Capítulo 7
Fue un largo viaje a Konoha, principalmente porque Ryuu se negaba a simplemente quedare quieto. Siempre aprovechaba cualquier oportunidad para tratar de escapar o removerse de los brazos del Maeda, quien conocía bien el carácter del chico y fue únicamente por eso que logró soportarlo hasta llegar a la aldea de la hoja.
—¿De vuelta tan pronto Maeda-sama? —preguntó el chunin de turno en la entrada de la aldea.
—Tuve un poco de suerte.
Los dos chunin no sabían si reír o llorar al ver que, en efecto, Maeda traía a Ryuu Toshino atado sobre su hombro. Ryuu era conocido por hacer bromas muy pesadas junto con sus ratas y nadie en la aldea extraño su partida, más bien lo agradecieron. Quizás era que Ryuu dejaba caos y pérdidas monetarias muy significativas a muchos aldeanos y Shinobis, tanto así que a veces era imposible que algún establecimiento volviera a funcionar. Lo peor era que casi nunca se encontraban pruebas contra el menor de la casa Toshino y eso significaba que no podían exigirle al padre remuneraciones.
Así pues, no fue sorpresa para Ryuu que tras cruzar las puertas hubiera captado la atención de los transeúntes, quienes miraban con horror el regreso de Ryuu. El castaño inflo sus mejillas con enfado, más bien tratando de ocultar su vergüenza y resentimiento.
—¡Mirones! ¡¿Qué no tienen nada mejor que hacer?! —reclamó el niño cuando ya se había formado una multitud que los seguía a él y a Maeda hacía la torre Hokage.
Para alivio de Ryuu, y gran satisfacción, sus amigos roedores entraron en acción y asustaron a la multitud de personas. Aunque tuvo que llamarlos y hacer que volvieron a sus escondites cuando vio como varias personas intentaban usar veneno y armas en su contra.
—No llevas ni veinte minutos aquí y ya estas causando alboroto.
—Si no caminaras tan lento a propósito para humillarme, no estaría pasando esto.
Maeda se encogió de hombros y sonrió con malicia.
—¿Y dejar pasar esta oportunidad para todos? No princesa.
Ryuu abrió la boca en sorpresa, luego se recuperó y miró indignado al jonin. ¿Princesa? ¡Lo había llamado princesa! Ya tenía un primer nombre en su lista de "personas a las que debo hacer sufrir".
El chico castaño observo de reojo a un equipo pasar a la torre justo detrás de ellos, eran un jonin y sus tres jonin.
"Cierto, yo debería estar en mi último año de la academia". Apartó esos pensamientos diciéndose a sí mismo que no necesitaba graduarse junto a otros mocosos que no estaban a su nivel.
"¿Ah? ¿Kakashi?", pensó sorprendido.
Al principio creyó que se lo estaba imaginando, pero no tuvo tiempo de comprobarlo cuando ya estaba en la oficina del Hokage con Maeda.
—Ah, Ryuu-kun. Un placer verte de vuelta en la aldea a pesar de la…manera en que llegaste.
—¡Hokage-sama! ¡Dígale a Maeda que me desate, me hizo pasar una humillación!
El Hokage permaneció impasible pero hizo un gesto con la cabeza al jonin para que desatase al niño, no había peligro de que escapase estando en presencia del Hokage y sus Ambu escondidos. Maeda hizo caso y desato a su carga, justo hubo terminado con ello cuando la puerta se volvió a abrir para dejar paso a un hombre con gran parecido a Ryuu.
—Toshino-san.
—Hokage-sama, recibí su mensaje urgente.
A pesar de los esfuerzos de Ryuu para ocultarse del hombre al final resulto en vano, pues en cuanto Toshino Shiro posó sus ojos en Maeda Hiro supo que no venía solo gracias a la sonrisa del jonin. Así fue como dos pares de ojos negros se encontraron.
—¿Ryuu? —Shiro se acercó al menor con cautela, como temiendo que si se moviera demasiado rápido el menor optaría por volver a irse.
Ryuu no se movió, principalmente porque sabía cuándo estaba superado, pero eso no decía que no aprovecharía la primera oportunidad para escapar de la aldea nuevamente. Pero era lo suficientemente inteligente para saber que no podía dar a entender eso si quería suavizar su castigo.
—Hola. Padre —lo último le costó decir, pues ya hace mucho que no usaba esa palabra.
—Siete meses. Haz estado fuera siete meses, ¿qué pasó tu cabeza para irte así como así?
