Draco tenía sentimientos encontrados sobre lo que había pasado en un su casa una semana atrás.

Quizás no fue lo más honesto, pero sí lo más sincero entre ambos.

Era obvia la tensión sexual entre ellos, pero también la tensión en Harry, dudaba que fuera capaz de relajarse en algún momento de su vida.

Era un cable tensionado las 24 horas del día. Le iba a saltar a Draco, pero sobre todo acabaría haciéndose daño a sí mismo.

Draco no tenía la solución, ni muchísimo menos, pero sí podía hacer algo con aquella tensión.

Había algo, además de cerrar acuerdos con el mínimo de sangre entre países enemistados, que se le daba bien. Y Harry quería eso de él.

No era tan tonto como para no darse cuenta de que había sido él el que le había puesto la miel en los labios, pero Harry los había lamido, literalmente, haciéndolo olvidarse de la moralidad de sus motivos.

Harry era suyo, pero ambos podían poner sus propias reglas.

Aunque este le dijo rápidamente que sí, Draco lo iba a tomar con calma, con mucha calma.

Draco lo despachó, sin concederle nada más, si Harry quería ser dominado, de verdad dominado y no usado solo como una propiedad sería al modo de Draco.

Y a su modo, la expectación, la acumulación y el deseo eran cruciales.

¿Conseguiría que Harry se entregara al 100%?

Había visto su avaricia cuando le había hablado de eso, pero desearlo no era suficiente, y con el carácter de Harry, además de sus posibles traumas, iba a ser complicado.

Harry no había vuelto a aparecer por su casa, y algo que comenzaba a entender Draco era que no lo haría a menos que él se lo pidiera.

Podía entender que Harry se agarraba a la parte de su vida que podía controlar.

Esperaba que aquello fuera cambiando poco a poco, pero de momento le bastaba con que llamándole, él apareciera.

Y apareció, esta vez no vestía su uniforme de auror, una gruesa camisa de cuadros y unos pantalones vaqueros. Draco lo devoró con la mirada, un leñador realmente poderoso, con una sombra gruesa de barba que parecía no había sido afeitada ese día.

—Es mi día libre, espero que sea importante.

Draco tenía que hacer un esfuerzo por casar la imagen de la boca de Harry lamiendo sus dedos con ansiedad a la del hombre malhumorado delante de él.

Cada vez que se vieran sería como desanudar una red completamente rehilada. Nudo a nudo, hasta hacerlo suyo.

—¿Qué haces en tus días libres?

—Rascarme los huevos.

Draco no lo encontró gracioso, Harry quería provocarlo.

—¿Te molesta estar aquí?—preguntó Draco serio.

—Me molesta esto.

—Fuiste tú el que quisiste esto.—Nudo a nudo.

—No intentes joderme la cabeza, Draco.

—Quiero jodértela hasta que seas mío, ¿es que no te queda claro?

Harry no contestó pero Draco no encontraba aquello tan satisfactorio como había estado esperando.

Harry se convertía en la roca que había encontrado en las visitas pasadas.

—Hablemos.

—Estoy harto de hablar—se quejó Harry, ese día su humor era horrible.

—Hablaremos, o mejor vete.

Harry le retó con la mirada, mordiéndose los labios en un acto de contención. Eso sí le gustó a Draco, sabía lo que le hubiera contestado, que no había sido el que había ido allí por propia voluntad. Pero no lo hizo, y aquello le decía que quería estar allí, aunque quisiera aparentar que no.

—Ven, siéntate.

Harry dudó, pero al final obedeció.

—Quiero que nos veamos al menos una vez a la semana—comenzó Draco, había estado pensando sobre ello.

—No siempre voy a poder.

—Avísame cuando vayas a estar fuera.

Harry no quería ceder eso, pero Draco lo necesitaba.

—Quiero que no veamos una vez a la semana, quiero que vengas aquí a la misma hora siempre, y quiero que vengas desnudo.

Harry le miró, había parte de deseo y decepción en ellos.

—¿Sigues queriendo que te muestre lo que es una relación d/s?

Casi podía saborear el no en sus labios, pero solo asintió.

—Ven desnudo, y ven a mí. No voy a volver a llamarte, Harry.

Sus músculos estaban en tensión, realmente llevaba mal que le ordenaran cosas.

