¡Noveno día! ¡Bien, bien, voy bien!
Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.
Advertencia: Este drabble participa en la actividad de noviembre de #retossesshomenov.
Día 9: Sesshōmaru es viudo*
Palabras: 799
Baúl del Oeste
Te encontré
Sesshōmaru abrió sus ojos cuando la luz de la mañana se coló entre las cortinas, había días en los que no quería levantarse de la cama, días en que simplemente quería dejar de funcionar; pero no podía.
Tenía una pequeña en que pensar, su hija.
Fue lo único bueno que le quedó después del desastre que fue su matrimonio con la hija de los Ishiguro, no es que se arrepintiera de todo, ya que Fumiko fue amiga antes de su esposa, no la amo con la intensidad que debería, pero la quería y respetaba lo suficiente para firmar su acta matrimonial, sin embargo, la enfermedad fue algo inesperado y la debilitó lo suficiente para que al dar a luz muriera.
Fue un día triste, pero se aferró a la pequeña mano que parecía no querer dejar ir su dedo índice, sin embargo, los padres de Fumiko ni siquiera se dignaron a ir a conocer a su nieta, menos presentarse al funeral de su hija; tal parecía que el que eligiera casarse con él fue una deshonra para su linaje, se aseguraron de que no tuviera ni un yen ni que la niña llegara a usar el apellido familiar, no es que Sesshōmaru estuviera pensándolo, la pequeña Rin era su hija, jamás permitiría que creciera en un entorno que hizo que Fumiko estuviera tan sedienta de amor y cariño, que una muestra de amabilidad lo haya confundido con amor.
Rin crecería lejos y feliz.
Aunque pensarlo y conseguirlo, era muy diferente.
La familia Ishiguro tenía demasiado poder para hacer que su vida no fuera nada fácil, conseguir trabajo se volvió un infierno y tener bien alimentada y cuidada a un bebé de 6 meses no era barato ni sencillo.
Nada fue fácil.
No hasta que apareció ella.
Una maestra de formación inicial, que estaba paseando en uno de los parques de Tokio tarareando mientras llevaba a varios niños detrás de ella, que lucían emocionados por la salida; mientras él trataba de hacer que Rin dejara de llorar, no supo bien que fue lo que llamó su atención si en llanto incesante o su rostro oscuro, pero de un momento a otro la tenía preguntando cosas y edad de la pequeña, antes de pedir permiso para levantarla, en unos minutos Rin dejo de llorar mientras la mujer le cantaba y frotaba su pequeña espalda con suavidad.
Cólicos.
Era muy común en los bebés, le explicó mientras los niños se acercaban a ver a la bebé que ya dormía cansada de llorar, pero más tranquila; le dio unos consejos, instrucciones y que la llevara a una clínica cercana, le dio las referencias y que dijera que iba a su nombre.
Ella le dio su nombre y esperanza.
Kagome.
Lo que considero un encuentro casual, se convirtió en uno constante cuando se percató que la clínica era manejada por la prima de la morena, quien lo recibió sin problemas y no le cobró por la consulta ni las medicinas, cuándo preguntó el por qué la pediatra sonrió mientras decía: Eres amigo de Kagome, no le cobró a la familia.
El parque se volvió su punto de reunión por las tardes sin siquiera pensarlo, ella llegaría con una sonrisa y abrazaría a Rin de inmediato, lo cual estaba bien, porque a la infante le gustaba se sostenida más por Kagome.
Ella se metió a su vida poco a poco.
Kagome le ayudó a conseguir un empleo fijo, aunque al principio quiso rechazar la ayuda, pero era terca e inamovible cuando se proponía algo, pronto estuvo trabajando para una de las empresas de publicidad más grande del país y cuando sus exsuegros quisieron meter la mano, salieron más que quemados.
Al parecer el Ceo del lugar, era padre de la pareja de una de las mejores amigas de Kagome, que se negó a dejarse mangonear, y el asuntó no acabó ahí, cuando la policía se involucró por la demanda impuesta a la empresa, para ayudarles, pues al parecer el jefe de la policía de Tokio era el esposo de otra de las mejore amigas de la morena, pronto se dio cuenta que ella tenía una influencia muy grande en Tokio, lo cual nunca imaginarias al conocerla, pues era gentil.
Sesshōmaru y su hija se volvieron intocables.
Y él.
Él agradecía cada día haberse encontrado con Kagome.
—Sesshōmaru.
Éste se movió cuando la mujer que dormía a su lado despertó dando un gran bostezo, antes de sonreírle con dulzura y amor.
—Buenos días —murmuró para inclinarse y besar el cuello de su esposa.
Su esposa desde hace 6 años.
Ella rió ante la sensación de cosquillas.
—Hay que levantarnos, Rin, despertara en cualquier momento y Sayumi igual.
—¡Mamá, Sayumi está llorando! —el gritó llegó desde el pasillo.
Sesshōmaru suspiró y Kagome rió.
Era una buena vida.
FiraLili
09/11/2020
