Están vivos, están aquí. Estoy aquí.

No podía verme, pero estaba segura de que tenían los ojos hinchados de tanto llorar. Y aún lo estaba haciendo.

Con algo de miedo toque el rostro de mi padre, que contaba con algunas arrugas en su frente, aún seguía con su cabello pelirrojo, largo y esponjoso, también su barba igual de roja. Mire a mi madre, y no pude evitar soltar un jadeo. Ella se veía igual desde la ulimta vez que la vi, solo que con el rostro algo hinchado por aver estado llorando.

—Estoy en casa.—Susurre, aferrandome más a ellos.

Estaba tan asustada, tenía miedo de enfrentarme a algo que no estaba segura de poder manejar. De gobernar, de dejar a los Titanes, a Robin.

Agradeci a X'Hal que ellos estuvieran ahora mismo abrazandome y que no estuviera imaginando todo esto.

Eso significaba que Blackfire estaba mintiendo, siempre lo había hecho. Me sentí tonta por haberle creído en un principio, pero gracias a esa gran mentira me había quitado la duda y al fin pude reencontrarme con mi familia.

—Te pareces tanto a tu madre.—Me reí entre lágrimas, porque era cierto.

Me separe de ellos momentanemante, recordando con quiénes habia vendio.

Voltee a ver a Robin con una sonrisa y corri a abrazalo, entre lagrimas me aferre también a su cuello y el tomo mi cintura.

—Gracias.—Dije entre sollozos.

Ahora no me importaba en lo absoluto estar llorando frente a el.

—No tienes que agradecer.—El acaricio mi cabello.

—Gracias a todos.—Extendi mi brazo y lo demas se metieron formando un abrazo.

Me separé de ellos, dejando un espacio entre mis padres y los Titanes.

—Padres, ellos son lo tirantes, titanes ellos son mis padres.—No pude evitar soltar una risita.

—Myand'r, Luand'r, Ryand'r.

Sonreí levemente al darme cuenta de que todos nuestros nombres temrinaban en "and'r", incluso Komand'r y Koriand'r.

—Yo soy Robin, lider de los Teen Titans, Raven, Chico Bestia y Cyborg.

Se quedaron en silencio, yo miré de reojo a Robin.

—Tienen que hacer una reverencia.—Murmure serca de su oído.

Abrieron los ojos en grande y lo próximo que hicieron fue inclinarse en señal de respeto hacia mi padre.

Myand'r dio un paso adelante y los hombres temblaron, ahora que están a unos pocos metros de distancia, se notaba la gran diferencia de altura y la masa muscular. El rostro serio de mi padre no ayudaba alivianar el ambiente.

—¿Usredes son lo que trajeron a mi hija devuelta?—Preguntó, firme.

Robin trago saliva ¿acaso tenía miedo?—Si, rey Myand'r.

Su semblante serio fue remplazado por una sonrisa y sus grandes brazos atrapo a los Titanes en un gran abrazo.

—Lo de no inmortales el espacio personal es ederitario.—Comento Raven, claramente incomoda.

Si supiera que al resto de los Tamaranenenos no conocen ese término.

...

Estábamos en el gran palacio. Al entrar me dio cierta nostalgia, los grandes pilares, largas escaleras, y cada decoración echa de puro oro. Las grandes alfombras, el piso tan balco que podías reflejar tu rostro y los miles de guardias que se mantenían firmes en su posición. Todo esto estuvo en mi corta infancia antes de ir hacia Okaara.

Y era extraño.

Estar tanto tiempo alejada de ellos, de mi cultura, me hacia sentir extraña. Las costumbres de la tierra tampoco ayudaban a que me sintiera cómoda estando con ellos.

No me veían como un pedazo de carne, o un objeto. Me observaban con respeto, incluso si no me conocían, porque sabían que algún día yo gobernaría. Confiaban en mi, incluso más que cualquier otra persona.

Llegamos a una puerta blanca con decoraciones azuladas. Mi padre la abrió, mostrando un cuarto quizás más grande que la sala en común de la torre T. Tenia un gran ventana, que daba vista directa a la gran ciudad, las cortinas de terciopelo se extendían alrrededor, en el centro estaba la cama que era cubierta por un velo, el piso decorado con una gran alfombra y varios muebles llenando el espacio.

