Notas de la autora: ¡Buenos días mis damas! Aquí les dejo el capítulo número ocho de nuestra aventura de príncipes, damas y caballeros. Espero les agrade. A mí este capítulo me gusta especialmente, jajaja. Pero ya saben que estoy algo loca, así que... Les mando un beso y les agradezco su apoyo y consideración. Son mi apoyo en estos días de incertidumbre. Espero que sus familiares y personas queridas estén bien. ¡Hablamos al final!
.
Capitulo octavo
.
El castaño golpeó el poste con la espada utilizando mucha más fuerza de lo habitual. Llevaba dos horas entregado a sus entrenamientos matutinos y aún no se calmaba. La gala de la señorita Kinomoto había terminado sin contratiempos y casi tuvo que obligar a los asistentes a irse de palacio. Los bailes se prolongaron hasta el amanecer y vio con asombro como muchas jóvenes lloraban al despedirse de "sus" caballeros, prometiendo escribirles entre lágrimas de cocodrilo. Sin embargo, Sakura no permaneció a su lado hasta el final de la gala. La perdió sobre las tres de la madrugada y no la volvió a ver hasta que se fue el último invitado. Sus ojos se encontraron desde lejos y supo que la castaña había estado llorando. Pero no sabía el motivo. Aunque imaginó que tenía que ver son su hermano Touya.
Ella no se acercó. En su lugar, hizo una reverencia torpe y se giró para desaparecer tras las fresias del jardín. Fue un gesto descortés y totalmente fuera de lugar. Como su acompañante, era su deber escoltarla en todo momento. Pero había sido ella la que había huido de sus deberes, no al revés. Aún así, le parecía otra ofensa que añadir a la lista. ¿Lo hacía expresamente o en verdad no comprendía cual era su posición? Se sintió muy molesto con ella en cuanto vio su sombra disiparse entre las paredes de palacio. Pero por alguna razón, su enfado había desaparecido con el pasar de las horas. No la conocía, era cierto. Pero no era de piedra. Podía empatizar un poco con su dolor. A fin de cuentas, sólo era una niña a la que habían arrebatado sus sueños y su hogar.
Su espada golpeó de nuevo la madera y sintió como esta se quebraba bajo el tacto de la hoja. Suspiró, cansinamente.
- Otro poste arruinado…
- Mellarás la hoja, hermano – Xiao Lang se giró con una mueca disgustada.
- Necesitamos mejores postes.
- O espadas sin filo para entrenar. Tienes ojeras. ¿No has dormido nada?
- Me persiguen los malos sueños.
- Ya veo. Imagino que el mayor de los Kinomoto ha influido algo en eso – Xiao Lang sólo le mandó un gruñido de vuelta. Eriol tomó una de las espadas que había dispuestas para su entrenamiento personal y la balanceó en el aire, incitando al príncipe para que le atacara. - ¿Te apetece golpear algo que pueda defenderse?
El castaño arremetió contra él en respuesta y durante media hora, dejaron que sus espadas hablaran por ellos. Hacía mucho tiempo que no pasaban un rato así. Los dos solos y sin mediar palabra alguna. A ambos les resultó refrescante. Parecían dos adolescentes sin responsabilidades ni presiones. Nada más lejos de la realidad.
Para cuando terminaron de desfogarse, decidieron que era una buena idea sentarse bajo la sombra de un cerezo en flor. Los últimos pétalos de la temporada bañaban el suelo y dejaban un sutil aroma que calmaba los sentidos. Eriol tomó una flor entre sus dedos y suspiró.
- Ella es distinta… ¿verdad? – Xiao Lang levantó la vista y miró la flor que descansaba en las manos de su hermano.
- ¿La señorita Kinomoto? – el segundo príncipe asintió en silencio. – Sólo es una niña de quince años.
- Dieciséis. Los cumplió en palacio, el uno de abril. ¿no te enteraste? – Xiao se llevó los dedos a la sien y recordó la conversación con Touya Kinomoto. Ahora entendía porqué le había dado un regalo esa noche.
- Obviamente no. Pero ahora entiendo algunas cosas… ¿No se supone que alguien debería haberme informado?
- ¿Le habrías hecho un regalo? – el castaño levantó una ceja y soltó un lamento.
- Seguramente no… ¿lo hiciste tú?
- Pues claro. Le regalé un hermoso caballo negro en cuanto me enteré. Al parecer su yegua se quedó en la finca. Su ama de compañía me contó que la equitación es una de sus mayores aficiones. Aunque no la he visto mucho por los establos desde que está en palacio. Creo que evita a nuestra adorada prima. – una risa sarcástica brotó de la boca del futuro heredero.
- Un elefante, un caballo… y yo voy y le regalo un vestido indecente para entretener a los duques de Nanda… menudo prometido estoy hecho… - Eriol le miró, sorprendido por sus palabras.
- No sabía que te importara lo que ella pensara de ti.
- Y no me importa
- Ya… se ve a la legua lo indiferente que te resulta la muchacha… Pero de vuelta al duque de Nanda ¿Cómo le quedaba el vestido? Algunos pajaritos me han contado que era un espectáculo digno de ver… - el castaño lo fulminó con los ojos, pero pronto se dio por vencido. Era su hermano y le conocía muy bien. No caería en sus estúpidos juegos.
- Se veía hermosa, tal y como esperaba. Quería tener al duque Akoto distraído y fue un gran éxito.
- ¿Éxito? Más bien lo dejó enamorado ¿verdad? Elefantes y esclavos. Si te distraes un poco más, le regala una de sus mansiones de Nanda.
- Sí, funcionó mejor de lo esperado. Es una niña en muchos aspectos, pero tiene algo especial. Ve a través de las personas y sabe lo que anhelan ¿Viste anoche cuantos rostros felices? Jamás había visto formarse tantas parejas en una sola velada. Joder. Hasta el primogénito de la familia Hua salió con una sonrisa y una mujer preciosa colgada de su brazo. La hija del marqués Chien, nada menos.
- Dos aliados poderosos e influyentes.
- Y opulentos.
- ¿Y crees que Sakura lo hizo a conciencia?
- No me cabe la menor duda. Sé que parece un delirio producto de mi desconfianza, pero pude ver el modo en que esos ojos jade analizaban cada detalle del evento. Parecía estar conversando conmigo de asuntos triviales y sin darme a penas cuenta, se disculpaba y aparecía al lado de algún comensal para guiarle y hacerle sonreír. Y luego aprovechaba para presentarle a alguien y lo dejaba disimuladamente a su cuidado el resto de la velada con el pretexto de volver a mi lado. Y todo ello con una sonrisa dulce pintada en sus labios. - Eriol se llevó los dedos al mentón y miró al cielo despejado.
