You taught me the courage of stars, before you left
How light carries on endlessly, even after death
With shortness of breath, you explained the infinite
How rare and beautiful it is, to even exist
"Pareces preocupado el día de hoy" El susurro de aquella suave voz a su espalda logró sacarlo de sus pensamientos. ¿Por qué su voz era tan dulce? Ni siquiera se había percatado del momento en el que ella se había acercado.
Su gran e imponente figura observando el copo del árbol que se erguía frente a él, pensativo, ocultando su rostro del resto del universo. Quizás su estado podría pasar desapercibido para muchos, pero no para ella.
"No es nada" Ambos sabían que esas palabras no eran ciertas.
La joven avanzó hacia donde la figura del pelirrojo se situaba. Quedó estática, él aún le ocultaba su rostro dándole la espalda. Localizó su mano derecha en la espalda del joven. No sabía cómo podía ser que aquel simple contacto lograra reconfortarlo tanto. Sin duda no había explicación lógica.
Ella no dijo nada, respetaba su silencio.
Él parpadeó varias veces intentando borrar la humedad y el brillo existente en sus ojos a motivo de los recuerdos que se amontonaban en él.
"Deberías estar en clases Haruko" Se preocupaba por ella, ante sus ojos él era un gigante con un corazón noble.
"Tan despistado eres que no te has dado cuenta que estamos en el descanso" Volvió a sonreírle cariñosamente, deseo poder mantener esa imagen en su memoria para siempre "Pero tu deberías estar aprovechando este tiempo para practicar, los partidos están siendo cada vez más difíciles Sakuragui".
Aquellas palabras eran precisamente lo que en aquel momento necesitaba oír, la motivación a seguir jugando baloncesto y refugiarse allí de sus problemas.
"Bueno tú sabes que yo soy muy talentoso, pero tienes razón, no puedo confiarme, y menos cuando hay tantos que pretenden quitarme el título de novato de oro" Ahí estaba el Sakuragui que ella ansiaba ver.
"Claro, porque para el genio Sakuragui que los rivales sean cada vez más difíciles no es problema" Ambos rieron, la compañía de aquella delicada joven le hacía al pelirrojo demasiado bien.
Había establecido la rutina de volver a casa a través de ese camino. Era el más largo, sí. Pero aún sabiendo que era inútil y que las probabilidades jugaban en su contra, albergaba la esperanza de poder encontrar en la cancha, por la que al tomar aquella dirección atravesaba, al joven basquetbolista del cual hacía una semana que no sabía nada.
Aquella cancha había sido el lugar en el que habían compartido el mayor espacio temporal juntos.
El hecho de haber sido aceptada en el club de danza y de animadoras le quitaba gran parte de su tiempo. La mayoría de tardes debía tras las clases quedarse a practicar con el resto del grupo. Gina renunció a aquello nada más comenzar, no pretendía dejar de lado sus entrenamientos en el gimnasio por aquello. Pero ella quería continuar.
Cuando las clases terminaban, marchaba al entrenamiento de danza, y Gina partía hacia el gimnasio, donde se encontraba según podía imaginar con Yohei Mito. El resto de las tardes que tenían libres la dedicaban debido a insistencia de Kyota a presenciar la práctica del Kainan.
El hecho de trasladarse hasta la preparatoria de Shohoku les ocupaba demasiado tiempo como para ser algo que pudieran permitirse hacer de forma habitual.
Los últimos partidos que habían transcurrido habían sido en horario escolar, por lo que Gina y ella preocupadas ambas por sus calificaciones habían optado por no asistir.
Pero ella echaba de menos ver al chico de la cicatriz mostrar sus habilidades en la cancha, y aún mantenía la esperanza de que una tarde tonta se pudieran cruzar sus caminos.
Sin embargo, el azar no había estado de su parte y no había llegado a coincidir con el joven, probablemente él ya se hubiera olvidado de ella. Ni siquiera había nada que olvidar porque ambos solo habían coincidido en un par de ocasiones.
Lanzó un suspiro resignador al aire mientras dejaba atrás aquel lugar una vez había confirmado que únicamente había un grupo de cuatro jóvenes practicando basketball.
