Descargo de responsabilidad: Los personajes pertenecen a DC Cómics. No hay ánimo de lucro.


Capítulo 8:

El objetivo de estar todos con Jim Gordon era que Sofía Falcone no los pudiera localizar, pero todos estaban cansados, Jim no hacía nada fácil y los capos de la mafia querían irse a casa. Bueno, Víctor no iba a permitirlo. Este era un trabajo y aunque se había preguntado muchas veces, últimamente con mayor frecuencia, cómo era trabajar y convivir con Gordon, su imaginación había sido mucho más idílica que la realidad, algo que ocurría con frecuencia. Apenas llevaban tres horas juntos y sólo discutían, se evitaban para evitar discutir y Víctor tenía que lidiar con las rabietas de todos. Lección aprendida, nunca tengas tanta gente en una sola casa y menos cuando se llevan tan mal. Su madre se reía y decía que le recordaba a los tiempos cuando era más joven, antes de que Víctor naciera, cuando hacía las cenas familiares con su familia y la de Iván.

"Es como convivir con tus suegros cuando vas a conocer a tu esposa." Dijo Carmine.

Sofía se había adueñado de la mansión Falcone, había llamado repetidas veces a Mario y a Carmine, pero nadie había contestado. Mario le había confesado a Víctor que temía que su hermana llamase por un teléfono desconocido y él tuviera que contestarlo por si era del hospital, ante esta situación Mario había decidido tomarse días libres, los moscosos que el hospital le debía. Luego estaban las mafias latinas que se llevaban mal con la china y la yakuza, pero que sorprendentemente habían conseguido evitarse por completo escogiendo sus habitaciones en zonas completamente opuestas. Las zonas comunes eran la cocina y el salón, ahí habría respeto por unanimidad. Headhunter, conocía a Jim y se llevaban increíblemente bien para ser un sicario y un policía, Víctor los había pillado jugando a las cartas, mirándolos sospechosamente cuando Jim había apostado. Ni siquiera sabía que a Gordon le gustaba jugar al póker.

- Bastante bueno.-escuchó decir a Wendell.-Deberían prohibirte en el casino, Jim.

- Intento no ir porque sé que perdería más de lo que ganaría.-respondió Jim.-Pero cuando era más joven, antes de unirme al ejército, me fui de viaje a Las Vegas, gané una suma considerable que luego despilfarré enseguida.

- No te imaginaba como un rebelde sin causa, Jim.-se reía Wendell.-Pero tu época como caza recompensas debería haberme advertido de tu turbulento pasado.

Los monstruos de Arkham Asylum. Víctor recordaba ese caso. Gordon había declarado la guerra al Pingüino, arrestando a todo aquel que persiguiera o dañase a alguno de los experimentos de Strange. Las familias mafiosas habían hablado, algunos consideraban a Gordon un loco por provocar tan abiertamente al Pingüino, pero la mayoría había admirado su coraje y su predisposición para hacer siempre lo correcto. Gordon tenía el respeto de las calles y de los mafiosos y eso era importante. Por supuesto, Carmine había intervenido, ayudando disimuladamente a Gordon a darles cobijo, refugio y protección del Pingüino y de los ciudadanos. Sin darse cuenta, Gordon había empujado a los experimentos de Strange hacia la mafia. Víctor había sido designado personalmente para sacar a unos cuantos de Gotham y llevarlos a Metrópolis y a Ciudad Central. En cierta forma, le parecía ver gracioso y admirable ver a Gordon luchando él sólo contra un sistema que quería hundirle.

- Víctor, ven a jugar con nosotros.-le llamó Wendell.

- Ya sabes que sólo juego si se apuesta alto.-respondió Víctor bebiendo su leche.

- Una lástima.-dijo Jim.-Quería jugar contigo.

Por alguna razón, Víctor notó doble sentido en esas palabras. Wendell los miraba fijamente ¿asombrado? ¿Incrédulo? Víctor lo ignoró y comenzó una ronda. Sorprendentemente, ganó Jim. Wendell se reía ante su cara de asombro.

- ¿Ves lo que te digo, Víctor? Este chico podría cerrar un casino en una sola noche.

