unos segundos solo interrumpido por la bocina de Vanzilla.

—Parece que es tu papá, Lincoln. Ven déjame ayudarte. —

—Uh… gracias, Ronnie. — Lincoln sonrío mientras Ronnie Anne lo llevaba de la mano hasta la salida.

Ya afuera, Ronnie pudo ver que el señor y la señora Loud esperaban afuera del auto. Rita se acercó en su dirección saludando a ambos chicos.

— ¿Cómo te fue en la escuela, querido? — preguntó Rita tomando la mano de Lincoln. —Gracias por pasar tiempo con mi hijo Ronnie, eres de mucha ayuda… en serio. —

—Jejeje. — Ronnie se avergonzó un poco moviendo su pie. —No hay de qué. —

—En verdad te lo agradecemos. — mencionó el padre de Lincoln.

—Adiós, Ronnie. — se despidió el chico.

— ¡Sí, nos vemos ma-! — Ronnie se tapó con la boca con rapidez. —L-Lo siento, no quise… —

—No te preocupes, solo fue un pequeño descuido. — le dijo la madre de Lincoln.

—… — Lincoln se quedó pensativo.

Los padres Loud se vieron para despedirse una vez más de la chica latina. Rita subió a Lincoln en la parte trasera de Vanzilla y se sentó a un lado de él mientras el señor Loud era quien conducía hacia su residencia.

Era de noche cuando Lincoln fue dejado en su habitación. Rita caminó a su cuarto luego de haber cerrado la puerta de Lincoln. Las chicas estaban dormidas… la mayoría. Luan se quedó aún despierta esperando por Lincoln. Cuando vio a Vanzilla llegar, corrió de inmediato a su habitación, y luego de varios minutos al fin salió y se dirigió a la habitación de Lincoln.

Lincoln se encontraba jugando con sus manos mientras repasaba lo que la señorita DiMartino le había mostrado hoy en clases. Fue una clase complicada, no era muy sencillo leer con tus manos y luego juntar todo en tu cabeza para poder saber qué es lo que dice el Braille. El chico suspiró llevando sus manos a su cara mientras abría sus ojos lo más que podía, con algo de dolor dejó su rostro para volver a dar otro largo suspiro.

Luan, delante de la puerta blanca, inquieta y temerosa toca una vez en la delgada madera. No suficiente con el primer toque, sentía que estaba llamando a la puerta de su verdugo. ¿Tal vez la muerte la perdonaría? No, no lo haría, no debe compensar un mal con un desastre. Intentó tocar nuevamente, esta vez, con más fuerza.

—C-Creo que es una mala idea. — al momento de dar un paso atrás, ella pudo escuchar las voz de su hermano.

— ¿Quién? ¿Mamá, eres tú? — escuchó Luan desde el pasillo.

—Ah… ah…— las palabras no se formaron, como si no pudiera hablar. ¿Se habrá olvidado de cómo hablar o solo es miedo?

— ¿Luan? — la chica se sorprendió. — ¿Qué haces? —

—L-Lincoln… — llamó Luan tan débil como un susurro.

La distancia entre ella y la puerta se hacía más distante. Una luz inalcanzable, tan lejos que su camino no podía ser iluminada por esta. Luan trató de alcanzar la puerta pero esta se oscurecía cada vez más y más, hasta tal punto de verse perdida en la total oscuridad.

Dos puntos blancos aparecieron, no eran capaces de brillar pero eran lo suficientemente visibles como para que Luan los notará. Poco a poco todo volvía a tomar color y forma. Lincoln se encontraba entre el marco de la puerta y Luan anonadada al no poder decir nada.

— ¡Habla, Luan! ¡Habla! — se exigía la chica.

— ¿Qué sucede Luan? — preguntó Lincoln al reconocer la débil voz. Luan dirigió su mirada al chico para ver que aquellas dos opacas luces desaparecieron.

Luan tomó aire y luego lo expulsó. —Tengo ganas de vomitar. — pensó Luan, su cuerpo le hacía señales o le estaba dando un castigo.

Luego de un repentino sollozo, Luan corrió hasta el baño entrando en él y cerrando la puerta de golpe, aunque el sonido no fue suficiente para levantar al resto de la familia. Lincoln escuchó el sonido de la puerta seguido de un débil llanto resonar en sus oídos.

— ¿Por qué está sufriendo? ¿Acaso no soy yo la víctima? — Lincoln cerró levemente la puerta.

