"La mayoría de las personas prefieren revelar los pecados de los demás."
Graham Greene
¿Quién está ahí? – Fue la primera frase que azoto a sus oídos tan ajenos a todo el ruido que pasaba a alrededor.
Soy Dante, el doctor que esta revisando tu caso – Aclaro su garganta al responder.
Que útil es su visita, necesito que me expliquen un par de cosas.
Usted dirá.
Depositó su cuerpo en la única silla acolchonada que estaba en la habitación y se dispuso a escucharla.
¿Quiero saber como llegue aquí? – mantenía los ojos tan fijos mientras hablaba, que apenas y se podía verla parpadear.
¿Quiere decir que no recuerda nada? – Curioso enfatizo ante aquella cuestión extraña.
No, no tengo ni la más mínima idea de cómo llegue aquí – sacudió su cabeza en modo de negación.
Se acomodo en aquella silla mientras se cuestionaba acerca de que tan prudente seria contarle sobre aquel encuentro, hasta que ella le sacudió con su voz.
No quiero mentiras – bravamente escupió aquello.
No pensaba mentiré, descuide – Mintió. - va en contra de mi ética profesional.
Entonces – se recostó. – Lo escucho.
Acababa de salir de una operación de riñón cuando me dispuse a detenerme a fumar en la calle "Bohemian" – Le interrumpió.
¿Fumar? – freno el prematuro relato. - ¿No se supone que usted aconseja sobre la calidad de vida?
En efecto. – menciono con rapidez – No aconsejo a mis pacientes consumir tabaco, pero mi vida es muy independiente de ello – se defendió – ¿Me permite continuar? – exclamo al no recibir respuesta.
Claro continúe.
Como le mencionaba ese día me detuve a fumar, además esperaba que la lluvia se disipara puesto que estaba demasiado agitada, así que conducir en esas condiciones no parecía de lo mas sensato. Permanecí ahí hasta que la cajetilla que conservaba termino por vaciarse, entonces me dispuse a buscar más, lo cual implicaba abandonar la comodidad de mi auto. – Le observaba con esmero tratando de encontrar una señal de emoción, pero parecía tan rígida como las muñecas de porcelana que había conservado de su madre – Caminaba sereno hasta que mis pies tuvieron contacto con usted.
Apretó nervioso la silla negra. Por supuesto no iba a contarle que esa noche sufría por la perdida de aquel paciente, ni mucho menos que estaba pensando en la cómoda idea de perecer joven
Entonces estaba en el suelo ¿Verdad?
Es, es correcto – afirmo aquello dudoso.
¿Había … había alguien más? – su voz se corto al preguntar y el rubio noto el miedo en su voz enseguida.
No… no al menos alguien que pudiera ver. La noche estaba muy oscura y la lluvia no ceso – dio apenas 3 pasos y se coloco a un lado de la camilla. – ¿Usted cree que alguien la llevo hasta ahí?
No lo sé, como he mencionado no recuerdo nada en absoluto – un tono de molestia y preocupación se plasmó en sus labios.
Discúlpeme, solo intento ayudarla a recordar. Debo decirle que sus lagunas mentales se deben a una lesión cerebral. Los estudios demuestran que su ceguera puede ser a causa de un golpe en la zona craneal que tal vez tuvo en alguna caída. – Leia la libreta de informes.
Una caída – se mofo de su diagnóstico. – Que absurdo.
¿Disculpe? – concentro sus ojos platas en ella dejando la libreta de lado.
Continúe con su informe, no es nada – Soltó una risa amarga.
El rubio permaneció en silencio unos minutos y decidió que seguiría con la teoría de que su estado se debía a un golpe o una caída. El reporte indicaba que entre sus ataques de pánico ella hablo sobre un revolver y como había sido agredida con el mismo, además de haber sido lanzada por las escaleras. Esas eran solo algunas de las atrocidades a las que se había enfrentado., sin embargo, aún no confesaba el nombre o los nombres de sus agresores.
La policía vendrá en un instante, puesto que por políticas debo registrar lo que paso – sobo su cien y sintió lo erizados que estaban los vellos de su nuca.
Les diré lo mismo que a usted, realmente no tengo nada más que decir – Colocó ambas manos en su rostro con fastidio.
Necesito que participe en esto. Se lo que es tener miedo, créame.
No tengo miedo.
Es evidente que lo tiene y no pretendo inmiscuirme en su pasado si no lo quiere así, pero necesito que de testimonio a la policía del suceso – agitado exclamo.
No respondió, se limitó a acurrucarse en la camilla. Camino hasta la cafetería que se encontraba más vacía de lo habitual. Pidió la bebida negra y se tiro en la mesa más escondida que encontró. Le había mentido al decirle que no se inmiscuiría en su pasado, ya que se encontraba determinado a encontrar a aquel o aquellos que le habían dejado aquella herida de bala en pier