- Si que parece un delirio tuyo, pero te creo. Tendré que poner otro ojo en nuestra flor de cerezo. Había notado su rápida inmersión a la vida de palacio, pero al parecer es un diamante en bruto. Yo también sospecho que su "despiste" es un truco para que bajemos la guardia.
- ¿En verdad lo crees?
- Sí. Y también creo que debe ser una joven muy especial si te tiene tan alterado.
- No me tiene alterado… Es sólo que me cuesta comprender su verdadera naturaleza. Ha salido de la nada y parece ser mejor estratega que la mismísima Naoko.
- Oh… sí. La señorita Yanaguisawa…Tu candidata estrella…
- Lo dices cómo si nombrarla mi dama consorte hubiera sido una decisión equivocada. ¿Qué esperabas? No podía quedarme de brazos cruzados y lanzar una moneda al aire mientras mi madre elegía a Mei como mi futura esposa. No fue precisamente discreta con sus intenciones.
- Sí, todos los sabíamos. Tu madre quiere una emperatriz títere a la que poder influenciar. Es su pobre intento de permanecer en la cima – Xiao Lang asintió.
- Sí, es una estrategia simple. Aunque Mei no es tan ingenua como mi madre se cree. Es ruidosa y tiene sus manías, pero no es tonta y es mejor persona que eso… - Eriol sonrío de lado y se apoyó en el árbol descansando sus brazos detrás de la cabeza.
- Yo también lo creo. Al menos, me parece que a ti te será leal. Pero no sería mi primera equivocación.
- Sí. Mi madre eligió a Mei y yo elegí a Naoko.
- Tu Koko… así la llamabas de niño.
- Necesitaba que al menos una de mis esposas fuera de confianza. Alguien con la cabeza sobre los hombros y que me comprendiera. Naoko es una gran amiga. De corazón noble y mente despierta. Nuestro padre siempre dijo que hay que equilibrar las decisiones de nuestra cabeza con aquellas que toma el corazón. Naoko es mi decisión racional, es cierto. Pero también la aprecio y me inspira mucho cariño. Y por suerte para ambos, su corazón seguía libre de cargas. No quería casarse con un hombre al que no amara, pero de no casarse conmigo, sus padres hubieran acabado buscando un matrimonio concertado. Me confesó que temía mucho más un matrimonio por contrato que vivir en soledad.
- Y ambos estuvieron de acuerdo en unir sus vidas por mutuo beneficio. Son el mal menor del otro.
- Así es…
- Pero… ¿No sientes nada por ella? – el príncipe heredero cerró los ojos y dejó que su mente se aclarara. No era una pregunta con una respuesta simple. Pero confesaría sólo la parte de la que podía estar seguro.
- Es mi mejor amiga y la quiero como tal – Eriol ni se molestó en rodar los ojos. Era la respuesta que se esperaba de Xiao Lang. Algo simple y sin riesgos – Sé cuál es mi deber como futuro emperador y no me disgusta la idea de tener hijos a su lado. Es hermosa, a su manera. Mucho más sencilla y dulce que Mei. Y será una madre amorosa y diligente. Mei malcriará a nuestros hijos… estoy convencido de ello. Pero también hará mis días más divertidos y llevaderos. Son como las dos caras de una misma moneda.
- Sí… el blanco y el negro. La noche y el día… son muy distintas, pero te agradan a su modo. Puedo comprender eso fácilmente. Y no parece un mal futuro – el príncipe heredero asintió. - Lo que nos devuelve a la señorita Kinomoto… la tercera en discordia…
- Sí…mi madre elige a una candidata "títere", yo a una mujer inteligente que puede aportar mucho al imperio. ¿Y mi padre elige a la hija perdida del coronel Kinomoto? ¿Una muchacha de apenas quince años que nadie conoce y que no ha sido formada adecuadamente para ser mi esposa?
- Dieciséis…
- Quince, dieciséis, no es una gran diferencia. ¿no te parece? Cuando supe que sería la hija de Fujitaka, busqué en mis recuerdos y no hallé nada más que comentarios y anécdotas poco favorecedoras. La sociedad noble la tachaba de ermitaña y poco habilidosa. Y aunque recordaba comentarios de la hermana pequeña de sir Kinomoto, no había pista alguna sobre su aspecto. Era una sombra. Un misterio para mí. Y por lo visto, para casi todo el mundo. Sólo los caballeros parecían sentir aprecio por esa niña y aun así, jamás la nombraron en mi presencia. Era como un fantasma.
- Sí, yo creí que tendría alguna deformidad por cómo la apodaba Touya Kinomoto. ¿Recuerdas? – Xiao negó con la cabeza - Su pequeño monstruo… Así la llamaba. Aunque recuerdo que habló de ella con mucho aprecio en más de una ocasión.
- Sí, esa era la parte que más me confundía porqué sí recordaba haber oído a sir Kinomoto hablar de ella con mucho aprecio. Lo recuerdo porqué me resultó extraño ver esa parte de él… parecía un hermano dulce y tierno. Nada que ver con el hombre que yo había conocido en los entrenamientos.
- Sí, una familia misteriosa. ¿verdad? – Xiao Lang asintió con la cabeza y se dejó llevar por los pocos recuerdos que tenía de esas noches con los caballeros del imperio.
- Caí entonces en un vago recuerdo de una noche que pasamos en la frontera. Fue en una acampada con la guardia, cerca del muro del oeste. Nuestro padre nos envió a comprobar el estado de los campamentos para calcular cuánto habría que invertir en provisiones y materiales de defensa.
- Oh, ahora que lo mencionas, me suena…
- Sí, ¿hará un par de años? Recuerdo que esa noche hacía frío y los aprendices encendieron una hoguera para que los caballeros oficiales se sentaran alrededor y les contaran batallas. Cogimos un par de cervezas y nos unimos a ellos. ¿lo recuerdas?
- Vagamente… creo que esa noche pillé una buena borrachera.
- Sin duda terminaste ebrio, es tu mayor don. Yo también bebí. Pero, aun así, yo sí me acuerdo.
- Refréscame la memoria entonces. – Eriol relajó la espalda y cerró los ojos con una sonrisa en sus labios. Era agradable estar así con su hermano. Siempre se habían llevado bien, pero ambos tenían mucha presión sobre sus espaldas. Y no les dejaba mucho tiempo para compartir cómo una familia normal. Sus conversaciones solían asemejarse más a simples reuniones de trabajo.
- Pues verás, Touya Kinomoto estaba hablando de una cacería en su ducado y de que su hermana pequeña se había colado entre los asistentes.
- ¡Es cierto! Ese año hubo una plaga de jabalíes. Estaban empezando a inundar los caminos reales y también habían llegado a los pueblos fronterizos. Eran especialmente salvajes y fieros – Xiao Lang asintió con la cabeza.
