Los personajes de Inuyasha pertenecen a Takahashi Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


La Maldición de Shikon

9. Artimaña.

Kagome había cumplido su promesa a Inuyasha, en dos semanas no se había presentado sola en la mansión y el único día que fue, lo hizo en compañía de Inuyasha. Si era sincera, ya se sentía mejor, no estaba cansada, sus energías estaban al 100%. Salía a pasear con Yoko y se dedicaba a escribir su libro, había avanzado tanto que hace tres días le mandó a su editor el primer adelanto. Por la ventana vio a Inuyasha jugar con Yoko, ambos jalaban una cuerda y no pudo evitar sonreír, su relación con su esposo también había vuelto hacer como antes, o incluso mejor. Su celular sonó y le extrañó ver una llamada de su jefe en el museo.

Inuyasha había visto que Kagome hablaba por teléfono, al principio no le tomó importancia y siguió jugando con Yoko, pero cuando la cara de ella cambio a una de preocupación y luego a enojo, entró a la casa justo cuando ella colgaba.

—¿Qué pasó?

—Fue del museo— no le volteó a ver.

—¿Qué querían?, ¿querían que regresaras?— si era eso, no había problema, en un mes, máximo dos, podría él volver a Tokio también.

—Ojalá— eso hubiese sido mejor.

—¿Entonces?— le tomó de una mano para darle ánimos.

—Que ayude a… Quieren que…— tomó aire—. El señor Kagewaki conoce a mi jefe y me asignaron ayudarlo en la mansión, van a trabajar en conjunto.

—Obviamente lo rechazaste.

—Claro que lo hice, pero no es negociable.

—Todavía sigues en tu descanso— llevaba 5 de los 6 meses que le dieron completamente libres.

—Me revocaron el último mes, en febrero debo comenzar a trabajar en la mansión.

—Renuncia.

—No haré eso, ese trabajo me gusta mucho— estar en ese museo en Tokio había sido su sueño desde que lo visitaba con su padre de niña.

—Luego consigues otro empleo, en un mejor museo.

—No es tan fácil, si me voy no me darían carta de recomendación.

—Se profesora— sabía cuanto le gustaba a Kagome enseñar.

—No me entiendes— dijo frustrada.

—Claro que lo hago, el museo fue tu sueño, pero te pondrás en peligro por…

—¿Peligro?, Inuyasha, ni que me fuesen a asesinar en la mansión.

—No juegues con eso— palideció de solo imaginarlo, si tan solo ella supiera.

—Lo siento, pero… a mí también me frustra.

—No te quiero cerca de él— comenzaba a sentir tanto miedo, no quería perderla, se sentó en el sillón para calmarse.

—Ya lo sé, ni yo quiero tenerlo cerca— fue a sentarse en las piernas del chico, en cuanto lo hizo él la abrazó.

—Estoy seguro de que lo planeó. Como no has vuelto, encontró la manera de hacerte volver.

En ese tiempo, Sango les dijo que todos los días Kagewaki preguntaba por Kagome y le mandaba recados de que tenía algo nuevo que mostrarle o que se le extrañaba y esperaba volviese pronto.

—¿Cuánto va a durar esta asignación?

—Hasta que termine de catalogar los artículos que tiene de la mansión, los de su colección personal que no están en exposición.

—Si terminas en una semana eres libre, ¿no?

—Técnicamente, pero no sé qué tantas cosas tiene, podría tardarme más tiempo.

—Haré todo lo posible por llegar temprano e ir por ti— le dejaría bien en claro a Kagewaki que Kagome ya tenía esposo.

—Perrito celoso— le dio un beso en la mejilla e Inuyasha se sonrojó, pero cuando vio la sonrisa traviesa de su esposa, supo lo que quería.

Inuyasha se inclinó y comenzó a devorar a besos los labios de su esposa, estaba por meter la mano bajo su suéter para tener mejor acceso a sus senos, cuando el timbre sonó, iban a ignorarlo, pero la persona que los fue a buscar era muy persistente.

—Yo voy, si es Kagewaki no le daré el gusto de verte— Kagome le siguió unos pasos más atrás, abrió la puerta del portón y se sorprendió al ver a una chica pelirroja que ya conocían.

