OS 9. Fiesta Sorpresa

POV NARRADOR

-¿Noticias de Dagur?- preguntó Estoico cuando los chicos aterrizaron en Berk

-Ninguna, el tipo está desaparecido- respondió el líder

-Equipo A ¡Repórtense- gritó Patán, cuando estos llegaron se pusieron en posición firme –así me gusta, ahora el alma del equipo elite esta hambriento, resuélvanlo- decía, un golpe en la cabeza que hizo que su casco se bajara hasta los ojos hizo que soltara una queja de dolor

-No son tus sirvientes y no eres el alma del equipo, eres el miembro del que no nos podemos deshacer- lo molestaba Astrid –Pero ustedes, buena respuesta a la llamada, la próxima dejen al menos un miembro en el aire en caso de una trampa, ahora, regresen a sus labores- el equipo obedeció enseguida.

-Tiene talento- le decía Estoico a Hipo el cual asentía orgulloso de las habilidades de Astrid para llevar el equipo – ¿y que los trae por aquí?- preguntaba el jefe mientras comenzaba a caminar con Hipo hacia el Gran Salón

-Yo, tengo trabajo con Bocón, luego te cuento, Patapez vino por más cargas de granito, asegura que tiene mejor acabado el de Berk, y en sus palabras, siempre quieres un mejor acabado, Patán vino a lucirse con su padre como el jinete con más experiencia que él, Astrid aprovecha para entrenar al Equipo A, y los gemelos, bueno a los gemelos no los podía dejar solos en la Orilla- le explicaba el chico

-¿Cómo ha estado Astrid?- le preguntaba Estoico

-Es Astrid, sabe lidiar con el dolor concentrándose en trabajos, créeme que la Orilla nunca había estado tan segura y ordenada- respondía el líder de los jinetes mientras suspiraba

-¿Algo te preocupa?-

-Mañana cumple años, si fuera un año normal sabría cómo actuar, sabes, pero ahora mismo, ¿Qué hago?- decía preocupado el chico –si le hago una fiesta, estaría lo suficientemente distraída, pero a la vez se perfectamente que lo mucho que le gusta la soledad en esos momentos, pero no quiero dejarla sola... Thor-

-Hijo- le decía Estoico mientras ponía su mano en el hombro del estresado jinete –nadie en este mundo conoce mejor a esa chica que tú, y lo que hagas, estoy seguro que será lo correcto para ella-

Hipo asintió, después de un rato fue a la forja con Bocón

-Hola muchacho- le saludaba el apurado vikingo

-Por la mañana Bocón ¿lograste conseguirlos?-

-¿Con quién crees que estás hablando?... especialmente para ti- le decía mientras le entregaba un paquete

-Bien, hora de forjar- contestó el chico mientras se ponía su antiguo mandil de cuero y se disponía a trabajar.

Las horas pasaron, Bocón se fue a sus consultas como dentista de dragones e Hipo estaba concentrado en su trabajo, tanto que no notó que en esa forja había más de una persona

-¿Qué haces?- le dijo Brutacio mientras miraba sobre el hombro del chico el cual no pudo evitar saltar al notar su presencia

-¿Qué quieres?- preguntaba con los ojos en blanco

-Estamos aburridos- decía la otra hermana mientras miraba sobre el otro hombro y hacia que el jinete diera otro salto

-Bueno busquen que hacer- decía mientras tomaba el trozo de acero y lo llevaba al horno

-Eh Hipo- dijo Patapez entrando también

-Dime- le respondía concentrado en el fuego

-Sabes que mañana es el cumpleaños de Astrid... yo quería saber, bueno que planes tenemos-

-¿Kha?... mañana es su cumpleaños ¡- decía emocionado Brutacio –Prepárate hermana, tenemos mucho que planear-

-Te escucho- decía una concentrada Brutilda mientras tomaba un tintero y un papel, poco le importó que fueran planos de Bocón del próximo traga fuegos

-Esperen esperen, no habrá fiesta- dijo Hipo deteniéndolos –bueno no estoy seguro, chicos es muy reciente lo sus padres-

-Si, por eso necesita una fiesta- decía con tono obvio Brutilda

-Chicos, por favor solo no hagan un gran escándalo con esto hasta que decida que hacer- les ordenó el líder tratando de pensar en la mejor opción

-Amigo mío, déjame tranquilizar esa despeinada aunque suave cabecita ¿Qué shampoo usas?-decía mientras pasaba sus manos impactado sobre el cabello del chico -hermana siente esta suavidad-

-Suuuaaave- decía la hermana que también jugaba con el fastidiado ojiverde que después de unos segundos los empujo a los dos

-Lejos de esta línea, voy a forjar y el aceite se enciende- les decía mientras tomaba las pinzas y sacaba el metal del fuego

-Cómo te decía suave cabecita, reléjate, nosotros ya lo decidimos por ti...vamos hermana, tenemos mucho que planear y tan poco tiempo, chop chop andando- decía Brutacio mientras salían

-Asegúrate que no hagan una estupidez- le pidió Hipo a Patapez quien asintió.