- Touya explicó que su hermana pequeña se había vestido como un hombre y los había seguido en retaguardia. – Eriol soltó una risa.
- Por todos los cielos, claro… ahora que la conozco… a Sakura le pega hacer algo como eso….
- Sí… - el segundo príncipe dejó volar sus recuerdos y poco a poco fue evocando la historia.
- Ahora que lo dices, recuerdo que Touya dijo que uno de los aprendices disparó a un jabalí de gran tamaño, pero erró el tiro y el animal salió como alma que lleva el diablo en dirección a una granja. Le siguieron, pero había demasiados árboles y al animal les cogió ventaja. Creo que unos niños estaban recogiendo bayas cerca… - Xiao Lang asintió, intentando aclarar su mente también.
- Algo así pasó… pero Kinomoto dijo que su hermana salió de la nada y disparó una flecha justo antes de que el jabalí arremetiera contra los pequeños.
- ¡Y le atravesó el ojo y el cráneo de un solo tiro! El animal cayó pesado al suelo y la sangre salpicó a uno de los hijos del granjero, que se puso a llorar como loco y salió corriendo en dirección al bosque. – Eriol se rio de buena gana – Maldita sea. Touya dijo que se pasaron toda la noche buscando al crío y que apareció medio dormido dentro de un árbol hueco… Sí, ahora está todo más nítido en mi cabeza. Esa era la historia. Qué curioso… la había borrado de mi memoria… y no suelo olvidar nada. - Eriol miró el cielo azul - cuesta pensar que esa niñita vestida de muchacho de la que hablaba Touya con tanto cariño fuera Sakura… Esa noche todos los caballeros se burlaron de él porqué se le marcaba una sonrisa boba con solo hablar de su hermanita pequeña. El osco Touya Kinomoto. El que nunca sonreía y sólo gritaba ordenes hablando con esa sonrisa amable y el pecho hinchado de orgullo por su pequeña Sakura. – Xiao Lang asintió en silencio y soltó un suspiro.
- Veo que al final, si lo recuerdas.
- Parece que así es. Aunque no lo había relacionado hasta ahora.
- No sé qué dijeron los demás de ella, pero creo que hablaron bastante de la hermanita de Touya esa noche y de sus peculiares dones. Me gustaría ser capaz de recordarlo más claramente.
- Sí, bueno… muchos de ellos entrenaron en la casa del duque durante el verano. Es lógico que la conocieran. Pero por lo que sé, Touya no les dejaba acercarse. ¡A su hermanita no la tocaría ningún patán, no importaba lo significativo que fuera su maldito título! – Eriol se rio de nuevo por la ironía. – Pero Touya no era el único que adoraba a su hermana. Sabes que su padre siempre decía que su pequeña hija era muy vivaz e inteligente. Siempre pensó que sería una buena heredera de su apellido y aumentaría la fortuna familiar en pocos años. Le oí hablar con nuestro padre algunas veces sobre ello.
- Sí… eso decía. ¿verdad? Yo también recuerdo algo de eso. Pero aun así… hay muchas jóvenes inteligentes en el imperio con más experiencia en los círculos sociales y sin tantos rumores desfavorecedores. Además, la señorita Kinomoto aún no alcanza la mayoría de edad. No es apropiada para el cargo. ¿Por qué la eligió mi padre a ella de entre todas las damas de alta cuna? – el segundo príncipe se encogió de hombros.
- No lo sé…
- Creo que yo sí… - Eriol se incorporó y lo miró con interés. – En realidad… quiero que investigues algo por mi… ¿lo harías?
- Sabes que adoro las intrigas… - Xiao Lang acercó su rostro al de él y conectó sus miradas.
- Quiero que averigües porqué la duquesa Kinomoto fue borrada de la lista de damas consorte de nuestro padre. – los ojos del moreno se abrieron como platos.
- ¿La madre de Sakura era una de las prometidas de nuestro padre? ¿Cómo lo sabes?
- Naoko descubrió unos papeles antiguos en el archivo privado de su padre. Al parecer, el nombre de Nadesiko Amamiya fue tachado en el último momento y substituido por el de Tomoe Himura Yamasaki.
- ¡No me jodas! – el castaño asintió - ¿Fue cosa de nuestro padre?
- Eso es lo que quiero que averigües. Naoko cree que Sakura fue elegida mi dama cómo recompensa por el agravio del pasado a la familia Amamiya. Cree que por eso la emperatriz la odia tanto.
- No lo veo muy lógico… es decir, aunque sea así, no fue el nombre de tu madre el que fue borrado…
- Estoy de acuerdo. Hay algo más.
- Sí, nuestro padre muestra abiertamente su favoritismo por la señorita Kinomoto… es como si quisiera que todos supieran que la apoya como futura emperatriz.
- Yo también lo creo. – Eriol soltó una risa alegre.
- Vaya, vaya… ahora sí estoy de buen humor. Llegaré al fondo de esto.
- Sí, hazlo. Pero que no se entere nadie. Hazlo con discreción.
- ¿Por quién me tomas? – ambos permanecieron en silencio varios minutos, analizando lo que se había hablado y las posibles repercusiones que traerían los descubrimientos que se hicieran. Xiao Lang dejó volar sus recuerdos de la gala y el ceño se le frunció. – Oh… tienes las cejas unidas como muestra de que algo te reconcome por dentro. ¿Qué ronda esa cabecita tuya ahora?
- ¿Qué sabes de los hermanos Tsukishiro y su relación con la señorita Kinomoto? – Eriol se levantó con una sonrisa traviesa.
- Oh, por todos los dioses. ¡Estás celoso! – el castaño apartó la vista y ocultó su sonrojo lo mejor que pudo. Era absurdo que se pusiera así por una niña.
- No digas tonterías. Sólo quiero comprender qué está ocurriendo. Me guste o no, esa niña es mi prometida ahora. Conozco a Mei y a Naoko desde pequeñas, pero no sé nada de la joven Kinomoto.
- ¿Y quieres saber si estaba enamorada de alguno de los hermanos Tsukishiro?
- No seas infantil. Quiero saber qué relación tienen. Parecían muy cercanos.
- Claro que lo son. Yukito es el mejor amigo de Touya. Van juntos a todas partes. Y por lo que sé, los hermanos Tsukishiro han vivido media vida en el ducado de la familia Kinomoto. Han sido entrenados por su padre personalmente y conocen la técnica familiar.
- ¿Les enseñó la técnica de su familia? ¿A los Tsukishiro? – Eriol asintió. – Eso solo se hace…
- Si quieres que perpetúen la espada familiar a través de sus hijos. Sí, Fujitaka quería comprometer a tu flor con uno de ellos. – Xiao Lang abrió los ojos, presa de la sorpresa. ¿Estaría Sakura enamorada en verdad de alguno de ellos? ¿Por eso se mostraba tan distante y rabiosa con él? ¿Le culpaba por su amor perdido?