—Taisho, buen día.

—Señorita Waruhi.

—Ayame, ¿Qué haces aquí?— preguntó sorprendida Kagome de ver a la hija de su editor.

—Kagome, ¿cómo han estado?, espero que bien.

—Sí, bien, pasa.

—¡Es una casa muy bonita!— de fuera no se alcanzaba a ver bien a causa de la barda que la rodeaba—. Mi padre leyó tu avance y le encanta.

—No tenías que venir hasta acá para decirme eso.

—Lo sé, es que, surgió algo en la editorial.

—Entremos y me cuentas— abrió la puerta de la casa y le ofreció asiento a Ayame en la sala.

—¿Quieres algo de tomar?— ofreció Inuyasha.

—Estoy bien, antes de llegar pasé a desayunar.

—¿Cuánto tiempo te quedarás?

—Mañana me regreso, con los nuevos cambios estamos llenos de trabajo, bien, el asunto es— sacó una carpeta con el logo de la editorial—. Darte esto, la editorial tiene un nuevo socio y debes firmar otro acuerdo.

—No sabía que iban a vender una parte.

—Ni nosotros, nos enteramos luego de que el dueño hiciera el trato.

—"Kagewaki Hitomi"— leyó Inuyasha—. Debe ser una jodida broma.

—¿Lo conocen?— preguntó sorprendía Ayame.

—Sí, es complicado— respondió Kagome.

—El señor Kagewaki ahora es dueño del 52% de la editorial.

—No vas a firmar eso— dijo Inuyasha a Kagome.

—Si no lo hace, Kagome perderá sus derechos de sus obras que tiene con nosotros y de lo que ya ha mandado.

—¿Qué?, ¿cómo dijiste?— Kagome creyó escuchar mal.

—Tu anterior contrato eso estipula, que tus publicaciones deben estar con la editorial, mínimo 10 años antes de que te las lleves a otro lado, si te vas antes, le pertenecen a la editorial para siempre, incluido cualquier avance al momento del suceso. Y llevas 5 años con nosotros.

—No recordaba eso, ¿hay algo que pueda hacer?— Ayame negó.

—Lo siento, ojalá mi visita fuese para traerte mejores noticias.

—Igual yo, creo que no hay más remedio— Kagome vio a Inuyasha, él suspiró, pero sabía que era lo que debía hacer su esposa—. ¿Dónde firmo?

Inuyasha gruñó, ese bastardo había cruzado la línea y no se la iba a poner fácil.


Una semana era lo que llevaba Kagome trabajando para Kagewaki e Inuyasha llegaba por ella puntualmente al museo, salía del coche, pero no entraba a la mansión, aunque siempre observaba el lugar, esperaba recordar algo que le ayudase a resolver todo ese misterio y poder darle un fin cuanto antes.

Ese día en especial, no podía concentrarse, tenía un presentimiento y no precisamente uno bueno, vio su comida y apenas si la había tocado, vio la hora en su reloj, pronto su descanso terminaría. Guardó su comida y fue a continuar con el trabajo que tenía, supervisaba el cableado eléctrico de una sección cuando fueron por él, su supervisor el señor Kubo y el encargado de recursos humanos, el señor Aizen, le llamaban a su oficina.

—Taisho, toma asiento— le ofreció Kubo.

—¿Pasó algo?— se sentó, no le gustaba que solo estuviesen ellos tres.

—La ampliación ya va muy avanzada, no se han presentado problemas y se te va a asignar otro proyecto cerca de aquí.

—¿De qué se trata?— preguntó con cautela, algo no le gustaba.

—Supervisaras la ampliación de una carretera.

—¿Dónde es?

—A 45 minutos— dijo Aizen.

—A 15 minutos de aquí— no era a mucha distancia.

—No, a 45 minutos de aquí— especificó Kubo.

—Esperemos que en dos semanas esté terminado, por ello, tú tendrás el turno de la noche— informó Aizen.

—Lo siento, preferiría terminar aquí y…

—Está decidido— le interrumpió Aizen—. Eres el más apto para el proyecto, tú esposa puede seguir quedándose en la casa que se les dio y a ti se te consiguió un cuarto de huéspedes.

