—Estoy hambrienta, Adora. Te necesito… este lugar, está lleno de vitalidad, necesito alimentarme…
Con gran rapidez, se montó sobre Adora, que terminó de despertar al tener a la demonio encima. Catra acariciaba los hombros, el cuello, y los pechos de la caza demonio. Le agradaba su costumbre de dormir desnuda. Aún conservaba las vendas alrededor de sus senos, por lo que la súcubo se tomó todo el tiempo del mundo en quitárselas, con paciencia, como si estuviera desenvolviendo un preciado tesoro.
Adora sólo sonreía, debía estar realmente hambrienta si había sido incapaz de pasar la noche sola. Mientras le quitaba aquellas vendas, se deleitaba viendo el cuerpo de Catra, que a pesar de estar vestida, no le quitaba el atractivo precisamente. Sus ojos brillantes por el deseo, su boca entreabierta, su respiración acelerada, su cuello que más de una vez había marcado, su clavícula.
Sintió el potente deseo de tocarla, y así lo hizo, en una suave caricia, y ella la miró, con aquellos ojos de ferviente deseo. En algún momento de su vida, deseó encontrarse con alguien que la mirase así, pero tenía demasiado miedo de formar un lazo tan fuerte con alguien. Y ahora estaba ahí, eso que deseaba, personificado en nada más y nada menos que una demonio.
Catra la empujó suavemente mientras la besaba, con tal intensidad que parecía que la devoraba, aunque literalmente estaba quitándole fuerza vital mientras lo hacía. Adora era una droga para la súcubo, entregándole más fuerza de la habitual en humanos, por lo que aunque quisiera, no podría resistirse a la caza demonio.
Su lengua recorrió no sólo su boca, no, no era suficiente, nunca lo era. Besó su cuello, lo mordió con impaciencia, mientras percibía como la piel de Adora comenzaba a arder gracias a ella. Con sus manos amasó con suavidad sus pechos, mientras su lengua lamía en círculos sus pezones.
Se detuvo un momento, incorporándose levemente, Adora seguía recostada, mientras que Catra estaba sentada sobre ella. La súcubo comenzó a quitarse la ropa lentamente, quería la completa atención de la caza demonio, cuya mirada reflejaba que estaba perdida en esa lujuria en la que se sumergía cada vez que se unía a Catra.
Una vez desnuda, la súcubo le pidió a Adora que se sentara, y luego la guió para que se posicionara de tal manera que ambas unieran sus centros. Catra se movía de tal manera que la humedad entre ambas era cada vez mayor, pronto los gemidos inundaron la habitación, no sólo sus sexos se tocaban en una húmeda fricción, también sus pechos, dando pequeñas corrientes de placer extra.
Ambas se perdieron en sensaciones, la piel sudorosa, que parecía derretirse ante el intenso movimiento de caderas, la creciente humedad del sexo de la otra, los gemidos de placer de la otra, el agarre de las manos de Adora en la cintura de Catra, el beso final antes de alcanzar el clímax.
Ambas estuvieron un rato recostadas una al lado de la otra, intentando calmar la respiración, y el intenso calor de sus cuerpos. Catra había calmado su hambre, pero no se sentiría satisfecha sólo con eso. Volteó a ver a Adora, quien ya la estaba mirando, con ojos de cachorrito.
—Eres tan hermosa —dijo la caza demonio en tono cálido.
—Lo sé —contestó la súcubo, riéndose. Adora también rio.
—¿No podías dormir? —inquirió la caza demonio.
—No, y este lugar me pone hambrienta por alguna razón.
—Tal vez sepa una manera de relajarte —le dijo con una sonrisa coqueta Adora.
—Adelante —contestó sonriendo también Catra.
Adora fue directo a la entrepierna de la súcubo, sin dejar de sonreír bobamente. Besó tiernamente la cara interna de los muslos de Catra, quien ahogó un suspiro ante el gesto. Luego se internó en su sexo, lamiendo suavemente en principio, deleitándose en los exquisitos jadeos de la súcubo, y en el sabor de ésta.
Luego fue aumentando el ritmo, e introdujo un par de dedos también, arrancando gemidos cada vez más fuertes. Se sentía tan bien escuchar a la demonio gritar su nombre entre jadeos de placer. No se detuvo hasta que Catra alcanzó el orgasmo, y sonrió con mayor satisfacción al verla mucho más relajada.
—¿Crees que puedas dormir ahora? Mañana va ser un día intenso, mi querida súcubo. Y ya te veo relajada —dijo sonriendo la caza demonio.
Catra notó en ese momento que Adora casi nunca sonreía de esa manera, excepto cuando estaba con ella. Eso le hizo sentir cierta calidez en su pecho, cierta felicidad.
—Creo que sí, ha hecho usted un gran trabajo mi querida caza demonio.
Catra acarició la mejilla de Adora, le dio un último beso, cargado de emociones. Durmieron tan profundamente que Scorpia tuvo que despertarlas personalmente al día siguiente. Avergonzadas, se vistieron con rapidez para presentarse en el laboratorio de Entrapta, quien lucía visiblemente emocionada.
