Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 9

Ni Edward ni Bella habían estado en posición de socializar en años. Estaban penosamente oxidados. Edward no podía hablar por Bella, pero el hecho de que ella sería su esposa en poco menos de una semana y media lo sorprendía. Había sido idea de él, y seguía seguro que era lo correcto, pero eso no lo hacía menos extraño. El punto de esa noche había sido simplemente pasar el rato, ser amigos, ya que no habían tenido la posibilidad de hacer eso todavía. Todo era dolorosamente incómodo.

Entonces, Bella había dicho las palabras mágicas.

—¿Sabes que necesita esta situación? Alcohol.

Una hora después, se encontraban mucho más relajados, sentados en el suelo con sus espaldas contra el sofá, sus cabezas inclinadas hacia el otro mientras jugaban a Yo Nunca de a dos.

Edward no podía recordar la última vez que se había sentido así de relajado.

—Veamos —dijo Bella, vertiendo una gran cantidad de soda en su vaso. A decir verdad, sus tragos estaban diluidos. Hace mucho tiempo que Edward no bebía, y el sistema de Bella era impredecible. Aun así, ambos estaban ebrios—. Yo nunca… besé a alguien del mismo sexo.

Edward sintió sus mejillas arder mientras levantaba su vaso hacia sus labios. Le llevó unos segundos extra dejar que sus ojos se encuentren con los de Bella, y luego casi se ahogó en su bebida. Se rio y tosió al mismo tiempo, riéndose de la expresión asombrada en su rostro.

—¿Qué? Fue en la universidad. Fue una apuesta. —Se limpió la boca con la mano, escondiendo su sonrisa—. ¿Estás asombrada y aterrorizada ante la idea de que un chico bese a otro chico?

—¿Qué? No. No es eso. Es simplemente que eres tan serio.

Edward suspiró, pensando que ella lucía muy hermosa, sonriéndole como lo hacía.

—Tenía diecinueve. Nadie es tan serio a los diecinueve. —Sus rostros estaban cerca del otro. Él suspiró—. Y no siempre fui… así.

La sonrisa de ella se esfumó, y lo miró seriamente. Tomó un trago largo, apoyando su codo en el sofá y su cabeza en su palma.

—Eso siempre les pasa a los tontos de diecinueve.

—¿Qué?

—La vida.

Ambos rieron.

—Eso es profundo —dijo Edward.

—¿Qué diablos sabían esos chicos? —Bella terminó su trago—. ¿Acaso sabías lo que querías ser cuando tenías diecinueve?

Edward resopló.

—Mierda, no. Y jamás lo descubrí. —Se inclinó hacia delante, dejando su vaso ahora vacío sobre la mesa ratona—. Terminé haciendo lo que mi madre creía que debía hacer. —Ladeó su cabeza, mirándola por sobre su hombro—. No me malinterpretes. No lo hice para complacer a mi madre, aunque sí lo hice. Me gusta lo que hago. Soy un arquitecto de paisajes. No estoy seguro de habértelo contado.

—Dijiste que eras dueño de una compañía constructora.

—Sí. Ese es el tipo de trabajo que hacemos. Resultó ser que mi madre tenía razón. Es buen dinero. Fácil de conseguir trabajo. Fácil de hacerlo bien. Y era bueno en ello. Mi madre prepara las casas y trabajos para la venta… bueno, de lo que sea que venden. Fue fácil para ella llevarme a trabajar, y notó que tenía facilidad para el diseño exterior.

—No es malo escuchar a tu madre. —Bella parecía nostálgica—. Mi madre me dijo que me asegurara de jamás depender de alguien económicamente. Que me asegurara de que me valiera por mí misma. Desearía haber escuchado eso.

—¿Qué quieres decir? —Edward se sentó contra el sofá, su cabeza girada hacia la de ella.

Bella se mantuvo callada por unos momentos antes de volver a hablar.

—No tenía un plan concreto cuando estaba en la universidad. Para cuando tuve que declarar una carrera, ya estaba planeando mi vida con Liam. Se suponía que seríamos compañeros. Esa era la idea.

»—Él ya haciendo una pasantía en la compañía correcta… él tiene unos años más que yo. Iban a ofrecerle un trabajo. Tenía sentido que pudiera mantenernos a los dos mientras yo empezaba mi negocio. —Se rio secamente—. Entonces, conseguí un título inútil en Artes Escénicas y Visuales con especialidad en fotografía. Quería ser organizadora de eventos y fotografía.

—Requiere tiempo, esfuerzo, y recomendaciones —supuso Edward.

—Exacto. —Ella puso los ojos en blanco—. Lo cual tuve que comenzar de nuevo cuando nos mudamos aquí. Entonces, incluso cuando nos divorciamos, él fue mi salvador. O, supongo que las leyes de divorcio de California lo fueron. La mitad de los bienes y la mitad de las deudas. Nos encontrábamos bien de dinero, pero no tanto con las deudas. Tuve lo suficiente para asegurar mi diminuto departamento. Pagar un par de meses mientras trataba de mejorar lo suficiente como para conseguir un trabajo, cualquier trabajo que me aceptara. He estado a medio paso de la pobreza desde entonces, pidiendo dinero prestado a mi madre un par de veces al año cuando no puedo llegar a fin de mes.

