OCHO
Verano del '00
Mansión Malfoy
"Necesito una explicación y la quiero ya."
Daphne iba de un lado a otro de la habitación. Arrastraba su largo vestido de gala azul marino, las piedras que tenía incrustadas sonaban contra el piso de parquet.
Se vería linda si no estuviera tan enojada. Se notaba que había puesto esfuerzo en arreglarse, no era que necesitara demasiada ayuda para estar hermosa, pero esa noche se veía particularmente espectacular. Su pelo rubio y largo estaba recogido en una cola alta, el maquillaje de su rostro estaba intacto, haciendo resaltar sus ojos verdes y sus labios carnosos estaban pintados de rojo. El vestido - cuyo escote y espalda dejaba poco a la imaginación - lucía carísimo.
"Ya te la dí." Explicó Astoria mientras se cruzaba de brazos y golpeaba un pie en el piso en señal de impaciencia. "Ahora, ¿puedo volver a la fiesta? Le debo un baile a Blaise."
"No, no, no, pequeñita." Negó su hermana. "Otro de mis amigos no."
"Merlín, Daphne, no voy a ligarme a Blaise, ¿estás loca?"
"Decías lo mismo de Draco."
"¿Cuando dije eso? Jamás. Sabías que me gustaba hace muchísimo tiempo, ¿por qué te niegas a aceptarlo?"
"Mmm, ¿por qué será? Déjame pensarlo." Dijo de forma sarcástica mientras posaba su dedo índice sobre la comisura de sus labios. "Ah, sí. Porque la forma de enterarme que estaban juntos fue encontrarlos haciéndolo en un baño."
La pequeña Greengrass se ruborizó, pero nunca dejó de mirarla a los ojos.
"De nuevo, lo siento." Murmuró intentando esconder la sonrisa pícara que se dibujaba en sus labios.
"Mira, Torie, quiero alegrarme por ti, de verdad quiero hacerlo. Perdóname por querer protegerte y dudar de las intenciones de Draco." Se acercó hacia su hermana y la tomó por ambas manos. "Prométeme que tendrás cuidado."
"Si estuvieras más tiempo en casa te habrías dado cuenta antes." Dijo la menor de las Greengrass antes de salir de la habitación. "Salimos a cenar varias veces."
"¿Y por qué no me lo dijiste?" Preguntó Daphne, intentando ignorar el reclamo que su hermana le estaba haciendo.
"Pensé que era mejor que te enteraras de esta forma." Ambas soltaron unas risas. "Daph, de verdad no tienes nada de qué preocuparte. Además, sé cuidarme sola, ¿está bien?"
Se mordió el labio inferior y observó a su hermana. Parecía estar bien, pero igual no dejaba de preocuparse. Tenía tan sólo 18 años.
"Está bien. Confío en tí, en Draco no."
"No te preocupes, lo tengo todo bajo control." Le lanzó una pequeña guiñada y abrió la puerta. "Vamos, deben estar esperándonos."
Y así era.
Ambas bajaron las escaleras que daban hacia un gran salón de baile. Mozos iban de aquí para allá, muchas parejas bailaban en el centro de la pista, otros conversaban, algunos disfrutaban esa hermosa noche de verano en el balcón que daba hacia los jardines.
Varios se giraron para verlas, pero solo dos personas fueron a recibirlas.
Cuando tomó la mano que Theo le extendía y bajó el último escalón, se acercó hacia él, lo tomó del rostro con ambas manos y lo besó.
Lo besó como nunca antes lo había hecho.
"¿Por qué yo?"
Daphne encarnó ambas cejas, como si lo que le estaba preguntando se le hiciera extraño. Se mantuvo con esa expresión seria por unos segundos, hasta que sonrió ampliamente. Era la sonrisa más grande y hermosa que Theodore había visto.
Quiso explicarle, decirle la verdad. Pero, ¿cuál era la verdad? ¿Que Theo la necesitaba? Pero, ¿era así? Comprendió que ni él la necesitaba, ni ella lo necesitaba a él. Simplemente separados no podían ser ellos. No era simbiosis, no era una necesidad obsesiva. Ella sin él no era Daphne Greengrass, él sin ella no era Theodore Nott.
Lo amaba, porque así era, con todo su corazón. Aquello que comenzó como un juego, una obsesión adolescente, se transformó en una relación fuerte.
En aquel momento, sentía que nada le llenaba más el alma y nada ni nadie podía separarlos.
Lo miró llena de esperanzas y respondió.
"Si te vieras como yo te veo, entonces lo entenderías."
A este capítulo me gusta llamarlo: la calma antes de la tormenta.
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