—Señor, con todo respeto…

—No te puedes negar— les volvió a interrumpir Aizen—. Es eso o volver a Tokio a supervisar la construcción de unas oficinas, tú decides y debes hacerlo antes de las 5 de hoy.

—Aizen, dale a mañana para que decida— para Kubo aquella nueva asignación para Inuyasha le había parecido extraña, pero así lo mandaban los jefes.

—Esto urge.

Inuyasha los observó, no podía volver a Tokio, Kagome no podía dejar ahora la mansión y estaría a ocho horas lejos de ella. Lo mejor era manejar hora quince, podía ir y venir todos los días, había un punto bueno, podía ir a dejarla al museo y comer con ella, aunque no durmiesen juntos.

—¿Cuándo iniciaría?— con esa pregunta estaba aceptando.

—Mañana, ve a casa y descansa— dijo Kubo—. Te mando toda la información a tu correo, tu turno comienza a las 20 horas y termina a las 6.

Kagome ayudaba a Inuyasha a preparar una mochila de ropa, para las emergencias, mientras él le explicaba su plan de ir y volver todos los días.

—¿No estarás muy cansado para volver?

—Para nada.

—No manejes con sueño, si lo tienes, quédate allá.

—Sé que cuando estaba más cerca me ausenté mucho— se acercó a la cama donde estaba sentada Kagome doblando la ropa—. Pero te prometo que haré todo lo posible por volver todos los días— le dio un corto beso.

—Prométeme eso, no vas a manejar cansado.

—Te lo prometo, tranquila.

—Te falta empacar tus camisas de franela— se levantó y fue al armario—. Te pondré la roja, la verde y la azul, ¿con esas estarás bien?— Inuyasha no le respondió y cuando se dio la vuelta, él estaba detrás suyo.

—Kag, te compré algo— le mostró una bolsita de piel y sacó algo—. Quiero que lo uses siempre— hizo énfasis en la última palabra.

—Inuyasha…— vio maravillada el anillo que su esposo le puso, era plateado, tenía un arco con una flecha atravesando una esmeralda.

—Sé que jamás acordamos usar anillo y no es la gran cosa, no sé si mi gusto en joyas sea bueno, pero lo vi y pensé en ti— dijo sonrojado.

—Es hermoso— se acercó más a él, le encantaba verlo sonrojado.

—Por favor, úsalo siempre. Al menos si lo ven, sabrán que estás casada y…

—Gracias— lo abrazó, sujetándose de su cuello.

—Me alegra que te gustase— la tomó de la cintura y la alzó para que quedasen a mejor altura.

Inuyasha estaba tendido de costado, veía dormir a Kagome, seguía preocupado por ella, no podía creer que su vida entera se estuviese complicando tanto. La sola idea de perderla hacía que le doliera el pecho.

—Tranquilo, cuidaré de ella— dijo Yasha.

—Lo sé, pero me preocupa que esté pasando tiempo en la mansión.

—Ha regresado bien.

—¿El anillo va a funcionar?— fijó su vista en la mano de Kagome.

—Debería, mientras no se lo quite— ese anillo debía representar aquellos sentimientos puros que tenía Inuyasha para Kagome.

—Debemos decirle.

—Aún no puedo hacerme ver a otros, espero te crea.

—Igual lo espero, le mostraré las fotos— Kagome se movió y lo llamó en sueños.

—Debes descansar también, igual debes cuidarte.

—Sí— se acomodó y no tardó en quedarse dormido.


Luego de insistir por varios días, Kikyou había convencido a Kagome para que le diese permiso de usar su cuerpo una vez más, pero el anillo que había estado usando por dos semanas, la hacía sentir débil, de él emanaba una energía extraña.

—Quítatelo.

—Le prometí a Inuyasha que no lo haría.

—No se va a enterar, es solo un momento, Kagome, necesito recordar— le vio con ojos suplicantes.

—La última vez, ¿qué viste?— Kikyou no le había contado nada y eso la hacía sentir incómoda.

—Sentí miedo y no llegué, pero esta vez sé que puedo.

—Yo…— tocó su anillo, no estaba segura de aceptar.

—Por favor, confía en mí, solo tú me puedes ayudar.