"¿Quieres que mañana te acompañe al cementerio?" Había dudado bastante en hacerle aquella pregunta a su amiga, pero finalmente había optado por hacerlo, el hecho de que esta estuviera más pensativa y abstraída en su mundo de lo normal la había decantado a ello.
Contrario a lo que Mayoko podía haber pensado, aquella pregunta no sorprendió a su amiga, que se limitó a negar con la cabeza.
"Sabes que no me gusta ir a ese lugar".
Era cierto, desde que tuvo lugar el entierro de su padre únicamente había ido al cementerio un par de veces, ambas habían sido en compañía de su tía. Hanamichi por el contrario si acostumbraba a acudir allí más asiduamente, aunque en los últimos meses no le constaba que hubiera ido.
Ambas caminaban de vuelta a casa, aquel día era más tarde que de costumbre, debido a que la práctica de danza de Mayoko se había extendido más de lo normal, y ella la había esperado aquel día mientras aprovechaba para realizar algunas consultas en la biblioteca de la preparatoria.
"No quiero que estés sola mañana" Fue lo único que dijo, y su amiga la miró con ternura, el instinto protector que Mayoko sentía hacia ella le resultaba agradable.
"No te preocupes, pasaré el día con la tía Yukiko".
A Mayoko le extrañó aquella afirmación, en sus peores momentos relacionados con la muerte de su padre, Gina había estado siempre acompañada por Yohei y por ella, el hecho de que ahora esto cambiara le extrañaba.
Hanamichi era diferente, la castaña siempre había pensado que el sentimiento de culpa que el pelirrojo tenía por la muerte del padre de ambos mellizos le impedía apoyar a su hermana en estos momentos.
Quizás Gina pretendía seguir los pasos de su hermano y aislarse al respecto de dicho tema, o a lo mejor quería compartir con su tía que la entendería mejor de lo que ella podría hacer sin duda.
"Mayo" La castaña levantó su vista hacia su amiga interrogante "Gracias, pero mañana estaré mejor sola" Con aquella frase finalizó el intercambio de palabras entre las dos, se despidieron en el cruce y cada cual tomó un camino de regreso a su respectivo hogar.
Sus pensamientos se centraban en su mejor amiga, aunque ella así lo hubiera pedido, no estaba segura de que lo mejor para ella fuera pasar el día sola, sabía de sobra que el día siguiente la joven de cabellos rubios no acudiría a clases. El joven de cabellos pelirrojos menos aún.
Ambos hermanos estaban sin duda cortados por la misma tijera, el comportamiento de los mellizos seguía el mismo patrón.
El piqueteo de un balón de baloncesto sobre el suelo con violencia la sacó de sus pensamientos, había vuelto a elegir el camino más largo, pero esta vez no había sido consciente de ello, sus pies la habían guiado.
Y allí estaba él.
El sudor cubriendo su piel se reflejaba por los rayos solares, desprendiendo un gran brillo, sin darse cuenta se había quedado parada observándolo al otro lado de la alambrada que separaba la cancha de la calle.
Sus dedos descansaron sobre la valla de alambre mientras se detenía en cada uno de los movimientos que el joven realizaba. Podía ver como el mismo se imaginaba rivales a los que esquivar y vencer, esquivaba a contrincantes inexistentes, sus movimientos eran rápidos y elegantes. Podía afirmarse que disfrutaba viéndolo como se movía con un balón de baloncesto entre las manos.
Su mente inevitablemente marchó hacia los momentos en los que el joven habría tenido que alejarse de aquel deporte que era su vida. Cuan doloroso podría haber sido aquello para él, no lo justificaba, pero podía entender que esta hubiera sido su motivación para odiar todo lo relacionado con aquel deporte.
¿Pena? No, pero quizás sí podría afirmarse que se compadecía de que el joven hubiera tenido que pasar por todo aquello, y hacerlo en la ausencia de amigos de confianza en los que apoyarse. La soledad y la distancia de sus sueños motivaron que el joven se volviera un conflictivo. Si el joven supiera que pensaba eso seguro se enfadaría y le heriría el orgullo.