Ryuu bajo la mirada y apretó los labios tratando de contener su lengua.
El Hokage sintió la tensión que se acumulaba para estallar y decidió que no quería repetir una escena como la de Kushina y Kakashi tan pronto, por ello intervino.
—Parece que hay mucho que se debe informar. ¿A quién le gustaría empezar? ¿Maeda-san?
—Por supuesto, Hokage-sama. Mi equipo llevaba la búsqueda de Ryuu por el lado sur esta vez, comenzamos hace un mes y casi nos dábamos por terminados cuando encontramos un rastro que nos llevó al País del té, donde perdimos su rastro. Sin embargo logramos descubrir que solo nos llevaba unas horas de ventaja y decidimos separarnos, yo me dirigí hacía el norte junto con Zora, Dai fue llamado de regreso para una misión de urgencia. Ya en Villa Nadeishko Zora también fue llamado y solo quedé yo para completar con la búsqueda. Encontré a Ryuu ayer y lo traje inmediatamente, no hubo complicaciones.
—Veo. Ryuu-kun, supongo que tú si nos tienes que contar muchas cosas interesantes de estos seis meses fuera de la aldea.
Villa Nadeishko
Naruto llegó a salvo donde lo esperaba un barco tripulado por unas cuantas personas con las que se mezcló para no llamar la atención. Paso la mayor parte del tiempo del viaje pensando si podía viajar por el País de la Lluvia, pero descarto la idea, pasar por el País del Viento era su mejor opción si no quería llamar la atención y buscar un maestro con el cual entrenar con la mayor tranquilidad posible.
"Kurama".
"¿Qué es mocoso?".
"No has dicho nada del chico-rata".
"Es una rata traidora, le va a dar algo al ver que te has liberado antes de que vuelva. Eso es todo lo que tengo que decir".
"Creí que te caía bien".
"A ti te caía bien".
"Sí".
Naruto no podía negarlo, le caía bien el chico-rata. Sí, estaba enojado por ser atacado por la espalda cuando no había hecho más que preocuparse por el chico, pero una vez estuvo en el lugar de Ryuu y sabía lo difícil que era confiar cuando caías tan hondo que parecía como si el mundo no tuviera compasión de ti. Él fue fuerte y se resistió al mundo, a la presión de su aldea, confío en que había alguien en el mundo destinado a ser su amigo y eso fue lo que le llevo a ser amigo de Kurama. Ryuu solo… era una persona diferente, que veía todo diferente a como él lo veía. Ryuu tenía sus propias decisiones a tomar, sus propios errores que cometer y, quizás, su propio mejor amigo que conocer que no era Naruto (y dolía que Naruto haya pensado, muy en el fondo, que Ryuu y él estaban destinados a ser amigos y lo había intentado tanto, pero al parecer Ryuu no pensaba igual y ya había tomado la decisión que a Naruto le faltó tomar).
Naruto estaba triste, había debatido tanto consigo mismo sobre dejar que Ryuu sea su compañero o abandonarlo, y mientras él ya había decidido hacer de Ryuu su amigo, este había decidido otro camino en el que hacía de Naruto su enemigo. Como lo hizo Katsuza y como lo hicieron los hermanos Carmesí.
"Al final él era igual que ellos y ahora será solo uno más detrás de mí".
Kurama permaneció en silencio. Se negaba a contarle a Naruto sobre el chico-rata traidor siendo capturado por una presencia de Konoha, conocía al rubio y este no dudaría en ir a rescatar al chico. No, Naruto necesitaba tiempo para calmar sus sentimientos y pensar con la cabeza, si valía la pena salvar a la rata traidora.
Un estruendo y el barco moviéndose sacaron a Naruto de sus cavilaciones.
—¿Qué acoso uno no puede pedir un tiempo de paz?
Un enorme tentáculo de agua emergió y golpeo al barco en el costado haciéndolo voltear por completo.
"Yo y mi boca".
"Acéptalo, nuestra vida es extraña mocoso. Nunca tendremos paz".
Konoha
Ryuu acabo por contarle la verdad (a medias, se vio en obligación de emitir varios momentos vergonzoso) al Hokage, su padre y Maeda, incluso su viaje con Uzumaki Naruto. Total que no era problema suyo que el Uzumaki se haya encariñado, ni que fuera tan confiado. Y si omitió algunas habilidades de Naruto y su conocimiento de hacía a donde dirigía Naruto, bueno, ese era problema suyo.