—Está bien— Kikyou le sonrió.

—Déjalo en la mesa— miró el anillo.

—Creo que lo llevaré, no quiero perderlo— guardó el anillo en el bolsillo de su chamarra que tenía botón.

—¿Lista?

—Sí— dijo al cerrar los ojos.

Segundos después, Kikyou despertaba en el cuerpo de Kagome, se levantó y se fue a ver en el espejo, no le gustaba cómo se veía, pero era mejor a seguir atrapada en esa casa, llevó su mano al bolsillo donde estaba el anillo y una descarga le impidió quitar el botón. Escuchó pasos y por el espejo vio a un hombre entrar a la habitación.

—Ya estás aquí, ¿estabas espiando?

—No, ¿Qué sucede? Te ves cansada.

—Inuyasha le dio un anillo extraño.

—¿Cómo que extraño?

—Me hizo sentir débil, lo guardó aquí— señaló el bolsillo—. No puedo tocarlo.

—Yo se lo puedo quitar— se acercó a la mujer.

—No, se dará cuenta, es mejor que no sospeche.

—¿Ya me dirás el plan?

—El día de mi cumpleaños, ese día es perfecto para que sea permanente el cambio.

—Procura hacer esto más veces, entre más tiempo pase en su mente, más difícil le será distinguir la verdad.

—No te preocupes, la dejo en algo que anhela— sonrió victoriosa.

—¿Quieres ir a comer?

—Claro que si, quiero ver cómo ha cambiado la comida.

—Kagome, señor Kagewaki— saludó Sango.

—Sango, buen día— dijo Kagewaki.

—Kag, vamos a comer juntas.

—Lo siento, iré a comer con Hitomi— le sonrió, pero notó que aquella mujer le miró con sorpresa e incredulidad.

—Pero…— ¿desde cuando ella le decía Hitomi?

—Será en otra ocasión, Sango.

La castaña no podía creer lo que había pasado, su amiga se había ido con Kagewaki tomada de su brazo. Esa manera en la que dijo su nombre carecía de sentimientos y su mirada no tenía esa calidez de siempre.

Desde que Miroku le contó a Sango la historia de los fantasmas y las reencarnaciones, ella le había dado el beneficio de la duda, pero luego de ver a su mejor amiga actuar extraño, de inmediato pensó en que el fantasma de Kikyou podría estar involucrado.

Era una suerte que ese día Miroku hubiese descansado, porque sino, Sango no sabría qué hacer o a quién ir a pedirle ayuda para seguir a Kagome.

—Miroku, te estoy diciendo que su mirada era diferente, muy distinta a la Kagome de siempre— desde la tienda de ropa de enfrente vigilaban el restaurante donde Kagome y Kagewaki comían.

—Tranquila.

—¿Qué estamos haciendo aquí?, vamos por ella.

—Debemos pensar bien las cosas— la detuvo.

—Ojalá Inuyasha estuviese aquí— estaba segura de que en cuanto le viese, Kagome reaccionaría—. Van saliendo y le va tomando del brazo.

—Espérame aquí, no vengas— Miroku salió de la tienda y fue a un encuentro casual—. Kagome, ¿Qué haciendo aquí?

Kikyou le vio sorprendida, ese hombre era muy parecido a Miyatsu y aún que ya lo había visto en otras oportunidades, esta era la primera vez que veía ese parecido.

—Vine a comer con Hitomi.

—Señor Kagewaki, buen día— saludó Miroku.

—Bien, gracias, estábamos por volver al museo.

—¿Entonces no irás a tu revisión?— vio a Kagome.

—¿Cuál revisión?— Kagome no le dijo nada de eso.

—Ya sabes, tus pruebas— claramente estaba mintiendo para tenderle una trampa—. Inuyasha me llamó y me preguntó si ya estabas en el consultorio.

—¿Él te llamo?

—Sí, le dije que iba un poco atrasado pero seguro que ya estabas allá.

Algo iba mal, aunque era mentira, Kagome realmente sabía de qué le hablaba, ya que esa supuesta consulta fue hace un mes.

Kikyou no lograba ver ninguno de esos recuerdos en Kagome, no sin bajar la guardia y correr el riesgo de que su anfitriona la expulsase.

