Sora llegó por fin a casa de los Yagami, sonriendo a Yuuko y a su marido a modo de saludo mientras que dejando su chaqueta y calzado en la entrada.
- ¿He llegado yo primero que él? – dijo confusa al no ver a Taichi por ninguna parte.
- Está en la habitación. Está bastante cansado del viaje y dijo que se iba a echar hasta que estuviera la cena – dijo Hikari-. Aunque… Creo que está de mal humor, ya te aviso.
- Los viajes largos en avión ponen de mal humor a cualquiera – dijo antes de echar a andar hacia la puerta de la habitación de él-. Voy a saludarlo a ver si se le pasan los morros…
Llamó con los nudillos a la puerta antes de abrir sin esperar a que él diera señales. Como Hikari le había dicho que estaba cansado, su primera opción fue mirar hacia la cama pensando que se lo encontraría por ahí tirado, pero no fue así. De hecho, lo único que había en la cama era la ropa que debía de haber traído durante el viaje. Tardó unos segundos en verlo en la terraza, echando a andar tras él hasta colocarse a su lado.
- Bienvenido de nuevo – dijo con la mejor de sus sonrisas.
- ¿Estás mal de la cabeza? – fue lo primero que dijo tras girar la cabeza para observarla.
- ¿Eh? – confusa a más no poder, ni siquiera fue capaz de ocultarlo en su rostro o en su respuesta.
- Me puedes explicar… ¿Me puedes explicar en qué narices estabas pensando para decirle que sí a Ryo? Repito, ¿estás mal de la cabeza? Deja de mirarme con cara de susto, me lo dijo mi hermana cuando llegué pensando que lo sabría.
- Te lo quería decir yo cuando te viera – dijo, intentan justificar aquello, lo cual, era totalmente sincero. Era algo que, precisamente a él, se lo quería decir de forma más personal.
- No, no te me salgas del tema – se giró del todo hacia ella-. Explícamelo, por favor, porque te juro que soy incapaz de entenderlo.
Se quedó mirándolo, intentando ser capaz de sobreponerse a la sorpresa. No sorpresa porque estuviera enfadado, eso era algo que estaba viéndose venir, sino porque contaba con tener ella algo más de tiempo para poder darle la noticia de mejor forma.
- ¿No te alegras?
- No – negó con la cabeza-. Ni un poco. Es más, me decepciona bastante – dijo con total firmeza n el tono-. ¿Qué quieres que te diga yo? Sora… - negó con la cabeza-. Dame un solo motivo por el que tenga que alegrarme.
Se quedó observándola, viendo como le rehuía la mirada y se quedaba mirando hacia algún punto de la nada en la calle. Conocía esos gestos y no estaba demasiado seguro de cómo debería de interpretarlos.
- Y te lo digo siendo lo más sincero que puedo ser. Sora, tú lo que quieres es que te acepten el proyecto que te llevaría fuera de Tokio unos meses. Si todo te sale bien podrías volver en un par de años teniendo tu propia línea de moda…
- Claro que lo quiero – negó con la cabeza-. Eso no es incompatible con…
- ¿Con estar casada? ¿De verdad? No me malinterpretes, pero… Conociéndote, no, no es compatible. Además, es que me da igual todo. Tú no te quieres casar y punto. A mí no me engañas – negó con la cabeza volviendo a dirigir el tema hacia donde él quería-. No me vas a convencer de lo contrario. Tú no te quieres casar porque no sabes tan siquiera todavía a día de hoy si de verdad quieres estar con Ryo. Y sabes tan bien como yo que hablo con el mayor conocimiento de causa de toda mi vida, así que no intentes convencerme de lo contrario. ¿Se puede saber por qué narices le has dicho que sí?
Era consciente de que estaba sonando como si tuviera un buen ataque de celos. Por suerte, esperaba que ella no lo interpretara como tal… Si las cosas fueran diferentes seguramente sería el primero en alegrarse por ella, pero… ¿cómo iba a alegrarse? Aunque hacía ya un tiempo que entre ellos dos no había vuelto a pasar nada no tendría que haber pasado nada nunca si de verdad ella quisiera pasar el resto de su vida con su actual pareja. Era así de sencillo. Si las cosas en la relación fueran tan bien como parecía, no le habría dicho a él cientos de veces que prefería hacer otras cosas antes de aprovechar una noche sin guardia de él.