—Háblame de tus límites.

Draco se acomodó en su sillón, Harry le miró con duda.

—Los establece el contrato—contestó.

—No, no hablo del ese acuerdo, que no se te olvide pienso encontrar la forma de romperlo—volvió a asegurar Draco con la misma convicción que al principio—. Hablo de tus límites, de las cosas que no quieres hacer, de las cosas que te provocan rechazo, de tus límites ante el dolor.

Draco pensó que Harry no contestaría, o lo haría con evasivas, que tendría que tirar de su nudo para desliarlo de nuevo.

—No me gusta que me insulten.

—Me parece razonable, nunca te insultaré.

Harry miró hacia delante, apretando su mandíbula, era tan fuerte y marcada que le excitaba solo contemplarla.

—Soporto bien el dolor, realmente bien.

—¿Te gusta?—Porque no es que pudiera soportarlo mejor o peor, es que le gustara.

—No lo sé.

—Lo descubriremos—sonrió Draco—. Pero si tienes una alta tolerancia, tienes que ser tú el que pongas el límite, ¿me entiendes?

—Sí.

—Qué más.

—No me gustan los besos.—Harry le miró, a Draco no le sorprendía, pero le apenaba escucharlo, a él le encantaba besar como recompensa a sus sumisos. Le gustaba besar sus bocas, sus frentes y cuidarlos después de una dura sesión.

—Entiendo, ¿bajo ningún concepto?

Harry dudó, Draco llevó su mirada hasta sus manos, eran fuertes y mostraban una rudeza especial, como si las usara con demasiada asiduidad. En ese momento, las retorcía.

—Es uno de tus límites, lo acepto, nada de besos—aceptó Draco.

Harry se relajó visiblemente, quería entender cuales eran sus candados, cuales sus puntos de fricción, quería acariciarlos, desbloquearlos, hacerlo sentir bien.

—¿Ataduras?—preguntó cambiando de tema Draco.

—No me importan, además puedo destrozarlas con magia.

—Soy consciente de que puedes—sonrió Draco—¿Te pregunto si te gustan? ¿O sientes angustia cuando estás atado?

—Depende.

—¿De qué?

—No me gusta cuando no puedo moverme en absoluto, o cuando no me permite respirar bien.

Draco asintió.

—Pero sí me gusta cuando solo es una parte de mi cuerpo, o cuando estoy colgando.

—¿Te gusta que separen tus piernas?

—Sí.

—Quiero que me hables de la sensibilidad de tu cuerpo, no del dolor.

—No te entiendo.

—¿Te gusta que acaricien tus pezones o jueguen con ellos?

Harry evitó de nuevo su mirada. Eso era un sí, pero algo debía avergonzarle sobre ello.

—¿Puedo pinzarlos?

Harry asintió.

—¿Puedo lamerlos?

Nuevo asentimiento.

—¿Te gusta que jueguen con ellos?

Harry asintió que era la respuesta que Draco buscaba, los recordaba bajo toda aquella franela. Eran algo más oscuros que su tono de piel, al igual que su pene y sus testículos.

Rodeados por una suave mata de vello oscuro.

A Draco le gustaba el vello masculino, nunca pedía a sus sumisos que depilaran su cuerpo por lo mismo.

—Tus testículos.

—Me gustan que se aten.—Harry estaba más colaborador, ambos necesitaban esa charla.

—Me gusta atarlos—sonrió complacido y Harry también sonrió.

—¿Azotes?

—Sí.

—Excelente.—Draco hubiera acariciado su pierna, pero de momento se contentaba con que hubieran conectado su humor—¿Eres siempre pasivo?

—Casi siempre.

—Yo puedo ser versátil.—Harry en un gesto inconsciente humedeció sus labios—Puede ser un premio, puede ser un castigo. Pero principalmente soy activo.

—De acuerdo.

Draco decidió comprobarlo, ver hasta dónde Harry estaba relajado. Y acarició su pierna.

Los músculos bajo su mano eran duros, pero poco a poco se relajaron.

—Muy bien, Harry, me gusta conocerte—le felicitó—¿Cera?

—No tengo problemas.

—Dilatadores.

—Sí.

—Lluvia dorada.

Harry no contestó tan rápido, le evaluó.

—Sí.

