CAPÍTULO VIII

Saku miró la prenda que Uchiha le tendía. No sabía qué quería que hiciera con ella, así que le miró, antes de preguntar.

—¿Pasa algo con la camisa?

—¿Tú que crees? —le preguntó Sasuke a su vez, entre dientes.

Saku la cogió y al hacerlo sus dedos rozaron la mano de Uchiha.

Saku la retiró inmediatamente como si su contacto le hubiese quemado. Su roce, aunque había sido ínfimo, la había perturbado, produciéndole un latigazo que recorrió todo su cuerpo y la dejó desconcertada.

—Intenta meter la mano por la manga izquierda —espetó Sasuke, lo cual sonó más a orden que a una petición.

Saku intentó hacer lo que pedía, pero al llegar al puño, algo le impidió que pudiese sacar la mano. Lo miró con más detenimiento y descubrió que no podía porque estaba parcialmente cosido al cuerpo de la camisa. Sintió cómo un pequeño rubor subía a sus mejillas.

Ella no había cosido en la vida ¿Qué esperaban? ¿Que hiciese virguerías con la aguja? Intentando arreglar en algo lo que había hecho, pegó un pequeño tirón para descoser ambas partes de la prenda. Solo eran unas pequeñas puntadas las que había que deshacer. Cerró los ojos cuando el sonido de la tela al rasgarse llegó hasta sus oídos.

No estaba preparada para aquello. Se quedó momentáneamente bloqueada, mirando la camisa, intentando no soltar una carcajada. Porque aunque no era el momento adecuado, aquella situación le pareció muy graciosa.

Un gruñido retumbó en la habitación e hizo que mirase nuevamente a Uchiha.

Saku no sabía qué aspecto tendría Laird Uchiha en plena batalla, pero debía asemejarse bastante a la que tenía en aquel momento. Su rostro estaba tenso, sus ojos negros habían adquirido un tono más oscuro. Su mirada, la misma que estaba clavada ahora mismo en ella, era letal, tan afilada como una espada, y un tic parecía haberse instalado en su ojo izquierdo. Todo su cuerpo estaba rígido.

—Puedo intentar cosérselo otra vez, aunque no creo que esto tenga mucho arreglo —dijo Saku con naturalidad.

Supo que no tenía que haber pronunciado aquellas palabras en el mismo momento en que salieron de su boca y los ojos de Uchiha brillaron como si albergaran fuego en su interior.

Sasuke se acercó a ella y antes de que pudiese reaccionar, le quitó de un tirón la camisa de las manos.

—¿Has cosido alguna vez? —le preguntó con un gruñido.

Saku le miró fijamente antes de contestar.

—He visto cómo se hace, pero coser, coser... No.

Saku observó cómo Sasuke apretó los dientes.

—¡Maldita sea! ¿y no se te ocurrió decirlo? —gritó Sasuke—. ¡Mira lo que has hecho! —le dijo poniendo la camisa delante de sus narices.

Saku volvió a mirar la tela.

—Ya lo veo, y lo siento mucho —dijo Saku con cierto pesar.

—¿Y eso es todo? ¿«Lo siento mucho»? ¿Lo haces a propósito o es que tu inteligencia no da para más? —aseveró Sasuke tirando la tela encima de la cama con un manotazo.

Saku estaba intentando pedirle disculpas, pero él se lo estaba poniendo muy difícil, y más si tenía en cuenta que estaba a medio vestir y aquello la ponía nerviosa.

Su genio, ese que estaba conteniendo desde que llegó, clamaba por decirle cuatro cosas a aquel demonio, pero no pudo contenerse cuando puso en duda su inteligencia.

—Ya le he dicho que lo siento, y dado que como podemos comprobar no puedo arreglársela, francamente no sé qué más puedo hacer —dijo Saku apoyando las manos sobre su cintura y poniendo los brazos en jarras—. Además, ¿no cree que está exagerando un poco? Es solo una camisa, un trozo de tela —exclamó Saku ya enojada—. Y en cuanto a si mi inteligencia no da a más, me ofende gravemente al insinuarlo siquiera. No sé cocinar ni coser, pero no porque sea torpe sino porque nunca me han enseñado —dijo Saku alzando la voz.

Sasuke no podía creérselo. Esa muchacha estaba allí frente a él, después de haberle destrozado su mejor camisa y le estaba... ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Recriminarle que se enfadara con ella?

Era inaudito, sobre todo cuando hizo trizas la tela y pudo ver una sonrisa en sus labios. Él estaba hecho una furia y ella se reía.

Y ahora estaba con los brazos en jarras, haciéndole frente, acortando la distancia entre ambos y mirándole, ceñuda.

Sasuke sintió hervir la sangre en sus venas. Acortó el escaso espacio que los separaba y sin pensarlo, tomó su boca. Aquellos labios carnosos que momentos antes le habían replicado desafiantes y orgullosos, ahora suaves y tentadores, lo recibían con sorpresa y estupor. Se había acercado a ella con furia, con determinación, y así había tomado sus labios. Sin embargo sus manos, ajenas a su enojo, a su voluntad, enmarcaron la cara de Saku con cuidado, casi con mimo, acariciando suavemente la comisura de sus labios a fin de que los abriera. Cuando así lo hizo, Sasuke no pudo evitar que un gruñido de satisfacción se escapara de su garganta. Ahondó el beso con cuidado, con lentitud, saboreando y probando cada parte de su boca. Solo había pretendido borrar aquella expresión satisfecha y rebelde con la que aquella muchacha le había mirado, pero no había esperado aquello. No había podido prever la necesidad visceral y desmedida que se apoderó de él al probar sus labios. La sintió estrechar su cuerpo contra él y sus manos rozar levemente sus brazos como una caricia. Su tacto casi lo volvió loco.

Saku no tenía explicación alguna para lo que estaba sucediendo. Sabía que debería haberse resistido, debería haberse alejado de él. Y lo intentó. Pero una vez que comprobó que no podía liberarse de él, en vez de quedarse indiferente a su acción, algo dentro de ella se despertó y tomo las riendas de la situación. Se odiaba por ello, pero no pudo evitarlo. Quería negarse el placer que sus labios le estaban provocando, pero su cuerpo traicionero parecía no pertenecerle. Se sorprendió cuando las manos de Sasuke, grandes y con durezas, le tocaron la cara con mucho cuidado, como si temiera que ella se rompiese. Aquel gesto, tan inaudito en un hombre como aquel, hizo que parte de su renuencia desapareciera como si nada. Sus labios, su lengua, le hicieron sentir necesitada de algo que no entendía pero que quería obtener como fuese. Y eso hizo que, tímidamente, con la torpeza de la inexperiencia, copiara los movimientos de Uchiha, tentando, saboreando su boca a la vez, pegándose a su cuerpo y apoyando la mano sobre sus brazos, cuyos músculos sintió contraerse ante su contacto. El gruñido de satisfacción masculina que se bebió de los labios de Sasuke le provocó un anhelo casi doloroso, dejándola a su merced.

Y luego todo acabó demasiado pronto.