Podía imaginar también como él se atormentaba diariamente por todo el tiempo perdido lejos de aquella práctica. El balón terminó de deslizarse por las redes de la canasta. El puño del peli azul cerrado en el aire.
Fue en aquel momento en el que él se dio cuenta de la presencia de público en su entrenamiento, sonrió en su dirección. Ella elevó su mano derecha discretamente a modo de saludo.
Durante unos instantes se mantuvo estática sin saber muy bien cómo sería correcto que actuase. Al cabo de unos segundos se decidió por entrar en el recinto, se acercó a él tímidamente.
Sin mediar palabras entre ambos, Mitsui le lanzó el balón, la castaña lo atrapó en sus manos ágilmente.
"¿Te atreves?" La castaña sonrió ante la pregunta, lo hizo de forma tímida, pero su respuesta fue clara y estuvo llena de convicción.
"Siempre" El acompañante sonrió ante aquella respuesta.
Fueron las únicas palabras que intercambiaron antes de comenzar a jugar ambos. Algunas risas resonaron aquella tarde en la cancha, pero sin duda lo más relevante, fue como comenzaba a ser latente la complicidad entre ambos jóvenes, y la comprensión del uno al otro sin que siquiera mediase palabra.
Al finalizar el juego, el joven volvió a acompañar a la castaña a su casa.
El sonido de la sartén al fuego llamó su atención, no sabía que la tía Yukiko llegaría a casa aquel día. Instantáneamente soltó la chaqueta que cubría sus hombros sobre el perchero en la entrada, y se deshizo de sus zapatos.
Comenzó a terminar de deshacerse el nudo de la corbata que ya se encontraba medio destruido. Pensó que podía parecer una ejecutiva llegando a casa tras un día agotar, sonrió ante tal pensamiento. Sin duda el uso de aquella prenda de ropa era para fomentar el prestigio de aquella preparatoria. Algo idiota desde su punto de vista.
Entró en aquella habitación para encontrar a su tía canturreando alguna de las extrañas canciones que a ella le gustaba cantar mientras cocinaba, aludiendo que se inspiraba con aquella práctica y lograba mayor concentración. Cuando alguien le preguntaba por el secreto tras sus ricas preparaciones, ella siempre decía que era el canto.
Su sorpresa fue grande al ver que Yohei Mito también estaba en aquella cocina, lo miró interrogante, y este se encogió de hombros.
"Llegó buscándote, pero ni tú ni tu hermano estabais, así que lo convencí de que os esperase aquí, y que se quedase a cenar" La joven rubia elevó las cejas, no podía ocultar que aquello la alegraba, distraídamente sustrajo de la fuente en la que había algunas de las preparaciones culinarias reposando un trozo de pescado y lo introdujo en su boca distraídamente "Señorita deje eso, y limpie sus manos antes de tocar nada de la cocina".
Aquella reprimenda logró sacar algunas risas de ambos jóvenes, que se miraron con complicidad.
"Vayan a poner la mesa, Hanamichi tiene que estar a punto de llegar" Ambos obedecieron al mandato.
La cocina estaba separada del salón por un largo pasillo, por lo que ambos se cargaron de platos y cubiertos a fin de evitar dar varias vueltas.
Mientras la joven disponía los platos en orden, él detrás de ella iba situando los cubiertos en el lugar correspondiente, fue el joven quien rompió el silencio.
"Deberías volver a acudir al gimnasio con la frecuencia que lo hacías antes" La joven levantó la mirada de la mesa y fijó sus ojos en los de su amigo "Así gestionarías mejor tus enfados y no te destrozarías la mano".
Una sonrisa se escapó de sus labios, nada se escapaba de sus apreciaciones.
"Sigo yendo, pero debo esforzarme si quiero mantener las calificaciones" Le dio un breve empujón mientras ambos ya cruzaban nuevamente el pasillo en busca de los vasos y el resto de instrumental necesario "Algunas no somos balas perdidas como otros".