Draco sonrió, Harry definitivamente sí le estaba contando sus deseos.

—Escatología.

—No.

—¿Has usado alguna vez un hechizo de castidad?—preguntó Draco.

—Sí, pero no es necesario.

—No te pregunto si es necesario o no.

—Yo no puedo tener relaciones sexuales con otras personas, es biológicamente imposible.

—De nuevo, no es eso lo que te pregunto. No tiene nada que ver con los demás, sino con nosotros.

—¿De qué modo?

—Puedo usarlo para tenerte controlado más allá de una sesión, cuando estés en una misión, cuando pienses en mí y quieras masturbarte.

Harry bufó, como si eso último no fuera real.

—No, de ese modo no lo he usado nunca.

—¿Te supone un problema?

—No.

—Hay prácticas que quizás hoy no te gusten, pero pueden cambiar, los límites los pones tú, siempre los vas a poner tú. Puede que lleguemos a uno que ni siquiera supieras que tenías, o que desees algo que no sabías querer, ¿lo comprendes?

—Sí.

—Tenemos que hablar de tu obediencia—puntualizó Draco ganándose una dura mirada—. Fuera de aquí, sé lo quieras, habla como quieras, pero aquí, conmigo, sé respetuoso, yo lo seré contigo.

—Eso no puedo prometerlo.

—Lo sé, pero es lo que esperaré siempre de ti, me da igual que tu culo no pueda aguantar un plug durante horas, te castigaré, sí; pero también lo haré si me contestas mal, si me desobedeces intencionadamente, si me retas.

Una ola de magia vibró por el cuerpo de Harry.

—Tienes una palabras para salir de una sesión, úsala, si no lo haces, yo no tendré contemplación.

—¿Y si no puedo hablar?

—Siempre dejaré una parte de tu cuerpo que me diga si es demasiado, un pie o una mano, Harry, tú decides siempre. Pero también te hablo de respeto.

—Tengo un jodido mal carácter—se rió de sí mismo.

Draco se acercó a él entre ambos sillones, demasiado cerca de sus labios que no besaría.

—Amo tu mal carácter, y más doblegarlo y que seas feliz con ello.

Harry tragó duro, lamió sus labios, pero Draco no le besó.

—¿Estás de acuerdo con hacerlo de ese modo?

—Eres el amo más extraño que he tenido nunca.—Se le notaba algo intimidado, pero contento—Cualquier otro me hubiera puesto a chupar su corta polla nada más enterarse.

—Esto es diferente, pero me la chuparas mucho.—Sonrió sardónico.

—No llevo marcas, si me haces alguna la borraré de mi cuerpo.

—No necesito marcas para saber que me quieres pertenecer.

—¿Collares?

Draco negó, Harry se removió en su sillón.

—Vale, quiero probar.

—Nos vemos la semana que viene, recuerda todo lo que te he dicho.

—¿No lo harás hoy?

—No, hoy es tu día libre.—Draco se levantó, estirando sus largas piernas. Le deseaba, muchísimo, pero de nuevo, la expectación y acumulación, que Harry aceptase toda aquella conversación, eran importantes.

Harry se levantó del sillón y se dirigió a la chimenea.

—Recuerda, desnudo, me gustaría que usaras un enema antes de venir, pero puedo hacerlo yo por ti si lo quieres.

—Lo haré solo.

—Sé puntual, o cada minuto será un castigo.

Harry sonrió, y desapareció.

Draco decidió que necesitaba salir de allí, estaba impaciente porque la semana pasara, pero aún tenía que preparar algunas cosas.


Continuará


Ahora me doy cuenta de que a estos dos se les están alargando un montón los preliminares, jajajaja. Y yo que pensaba que estaban dándole desde el primer día, lo que es la percepción de escribir sin parar y luego releer.

Para mí está bien así, es la esencia de la historia.

Hoy es lunes, y no os miento al deciros que estaba deseando que llegara para poder compartir un poco más de esta historia con vosotras.

Algunas han sugerido one shot sobre Blaise y Paolo, y Harry y Voldemort, existen. Podéis leerlos en mi fic Kink Week III. Día 10: Reglas, para los primeros. Y Día 26: Indómito, para los segundos.

Espero que os gusten.

Nos vemos el miércoles.

Besos.

Shimi.