Acostándose en su cama trató de olvidar el inquietante sonido que viene del baño. Lincoln está escuchando un bajo sollozo como si fuera un llanto de un niño.

Incluso tapando su boca, Luan era incapaz de disminuir el ruido que hacía al llorar. El baño no era el mejor lugar para ocultarse y menos para llorar. La temperatura era terrible, el sudor se hizo presente en su rostro al cabo de dos minutos.

— ¿Qué estás haciendo Luan? ¿El gato te comió la lengua? ¿¡Porqué no dices nada!? — decía ella con los labios temblorosos.

Otra vez estaba en un lugar oscuro, pero solo debía encender la bombilla del baño, pero Luan no quería, su vista ya se acostumbraba a la oscuridad, tanto así, que ya podía ver su reflejo en el espejo.

— ¿Debería parar? — mencionó Luan pasando su mano por su mejillas húmedas. — No merezco nada… nada. —

Los días después de la hospitalización de Lincoln, su hermana Luan, comenzó a tener ataques de ansiedad cada noche intentando controlarse lo más que ponía para no molestar el sueño de Luna. Esto también le provocaba insomnio, pérdida de apetito y su autoestima había bajado considerablemente por algún tiempo. De por sí, Lori y Luna la quisieron ayudar, funcionó por una semana, pero todo fue de mal en peor cuando escuchó que su hermano estaba ciego… ciego por su culpa… ella planeó todo… no se detuvo… siguió… siguió… y siguió… y lastimó a su familia.

—Una disculpa no será suficiente… tal vez… ¿si también pierdo algo, puede que me perdone? — Luan se vio en el espejo otra vez, sus ojos llorosos y cansados le hicieron pensar.

Abrió su boca sacando la lengua lo más que podía. —Solo tal vez… — pensó algo asustada.

Si Lincoln ya no puede ver, lo más justo es que ella ya no pueda hablar. Cerrando los ojos Luan cerró la boca con su lengua afuera, el acto hizo que su lengua comenzará a sangrar. El dolor la hizo llorar otra vez, ahora tenía un pequeño corte en la lengua, pero no era suficiente. Lo que está haciendo Luan es irracional, escapa de todo pensamiento normal, ¿pero es ella normal? Si algo es seguro, Luan está siendo una total estúpida.

En la segunda mordida, más sangre salió, decidida a dar el tercer intento, tocan a la puerta. Luan se asustó dando un paso en falso cayéndose de espalda en el piso. Luan comenzó ahogarse en su propia sangre con un cuerpo adolorido, no fue hasta que Lincoln abrió la puerta.

— ¿¡Luan, qué está pasando!? — preguntó Lincoln algo irritado.

No respondió.

— ¿Luan? — Lincoln dio un paso más adentro.

No respondió.

Lincoln sintió que piso un bulto. Bajó su cuerpo para poder tocar con sus manos que era eso, sentía claramente las piernas de su hermana, en su pijama, algunas partes se sentían húmedas.

— ¿Lágrimas? — Lincoln siguió ya un poco preocupado de por qué Luan estaba tumbada en el piso del baño.

Lincoln puso sus manos detrás de la espalda de Luan para poder levantarla, cuando hizo esto, escuchó la repentina tos de Luan. Lincoln no dijo nada cuando sintió que algo había salpicado en su cara.

—L-L-Lin… — parecía un niño intentando hablar luego de un año de nacido.

— ¿Qué es esto? — el rostro de Lincoln se disgustó al oler sangre. — ¡¿Qué demonios, Luan?! — gritó Lincoln.

— M-Mi... Uh... d-d-disculpa. — tratando de hablar, gimió de dolor.

— ¿Disculpa? — Lincoln pensó lo que Luan le dijo para después reír hilarante. — ¿Piensas que necesito tu dolor? —

—Y-Yo... Yo. —

— ¡Eres una estúpida Luan! — Luan abrió los ojos con sorpresa. — No necesito el dolor ajeno para aceptar una disculpa. ¡No soy un maldito cínico, Luan! —

Luan aún tenía sangre brotando del corte de su lengua. Lincoln sintió como las fuerzas de Luan se iban cada vez más.

— ¿Luan…? ¡Despierta! — Luan se movió entre los brazos de Lincoln.