"Mocosa" Fue lo único que dejó escapar de sus labios a la vez que respondía al empujón de la rubia revolviendo su larga cabellera, ocasionando que algunos mechones se enredasen en la cabeza de su amiga.
Odiaba profundamente cuando hacía eso. Y más cuando la llamaba así.
"Probablemente el tonto siga practicando, aunque lo veo más concentrado y entusiasmado de lo que pensaba, quizás si se transforme en un deportista" La tía Yukiko se sintió complacida de escuchar eso.
"Hanamichi es una persona con mucho potencial, pobre como nunca fue bueno en los estudios, siempre lo han subestimado" Odiaba la actitud con la que su cuñada se dirigía hacia su hijo, no tenía ningún tipo de expectativas en él, y sin embargo ella sí conocía las cualidades de Hanamichi.
La tenacidad y la constancia del pelirrojo eran cualidades que lo podían llevar al éxito. Nada la haría más feliz.
"¿Esa es la puerta?" Preguntó la más adulta de aquella estancia, el joven salió de la habitación buscando la causa del sonido.
Tal y como la tía Yukiko había predijo, el sonido de la puerta provenía del pelirrojo. Este saludó a los tres con gesto cariñoso, principalmente a su tía debido a la sorpresa de verla, depositó un leve beso en la frente de esta, que seguía frente a la encimera terminando la preparación.
Los cuatro se sentaron en la mesa, la voz de la tía Yukiko ocupaba la conversación, les conversaba acerca de los últimos casos en el despacho y las anécdotas de los juzgados. Ellos la escuchaban atentos, algunas risas se escapaban.
"Por cierto Hanamichi, ¿cómo es que has llegado tan tarde?" Preguntó una vez finalizó con su narrativa de los hechos de su última estancia fuera del hogar.
"Porque acompañé a Haruko a su casa" Instantáneamente Yohei y Gina tosieron, la última con más fuerza, teniendo que llegar a acudir a ingerir agua.
Lo que más logró sorprender a la rubia quizás fue la tranquilidad con la que su hermano había pronunciado tales palabras, quitando importancia al dato.
"Bueno yo tengo que daros un pequeño obsequio a los tres, no es del viaje como otras veces, pero pienso que os va a gustar, quiero dároslo ahora porque mañana no sé si Yohei estará" Los tres la miraban expectantes.
Muchas veces tras los viajes, la tía Yukiko les traía algunos souvenirs de los lugares que visitaba, en particular a Gina siempre le traía un marcapáginas de la ciudad, su joven sobrina tenía la costumbre de coleccionarlos y le entusiasmaba recibirlos. Con el tiempo dejó de mencionarles a qué ciudad iba a partir a fin de contar con el elemento sorpresa cuando repartiera los regalos.
Yohei siempre recibía alguno, sería hipócrita decir que para ella era igual que sus amados mellizos, pero cierto que era como otro sobrino. Los actos de Yohei cuando acontecieron los hechos del pasado año la habían impactado, tan fuerte era la relación de amistad entre esos tres muchachos que se veía impulsada a tratar al joven como uno más.
Esperaron ansiados y siguieron con la mirada a la mujer, mientras ella traía en una bolsa de papel los objetos que conformaban el obsequio.
Tendió un paquete con forma rectangular a cada uno de ellos. Los tres lo miraron intentando descubrir que podía esconderse tras aquel fino envoltorio.
La respiración de la rubia comenzó a agitarse a medida que vislumbraba lo que se encontraba escondido por el resto de papel regalo. Se llevó su mano izquierda a la boca evitando decir o expresar algo.
Tres marcos, la misma foto en todos ellos.
Los cuatro podían recordar perfectamente de cuando era. Un día de fútbol en el que el padre de ambos mellizos había insistido en ir todos juntos a animar al equipo. En la foto se puede ver como la joven de cabellos rubios, con una gorra que incluía el escudo de su equipo feliz abrazaba a su padre, en la izquierda de la composición se situaban Yohei Mito y Hanamichi, ambos parecían estar más ocupados de lo que acontecía en el terreno de juego que del cámara y la fotografía.
Momentos felices que ya no volverán.
