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~ Transición ~
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Peri seguía jugando con Silvermist, me contó rápidamente lo que aprendió sobre el agua hasta que vio la expresión que tenía. No iba a conseguir que Vidia volviera, se encerró en su pasado y no me iba a dejar entrar.
Le comenté que Zarina iba a tener los polvos para mañana, alegrando un poco el ambiente, y entre una cosa y la otra, terminamos comiendo las tres juntas. Peri me pidió como si fuera la gran cosa que quería volver a Invierno para contárselo a sus amigas, como si no fuera a acompañarla al fin del mundo.
Sil tuvo que dejarnos para hacer unos recados, pero volvería mañana para el gran evento.
Dimos con Spike, Gliss y Sled, la más inquieta del grupo me echó la bronca por abusar de la compañía de Peri mientras la abrazaba como si no la hubiera visto en semanas.
Me derritió ver a mi amor no callar ni un momento de la emoción, iba a poder vivir en el lado cálido conmigo, iba a tener quizás el talento del agua que tanto le gustaba y podría por fin aletear por las cuatro estaciones libremente sin necesidad de la máquina de nieve.
Deseé por todos mis deseos que todo fuera bien y pudiéramos hacer su sueño realidad, nada nos haría más felices.
—Pareces preocupada— Spike me sacó de mis pensamientos, mientras las chicas se peleaban por qué trineo usar.
—No… qué va— levantó una ceja —no es nada— torció la cabeza. —Es sobre Vidia, pero no tiene importancia.
—¿Qué le pasa? Hace mucho que no viene por aquí.
—Es una larga historia— se sentó a mi lado, dispuesta a escuchar.
—¿No venís?— les dejamos hacer, solucionando el problema de los trineos, y me puse a contarle por encima lo que pasó con Vidia. No esperaba que me ayudara, tampoco que Spike supiera sobre su ex.
—¿Cómo es posible que te haya contado cosas que ni yo sé?
—Se me da bien escuchar. Yo si fuera tú no la molestaría demasiado, debe de estar hecha un lío ahora mismo— me contó lo que pasó con Vidia y Zarina, sobre la discusión que tuvieron y lo extremadamente egoísta que llegó a ser. Ninguna de las dos volvió a ser la misma desde que dejaron de ser amigas, e intuí por qué Vidia no querría verla ni en pintura. Eso me dejaba en una situación complicada.
Me aconsejó también que hablara con Zeta, ella era quien tenía que pedirle perdón para empezar, aunque Vidia difícilmente fuera a perdonarla.
Peri me arrastró al trineo para bajar juntas, distrayéndome un poco de mis pensamientos, su alegría me contagió.
En menos de veinticuatro horas, cumpliríamos un sueño que jamás pensábamos que fuera a convertirse en realidad, no íbamos a poder dormir en toda la noche pensando en ello.
El tiempo voló entre risas y bromas, después de hacernos con algo de comida, volvimos al congelador para terminar el día unidas como nunca, imaginando cómo serían los días a partir de entonces.
En aquella inquieta noche, de susurro en susurro y de beso en beso, nació una idea en mí que no podría sacarme de la cabeza. Quería que nuestro amor durara para siempre, quería jurar que estaríamos juntas hasta el fin de los días, quería demostrarle lo mucho que la amaba, y darle mi corazón para pedirle matrimonio.
No dormimos absolutamente nada, nos dimos un baño con los primeros rayos de sol, y nada más desayunar, me pidió que fuera a por Zarina, impaciente como poco.
Salí de allí entre bostezos, aleteando con mis neuronas entre dormidas.
Llegué a su puerta, y toqué un par de veces antes de preguntar.
—Buenos días Zarina~ espero que estés despierta…— volví a picar al no recibir respuesta. Tardó en abrir la puerta, apareciendo con unos ojos pequeños, despeinada y un pijama marrón claro de lo más ligero. —¿Te he despertado?
—No, sólo estaba durmiendo. Apenas ha salido el sol, ¿qué quieres?— dijo con voz gruñona, frotándose los ojos.
—Perdona, Peri me ha echado a patadas casi para que fuera a por ti porque no puede esperar, heh, ¿tienes por casualidad…?
—Tengo lo necesario, pero aún tengo que hacer la mezcla. Me costó más de lo que pensaba reunir los ingredientes.
—Ya veo. No es por meterte presión ni nada, pero ¿cuándo crees que…?