Y sabía que ella era plenamente consciente porque sino no le estaría huyendo la mirada. Eso hasta cierto punto lo aliviaba ya que daba a entender que no estaba malinterpretándolo y que entendía su punto de vista. Pero, por otro lado, lo preocupaba todavía más.
- Vamos a ver… ¿tiene alguien de tu familia que ver con todo esto?
- ¿Qué? Claro que no… - lo miró confusa-. ¿No puede ser que me haya replanteado las cosas y que de verdad quiera hacer esto?
- Ojalá fuera eso – soltó sin tan siquiera pensarse la respuesta-. Vas a enfadarte conmigo y mira, si al menos sirve para que te pienses las cosas mejor… ¿Tengo que recordarte cómo te pusiste hace poco porque salió en la prensa la noticia de…?
- Cállate – lo cortó-. ¿Qué te crees que le he dicho que sí porque me haya entrado la rabieta al volver a saber de Yamato? ¿De verdad?
- Preferiría pensar que es eso a que no te has atrevido a decirle que no por no "hacer las cosas mal".
Molesta, frunció el ceño. Se estaba viendo venir la reacción de Taichi desde que había pasado. Y no podía culparlo ya que él sabía a lo que se refería. Incluso sin que hubiera pasado nada entre ellos la conocía lo suficientemente bien como para saber lo que ella realmente quería. No merecía la pena ni siquiera intentar mentirlo.
- Todavía no tenemos fecha. Tengo tiempo de sobra para poder terminar lo que quiero hacer, Taichi. He tenido tiempo para pensarlo todo bien – volvió a mirarlo más detenidamente-. Los dos sabemos lo que queremos y yo de verdad que estoy bien con él. No lo digo para que se te pase el enfado, te estoy siendo sincera. ¿Hace cuanto tiempo que tú y yo no hemos vuelto a pasarnos de la raya?
- No me vendas eso como excusa – negó con la cabeza-. El motivo de que ni se nos haya vuelto a pasar por la cabeza tiene nombre y no es precisamente Ryo. Y no me hagas hacer la prueba que todo esto no tiene nada que ver con que tú y yo funcionemos tan bien como amigos como en la cama – prefería dejarlo claro-. Creo que te conozco ahora mismo mejor que nadie. Y tú lo que quieres es tener tu propio estudio antes que nada. Y… si de verdad te has pensado las cosas con Ryo, lo que deberías de hacer es pasar más tiempo con él. Si ni siquiera te has planteado el irte a vivir con él todavía… ¿No te suena raro?
- Taichi, ¿cómo quieres que me vaya a vivir con él? Vamos a ver. ¿Tú crees que es tan fácil hacer esas cosas para mí?
- Claro que sí. ¿Vas a esperar a estar casada para ver si tan siquiera lo aguantas en el día a día?
- Es lo que se supone que tengo que hacer.
- Y una mierda – la cortó-. Olvídate de lo que tenga que decir la gente de una maldita vez y piensa en lo que tú quieres hacer, Sora. Si bajo esa única premisa me dices que de verdad esto es lo que quieres hacer te va a costar encontrar alguien en Tokio que se alegre más por ti que yo. Pero mientras tanto… No esperes que me alegre o que tan siguiera finja hacerlo porque la que saldrá malparada de todo esto eres tú.
Frunció los labios en una mueca, siendo incapaz de encontrar nada con lo que poder rebatirle lo que acababa de decir, tampoco pudiendo decirle cualquier cosa al notar cómo se formaba un nudo en su garganta que no podía controlar.
- Creía que… Que me apoyarías…
- ¿En amargarte la vida? Lo siento, pero no – intentó no mirarla, temeroso de ablandarse al verla mal. Aunque no necesitaba establecer contacto visual para saber que le había hecho daño con sus palabras. No se arrepentía. Realmente esperaba que hubiera servido para algo al menos.
El sonido de la puerta hizo que ambos girasen la cabeza hacia ella, encontrándose a Yuuko asomada.
- La cena está lista chicos… - sin notar nada raro, no tardó en cerrar la puerta y dejarlos.
Taichi cogió aire, volviendo a soltarlo muy lentamente antes de separarse de la barandilla y echar a andar detrás de su madre. Tampoco tenía mucho hambre en esos momentos, pero no le merecía la pena llamar la atención de su familia. Además, tampoco le extrañó ver como Sora se adelantaba y con excusas rápidas se despedía de sus padres para no quedarse a cenar. Tampoco hubiera esperado que lo hiciera.