Gina sentía unas profundas ganas de retirarse de aquel lugar, ver aquel rostro era suficiente para que las lágrimas amenazaran con salir. Recordar todo lo que hacía un año había tenido lugar era aún doloroso. Doce meses no era tiempo suficiente para sanar heridas, no importaba si pretendían fingir que sí.
Hanamichi ni siquiera pronunció palabra alguna, solo extendió su mano y la situó en el hombro de su tía a modo de agradecimiento, fue el único no miembro de la familia en aquel lugar quien habló.
"Él estaría feliz de vernos esta noche" Fue lo único que dijo.
El rostro de los mellizos era serio, Yukiko extendió una mano hacia cada uno de ellos.
"Estaría orgulloso de ambos, de sus balas perdidas" Gina asintió mientras bajaba la mirada pretendiendo ocultar su mirada, sonrió levemente.
Aquel día Yohei Mito no encontró oportuno quedarse a descansar en el hogar de los Sakuragui, alegnado gran cansancio decidió marcharse, no sin antes depositar un breve y protector beso en la frente de su amiga, sabía que esa noche ella no dormiría. Chocó manos con su amigo en su particular saludo, sabiendo que esa noche él tampoco dormiría. Y agradeció a la Tía Yukiko por el presente.
Se marchó con un nudo en la garganta difícil de digerir, realmente quería quedarse allí para intentar apoyarlos, era algo que había comentado con Yukiko antes que ellos llegasen, y ambos habían concluido que los mellizos necesitaban algo de tiempo solos, pensar y procesar. Él también sufrió la pérdida de aquel hombre que siempre lo había acogido y tratado como uno más, como aquel día hacía Yukiko, pero sería una falta de respeto igualar su dolor al de sus dos amigos.
Pensó mientras recorría las solitarias calles de la ciudad que no sabía cómo debía actuar al día siguiente en relación a los hermanos. Seguro que ninguno de ellos asistiría a clases.
Aquella noche se acostó en la cama pensando en lo que supone la muerte. La pérdida de un familiar es un proceso interno, que requiere de mucha valentía y madurez, asumir que una persona importante para nosotros marchó, no es fácil, pero es necesario. Aquella noche él tampoco durmió.
Viendo su asiento vacío no podía evitar sentirse culpable por estar tan feliz mientras su mejor amiga debía estar destrozada, suspiró levemente. Todas las veces que a lo largo del día fue cuestionada acerca de la inexistencia de su amiga alegó enfermedad por parte de esta.
"Te noto algo abstraída" Señaló el tirador de tres puntos de Kainan.
Se encontraban en el descanso, mientras Kyota iba a comprar algo para el desayuno ambos se habían quedado solos, pero la falta de comunicación por parte de la castaña había hecho ver a Jin que algo raro cruzaba por su cabeza.
Se encogió de hombros, sin duda este joven era mucho más observador que el novato del equipo.
"¿Sabes qué? Kaori está super rara últimamente, creo que se arrepiente un poco de haber actuado así con Gina"
"No pienso que se arrepienta de nada, es un poco victimista, hizo quedar a Gina mal cuando realmente la que peor actuó fue ella, bueno quien peor actuó fue Sendoh pero eso es otro tema" Aquel extraño triángulo amoroso intrigaría a cualquiera, incluso a alguien tan tranquilo y ajeno a los cotilleos como era Jin.
"Bueno Gina nos dijo una vez que Sendoh la había dejado por Kaori"
"No es tal así, no sé las personas son complejas y se comportan de forma extraña a veces" Con esa frase el joven de tez blanca comprendió que la castaña no quería hablar del tema, y decidió zanjarlo.
"De todas formas, ahora parece que está interesada en Maki" Los ojos de Mayoko se abrieron.
"Gina no está enamorada de Maki" Si bien era cierto que ella misma había notado miradas entre los dos, no lo iba a reconocer, y mucho menos que pareciera que era su amiga la que iba detrás de aquel joven.
"Claro que Gina no está enamorada de Maki, me refería a Kaori" La castaña expulsó aire aliviada, se había equivocado de persona.