- En realidad hice un favor a tu padre, Víctor.-dijo Jim.-Sé que tiene un casino. Consideré en ir hace un par de noches, pero no creí que fuera bienvenido. Podrían prohibirme la entrada y de momento estoy bien con todas las familias, no quiero crearme enemigos por malentendidos.

- Has hecho bien, Gordon.-dijo Iván uniéndose a la conversación.-Has escogido a un jugador, chico. Dime Gordon ¿cuáles son tus intenciones con mi hijo?

- ¿Perdone?-preguntó Jim. Su voz sonó más aguda de lo normal.

Víctor lo encontraba hilarante. Era el mejor día de su vida. Justamente fue en el hospital donde se había enterado de las intenciones que Sofía tenía para él, al ser una Falcone, Víctor jamás hubiera podido negarse a complacerla o podría ofender gravemente a Carmine. Fue su bube la que ideó todo el desmadrado plan donde Víctor y Jim fingían estar casados, así Sofía no podría tocar a ninguno de ellos y Víctor podría alejarse de sus maquinaciones sin ofender a nadie. Jim estaba enterándose ahora mismo de todo este plan y Víctor no tenía palomitas para acompañar al drama. Debería haberlo pensado antes.

- Estás de enhorabuena, Jim.-dijo Víctor.-Mi esposo. Cariño.

- ¡Toda esta situación es absurda!-dijo Jim, enfadado.-Nadie es tan estúpido para creer que estamos casados, Víctor, intentamos matarnos la semana pasada.

- Todos los matrimonios tienen problemas, Jim.-respondió Víctor.-Lo superaremos.

- He intentado meter a tu familia en la cárcel.-continuó Jim.

- Sólo hacías tu trabajo, niño.-dijo Svetlana.-También me salvaste la vida y la de mi nuera, por lo que estamos en paz.

- Eres un asesino a sueldo y yo un policía.-dijo Jim, incrédulo.

- Nuestras profesiones no nos definen, Jim.-dijo Carmine.-Cada uno trabaja en lo que puede para sobrevivir. No a todos les gusta su trabajo, pero teniendo uno, hay que aprender a disfrutarlo, por muy horrible o antimoral que sea. El dinero sobre la mesa da un estómago lleno y feliz.

- Trabajas para Oswald.-dijo Jim. Víctor podía mirar cómo sus padres se miraban con suspicacia, un poco tensos, cuando Jim se refirió al Pingüino por su nombre.

- Pero mi lealtad siempre será para Carmine.-respondió Víctor con seriedad.

- Esto es ridículo, Víctor, nadie va a creerlo.-dijo Jim.

- La gente creerá lo que les digas, Jim, porque no tienen otra forma de averiguar si es cierto o no.-dijo Mario.-Sé escueto, no des detalles, deja que se imaginen la historia. Idear una historia creíble por si os preguntan, que no os pillen en ninguna mentira.

- Mi hijo tiene razón, Jim. Esta historia puede serviros a ambos en un futuro, pero sólo si se hace bien. No estoy hablando de Sofía ni del Pingüino, estoy hablando de un futuro lejano cuando alguno de vosotros estéis en problemas y de verdad se necesite.

- No creo que exista ese momento, don Falcone.-dijo Jim. Carmine sólo sonrió con suspicacia.

- Eso es lo mismo que Peter me dijo, tres meses después, necesitó un favor.-susurró Carmine. Víctor no sabía si Jim lo había oído, pero él sí lo hizo.

La historia de Carmine Falcone y Peter Gordon estaba envuelta en las sombras, Víctor muy poco sobre ella, pero a veces había preguntado a su bube y a sus padres sobre él. "Peter Gordon era un gran hombre" le habían dicho. Nunca había entendido esa admiración, ese respeto que había por él, pero con cada pedazo de información, iba creando su propia imagen. Quizá algún día podría preguntarle a Jim sobre él, le habría gustado conocerle, quizá, sólo quizá, Peter Gordon le habría dado su bendición. Puede que fueran a fingir un matrimonio, pero Víctor ya tenía un enamoramiento con Jim Gordon, a veces creía que su familia y don Falcone, puede que incluso Mario, supieran leerle como un libro abierto.