—Ya que voy al consultorio, vamos juntos.

—¿Y si la reagendas?— sugirió Kagewaki.

—Claro, si eso quiere Kagome— vio a su amiga—. Pero sabes que le debo decir a Inuyasha.

—Yo creo que puedo ir, será solo un momento.

—Primero vamos a la mansión y luego vuelves— dijo Kagewaki en un intento por regresar a Kikyou, no sabía qué podía pasar si abandonaba el cuerpo de Kagome fuera de la mansión.

—Los acompañó, aprovechó y veo a mi esposa, le avisaré que voy para allá.

Miroku le mandó un mensaje a Sango para decirle lo qué pasaba y no la tomaran por sorpresa. Al llegar a la mansión, Kagome y Kagewaki fueron a la oficina de él, Miroku se quedó en la entrada a la espera de su esposa que les iba siguiendo.

—¿Qué pasó?— preguntó la castaña ni bien alcanzó a Miroku.

—Definitivamente algo va mal, ella no sabía de qué le hablaba y aunque es su cuerpo, es diferente, no sé cómo explicarlo.

—¿Estará bien?

—Esperemos un momento a que salga, si no lo hace, entramos por ella.

—Miroku, ¿y si se vuelve a desmayar?

—No pensemos en eso.

—Miroku, Sango— ambos voltearon al escuchar a Kagome llamarles, se veía bien y de nuevo volvía a lucir como ella—. ¿Teníamos cita?, creo que lo olvidé.

Kikyou le había dicho que se encontró en el centro del pueblo y que debía ir a una cita médica, se había sorprendió un poco porque no recordaba algo de eso, pero debía ser verdad.

—De hecho, Inuyasha la sacó por ti, ¿no te avisó?

—Así que eso fue, no me dijo, debió olvidarlo, pero estoy bien.

—Ya sabes cómo es, siempre preocupado por ti, será mejor irnos— había notado que, desde una de las ventanas de la mansión, Kagewaki los observaba.

—Sí.

—Miroku, lleva el coche— Sango le dio las llaves—. Solo no olvides venir por mi.

—Jamás lo haría, vamos Kagome.

En el trayecto, Miroku analizaba a su amiga, se veía tan tranquila, cómo si nada extraño le hubiese pasado.

—¿Por qué fuiste a comer con Kagewaki?

—¡¿Qué yo que?!— preguntó en automático, claramente sorprendida.

—¿No lo recuerdas?, me los topé mientras salían de un restaurante.

Kagome no sabía qué contestar, Kikyou no le había dicho nada al respecto, debió decirle algo para estar preparada ¿ahora que excusa inventaba?

—¿Qué hacemos en mi casa?— hasta ese momento se dio cuenta que no iban al consultorio de Miroku.

—Entremos— bajó del coche y fue a abrirle la puerta a su amiga—. Tenemos que hablar sobre Kagewaki.

—No es nada, había un asunto pendiente y es por eso— abrió la puerta y apenas puso un pie adentro, comenzó a sentir mucho sueño.

—¿Y por qué luciste tan sorprendía cuando te lo pregunté?

—Yo… solo— sentía que sus ojos se cerrarían en cualquier momento.

—Kagome, ¿todo bien?

—Yo, tengo sueño— cayó de rodillas, Miroku apenas tuvo tiempo de sostenerla.

Miroku tomó las llaves y se apresuró a entrar a la casa, acomodó a la chica en el sofá, le tomó el pulso, era débil. No entendía qué le pudo pasar, ella lucía bien.

—Yasha, ¿me escuchas?— se sentía tan tonto al hablarle a la nada—. Algo va mal con Kagome y… ¡por Buda!— no podía creer lo que veía, una versión más joven de Inuyasha estaba hincado junto a Kagome.

—Me ves.

—¡Claro que te veo!, ¿Sabes qué le pasa?

—No está usando el anillo, está en ese bolsillo— señaló la chamarra.

Miroku sacó el anillo y se lo colocó de nuevo a Kagome, luego vio a Yasha a la espera de una explicación.

—Estará bien, pero no debió quitárselo.

—¿Por qué le pasó esto?, estaba bien y luego cayó dormida.