"¿Y Maki le corresponde?" Preguntó intentando quitar importancia al tema.
"Pues yo creo que Maki no corresponde a nadie ni nada que no sea el baloncesto o el surf, ¿Por qué? ¿Estás interesada en él?" Este joven lograba transmitir su buen humor mientras hablaba, era una persona muy particular.
"¿Cómo se te ocurre Jin?" Rieron ambos mientras veían a Kyota acercarse con sus característicos pasos.
"A Kyota le afectaría" Un color rojizo pobló las mejillas de la aludida.
"No sé de qué manera podría afectarle mis posibles sentimientos hacia otra persona" Jin elevó las cejas pretendiendo hacer ver lo evidente de la situación "Entre Kyota y yo no sucederá nada" Finalizó, en su interior Mayoko deseaba que Jin pudiera hacerle ver esto a Kyota como amigo suyo que era.
Cuando Kyota se incorporó a la conversación, esta tomó otro rumbo centrado en el avance hacia las nacionales.
No se limitaría a presenciar su asiento vacío, aquel día había asistido a clase albergando aún una mínima posibilidad de que su amigo asistiese a clase. No fue así, por lo que él tampoco lo haría, alegó indisposición para excusarse, pero fue descubierto en su intento de escapada por los otros tres integrantes del grupo de amigos.
"Ni pienses que eres tú el único preocupado por ellos" Alegó el joven del bigote.
"No podemos quedarnos aquí sin saber cómo están, seguro que hay algo que podamos hacer" Dijo el rubio, coincidía con su pensamiento, pero, sin embargo, sabía que ambos hermanos tendían a buscar la soledad cuando se sentían mal.
Sin duda laguna, ese orgullo inquebrantable que les impedía expresar sentimientos íntimos a terceros y permitir que los vieran llorar era algo que tenían ambos hermanos en común.
"Tenemos el deber de ir el ejército de Sakuragi al rescate de nuestros líderes" Sentenció el joven de menor estatura mientras se ajustaba las gafas.
Aquel día se dirigió al espejo en cuanto no pudo soportar más los rayos de sol incidiendo sobre su rostro. No le resultó extraño ver grandes surcos de color oscuro bajo sus ojos, ni siquiera podía asegurar haber conciliado el sueño durante algún momento de la noche.
Tapó como el maquillaje mejor le permitió las marcas de la mala noche que había pasado, eligió un largo vestido blanco y salió de la casa tras haber verificado la nula presencia de algún otro miembro de la familia en el hogar.
Le había parecido escuchar voces correspondientes al autodenominado ejército de Sakuragi, pero había optado por ignorarlas, podría imaginar como su hermano los habría persuadido de su intento de llamarla. Aquel día iba a ser un antes y un después y quería estar sola en ello.
Compró una rosa blanca, podía recordar como desde que era pequeña y había confesado amar dichas flores, sus padres le traían una cada vez que cumplía años. Se sentó sobre la arena frente a mar, y realizó un recorrido mental sobre todos los momentos que había vivido desde que tenía uso de memoria con su padre. No lloró, no era un día para llorar. No era consciente del tiempo, y ni siquiera había sentido hambre o cualquier otro tipo de necesidad fisiológica, podía afirmarse que estaba en algún tipo de trance emocional.
Hacía un año su vida había cambiado totalmente, la pérdida de su padre, y también la ruptura con quien la había acompañado sentimentalmente por un año, ambos sucesos juntos habían provocado que la joven atravesase por un fuerte proceso en el que únicamente contó con su tía, con Yohei y con su hermano a momentos.
Volvió a levantar la vista hacia el mar, el día había transcurrido con ella fuera de casa, quizás la tía se preguntaba por su paradero, debía ir pensando en volver, pero antes quería hacer algo.
Se levantó sacudiendo la arena de aquel bello vestido con delicadeza, con sus manos se deshizo de sus sandalias que depositó sobre la arena.
Sentir el frío del agua bajo sus pies la reconfortó. Ya solo quedaba mirar hacia adelante.
Con cada paso se deshacía de una inseguridad, con cada paso se deshacía de un miedo.