Los gemelos fueron sacados del proyecto "fiesta de Astrid" casi enseguida de que comenzaron debido a que Estoico los castigó por las "pequeñas" modificaciones que estaban dispuestos a hacerle al Gran Salón para la fiesta.

Fueron entonces Patapez, Patán, Inga la madre Patapez, Estoico y Gustav los encargados de hacer para Astrid una de las mejores fiestas que habría visto Berk, la media noche les dio a los entusiasmados organizadores, avisaron puerta por puerta la fiesta secreta para Astrid, y todos estaban emocionados de ser parte de eso, al final, más allá de su carácter, la chica era amada por el pueblo.

El amanecer llegó y no había un solo habitante en esa isla que no estuviera haciendo algo para la fiesta, los jinetes decoraban grandes mantas para colgarlas en el Gran Salón, unos cocinaban un festín con la comida favorita de la rubia, Inga hacia un ponche de Yak decente, porque si Astrid tuvo una buena idea, una poco talentosa y penosa ejecución casi mata al mismo Hipo.

Hipo por su parte, desde muy temprano se encargó de despertar a la rubia e invitarla a volar con Tormenta mientras jugaban unas acalorabas y siempre cerradas competencias, Hipo busco el equilibrio entre un día normal y un día especial para ella, en algunos casos dejándola ganar y justificándolo como un regalo por su cumpleaños.

-Entonces cumpleañera ¿cuento contigo en el Gran Salón al atardecer?- le preguntaba el ojiverde

-Hipo...-

-Oye... será como todas las noches aquí, cenamos platicamos un rato y vamos a dormir, de verdad nada grande, el pueblo ni siquiera se va a enterar, solo no quiero que cenes sola ¿trato?- le estiró la mano

-Trato- dijo con los ojos en blanco mientras cerraba el trato con un apretón de manos

-Bueno, entonces te veo al atardecer, tengo algo que ir a la costa del norte- le decía montando de regreso a Chimuelo

-¿Espera a que?- le preguntó preocupada

-Johann tiene el metal que necesito para la nueva cola de Chimuelo, aprovecho que está cerca para ir-

-¿Quieres que te acompañe?- se ofreció

-No señorita, en su cumpleaños no va a ninguna misión, además, necesito que alguien proteja a Berk de los gemelos- bromeaba el chico para después salir volando.

La chica caminó por la parte sur de Berk, solo disfrutaba del sol, de las olas chocando con el mar, la brisa, el viento y la compañía de su dragona.

Se sentó un momento a respirar la paz, su vista se posó en el horizonte, entonces pudo notar un diminuto islote que estaba conectado con otros más.

-Una línea de defensa- dijo para sí con una sonrisa de lado mientras comenzó a volar con Tormenta a él.

-¿Listos todos?- preguntaba el líder cuando entraba al Gran Salón -el sol se está poniendo debe llegar ya-

Patapez saltaba con la misma emoción que Brutacio, Brutilda y Bocón, Patán se miraba al reflejo que le brindaba un escudo asegurándose de verse perfecto para Astrid, el equipo A estaba en posición, Estoico miraba con alegría el nerviosismo de su hijo. Todos estaban preparados y esperando ansiosos, y esperaron y esperaron, y siguieron esperando.

El sol definitivamente se había ido y preocupación del líder se hizo evidente

-Voy a buscarla, algo no anda bien- dijo Hipo mientras salía volando, la busco un rato hasta que llego a la parte sur de la isla y vio a Tormenta cargando algunos troncos –esto debe ser una broma-

Voló hacia la concentrada jinete y fingió aclararse la garganta.

-HIPO¡- grito sorprendida... -Ay Thor lo olvidé- decía mientras se acomodaba el flequillo

-Aterriza- le ordenó serio Hipo mientras se dirigía al centro del islote.