—Tenía pocas energías y las usó para aparentar que estaba bien, también no le ayudó el hecho de que, al cruzar al límite de la propiedad, su cuerpo se purificara de aquella presencia que le robó energía.

—Entonces ella se va repon…— se talló los ojos.

—¿Qué sucede?— preguntó Yasha.

—La veo doble.

—¿Doble?

—A Kagome, solo que una es más joven y su cabello lo lleva peinado con una trenza de costado, pero sigue suelto, no se cómo explicarlo bien.

—Kago— reconocía esa manera de llevar el cabello—. Puedes verla.

—¿Tú no?— Yasha negó.

—Tienes poderes espirituales igual que Miyatsu, eso quiere decir que por eso ahora me ves, no es que lograse hacerme ver por alguien más.

—He estado yendo con Mushin al santuario y haciendo algunos rituales.

—Me alegra escuchar eso, no olvides tu legado, Miyatsu fue un gran hombre y sería una lástima que sus enseñanzas se perdieran.

Miroku le sonrió, todos esos años creyendo y dando por hecho que las historias de su abuelo solo eran leyendas, ahora se sentía realmente tonto, de escucharle a su abuelo y a Mushin, ahora tendría mejores habilidades para ayudar a Inuyasha o mucho mejor, se hubiese dado cuenta de las presencias en la mansión.

—Algo te preocupa— Yasha había puesto la misma expresión de Inuyasha cuando algo no andaba bien.

—Se supone que ellas deberían estar fusionadas, no deberías verlas doble, si una cosa así está pasando, significa que algo realmente grave le está afectando, podría ser peligroso.

—Debería llamarle a Inuyasha.

—No lo preocupemos más por ahora, solo hay que vigilarla, aquí ya está a salvo.

—Bien— confiaba en él, parecía saber lo que hacía.


Lo que parecía ser una agradable mañana de sábado, donde al medio día iría por Kagome al museo y luego ir a casa de sus amigos a comer, se había arruinado para Inuyasha, todo gracias a dos cosas, la primera: Miroku le contó el incidente con Kagome, la segunda: un reporte del trabajo. Se acababa de enterar de quién patrocinó el proyecto a la nueva nueva carretera. Estaba como loco y Miroku intentaba hacerlo entrar en razón.

—Cálmate, no pierdas la…

—¿Cómo quieres que me calme?, quien pidió el proyecto fue Kagewaki, claramente me quiere lejos de Kagome.

—Te doy razón en eso, pero… ¿A dónde vas?— preguntó al verlo tomar su chamarra.

—Irlo a ver.

—Detente— le bloqueó el paso a la puerta—. La mayoría de la gente de aquí está maravilla con él por lo que está haciendo en el pueblo, solo harás que te arresten.

—¿Entonces debo dejar que se siga metiendo en nuestra vida?

—No, pero debemos pensar con calma, idear un plan.

—No voy a dejar que la lastime de nuevo.

—¿De qué hablas?

Inuyasha llevó a Miroku al ático para mostrarle la foto de Naraku, Miroku analizaba detenidamente la fotografía, era cierto que ese hombre Naraku se parecía mucho a Kagewaki, pero había algo raro, solo que no sabía qué.

—Es él, debe ser su reencarnación. Estoy casi seguro de que él fue el responsable de la muerte de Kagome, no ella, ya sabes, de ella cuando fue…

—Ya entendí, ¿qué opina Yasha?

—Debe verlo para poder comprobar que sea su reencarnación o solo un descendiente.

—Hagamos esto, llamemos al amigo detective de Kagome.

—¿Kouga?

—Él, pídele que investigue a Kagewaki, dile que tiene una obsesión con Kagome, que compró la editorial donde publica y usó sus influencias en el museo para tenerla cerca. Estoy seguro de que va a ayudar si sabe que su amiga está en posible peligro.

—Creo que es buena idea, le llamaré.

—¡Inuyasha!— Kagome ya había llegado, Inuyasha vio la hora y aún faltaban quince minutos para el medio día.

—¡Miroku, ¿estas aquí?!— ahora fue Sango la que gritó.

—¡Estamos arriba!— respondió Miroku—. Creo que salieron antes, mantén la calma, vamos a comer y pasemos un rato agradable.