—Si no vuelvo a la cama, en una hora o así. ¿Encontraste a Vidia?— me sorprendió ese cambio de tema repentino.
—Sí… no está muy dispuesta a hablar, creo que le molesta que ahora seamos amigas— solté una risa nerviosa sin querer.
—¿Quieres pasar?— acepté, así seguro que no volvería a echarse.
Su casa estaba repleta de cajitas, instrumentos de lo más peculiares y libros desordenados. Era más caótica que la mía, y eso ya era mucho decir.
Empezó a hablar sobre Vidia mientras trasteaba un desayuno en la cocina. Me contó sin entrar mucho en detalles la delicada relación que tenían. Gracias a Spike, entendí mejor el punto de vista de Vidia.
Luego me preguntó desde cuando éramos amigas y cómo estaba, porque ella hacía muchísimo que no la veía. Le recordé la catástrofe de los preparativos de la primavera pasada, y la aventura que tuvimos con Lizzy. Desde entonces fue convirtiéndose en mucho más que una amiga, y ahora, después de salvarme la vida varias veces, era algo así como una novia para mí.
La pillé por sorpresa, no entendí muy bien su reacción al respecto.
Se metió en su especie de laboratorio, preparándolo todo para hacer los polvos. Comentó indirectamente que después de ayudar a Peri, se distanciaría para evitar problemas con Vidia y conmigo, pero no pude aceptar eso.
—¿Sabes? Creo que ya sé qué haré para compensarte esto. Conseguiré que vosotras dos hagáis las paces y volváis a ser amigas— se rió, como si fuera algo imposible.
—Olvídalo, no pierdas el tiempo con eso.
—Venga ya, sólo porque os peleasteis hace ¿cuánto? ¿Tres años? por tus celos y lo que pasó con Honeydrop…— frunció los ceños.
—¿Eso te ha contado Vid?
—Más o menos…— entonces me dio su versión de los hechos, la intención de Zarina era ayudarla a superar su pérdida, no aprovecharse de ella. Hubo un malentendido y Vidia no quiso verlo. Su discusión terminó a golpes de viento y la tozudez del hada de vuelo veloz le impidió arreglar las cosas.
Entendía que Vidia no quisiera reabrir su pasado, que hubiera pasado página y que esa espina quedara hundida en lo más profundo de ella, pero aún así, a pesar de todo, nada me impedía intentar arreglar su amistad.
—Terminado. ¿Quieres seguir charlando o nos vamos ya?— quería que me olvidara del tema, pero cuando se me metía algo entre ceja y ceja, no había quien me parara.
—Vamos.
Salí de casa, y me eché a volar. La esperé en el aire, mirándome desde el suelo con una sonrisa torcida. Dijo que prefería andar, estirar las piernas un rato. Con la prisa que teníamos ¿y prefería andar? Eso me sonó a excusa, y además, nunca la había visto volar.
—¿Tus alas están bien?— pregunté volviendo al suelo.
—Podrían estar mejor… pero estoy bien, no te preocupes, ¿vamos?— nos echamos a andar, odiaba que la gente me ocultara cosas, así que insistí en lo de sus alas.
Quisiera o no, Zarina era mi amiga ahora, y si tenía algún problema en las alas no tenía por qué guardárselo para ella.
Insistí de muchas maneras, hasta que al final cedió. Confesó que sus alas estaban enfermas, de tanto probar polvos, que iban a quitárselas en una semana, y que no podía hacer nada para evitarlo. Intentó hacer polvos curativos de todo tipo, algunos de lo más útiles que las hadas sanadoras aprovecharían, pero las alas no se pueden curar.
Le di un abrazo porque era lo único que tenía y sabía que le haría sentir un poco mejor. Llevaba meses sin poder volar, su talento no requería el vuelo así que iba a poder seguir adelante sin problema, o eso dijo.
—Estaré allí cuando eso ocurra ¿me oyes? Peri y yo, y hablaré con Fawn para que busque un animal al que puedas montar para que no tengas que ir andando por todas partes— me ofreció su más sincera sonrisa, agradeciéndomelo con unas pupilas aguadas.
—No hace falta que te tomes tantas molestias.
—Entra en el pack de cosas para agradecerte los polvos, no se admiten devoluciones— la hice reír.
Continuamos el camino en un ambiente más cómoda, como amigas, por fin.
Al acercarnos al congelador, con mis alas brillando, escuchamos a Peri echándome la bronca a gritos por tardar tanto. Entré corriendo, y la achuché a besos.