—Nada cambio.—Dije, entrando al cuarto.

—Todo cambio, hija.—Susurro, pasando una mano por detrás de mi oreja.

—¿Me extrañarte?—Lo mire.

Una sensación de vacío me inundó, me sentía feliz, pero algo faltaba.

—Todos los días desde que te fuiste.—Cerro los ojos, el no fue capaz de sonreír.—No pude dejar de pensar que fue mi culpa...

—No-...nunca fue tu culpa, ni de mamá. No es culpa de nadie...

No sabia que decir, quería mencionar a Blackfire, pero no tuve la suficiente valentía.

—Yo...una modesta cena nos espera, será mejor que te prepares.—Menciono antes de retirarse, dejando a tres sirvientas.

Jade un poco, tal vez los chicos ya estaban en la mesa esperándonos.

—Pase por aquí, su majestad.—Sonrei incomoda.

Había olvidado ciertas cosas de la realeza, los constantes guardias vigilando y las mucamas haciendo todo por ti. Era frustrante.

Mostrar piel nunca me importo, más bien era necesario para hacer que mi fuerza funcionase. Mi minifalda, botas largas y top nunca le importaron al resto del equipo, pero a la gente de la tierra parecía ofendida con eso. Al principio no le tomé importancia, pero las miradas se hacían constantemente más fuertes, llegando al punto de incomodarme.

Aquí todo el mundo se veía igual que yo, mostrado piel, luciendo los trajes con diferentes cuerpos. Si bien la realeza tenía algo que los detectaba del resto, todos los tamarenos no tenían vergüenza de mostrarse

naturales. Al menos la mayoría.

Estaba tan feliz de no tener que preocuparme de las miradas con indiferencia. Quizás esta era la oportunidad para mostrarle a mis amigos lo que se sentía ser un Tamaranenao.

Quizás esta era la oportunidad perfecta para mostrarle a Robin como me sentía.

Robin...camine hacia el gran salón pensando en el, en ese beso, en nosotros ¿había un nosotros? Todo era confuso. Mis padres, la cultura, mi hermana y mi amor hacia Robin ¿amor?

—Hola.—Salude, sentándome en la mesa con ayuda de un sirviente.

—Nunca he estado en una mesa tan grande.—Comento Chico Bestia, casi parandoce sobre la mesa.

Mis padres se rieron un poco.

Humanos.—No pude evitar reírme, ellos también.

—Así que, la tierra ¿cómo es allí?—Cuestino Ryand'r, apoyando los codos.

Comenzaron a hablar, mientras los sirvientes traían la comida, observé a Cybrog hacer una mueca.

Cuando las bandejas se abrieron, sus caras cambiaron abruptamente.

—¿Esto es...?

—¡Pescado Tamaraneano!—Salte en mi acientio.

—Esto es diferente a lo que sueles preparar.—Dijo Raven, tomado el alimento con la punta del cubierto.

—Hehe, hago lo que puedo con la comida terrestre.—Pase un mechón de pelo por detrás de mi oreja, avergonzada.

Extrañaba esto. Podría acostumbrarme a esto, pero ese gran vacío seguía allí.

—¿Donde está tu corona?—Lade la cabeza por la pregunta de mamá.

—Um...—Instintivamente toque mi cabeza.—Creo que...¿la perdí?

Gracias a ese cometario mi padre casi se ahoga.

—¿Como?

—¡Aún tengo mi reconocimiento real!—Grite, señalando el broche de iridio que se aferraba a mi brazo.—Además, soy una superhéroe, no puedo estar con una corona todo el tiempo.

—¿Superheroe?

Myand'r se acaricio el puente de la nariz, Luand'r amagó a reírse.

—Esta bien, tal vez podamos hacer algo...—Susurro mi padre.

—Una coronación.—Sugirió mi madre.—Has pasado mucho tiempo fuera, seria perfecto para que el resto de la población sepa de tu existencia.

—Podríamos invitar a las demás familias nobles y el Rey del Sur podría traer a su hijo.

—¿Karras?

—¡Si¡ No sabes cuánto creció.

Me reí un poco. Todas esas personas...en una gran fiesta. Sonrie mediando discretamente a Robin.

—Una coronación será.