—Hoy pondremos a prueba uno de mis más recientes prototipos, una aeronave dirigible. Con ella llegaremos a tiempo al festival de la primavera, si todo sale bien.
—¿Si todo sale bien? —preguntó algo alarmada.
—Puede que tengamos problemas, pero Emily me acompañará, por lo que si sucede algo, lo arreglaremos en el camino. Tenemos que irnos ahora.
Scorpia lanzó un largo suspiro, pero siguió a Entrapta. La aeronave era algo pequeña, sólo podía tener una decena de pasajeros como máximo, ya que el diseño estaba basado en una libélula. Pero a pesar de las apariencias, lograron volar, aunque algunas fallas se produjeron en el camino, Entrapta con Emily supieron manejarlas.
Contra todo pronóstico, lograron llegar a la víspera del Festival de Primavera, por lo que Entrapta se sentía bastante orgullosa. Por suerte, al arribar al reino de Brightmoon, ya tenían hospedaje, cortesía de Huntara, que por lo que Adora notó, tenía una relación de negocios bastante productiva con Entrapta.
A pesar de esto, la cazadora aprovechó de entregarle la información que necesitaba la caza demonio, que confirmó lo que sospechaba.
Scorpia era la única que se sentía inquieta, no estaba cómoda con la idea de presentarse a la reina y menos con amenazarla. Además, extrañaba a Perfuma, quien siempre sabía cómo calmarla. Pero prefería que no estuviera, ya que Huntara estaba rondando por ahí, no confiaba en aquella mujer.
Entrapta era la más relajada, hablaba de cosas que nadie más entendía con Emily, y confiaba plenamente en su estrategia.
Scorpia se disculpó diciendo que se retiraría a su habitación, pero fue detenida por Adora.
—Catra y yo saldremos, tenemos algo que hacer, pero es mejor que no lo sepas. Nos veremos mañana, si todo va bien.
Scorpia sólo asintió, en aquel momento sólo quería dormir y olvidar todo eso. Ya era demasiado tarde para arrepentirse, pero comenzaba a cuestionarse si realmente valía la pena recuperar Frightzone a cambio de la vida pacífica que tenía. Suspiró, no podía defraudar a Perfuma y a Entrapta.
Adora se despidió de Entrapta, quien apenas lo notó, luego le hizo una seña a Catra para que la siguiera. Luego se adentraron en las concurridas callejuelas de la ciudad.
—Desde ahora volvemos a ser tú y yo, Catra.
Catra sonrió ante la frase. Extrañaba estar sola con Adora, sin gente que lo arruinara a su alrededor, como Huntara.
—Ya era hora —respondió la súcubo.
La caza demonio se rio por lo bajo. Por supuesto que a Catra le encantaría la idea.
—Gracias a Huntara, la cazadora que tanto odias, confirmé algo que sospechaba de la reina Glimmer gracias a lo que me contaste.
— ¿Y qué sería?
—La reina Glimmer y su caballero Bow pertenecen al círculo de Samois.
Catra la miró, levantando una ceja. Se preguntaba si Adora asumía que sabía qué círculo era ese.
—¿Círculo de Samois?
—Oh, esto te va encantar. El círculo de Samois es una sociedad secreta de amos y esclavos sexuales. Mucha gente de la realeza y nobleza es parte de esa sociedad.
—¿Cómo nunca me enteré de algo así?
—Bueno, se supone que es un secreto. Yo sólo supe de ella porque me invitaron.
—Déjame adivinar, ¿Huntara te invitó?
Adora se rio a carcajadas, claramente la había estado espiando.
—Sí, fue Huntara, hace un par de años.
—¿Qué harás ahora entonces? —dijo desviando el tema Catra.
—Espero que tengas suficiente energía para usar tu magia de invisibilidad, porque la vamos a necesitar. Iremos a cierto lugar donde se reúnen.
Catra guardó silencio. Entonces entendió lo que planeaba hacer Adora.
—Espero que tengas razón y encontremos a Bow ahí —dijo la súcubo.
—Confía en mí —sonrió la caza demonio.
Ese era el problema de Catra, confiaba demasiado en la caza demonio, siendo una demonio. La miró de reojo, su rostro sereno, lleno de confianza, le gustaba demasiado. Pero decidió enfocarse en la tarea que tenían en ese momento.
Llegaron a un sector, a las afueras de la ciudad, donde había una casa que parecía más bien un hostal, con tres pisos. Adora le indicó a Catra que era el lugar que buscaban. La súcubo percibió claramente todo lo que pasaba en aquel edificio, por lo que definitivamente era el lugar que buscaban.
La caza demonio se quedó cerca de una ventana abierta, en ese punto esperaría hasta que Catra regresara. Adora era consciente de que los miembros de aquel círculo eran bastante confiados, así que no habría guardias de ningún tipo, lo cual les daba ventaja, pero aun así, lo mejor era que nadie las viera.
La súcubo se demoró bastante en regresar, lo que tenía nerviosa a la caza demonio.
—Está aquí —susurró Catra al regresar.