- Entiendo…
- Vamos, sé sincero. ¿Quieres que averigüe si nuestra Sakurita ama a alguno de los hermanos? Yue tiene dieciocho años… por edad sería el más indicado… Aunque es muy soso el pobre… dudo que sepa ni siquiera lo que significa cortejar a una dama…
- No, déjalo. De esa parte me ocuparé yo mismo… - Eriol soltó una risa y ofreció una mano a su hermano. Este la tomó sin dudar y se incorporó también.
- Quién lo hubiera dicho… nuestro pequeño emperador ha dejado su fachada de indiferencia por una muchacha de ojos jade…
- Ya te he dicho que no es eso… Será mi esposa. Y no me fío de ella. Es demasiado inconstante. A veces astuta y a veces loca… Cambia de humor cual veleta y no me respeta en absoluto. Me confío y creo que no es más que una niña boba y de repente consigue que el duque Akoto le mande un carruaje de carga con un elefante. ¡Un elefante!
- Ya… bueno, eso creo que fue a causa del vestido que le compraste.
- No, créeme… tenías que haberla visto. Conmigo es descarada y díscola. Se deja llevar estúpidamente por sus emociones y me ofende a la que puede. Pero cuando entró en ese comedor, simplemente se transformó. Se había documentado sobre sus costumbres y conocía mejor que yo las debilidades del duque Akoto. Llevó a todos y cada uno de los presentes a donde ella quiso y se hizo con sus corazones en una sola noche. Maldita sea, hasta yo me quedé embobado mientras contaba esa historia del barco.
- Sí… algún día haré que me la cuentes…
- No se trata de la historia en sí, hermano. Se trata de cómo la contó y de sus gestos suaves y sensuales.
- ¿Sensuales? ¡Venga ya!
- Sí. A eso me refiero. ¡Esa noche Kinomoto parecía una mujer sensual! Y habla perfectamente el francés. Ponía una voz dulce… casi hipnótica.
- Creo que estás loco, hermano. Pero no me disgusta. Es toda una novedad…
- Ríete cuanto quieras, Eriol. Pero no me fío de ella.
- Joder, Xiao… es una niña… buena con la espada y algo diferente a las demás jóvenes nobles… pero no es un diablo que busca hundirte en la miseria a ti y a tu reino.
- Lo sé… es sólo que… ¡demonios! Me tiene desubicado. Y odio sentir que no tengo el control sobre algo – el moreno pasó su brazo por encima de los hombros de Xiao Lang y se acercó con confianza.
- Hermanito, hermanito… cupido te ha flechado.
- ¡Oh, cállate! ¡Tiene dieciséis años! Aún es una niña… ni siquiera puedo pensar en ella de ese modo – pero el sonrojo que subió a sus mejillas lo contradijo causando la risa de Eriol. - ¡Qué no la veo así!
- Ya… ya… hemos crecido juntos, hermanito. Puede que seas venerado como un dios por los demás, pero… yo sé cuándo mientes. Y ahora, podría ver el sonrojo de tus mejillas hasta de noche. Yo que tú me daría un baño de agua fría… - Xiao Lang Reed Li le apartó de un manotazo y salió disparado en dirección a su recamara. – Oh, vamos. ¡Tampoco tenía que ser ahora mismo! ¡Estábamos compartiendo un buen momento entre hermanos!
- ¡Cállate idiota!
.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.
Meiling Li miró los jardines privados de su majestad con anhelo. El clima empezaba a mejorar y el sol bañaba su blanca piel causándole una leve molestia en la nariz. A penas pudo contener un estornudo molesto al oler las flores que empezaban a florecer a su alrededor. Una fuente llamó su atención a lo lejos. Se había caído en ella cuando solo era una niña. Xiao Lang corrió en su ayuda y la reprendió durante horas. Para ese entonces, ni siquiera sabía nadar. Una pequeña risa se dibujó en sus labios. Recordó toda su infancia y las miles de veces que se había colado en esa habitación buscando un poco de su tiempo. Y él siempre la miraba con fastidio e intentaba echarla. Claro que luego cedía a sus deseos y jugaba con ella hasta altas horas de la tarde. Fueron años felices. No podía negarlo. Xiao Lang siempre la había querido a su modo y muy pronto, sería su esposa y la nueva emperatriz. Nada ni nadie lograría alejarla de sus sueños. Nadie.
El berrido de un animal resonó en los establos privados del príncipe y Meiling supo que los rumores eran ciertos. Un elefante había sido enviado a palacio por el duque Akoto.
- ¿Qué haces en mi habitación, Mei? – La morena se giró con una sonrisa genuina en sus labios. Aunque esta se borró instantáneamente en cuanto vio a su futuro esposo con solo una toalla atada a su cintura. El rojo cubrió su rostro y se giró a toda velocidad.
- ¡Estás desnudo!
- ¿Y qué esperabas? Salgo de darme un baño y ni siquiera te has anunciado debidamente. – su prima se tapó el rostro con ambas manos y contó ovejitas para distraerse. Sabía que su primo era atractivo, pero ni siquiera sus fantasías más desvergonzadas se acercaban un poco a la realidad. Era excitante y abrumador a partes iguales.
- ¿Cómo te has colado esta vez?
- Yo… eh… He sobornado a tu mayordomo con unas almendras garrapiñadas. Son sus favoritas.
- Este Wei… se vende por muy poco… - Mei abrió un poco los dedos y siguió su figura a escondidas hasta que se perdió en el ropero. Bajó las manos y miró a su alrededor, pero no había ningún tipo de ayuda de cámara.
- ¿Llamo a algún sirviente para que te asista?
- No será necesario, prefiero hacer este tipo de cosas por mí mismo.
- Ah…
- ¿Qué quieres Mei? – la muchacha oyó su voz tras la puerta y decidió esperarle sentada cómodamente en uno de los sillones. Había ordenado un par de tazas de té y unas pastas, pero al parecer llegaban tarde.
- En realidad, la tía me comentó que no habías descansado bien y me pidió que me asegurara de que tomaras una siesta esta tarde. Debes verte bien para la gala de clausura. Hoy eres mi acompañante. ¿Recuerdas?
- No te preocupes, te escoltaré adecuadamente.
- Oh, no estoy preocupada por eso. Sé que jamás me dejarías en mal lugar. Ni siquiera estando soñoliento. – Xiao Lang apareció por la puerta vestido con una elegante bata en color verde olivo.
- ¿Entonces?