Aunque su actual problema era de mayor importancia.
Shiro observó al menor con detenimiento, analizando hasta el más mínimo detalle. Ryuu se veía un poco flaco, aunque no tanto gracias a Kami, estaba algo sucio y con algunas heridas menores curándose. Al parecer Naruto Uzumaki había sido un buen anfitrión con su huésped indeseado, pensaba Shiro.
Ryuu no podía soportar mirar a los ojos del hombre, no cuando estos cargaban con un gran alivio y tristeza. Sabía que su partida iba a afectar a su padre, pero no pensó que estaría para ver los efectos. ¿Y qué paso con Anko? ¿No debería ella haber sido una buena novia y estar consolando a su hermano en su ausencia?
—Estas en casa —rompió el silencio Shiro.
—Eso parece.
Silencio.
Ryuu presto atención a su alrededor y notó solo algunos cambios menores desde su ausencia, al parecer el negocio iba bien. Vio a Maeda afuera vigilando desde el patio, a plena vista. Ryuu sintió como una vena le palpitaba.
—Veo que Maeda sigue igual.
—Hiro-kun es un gran hombre y un gran amigo.
—Te juro lealdad, ¿verdad?
—Lo hizo.
—Siempre supe que terminaría uniéndose a ti. Por qué a mí me detesta, así que no hay otra razón por la que haya jurado lealdad a la casa Toshino.
Shiro mantuvo la compostura aunque estaba agitado por dentro, Hiro siempre hablo de dejar a Ambu y volverse un jonin leal a la casa de Shiro, la casa Toshino. Por eso no fue sorpresa para nadie cuando cumplió su palabra y se dedicó enteramente al bienestar de Hiro y a la búsqueda de Ryuu, como últimos supervivientes de la familia Toshino, la que una vez fue una gran familia con raíces en Konoha, aunque no llegando a ser un clan en realidad dado su origen civil.
Pero Hiro y Ryuu no tenían la mejor de las relaciones debido a que el menor era un hiperactivo y casi malévolo niño resentido, y Hiro era un jonin dedicado y leal con un suave lado bromista y rival. Ryuu gustaba de decir que Shiro no lograría nada de sus absurdas metas, resentido por su pasado y sin tener ya ninguna fe en el mundo según sus propias palabras; Hiro admiraba a Shiro y veía su noble corazón y coraje como algo valioso que proteger, creía que Shiro lograría sus admirables metas. Eran así de diferentes y se llevaban fatal. Aunque había algo más…
—Hiro-kun te busco por petición mía.
—Lo sé. ¿Por qué? Te deje una carta.
—Mirate Ryuu, ¿crees que puedes sobrevivir fuera de los muros de Konoha siendo solo un niño?
—No siempre fue así.
—Pero lo es ahora. Espera hasta que seas un poco mayor y podrás viajar a voluntad, lo prometo.
—Con Hiro o alguno de los otros leales a la familia como guardaespaldas ¿no es así?
—También viajo con escolta Ryuu.
Ryuu fue castigado, quien dijera que Shiro era demasiado blando con su hijo estaba equivocado. Ryuu fu puesto bajo vigilancia de un shinobi retirado que era el protegido de Shiro, las veinticuatro horas del día y pasaría sus momentos fuera de casa con Kakashi ayudándolo en sus rangos D. Fabuloso. Al menos Kakashi no era alguien que disfrutara humillar a Ryuu.
"Oh diablos. Tendré que decirle a Kakashi que estuve viajando con Naruto la última semana, seguro me hará miles de preguntas, pero merece saberlo".
Ryuu acelero para encontrarse lo más pronto posible con Kakashi, ignorando deliberadamente las fuertes miradas que le dirigían los aldeanos. Ya se encargaría de ellos en cuanto lograra librarse de su nueva sombra.
País del fuego
Naruto maldecía su suerte, solo a él le tocaba encontrarse con el nuevo invento de los hermanos Carmesí (¡¿Qué nunca descasaban?! ¡¿No tenían a alguien más a quien cazar o solo era un rencor hacía Naruto?!), para terminar en las orillas del País del fuego.
"La buena noticia es que estamos cerca del país del té".
"Pero con nuestra suerte nos encontraran los de Konoha antes de abandonar el país o algún otro desastre nos pasara".
"Tú suerte dirás, mocoso".
Naruto camino mientras despotricaba en su cabeza contra el zorro demonio por echarle toda la culpa a él de la mala suerte.