Entonces él se dio cuenta de lo aterradora que debía ser la situación para ella. ¿Poner su confianza en un hombre después de todo por lo que había pasado? Liam al menos había tenido el propósito de amarla. Edward no podía decir lo mismo.

Él moriría antes de herirla, pero ella no tenía manera de saber eso. Aceptar su ayuda ciegamente la ponía en riesgo de perder el diminuto mundo que había creado para ella misma.

Él giró un poco, inclinando su cuerpo más hacia ella. Antes de poder pensar en lo que estaba haciendo, estiró una mano, rozando un solo nudillo por la mejilla de ella. Esta se sobresaltó, pero no se apartó. Sus ojos se encontraron con los suyos, y se estremeció.

—Eres muy valiente, ¿sabes? —Tragó fuertemente mientras dejaba caer su mano de vuelta a su regazo.

—¿Lo soy? —Había algo puro en la voz de ella que hizo que cada nervio bajo su piel hiciera cosquillas.

—Increíblemente.

Ella suspiró, su aliento caliente y dulce.

—Solo estoy sobreviviendo, y no muy bien. Cualquier idiota puede sobrevivir.

Él bufó.

—No cualquier idiota. —Volvió a levantar su mano, trazando un dedo por el cabello corto de ella—. Mi compañera también me abandonó, pero ella no se llevó todo lo que construimos juntos. Mi cuñado posee la mitad de mi negocio. Fue el dinero de su padre que nos dejó comenzar. Mis suegros son la razón por la que tengo esta casa. Mi familia son personas cálidas y comprensivas.

—Tienes una vida —dijo Bella con una pequeña sonrisa.

—¿La tengo? —Edward sacudió su cabeza—. Lo que digo es que no muchas personas se valen por sí mismas. Incluso aunque no tuviera a Charlotte, mis padres pagaron mi universidad, y la mayoría de mis expensas mientras descubría cómo manejar mi vida. Mi hermano vivió con mis padres por años mientras conseguía su título. Todos dependemos de alguien.

»—Quizás a ti te parece que tu vida es un desastre, pero ¿el hecho que estés recuperándote por tu cuenta? —Él jaló de la barbilla de ella suavemente—. Es increíble y raro. No todos podrían hacerlo.

O quizás él simplemente hablaba de sí mismo.

—No quiero que pienses que no le importo a mi madre —dijo Bella—. Si alguna vez llegara a ser indigente, ella me aceptaría.

—Ella simplemente no parece ser compasiva.

—Realmente no lo es.

Bella se estremeció. Agachó su cabeza mientras se frotaba los brazos, rompiendo el tenso momento entre ellos.

—¿Tienes frío? —preguntó Edward.

—Un poco.

Él podría haber tomado la manta que se encontraba en respaldo del sofá. Podría haber tomado su chaqueta. Podría haber sugerido que era hora de mostrarle el cuarto de huéspedes—probablemente no era una buena idea de que alguno de los dos condujera.

En cambio, volvió a moverse y la envolvió con un brazo. Bella se tensó —ella casi siempre lo hacía cuando él la tocaba— pero se relajó solo un momento después.

Ella se acercó a él, descansando una mano sobre su rodilla.

—No quise arruinar el momento —comentó Bella después de unos segundos en silencio—. Simplemente desearía poder decirle una o dos cosas a mi yo de diecinueve años.

—Sería bueno si supiéramos cómo terminaríamos siendo cuando tomamos las decisiones. —Edward se preguntaba si cambiaría algo. Si tuviera una bola de cristal, y pudiera mostrarle a Charlotte que no había forma de que su hijo sobreviviera incluso a la incubadora, ¿hubiera cambiado de parecer?

—Pero algunas de las mejores cosas son casuales, ¿o no? —La voz de Bella estaba volviéndose aguda. Descansó su cabeza sobre el hombro de él—. Mac fue un accidente.

—Mi madre siempre dice que la vida no sería tan hermosa si las malas decisiones no existieran. Aunque, que quede claro que no creo que esperar que tu esposo sea tu compañero de vida sea una mala decisión. A veces la vida nos da…

—¿Enfermedades mortales y elecciones horribles? —sugirió Bella.

—Iba a decir limones, pero eso es un poco más honesto. —Frotó sus dedos por el brazo de ella—. Nada de lo que te pasó fue tu culpa, Bella.

Ella suspiró como si no estuviera del todo convencida, pero no lo discutió. Unos minutos después, su respiración se estabilizó.

Edward cerró los ojos, descansando su cabeza contra la de ella. El dolor familiar y viejo aun estrujaba su corazón y sus pulmones en un fuerte agarre. Él siempre sintió que no podía respirar, pero esta noche… esta noche, eso estaba bien.

Su trasero estaba dormido. Su pierna dolía por estar en la misma posición por mucho tiempo. Pero el calor de Bella presionado contra él y su respiración le trajo una sensación extraña de paz y comodidad.

Había pasado un largo tiempo desde que no se había quedado dormido solo en esta casa.