- Oh, yo sólo quería un poco de tu compañía y de paso obligarte a tomar un delicioso té que me ha regalado mi padre. Al parecer ayuda a conciliar un sueño profundo y reparador – el príncipe miró la mesa totalmente vacía y levantó una ceja. – Lo sé… llega tarde… deberías mejorar tu servicio.
- Puede que no te tomaran en serio ya que te has colado en mi habitación sin autorización – dos golpes en la puerta anunciaron la llegada de un par de sirvientes. Colocaron el té y las pastas en absoluto silencio y se retiraron con una profunda reverencia. Xiao Lang soltó un suspiro. – Deberías tener más cuidado ahora que eres mi prometida. No querrás que se levante ningún rumor sobre tu persona – Mei apartó su cabello mientras negaba con una sonrisa.
- Oh, vamos. ¿Tan malo sería? En un año seré tu primera esposa.
- Te veo muy segura. Pero la competencia es más fuerte de lo que mi madre o tu misma pudieron prever. – El puño de la joven se cerró sobre la mesa y vio como sus ojos ardían en llamas. Su prima nunca había sido buena reprimiendo sus sentimientos.
- ¿A cuál de las dos candidatas te refieres?
- A ambas. – Mei le acercó una taza, fingiendo indiferencia y se sirvió una a sí misma. Sopló el líquido con sensualidad y le miró fijamente. Sus preciosos ojos rubíes temblaban por la ira que intentaba reprimir.
- Puede que tu amiguita Naoko sea astuta, pero no me hagas reír. Esa niña Kinomoto no tiene nada que hacer conmigo.
- Sólo tienes tres años más que ella. No es sensato que tú la llames niña.
- Oh… ¿y no lo es? Va por los jardines hablando con los animales y riéndose con su prima. Es infantil y tonta. Mira la gala que organizó… todos los invitados eran niños de papá sin influencias. ¿Y viste como la miraban las damas? La desprecian y la tildan de inadecuada. Además, todas creen que es muy poco femenina. No la estiman en lo más mínimo.
- Sí, algo de eso noté al inicio de la gala. En alguna ocasión, hasta me pareció un poco forzada su antipatía… Pero creo que el ambiente cambió favorablemente al final de la velada. Hasta tus mejores amigas se comportaron. Esperaba algún escándalo de su parte. ¿Acaso decidiste jugar limpio o simplemente te desobedecieron? – Su prima hizo una mueca, pero pronto se obligó a mantener la compostura.
- No sé a qué te refieres, primo. Yo jamás haría algo tan bajo ni usaría a mis amigas en mi propio beneficio.
- Mei, te conozco. Sé perfectamente de lo que eres capaz. Pero quien sabe, puede que alguna de tus amigas pensara que no sería bueno montar una escena frente a tanto caballero casamentero. Ayúdame a saciar mi curiosidad ¿Alguna de ellas salió acompañada? – Xiao Lang disfrutó con el desagrado en el rostro de su adorada prima – reconoce que la señorita Kinomoto jugó bien sus cartas, Mei. Si quieres ser la emperatriz, deberás esforzarte más.
- Sandeces, tengo el apoyo de tu madre.
- Es cierto… lo tienes.
- ¿Y el tuyo? – Xiao Lang tomó asiento y cogió la taza que su prima le había preparado. Era un té negro con matices de naranja y chocolate. Su preferido. También había un par de pastas de chocolate con nueces y bombones de menta. Al menos su prima conocía bien sus papilas gustativas. Eso que tendría ganado en su matrimonio.
- Sabes que debo ser imparcial – Mei soltó una carcajada cínica
- Oh, vamos. ¿no apoyarás a tu candidata? No entiendo por qué elegiste a Yanaguisawa.
- ¿De verdad no lo entiendes? – su prima negó con la cabeza, pero era obvio que mentía. – No eres una necia. Sabes porqué elegí a Naoko.
- Aunque lo sepa, no lo entiendo. Y tampoco comprendo que ve el emperador en esa… niña.
- ¿Volvemos a la señorita Kinomoto? ¿Qué te disgusta tanto?
- ¡Por donde empiezo! No ha sido educada correctamente.
- Es cierto, no ha sido educada para ser una dama. Pero como ya sabes, habla seis idiomas, ha estudiado ciencias políticas y tiene un buen conocimiento del comercio exterior. También tiene experiencia administrando su finca.
- ¿A caso la admiras? Sé que tú tampoco lo apruebas – fue notorio los celos en su voz, pero Xiao Lang sólo se limitó a beber su té y permanecer tranquilo. – Ni siquiera sabe bailar o cantar. He oído sus berridos desde mis aposentos. La pobre marquesa de Rue pierde los nervios al menos tres veces al día.
- Eriol dice que toca el piano como un ángel…
- ¿Y de que le servirá eso en sus nuevos deberes como futura esposa del emperador? ¡Era su deber bailar contigo en la gala de anoche! ¡Y ni siquiera hizo algo tan simple como eso! Se fue con ese… Tsukishiro. – Xiao Lang se puso rígido cómo una tabla, pero Meiling estaba demasiado metida en su discurso cómo para darse cuenta de ello - ¿Cómo permitiste que se fuera con ese joven? Qué mal ejemplo… Te preocupas por qué dirán de mí si me ven en tus aposentos, pero no la reprendes a ella por irse con otro hombre la noche en que eras su acompañante. Entiendo que te de igual esa niñata, pero da mala imagen – la taza de té tembló en las manos del príncipe heredero y Mei al fin notó el cambió de humor en sus ojos.
- ¿Qué has dicho?
- Yo… ¿no lo sabías? Es que… Takashi y yo la vimos perderse por los jardines con su hermano Touya y uno de los hijos del marqués Tsukishiro.
- ¿Cuál de ellos?
- Yo… eh… creo que el mayor. – Xiao Lang se levantó dejando la taza con un golpe furioso y esta salpicó toda la mesa. – Xiao… ¿qué te pasa?
- ¿Cómo se atreve a irse con él? ¡Es una desvergonzada! – Mei se levantó, algo nerviosa por su reacción y tomó su mano. En privado no era necesario seguir el protocolo, eran primos. se tuteaban y hablaban con sinceridad. Por eso, pensó que podía apoyarse en su espalda y abrazarle, como hacían de niños. Pero Xiao Lang la apartó y negó con la cabeza. – No hagas eso, Mei. Ya no somos unos críos.
- Lo… lo lamento. – el príncipe salió por la puerta sud y caminó por sus jardines privados en busca de algo de calma. Así que era cierto. La señorita Kinomoto se había ido de su lado para reunirse con su hermano y Yukito Tsukishiro. Y volvió con los ojos llorosos y un aura de tristeza… ¿Podía estar más claro?
- Están enamorados…
- ¿Xiao? – Parpadeó, confuso y se aclaró la garganta. Esperaba que Mei no le hubiera oído.