—De acuerdo.

—Inuyasha, ¿qué hacen aquí?— preguntó Kagome desde el agujero de entrada.

—Creímos que se habían vuelto a meter las aves, pero todo bien— Miroku mintió por Inuyasha.

—Hola Miroku.

—Salieron antes— dijo Inuyasha.

—Sí, así que decidimos venir por ustedes.

—Es mejor irnos— dijo Miroku, dándole una palmada en la espalda a su amigo.


Inuyasha realmente no quería estar en ese lugar, pero Kagome había olvidado su comida y ahora la estaba esperando en el recibidor de la mansión para darle su caja de obento. Vio a un grupo de turistas, el guía les daba las indicaciones y los introducía a la historia de la mansión.

—Una historia muy dramática, toda una tragedia de amor, la historia de dos amantes que no pudieron estar juntos— comenzaba a narrar la guía.

Si se refería a Yasha y Kago era verdad.

—¿Es verdad que mató a su prometida para poder estar con Kikyou?— preguntó una chica.

¡Él no había hecho eso!

—Yo escuché que también mató a la señorita Kikyou— agregó otra mujer.

—Eso es algo que no se ha comprobado al 100%.

—Yo creo que no, jamás mataría a la mujer que amaba.

—Aún así, si mató a su prometida para estar con su amante fue un asesino— dijo un hombre.

¡Él no había matado a nadie!

Decidió alejarse más, no quería seguía escuchando más calumnias, fue entonces que lo vio, Kagewaki camina a él, apretó los puños, quería golpearlo, hacerle confesar todo lo que sabía, gritarle que se mantuviese alejado de Kagome y de él.

—Taisho, buen día, hace mucho no te veía por aquí.

—Hola, mi trabajo me ha mantenido ocupado— pero eso él ya lo sabía.

—¿Esperas a Kagome?

—Olvidó su comida— Kagewaki dirigió su mirada a la caja de obento que llevaba.

—Te llevó a donde esta.

—Ya viene— no se iba a mover de allí.

Voltearon al escuchar a una chica gritar "¡Es hermosa!, ojalá yo fuera así", la mujer veía la pintura de Kikyou.

—¿No es perfecta?— preguntó Kagewaki a Inuyasha—. El perfecto ideal de belleza.

—Hay varios gustos, este no es el mío— Kagewaki le vio sorprendió e Inuyasha se dio cuenta que no le había gustado su respuesta—. Sus ojos son muy pequeños y su cabello muy lacio— sonrió victorioso, definitivamente Kagewaki estaba molesto.

—No me puedes negar que es hermosa, te debe atraer un poco.

—¿Hermosa?, es bonita pero no es tipo.

—Inuyasha— llamó Kagome.

—Kag, tu comida.

—Gracias— estaba preocupada, esperaba que Inuyasha no hubiese discutido con Kagewaki.

—Los dejo, debe atender un asunto— dijo al tomar su teléfono y contestar la llamada que recibió.

—¿Todo bien?, no le reclamaste ¿verdad?

—Claro que no, aunque ganas me sobraban.

—Inu, estoy bien, lo veo muy poco, me la paso sola en una habitación.

—Me preocupo por ti, es todo.

—¿De qué hablaban?

—Nada importante— le tomó la mano que llevaba el anillo—. No te lo quites.

—Tranquilo— ahora se sentía muy culpable, lo había hecho en dos ocaciones, aunque la segunda vez por poco tiempo, solo para que Kikyou practicase.

—¿Kag?

—No me lo voy a quitar— a partir de ese momento no lo volvería a hacer—. Te lo juro.

—Debo irme, cualquier cosa me llamas.

—Lo haré, ve con cuidado.

Kagome daba la vuelta para ir al área donde trabajaba y casi choca con alguien, luego de disculparse, subió su mirada y le sorprendió ver a Kagewaki.

—Ibas distraída.

—Pensaba en el trabajo.

—Tu esposo en verdad está maravillado con la pintura de Kikyou, me dijo que siente una conexión, extraño ¿verdad?— sonrió al ver que la chica se entristecía.

—¿Eso dijo?— los había visto ver la pintura, pero no creyó que hablasen sobre Kikyou, por eso, Inuyasha no le respondió.