Luan era pesada, pero Lincoln pudo llevarla afuera del baño. Con sus pocas fuerzas, Luan se puso de pie viendo a Lincoln. Este chico tenía manchas de sangre en su rostro y ropa.

—Voy a llamar a papá. Quédate aquí. — Lincoln se dirigió hasta la habitación de sus padres para llamarlos, pero no hizo falta.

Los gritos de Lincoln en el baño ya habían alertado a sus padres mucho antes al igual que unas de sus hermanas. Lori se encontraba en la pequeña abertura de su puerta viendo en el pasillo. El señor Lynn tomó a su hija Luan llevándola hasta la cocina mientras que Rita se encargaba de Lincoln.

El estrés de Luan se acumuló hasta el día siguiente donde fue llevada al hospital para que sea revisada.

— ¿Cómo fue que te cortaste así la lengua, Luan? — preguntó preocupado su padre.

—L-Lo siento. — dijo entre balbuceos.

Lynn señor suspiró llevando a su hija de nuevo a la casa. Los cortes eran muy graves, sino fueran sido tratados antes, causaría infección o hemorragias internas, si fuera el caso de haberse cortado de gravedad.

Tal vez Luan no lo pensó, pero en cierta manera estaba en lo correcto, sin su lengua sería más difícil hablar a tal punto de ser imposible, pero también lleva a serios problemas, incluso más que los anteriores mencionados. Y sin un cuidado exhaustivo, conllevaría a la muerte.

— ¿Quién es el culpable? — se preguntaba Lincoln en la escuela después de aquella noche. —Soy yo el que debo vivir así, ¿no es así? No ver a mis amigos, no ver mis cómics favoritos… cuando acabe mis días de ser un niño, ¿qué se supone que haré de adulto, con este problema? ¿Llorar? A mí me toca que ser fuerte, entonces… entonces… ¡¿por qué diantres son ellas las que actúan de esa manera?! ¡No perdieron nada! ¡Yo sí! Entonces dejen de actuar como si lo lamentaron. — Lincoln está muy molesto. Sus hermanas parecen que aún no entienden nada de lo que sus acciones hacen.

Las clases empezaron, y como debía ser, Lincoln era acompañado por un maestro hasta su aula. Ahí, inició para él las clases de la maestra Agnes, y horas después llegaría la maestra sustituta DiMartino con actividades de enseñanza en Braille.

Fue un día lleno de pensamientos de preocupación y de enojo. No es difícil fingir normalidad cuando las demás personas lo hacen, pero… su familia no lo estaba poniendo fácil para él, en especial sus hermanas. Aunque quisiera, sabe que es imposible llevar un día a día en la casa Loud sin que haya un intento por parte de sus hermanas en querer hablar con él, pero las cosas iban más lejos. Con Luan entendió dos cosas, su familia es idiota y la otra, es que se están haciendo daño ellos mismos. Y a pesar de la actitud indiferente de Lincoln, lo hacían preocuparse por algo que no le incumbe, ellos debían… como sea, a Lincoln ya no le parece que su familia sea igual, se está cayendo trozo a trozo.

— ¿Esperan que yo recoja esos trozos? — Lincoln frunció el ceño. — No puedo estar cuidando de mi familia… pero si esto sigue así… ya no tendré familia. —

Luan no fue a la escuela por obvias razones, tenía que descansar y tratarse cada cierto tiempo las heridas que ella misma se causo. Se sentía tonta al tener que mentirle a su padre de que en realidad se había mordido por accidente al tratar de decir un difícil trabalenguas. Tal vez como era la comediante de la familia, su padre le creyó, o solo era otro tonto en la familia.

Atención o resentimiento, Luan necesita alguna de las dos. Ella sabe muy bien que su familia está así por su culpa, todo es obra suya, el plan, las bromas, la participación de sus hermanas, ¡todo! Todo lo ha hecho ella, cada problema lo ha comenzado ella pero siempre Lincoln la ayuda a solucionarlo. Pero Lincoln no está con ella, o incluso, es ella la que no debería estar aquí.

Luan miró a la pared recordando las palabras de Lincoln. Entonces se sintió peor, pensando que su dolor no bastaría como una disculpa.

Las lágrimas salieron con naturalidad, mojando la almohada de Luan. La chica no trató de contenerse, con un desgarrador llanto desvaneció aquel silencio que llenaba la habitación.

— ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento, Lincoln! ¡Lo siento tanto! — si pudiera llorar sangre, Luan lo haría.