Este Fic es una adaptación de la novela "El Ángel caído" de Nalini Singh la cual les comparto sin fines de lucro, sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 10
« Amante humana.»
Aquellas palabras la liberaron de la prisión de deleite sensorial en la que el
arcángel de Nueva York la había encerrado a sangre fría. No era más que un
juego para él. Después de acabar con ella, la descartaría como si fuera un
juguete viejo. Aburrido. Olvidado.
—Búscate a otra con la que divertirte. Yo no estoy en el mercado. —Se
apartó de él, y en esa ocasión, Ichigo se lo permitió.
Recelosa, se volvió para mirarlo a la cara. Esperaba ver enfado, quizá furia,
por el rechazo, pero el rostro de Ichigo era una máscara inexpresiva y vigilante.
Se preguntó si habría jugado con ella desde el principio. ¿Por qué narices iba a
tener un arcángel una amante humana cuando podía elegir entre un harén de
deslumbrantes bellezas vampíricas?
Dijeran lo que dijeran sobre los requerimientos alimenticios, estaba claro que
el vampirismo mejoraba enormemente el cuerpo y la piel. Cualquier vampiro de
más de cinco décadas permanecía esbelto, con una piel impecable. Y su
atractivo también crecía con cada año que pasaba, si bien la intensidad de aquel
atractivo dependía de cada individuo. Rukia había conocido a varios vampiros
viejos que seguían siendo más una presa que un depredador, pero los que eran de
verdad poderosos...
Algunos, como Grimmjow, ocultaban con pericia su poder, su increíble carisma,
hasta que deseaban utilizarlo. Otros habían vivido tanto que irradiaban poder de
forma casi constante. Pero incluso los débiles, los que jamás llegarían a ser nada
parecido a lo que Grimmjow era en aquellos momentos, poseían una belleza
deslumbrante.
—He aprendido la lección —dijo al ver que Ichigo permanecía en silencio—.
Debo ser más tolerante con las prácticas sexuales de los demás.
—Una interesante forma de decirlo. —Al final, bajó las alas y las plegó con
pulcritud a su espalda—. No obstante, tan solo has atisbado la punta del iceberg.
—Ya he visto suficiente. —Se ruborizó al percibir todos los actos sensuales
que se desarrollaban tras ella.—¿Eres una mojigata, Rukia? Creía que los
cazadores entregaban con toda libertad sus afectos.
—Eso no es asunto tuyo, joder —murmuró ella—. Si no nos vamos, aceptaré
la oferta de Grimmjow.
—¿Crees que me importaría?
—Seguro que sí. —Hizo frente a su mirada y se obligó a no retroceder—.
Una vez que ese vampiro me clave sus colmillos, seré incapaz de caminar, y
mucho menos de trabajar.
—Nunca había oído a nadie comparar el miembro masculino con un colmillo
—murmuró él—. Tendré que contarle a Grimmjow que tienes sus habilidades en muy
alta estima.
Rukia notó que el rubor de sus mejillas se intensificaba, pero se negó a
permitir que le ganara aquella disputa verbal.
—Colmillos, miembro... ¿Qué más da? Para los vampiros, todo es sexual.
—Pero no para un ángel. El mío sirve para un propósito muy específico.
La lujuria (aguda, peligrosa e inesperada) llenó el pecho de Rukia con tanta
intensidad que apenas podía respirar. El sonrojo se desvaneció cuando todo el
calor de su cuerpo se concentró en otro lugar. Un lugar mucho más bajo y
húmedo.
—Seguro que sí... —dijo con dulzura. Permaneció firme, a pesar de que su
cuerpo la traicionaba—. Satisfacer a todas esas fanáticas de los vampiros debe de
resultar agotador.
Los ojos del arcángel se entrecerraron.
—Esa boca puede acarrearte problemas que no serías capaz de manejar. —
No obstante, contemplaba su boca con una expresión que nada tenía que ver con
la censura. Miraba sus labios como si deseara que le recorrieran la piel.
—Ardería en el puñetero infierno antes que... —dijo ella con voz ronca, a
pesar de que sentía la sangre cada vez más densa.
Ichigo no se molestó en fingir que no había comprendido el significado de
aquel comentario salido de la nada.
—En ese caso, me aseguraré de que estemos en el cielo cuando suceda. —
Los ojos de color ambar estaban cargados de desafío cuando se volvió para abrir la
puerta.
Rukia salió con cautela... después de echar un último vistazo culpable a la
fiesta. Grimmjow la miró fijamente mientras rozaba con los labios la piel cremosa
del cuello de la rubia y deslizaba las manos muy cerca de sus pechos. Mientras la
puerta se cerraba, Rukia pudo ver el brillo de sus colmillos. Se le hizo un nudo en
el estómago provocado por una depravada sensación de anhelo.
—¿Serías dulce en su cama? —le susurró Ichigo al oído; su voz fue como una
espada afilada—. ¿Gemirías y suplicarías?