- Será mejor que vuelvas a tus deberes. Esta es tu gran noche. Asegúrate de que todo esté en orden. Necesitas una puntuación perfecta si quieres ganar.
- Oh, todo está listo… de hecho quería ultimar los detalles finales contigo. Por eso mi visita. – el rugido de un animal les desvió de la conversación. Mei miró en dirección a los establos e hizo una mueca al ver al enorme bebé elefante salir de una de las cuadras. Un joven de color lo acompañaba con una sonrisa – Oh, por dios, primo. Así que es cierto. El duque Akoto te ha regalado un maldito elefante y se ha atrevido a ofenderte al darte también a uno de sus eslavos. ¿Quiere sobornarte para ganarse tu favor o te reta al regalarte un tipo negro sin instrucción alguna? – El castaño apretó los puños y miró al animal. Ya no le hacía tanta gracia el pobre bebé.
- Ese hombre sin instrucción se llama Djanko. Han comprado su libertad y ahora trabaja en mis establos. ¿Por eso estás aquí? ¿Querías ver si era cierto? ¿Qué te llamaba más la atención Mei? ¿El elefante? ¿O el esclavo? – Meiling sonrió, culpable.
- Ambos… nunca había visto a un joven de color… Es sorprendente que te regalara un esclavo.
- Ya, pues dile a madre, que está equivocada. El duque Akoto no me ha regalado un elefante ni un esclavo.
- ¿Crees que estoy aquí por orden de tu madre? – Xiao Lang la miró de reojo y vio como sus mejillas se coloreaban. – Bueno, vale. Puede que me insinuara algo. Sabes que no puedo desobedecerla abiertamente… soy su candidata.
- A veces no sé a quién eres leal, Mei…
- ¡A ti!
- ¿Estás segura? - la morena asintió con vehemencia y Xiao Lang sólo soltó otro suspiro.
- Eso espero. Ya me siento desilusionado por la señorita Kinomoto, no me gustaría decepcionarme también de ti.
- Eso no pasará…
- Bien. Entonces dile a mi madre, que el pequeño bebé de elefante es un regalo del duque Akoto a la señorita Kinomoto, así como el joven Djanko. Fue ella quién pagó por su libertad, no yo – los ojos de Mei se abrieron de par en par y de nuevo pudo leer el miedo y la ira en ellos – Sí… esa muchacha no sólo ha robado el corazón de los Tsukishiro, al parecer…
- Pero si es suyo… ¿Por qué lo tienes en tus establos? ¡Es un animal sucio y estúpidamente enorme!
- Ya, bueno… opino de igual forma. Pero al parecer ella adora a la pobre bestia. Sus jardines en palacio son pequeños en comparación con los míos y Troné no podía quedarse allí. Se habría visto obligada a enviarlo al ducado Kinomoto. Sólo pensé que el animal estaría mejor aquí. Así ella podría visitarlo a menudo… supongo que fui un necio que se dejó llevar por esos ojos jade de cachorro abandonado… – Mei agachó la cabeza, sintiendo como el mundo a su alrededor giraba demasiado deprisa. ¿Había sido considerado con esa niña? ¿Él?
- Yo… Esto… tengo que irme. – Xiao Lang la miró, sorprendido por su cambio repentino.
- ¿No querías hablar conmigo de la gala?
- Ya lo solucionaré. Tomate las pastas y el té y ve a la cama. Esta noche será larga.
- Claro. Eso haré. Gracias.
- Bien. – la joven hizo una reverencia formal y salió de allí a toda prisa.
Los ojos color miel de su primo la siguieron hasta que desapareció por la puerta. Meiling caminó a paso ligero por los pasillos sumida en sus pensamientos. Esa maldita niña estaba arruinando todos sus planes. ¡Era una mocosa! Ni siquiera era tan bonita como todos decían. Sólo tenía unos ojos llamativos. Nada más. Era patosa, aniñada y varonil. Ningún hombre se habría girado a mirarla de no ser por su título de futura consorte. Giró una esquina y se cayó de espaldas al chocar con alguien. Maldijo a todos los dioses que conocía y levantó la vista a punto de gritar injurias en contra del dichoso sirviente que se había interpuesto en su camino. Pero dos ojos verdes le devolvieron la mirada.
- Maldita sea… piensa en el diablo y este aparece…
- ¿Se encuentra bien, señorita Li? – apartó la mano que le ofrecía esa niña y se levantó, airada.
- No, claro que no. ¿Por qué tiene un par de ojos tan grandes si no los usa?
- Lo lamento. Pero creo que usted ha chocado conmigo también. Iba muy deprisa. ¿Algún problema con los preparativos de hoy? Si quiere puedo ayudarla en aquello que…
- ¿Cómo se atreve? – la castaña parpadeó, confusa - ¿A caso duda de mis capacidades para organizar una simple gala? ¡He sido educada desde mis seis años para esto! – Sakura no comprendía el arrebato de la muchacha. Miró a su prima que estaba a un lado, pero parecía igual de confundida. - ¿Y se puede saber a dónde va? Está en el palacio del príncipe heredero.
- En realidad, iba a pedir audiencia con su alteza – los ojos de la morena ahora sí que se habían abierto de par en par – Anoche me dijo que organizaría un encuentro para que viera a Troné una vez finalizaran las galas… pero muero de la impaciencia. Así que pensé en pedirle un segundo de su tiempo y que me permitiera el paso a sus establos. – casi pudo ver el humo salir de esa cabecita. La señorita Li estaba al borde del ataque de nervios. ¿Por qué estaba tan molesta?
- Ya, pues no va a poder ser.
- ¿Disculpe?
- He dicho que no podrá ser. Xiao Lang acaba de salir de darse un baño y no está visible para usted. Le he dejado dispuesto un té y unas pastas y ahora debe tomar una buena siesta. Está cansado tras… el ejercicio matutino. No sé si me comprende… – Tomoyo se llevó las manos al pecho ante los modales de la princesa Li. ¿Acababa de insinuar que había estado a solas con su majestad el príncipe en su habitación? Prometidos o no, era una deshonra para ambos. ¡Y le había llamado por su nombre de pila! Miró a su prima, pero esta ni siquiera pareció darse cuenta del significado de sus palabras. O fingió muy bien.
- Oh… ya veo. En ese caso iré a ver al segundo príncipe. Seguro podrá guiarme hasta los establos él mismo sin molestar a su alteza. Muchas gracias por evitarme pasar vergüenzas, señorita Li – la morena abrió la boca un par de veces, sin saber si esa joven era idiota. – La veo esta noche. No puedo esperar por ver los fuegos artificiales.
