XVII

Pesado


Natsu yacía frente a una antena de televisión en la azotea de su casa, mirándola con irritabilidad, sus manos colocadas en su cintura. Estaba molesto; miró fijamente la antena con una sola pregunta en su mente: ¡¿Porqué carajos no puedo levantarla?!

Habían pasado ya dos horas, dos horas completitas intentando levantarla del suelo para cambiarla por otra más nueva y moderna; ya estaba armada, ya estaba programada, sólo faltaba colocarla en la posición más favorable para que recibiera muy buena transmisión, sin importar que las nubes de tormenta interfirieran y alteraran las señales de todos. Su antena nueva superaría todo eso, cualquier cosa; pero primero debía ponerla en su lugar. ¡¿Y PORQUÉ NO PODÍA?!

—¡Maldita cosa, despegate del suelo! —exclamó Natsu empujando la vieja antena con todas sus fuerzas; cambió de posición varias veces, unas más graciosas que otras, y en ninguna de ellas pudo siquiera mover un centímetro la antena-¡Maldita seas!

Cansado y fastidiado, Natsu se alejó de la antena y tomó carrera, luego le soltó una patada con todas sus fuerzas en la base; después de impactarse, un inmenso dolor punzante recorrió el pie y la pierna de Natsu. Se retorció de dolor.

Pasó media hora más y Natsu estaba junto a la antena, meditando, pensando, analizando; no sabía qué más hacer. Rezaba por una respuesta, por una solución.

—Te odio —musitó Natsu. Una chica rubia subió hasta donde se encontraba Natsu y se acercó a él. Lo veía con empatía.

—¿Estás bien?

—No.

—¿Porqué?

—Porque...no puedo quitar está maldita antena —admitió con mucha vergüenza, con la cabeza agachada—. Está muy pesada.

La rubia miró de reojo la antena, caminó hasta ella y la miró de arriba a abajo, muy detenidamente. Luego de diez segundos dejó de caminar y su expresión cambió a una de indiferencia, se volvió hacia Natsu.

—Natsu... —lo llamó. El pelirrosado levantó la mirada.

—¿Sí, Lucy?

—Ven acá —Natsu obedeció y se acercó a Lucy—. Mira.

—¿Qué?

—Ahí —señaló la rubia.

Natsu llevó la mirada al lugar que estaba señalando Lucy con su dedo índice, y fue entonces que Natsu se sintió como un idiota. Con razón no podía levantarla del suelo: La antena estaba atornillada al suelo. Lucy, indiferente, le dió una palmada en la cabeza a Natsu.

FINALE