—Al menos dime que tienes los polvos— no me di cuenta hasta entonces de que Silvermist estaba ahí también.
—Tengo los polvos— sus alas temblaron con cara de emoción, y salió disparada al borde del Invierno.
—A-ah, esperad, voy a buscar a las chicas, ¡no tardaré!— desapareció como un rayo, y nos quedamos las tres esperando en el borde del río.
Iba a presentarle a Zarina, pero vi que Sil ya la conocía. Se pusieron a hablar sobre lo del cambio de talento y lo posible que era.
A los cinco minutos, apareció Peri con Gliss, Spike y Sled, no esperaba que fuéramos a tener tanto público. Eché un último vistazo hacia Otoño por si veía a Vidia, pero no apareció.
Zarina explicó de nuevo los efectos de los polvos, comentó lo que iba a hacer para aplicarlos y preguntó si había alguna duda. Peri pidió a gritos que lo hiciera de una vez, y todos nos quedamos expectantes.
—Muy bien, vamos allá…
Le aplicó esos polvos azulados a sus alas, todos esperábamos algún tipo de reacción, una señal, algo, pero no ocurrió absolutamente nada.
—¿Cómo te sientes Peri?— estaba de lo más extrañada.
—Normal, no sé, ¿no ha funcionado?— su cara de preocupación me azotó el alma, lo último que quería era que el experimento no funcionara, después de tantísima ilusión.
—No, no te preocupes, es una buena señal que no sientas nada. Tu cuerpo ha aceptado la mezcla sin problemas— Peri se quedó mirándola, esperando. —Puedes… cruzar si quieres.
—¿De verdad?— no parecía muy convencida, de hecho nadie parecía muy seguro de lo que estaba pasando. Le di la mano confiando plenamente en Zarina, si ella decía que podía cruzar, cruzaríamos.
—Vamos.
Me agarró la mano nerviosa, nos acercamos al borde de la frontera, y contando hasta tres volamos rápidamente hacia el lado cálido.
La sorpresa fue mayúscula cuando vimos su pelo cambiar de color a un pálido rubio, y piel tomando un color más cálido.
—¿Tienes calor?— pregunté rápidamente, pero su sonrisa me tranquilizó.
—Para nada— sus ojos se llenaron de lágrimas, había funcionado, había funcionado de verdad. Me abrazó, envolviéndonos en aplausos y felicidad compartida.
Me miró tratando de contener su alegría, manteniendo a raya sus lagrimones y besándome en su primer beso cálido.
—¡Esto es genial!— salió disparada hacia el cielo, dando una corta vuelta por encima de los árboles de Otoño, y volviendo rápidamente para abrazar a Zarina —Gracias gracias ¡gracias!— la ahogó a besos, incluso le dio uno en los labios que nadie esperaba, y volvió a salir volando. —¡Soy un hada cálida~!
Se me hizo imposible contener mis lágrimas, Peri era genuinamente feliz ahora, e iba a serlo para siempre.
—¡Peri!— Silvermist la hizo detener en el aire. —¡Piensa rápido!— le lanzó una gota del tamaño de una pelota, y la detuvo antes de que impactara con ella.
—Oh dios mío— volvió con nosotras, fascinada por tener agua líquida entre sus manos, controlándola. —La siento, siento el agua, puedo controlarla— separó la gota en dos, una a cada mano.
—Eso es burbujita, ahora eres un hada del agua— dio un par de vueltas sobre sí misma, creando pequeñas gotas de agua que la envolvían y emprendió el vuelo hacia lo más alto para soltarlas en todas direcciones. —¡Esto es genial~!
Volvió al río a por más, no paró quieta ni un segundo, se puso a probar de todo, incluso me lanzó un rayo de agua, mojándome el vestido.
De pronto, se me puso enfrente con demasiadas ganas.
—Llévame al lago de los nenúfares, y-y a la cascada de los susurros, tienes que enseñarme Primavera, y Verano, y Otoño, y quiero ver tu casa, y-y— la besé para que se tranquilizara un poco, pero no sirvió de mucho.
Me agarró de la mano y me arrastró volando de allí.
—¡Vamos!
—E-espera— Sil nos siguió, pero Zarina se quedó en tierra, despidiéndose de mí con una sonrisa y un gesto de mano, diciéndome sin palabras que no me preocupara por ella, y que disfrutara con Peri.