- ¡Sé lo que pretendes! – Sakura se giró con toda la tranquilidad del mundo y levantó una ceja. – No lo conseguirás. ¿Me has oído? Xiao Lang y yo estamos prometidos desde niños. Seré su primera esposa y ni tú ni esa come libros lograrán arrebatarme lo que me pertenece. No me importa que un duque de un país perdido te haya regalado un jodido elefante y un negro mugriento a juego. ¡No serás la emperatriz! – un brillo de fuego cruzó esas esmeraldas y por un segundo, Mei sintió que había cruzado una línea peligrosa.
- Señorita Li, no voy a tener en cuenta su descaro y sus insultos. Sé que está molesta conmigo a pesar de que estoy aquí en contra de mi voluntad. Pero no permitiré que falte al respeto a mis sirvientes. Djanko no eligió ser un esclavo del mismo modo que yo no elegí estar en esta competición.
- ¿Acabas de compararte con un esclavo?
- Si lo ve de ese modo… así será.
- ¡Estúpida niña! ¿Sabes el honor que se te ha concedido?
- No veo nada honorable en esta discusión y le pido que me trate de usted, creí que estaba más versada que yo en cuanto a los protocolos – Meiling se acercó a ella peligrosamente y casi tocó su nariz con la de la joven Kinomoto. Esperaba que la castaña se apartara, asustada, pero ni siquiera se movió un centímetro. Ambas sostuvieron una mirada desafiante, buscando un punto débil que bajara la guardia de su oponente. Pero fue la morena quien rompió el contacto con un bufido sarcástico.
- Eres una mocosa impertinente. Te prometo que voy a hundirte. ¿me has oído? Para cuando termine contigo, querrás irte a Nanda de rodillas para que te azoten la espalda. Eso será más humano que lo que te espera conmigo… - Tomoyo sintió la ira recorrer sus venas, y por primera vez olvidó el decoro y su posición. Tomó la mano de su prima y la colocó detrás de ella. Sakura se resistió al principio, pero finalmente se dejó llevar. No sería buena idea abofetear a la prima del futuro emperador. Y si esa… tipeja seguía diciendo esas barbaridades, no podría contenerse.
- Será mejor que se retire, señorita Li. Luce cansada y está perdiendo la compostura. No querrá que informemos a su majestad de esto. ¿verdad? – esos ojos rojos miraron a la dama de compañía con desprecio.
- Serás una estúpida si lo haces. – De nuevo miró a la hija del general y la señaló con un dedo – No te acerques a Xiao Lang. ¿Me has oído? Serás sólo su estúpida concubina y ni siquiera con ese desvergonzado título tocarás las sabanas de su alcoba. ¡Lo juro por mi nombre!
- ¿Qué ocurre aquí? – la voz autoritaria del príncipe heredero inundó el pasillo y Meiling palideció al instante. - ¿Señoritas?
Las tres damas hicieron una reverencia. Xiao Lang observó a su prima y supo que algo no iba bien. Parecía temblorosa y tenía los ojos llorosos. Tensó su mano y miró a la castaña, que lucía tan serena como la noche anterior.
- ¿Qué hace en mi palacio, señorita Kinomoto? – caminó en dirección a su prima y la tomó de la mano mientras le dedicaba una sonrisa suave para calmarla.
- Me disculpo, su majestad. Esperaba poder ver a Troné y a Djanko. ¿Sería eso posible? – El príncipe bufó, cansinamente y llevó a su prima unos metros más lejos de las dos muchachas. ¿Qué le habían dicho a Mei para que estuviera así?
- Ya le dije que se lo permitiría una vez finalizaran las galas. No me gusta repetir las cosas dos veces. Vaya a sus aposentos, señorita Kinomoto. Y no vuelva a pasearse por mi palacio cómo si estuviera en su casa. ¿Me ha comprendido? – Sakura sintió la bilis recorrer su estómago, pero se contuvo. No esperaba nada de ese hombre, así que no le sorprendió que diera por supuesto que ella había causado la mala atmosfera y no la estúpida de su prima.
- Discúlpeme, su majestad. No volverá a ocurrir.
- Eso espero. Ya le he tolerado demasiados errores – la señorita Daidouji dio un paso al frente e iba a decir algo, pero la castaña no se lo permitió. Xiao Lang pareció dudar, por un segundo.
- Nos vamos, su majestad. Por favor, descanse.
Ambas muchachas hicieron una reverencia y salieron a paso ligero. La morena se giró a mirarle antes de doblar la esquina, y Xiao Lang pudo ver el desprecio por primera vez en esos ojos violeta. ¿Por qué esa condesa de pacotilla le miraba así? Nunca había levantado los ojos del suelo en su presencia. ¿Se había equivocado acaso al pensar que la culpable de todo era la joven Kinomoto?
- ¿Qué ha pasado Mei?
- Yo… nada, Xiao. Sólo le decía a la señorita Kinomoto que no era correcto molestarte. Y se puso como una fiera y se desquitó conmigo. Me parece que no le gusta estar aquí. Creo, que no entiende el honor que se le ha concedido - el príncipe notó un tono vacilante en su voz, pero asintió. Su prima no le mentiría. Y la señorita Kinomoto ya había demostrado que no sabía reprimir sus impulsos. No dudaba que había sido provocada por Mei, pero aun así esa joven debía aprender modales.
Un poco más lejos, por los pasillos que llevaban a la salida de palacio, una morena soltaba insultos nada propios de una dama, mientras su prima se reía a su lado.
- ¿Cómo puedes estar sonriendo? ¡Esa malnacida te ha humillado! ¡La muy desvergonzada! Y encima ese… ese… malcriado va y se pone de su lado sin siquiera preguntar por los hechos. ¡Estoy convencida de que son amantes! Por eso la emperatriz la favorece tanto. Las dos se han propuesto amargarte la vida y ese estúpido príncipe ni siquiera se da cuenta de que es el títere de ambas.
- Oh, vamos Tomy… no es que hayamos descubierto ahora cómo funciona el mundo. Ya sabíamos dónde nos habían metido.
- Pero…. Pero… - la mano de la castaña se puso en su hombro y no pudo más que tranquilizarse al ver el rostro sonriente de su amada prima - No sé cómo lo aguantas… tú que siempre has sido tan orgullosa… - Sakura suspiró y miró en dirección al cielo.
- Ya, bueno. Ya sabes que al principio sí perdía la compostura. Pero me he dado cuenta de que eso solo irá en mi contra. Cada vez que me dejo llevar por mis sentimientos soy pisoteada y humillada por ese idiota engreído. Si actúo como una muñeca sin sentimientos, me dejará en paz. Sólo es un arrogante con complejo de dios que desea jugar con su nueva adquisición. Nada más. – Tomoyo abrió la boca, asombrada.
- ¿Te ha hecho algo Sak? – la castaña negó con la cabeza.