Ambos jinetes aterrizaron y los dragones se fueron a jugar

-Lo lamento, es que ve este lugar, es perfecto para una línea de defensa, y el tiempo... se me fue- decía tratando de excusarse al serio jinete

-Sabes... tienes pequeños tics que sé que incluso ni siquiera tú los notas, muerdes tu labio inferior cuando estas nerviosa ¿Cómo se cuándo estas a punto de atacar físicamente a Patán?, porque siempre te das unos segundos para tratar de tranquilizarte y lo haces cerrando el puño derecho, entrecierras los ojos apenas visiblemente cuando tratas de concentrarte mejor, cuentas tus pasos cuando tu mente no tiene nada en que estar ocupada y Hofferson, peinas tu flequillo cada vez que me mientes- Astrid encogió los hombros, no era un secreto para ella que Hipo la podía leer como un libro, y esta vez, se sintió por completo descubierta -¿Cómo lo supiste?- preguntó curioso mientras se sentaba en la orilla del islote e invitaba a la rubia a acompañarlo

-Los gemelos son muy obvios, llamé al Gustav y como no respondió fui a ver que estaba pasando en la academia y los pude ver pintando las mantas, ni siquiera se enteraron que estuve ahí, recuérdame regañarlos por eso- decía apenada Astrid –Hipo... no estoy lista- dijo entre murmuros Astrid

-Te entiendo, debí saberlo desde el comienzo, perdón, no debí dejar que eso continuara ni mucho menos unirme- le decía ya calmado

-¿Crees que me odien mucho?- preguntó cabizbaja la chica

-Tienen comida y una gran fiesta, créeme después de dos tarros de hidromiel, la invitada de honor va a ser lo de menos- decía poniéndose de pie y llamando a un Terror terrible

-¿Qué haces?- preguntó curiosa mientras veía al concentrado Hipo escribiendo y enviando al terror terrible

-Avisando que pueden comenzar, que no vamos- le decía tranquilo mientras regresaba a su lugar

-Hipo, no tienes que quedarte- le recordó la ojiazul

-Cierto, no tengo, el problema... es que, quiero, y tú sabes que soy muy terco así que no empieces- le advirtió Hipo, Astrid negó con la cabeza sonriendo encantada en secreto por eso –Oh espera- dijo sacando un sobre doblado de una de sus bolsas –recuerdas que fui con Johann, bueno, en realidad fui a recoger esto-

Astrid vio el sobre – ¿Heather?- la rubia desconcertada abrió el sobre y comenzó a leerlo.

As:

¿Creíste que me olvidaría de tu cumpleaños?, por supuesto que no rubia tonta si es el mismo día que encontré a Cizalladura, volverte a ver me ha llenado de orgullo al saber en lo que te has convertido.

Supe lo de tus padres, los rumores corren rápido cuando los grandes guerreros caen, hubiera amado darte un abrazo como mínimo, pero por ahora, no puedo. Espero que encuentres consuelo y paz.

Aférrate a quien tienes y a quienes te hacen bien.

Sé que este cumpleaños debe ser lo más agridulce de tu vida, pero eres Astrid Hofferson, sé que estarás bien.

Con cariño

Heather

PD: La próxima vez que te vea, espero que ya hayas dejado de perder el maldito tiempo, enserio no me quieres ver violenta.

Astrid esbozo una sonrisa enorme por aquella carta y limpio la discreta lagrima que se la había escapado. Hipo no preguntó de su contenido, respetaría sobre todas las cosas la intimidad de la ojiazul.

-Y ahora, el mío- dijo sorprendiéndola con una alargada cajita de madera decorada con un lazo azul en forma de moño

-¿Hipo?- dijo recibiéndola

-Feliz cumpleaños M'Lady- le decía sonriéndole nervioso por la reacción que tendría al verlo

Astrid lo abrió con curiosidad y cuidado –es hermoso- dijo acariciando con su dedo el maravilloso brazalete plateado con una piedra color jade en el centro

-Voltéalo- le decía el vikingo contento por la reacción de Astrid

-Eternos- leyó en voz alta mientras lo veía intrigada

-De las pocas cosas que pudieron recuperar de tus padres, estaban algunas joyas de Katla, un arete sin su pareja, y la espada de tu padre... tranquila, está intacta, solo tomé un poco de su empuñadura... así llevaras a tus padres siempre contigo-

-No sé qué decir- dijo la rubia mientras luchaba contra la cristalización de sus ojos

-No digas nada- le dijo tranquilo el chico mientras tomaba tal brazalete y se lo colocaba, le quedaba a la perfección.

Esa noche, Astrid tuvo el cumpleaños que necesitaba, sin nadie más que el castaño haciéndole compañía.