—Que siente paz al verla.

—¿Qué más dijo?

—Solo eso, fue cuando llegaste, te dejo trabajar, nos vemos más tarde.

Kagome no se había podido quitar de la cabeza lo que Kagewaki dijo, cerró el libro que revisaba, estaba molesta, justo cuando pensó que su relación con Inuyasha estaba mejor y su miedo por creer que él estaba con ella por su parecido a Kikyou estaba casi extinto, algo nuevo surgía, haciéndola dudar.

—Dijo "es como si la extrañara"— dijo de pronto Kikyou.

—Kikyou, me asustaste.

—Lo siento, ¿qué edad tiene Inuyasha?, se ve tan maduro, sus facciones más fuertes.

—Treinta, los estabas escuchando.

—Claro, en cuanto Inuyasha entró sentí su presencia.

Kikyou se percató que Kagome estaba decaída, esa felicidad que últimamente la rodeaba se estaba apagando. Pues ella también estaba molesta, escuchar a su Yasha decir que no le gustaba le dolió, pero sabía que era por estar confundido a causa de Kagome.

—Cambiemos de nuevo, creo comienzo a recordar algo.

—¿Fuiste a comer con Kagewaki?

—Sí, ¿no debía?— fingió inocencia—. Me lo topé y no supe qué hacer, qué harías tú.

—No ir a comer con él.

—Perdón, ahora lo sé.

—Kagome— el llamado a la puerta alertó a Kagome y Kikyou,

—Midoriko.

—¿Podrías ayudarme en algo?

—Claro, ¿qué es?— se alegraba tanto por esa interrupción.

—Algo que te va a gustar, vamos.

Midoriko caminó junto a Kagome hasta la entrada de la mansión, fue en ese momento que la chica se percató que iban a salir.

—¿Saldremos de la mansión?

—Sí, lo que quiero mostrarte está en el piso que rento.

—Debería avisarle al señor Kagewaki— después de todo, él era su jefe.

—No te preocupes, yo me encargo de él y no vamos a tardar.

Sabía que Kikyou le veía con furia, pero decidió ignorarla de momento y continuar revisando los asuntos de su compañía. Sonrió con burla cuando ella intentó mover algunos libros para golpearlo y fallar en el intento.

—Sabes que no eres capaz de mover cosas.

—¿Por qué alejaste a Inuyasha? Antes venía más.

—Kagome recupera energías cuando está con él— se recargó en su silla y finalmente la miró.

—Pero ya soy más fuerte y puedo poseerla mejor.

—Es temporal, de esa manera, pasa menos tiempo con ella y no se recupera rápido.

—¿Qué hacemos con el anillo?— a causa de ello, no se le podía acercar tanto.

—Debemos quitárselo, pero sin levantar sospecha, debe creer que lo perdió.

—Podría confundirla, pero para eso se debe quedar dormida.

—Eso es fácil, yo me encargo.

—Ya comienza a sospechar algo, ya desconfía y no es bueno— dijo preocupada.

—Hagamos que use algo tuyo.

—Mi pulsera.

—Ya ha funcionado antes, no lo olvides, no te apresures, debes esperar al día de tu cumpleaños.

El piso de Midoriko era muy minimalista, en su sala solo tenía una mesa y cojines para sentarse. En un librero de cuatro repisas, había seis libros, tres suculentas, una campana colgarte y una estatua de Buda. Kagome se acomodó en el cojín cuando Midoriko volvió de la cocina con dos tazas de té y galletas.

—Gracias por descubrir lo de Tsubaki, estaba en un gran error.

—No es nada, fue por accidente que lo descubriese.

—Yo creo que estabas destinada a hacerlo, ¿no lo crees también? Esto es lo que quería mostrarte— sobre la mesa puso una pequeña caja cuadrada, la abrió y le mostró el contenido a Kagome—. Un amigo me dio esto, me dijo que su padre lo encontró entre las cosas de su tío, tómalo.

—Es…— no podía creerlo, vio a Midoriko y ella le sonrió.


24/12/2020

Gracias por los mensajes, se los agradezco de todo corazón.

Nos seguimos leyendo.