- No me ha golpeado, si es lo que temes. Pero me ha dejado claro dónde está mi lugar.
- Sí… bajo su maldito zapato. – Sakura sonrío, pero asintió con la cabeza.
- ¿No eras tú la que decía que era el príncipe heredero y podía hacer lo que quisiera y yo tendría que aceptarlo?
- Eso fue antes de ver que era un cretino… creí que se enamoraría de ti nada más verte… - una risa alegre escapó de sus labios de fresa y la morena rodó los ojos.
- Oh, vamos Tomy… lees demasiadas novelas románticas.
- No me culpes por eso. Todas las chicas suspiran por él. Creí que sería más… más…
- ¿Educado? ¿Humano? ¿Decente? – ambas jóvenes rieron y giraron la esquina que las guiaría hasta la salida.
- ¿A dónde van mis preciosas damas? – las muchachas hicieron una reverencia a los príncipes. ¿Se encontrarían con todos los hijos del emperador esa mañana?
- Buenos días, sus majestades. – Eriol tomó la mano de la castaña y se la llevo bajo el brazo como gesto de caballerosidad y Takashi hizo lo propio con la señorita Daidouji, que se ruborizó de la cabeza a los pies.
- Oh, deja esas formalidades y tutéame. Takashi no dirá nada. ¿Verdad hermano?
- Seré una tumba si usan el mismo tono informal conmigo. Me cansa ser un "príncipe" a tiempo completo – el tercer príncipe sonrío a Tomoyo y esta casi se desmaya de la impresión. Pero pronto le dedicó una sonrisa coqueta. A fin de cuentas, estaba en edad de casarse. Y un príncipe siempre era un buen partido. Además, si se quedaba en palacio, podría cuidar de su amada prima.
- ¿A dónde iban?
- Oh, volvíamos a nuestros aposentos. Queríamos ir a ver a Troné, pero al parecer el príncipe no lo considera adecuado. – Sakura no pudo evitar mostrar una mueca infantil que causó la risa de su nuevo amigo.
- Xiao Lang ya está de mal humor ¿eh?
- Y no es el único. ¿Qué le pasa a tu prima? Parecía una loca esta mañana.
- ¡Señorita Kinomoto! – la castaña rodó los ojos y chasqueó la lengua a su prima.
- Oh, vamos Tomy. Ya has oído a Eriol. Serán una tumba.
- Pero… - los ojos azules del segundo príncipe le hicieron un guiño seductor que dejó a la morena indefensa. ¡Qué guapo era ese Eriol Clow Reed Li! Tuvo que acordarse de su fama de mujeriego para sosegar su corazón.
- Ya has oído a la señorita, todo lo que nos digan es confidencial. Además, ambos conocemos a nuestra prima y sabemos, que está loca. – Yamasaki se rio a su lado y miró a la que sería su cuñada con simpatía.
- Lamento mucho no haber podido asistir a la gala con usted, mi señora. Me temo que unos problemas me retuvieron en el puerto. Con gusto sería su acompañante hoy, pero dudo que Eriol me ceda el honor.
- ¡Ni en mil años! Sakura es toda mía esta noche. Ya me muero por verla en ese hermoso vestido color musgo…
- ¿Tu puja fue para regalármelo?
- Por supuesto. Se veía que el barón había tejido cada uno de sus hilos pensando en tus ojos de ninfa. – el sonrojo cubrió sus mejillas y la castaña se rio a gusto. Se sentía muy cómoda con Eriol. Era como tener otro hermano. Uno juguetón y con ideas perversas, pero eso aún la divertía más. – Pero volvamos al tema. ¿Qué ha hecho mi prima esta vez?
- Oh, nada importante. Sólo amenazó con hacerme la vida imposible y me advirtió que me alejara de su majestad, el príncipe heredero. Cómo si yo quisiera acercarme… - Takashi pareció sorprendido, pero Eriol le restó importancia con su mano.
- Eso sólo nos dice, que has puesto nerviosa a la dama carmesí. ¿Y Xiao Lang no te ha defendido como todo un caballero andante?
- Todo lo contrario – Daidouji habló por primera vez, y todos se giraron a contemplarla – su majestad llegó de la nada y ni siquiera preguntó qué había pasado. Dio por supuesto que Sakura había ofendido a la señorita Li y nos echó de allí.
- Ya veo… - Eriol pensó que esa actitud no era propia de su hermano. Seguramente algo o alguien le contó algún evento desagradable de la señorita Kinomoto. Y se olía que los hermanos Tsukishiro tenían algo que ver en todo eso – Bueno, es nuestra prima. Supongo que es natural que la defienda.
- Un buen gobernante debe conocer todos los detalles antes de juzgar. No importan los lazos de sangre o la experiencia que se tenga. Lo sé, porqué mi padre es juez. Él jamás tomaría una decisión sin conocer la versión de ambas partes. O ninguna versión, cómo en este caso. – Eriol rio ante la indignación sincera de la morena.
- Veo que está muy molesta. Pero no se preocupen que nosotros equilibraremos la balanza de la injusticia. – Sakura reprimió una carcajada, tomando con más fuerza el brazo del muchacho.
- ¿Y cómo logrará tal hazaña, mi apuesto príncipe azul?
- ¡Sakura! – El grito de la señorita Daidouji resonó por los pasillos y Sakura rodó los ojos. Takashi también pareció sorprendido por la confianza que emanaban ese par. ¿Estaba su hermano flirteando descaradamente con su futura cuñada? Por muy libertino que fuera Eriol, no debía apreciar su cuello. Ni el de ella.
- Cálmese, señorita Daidouji… Sakura sólo bromea. ¿verdad mi flor de cerezo? – la muchacha asintió enérgicamente y sacó la lengua a su prima – Pues de la casualidad que conozco un camino secreto a los establos.
- ¿Oh? ¿Secreto?
- Bueno… puede que no muy secreto. Es el que usa el servicio… - las dos jóvenes rodaron los ojos – Pero servirá para nuestro cometido. Vamos a ver a Djanko y Troné, ¿les parece?
- Si… ¡Vamos!
.
Continuará...
.
Notas de la autora: ¡Cómo adoro a nuestro Eriol travieso! jajaja. Espero que la atmosfera menos informal sea de su agrado. Tanta reverencia me tenía agotada. jajajaja. Y no sean duras con Mei... ya saben que siempre empieza con mal pie pero luego se gana nuestros corazones. (no prometo lo mismo con Ieran... jajajaja) De nuevo les agradezco su apoyo y las animo a comentar. Estaré encantada de contestar a todas sus dudas y ya saben que de vez en vez se me escapa algún spoiler... ahí lo dejo. jajajaja. Un beso super mega grande y mis mejores deseos! Arigatoooooooo!