Rukia tragó saliva.—No, joder... Ese tipo es como una tarta con doble capa de chocolate. Tiene
buen aspecto y querrías comértela entera, pero en realidad es demasiado
empalagosa. —La naturaleza sensual de Grimmjow resultaba agobiante, densa, como
una manta que repelía a pesar de su atractivo.
—Si él es una tarta, ¿qué soy y o? —Aquellos labios crueles y sensuales se
deslizaron contra su mejilla, contra su mandíbula.
—Veneno —susurró ella—. Un veneno hermoso y seductor.
Tras ella, Ichigo se quedó tan quieto que Rukia recordó la calma que precede
a la tormenta. No obstante, cuando la tormenta llegó, se descargó en forma de
una voz sedosa que se introdujo en su interior y la dejó desnuda.
—Y aun así, preferirías ahogarte en el veneno que darte un festín con la tarta.
—Apretó las manos sobre sus caderas.
Rukia tenía la lujuria atascada en la garganta, exigente y brutal.
—Pero ambos sabemos que tengo una pronunciada vena autodestructiva. —
Se alejó de él, apoyó la espalda contra la pared y levantó la vista para mirarlo,
deseando que su cuerpo dejara de prepararse para una penetración que ella
nunca permitiría—. No estoy dispuesta a convertirme en tu juguete roto.
Puede que las líneas del rostro del arcángel fueran la encarnación de la
masculinidad, pero en aquel instante, sus labios eran pura tentación: suaves,
turgentes, sensuales de una forma en que solo puede serlo la boca de un hombre.
—Si te tumbara sobre mi escritorio e introdujera mis dedos dentro de ti en
este mismo momento, creo que descubriría algo muy diferente.
Los muslos de Rukia se contrajeron en un espasmo de necesidad que recorrió
todo su cuerpo. En aquel instante, lo único que podía ver era la imagen de
aquellos dedos largos y fuertes entrando y saliendo de su interior mientras ella
yacía indefensa. Y cerrar los ojos solo empeoró las cosas, así que los mantuvo
abiertos y concentró la mirada en el brillo negro de la pared de enfrente.
—No sé qué clase de mierda lasciva flota en el ambiente de este edificio,
pero no quiero formar parte de ella.
Ichigo se echó a reír, y el sonido de su risa estaba cargado de oscuros y
eróticos conocimientos.
—Si esto te parece lascivo, es posible que hay as llevado una vida mucho más
protegida de lo que y o creía.
Era un desafío que la retaba a responder. Rukia luchó por controlarse. Así que
no estaba tan abierta al sexo como algunos de los demás cazadores... Bueno, ¿y
qué? Le daba igual que aquella panda testosterónica le hubiese puesto el apodo de
Virgen Vestal cuando rechazó a sus miembros uno tras otro. En realidad no era
virgen, pero si eso la mantenía a salvo de los juegos eróticos de Ichigo, le
seguiría el juego.
—Quiero seguir llevando esa vida protegida, gracias. ¿Podemos marcharnos
de este lugar antes de que me quede dormida?—Mi cama es muy cómoda.
Se habría dado de bofetadas por ponérselo tan fácil, sobre todo cuando su
cerebro empezó a suplicar mostrándole imágenes de él en la cama, con las alas
extendidas, los muslos desnudos y la po...
Rukia apretó los dientes.
—¿Qué es lo que quieres que te diga?
Los ojos del arcángel resplandecieron, pero lo único que dijo fue:
—Ven. —Y empezó a caminar de vuelta hacia el ascensor.
Rukia también empezó a caminar, pero frenó en seco al darse cuenta de que
él esperaba que obedeciera sin rechistar. Como si fuese un perrito. Sin embargo,
por una vez, mantuvo la boca cerrada. Quería alejarse todo lo posible de la planta
de los vampiros, con su hedor a sexo, placer y adicción.
El viaje en ascensor fue corto, y esta vez al salir se encontró en una estancia
con mucha clase. El blanco era el color predominante, aunque estaba adornado
con elegantes toques dorados. Sin embargo, cuando Ichigo la condujo a su
despacho, descubrió que su escritorio era un enorme bloque negro de piedra
volcánica pulida.
« Si te tumbara sobre mi escritorio e introdujera mis dedos dentro de ti en este
mismo momento, creo que descubriría algo muy diferente.»
Descartó aquella idea antes de que invadiera su mente una vez más y se
mantuvo al otro extremo del escritorio mientras Ichigo lo rodeaba para situarse
junto a la ventana. El arcángel clavó la vista en las luces de la ciudad y en la
oscura corriente del Hudson, que se veía al fondo.
—Aizen está en el estado de Nueva York.
—¿Qué? —Sorprendida aunque contenta por el abrupto giro de la
conversación hacia el tema del trabajo, alzó las manos para arreglar el estropicio
que el viento había hecho con su pelo y se lo recogió en una coleta—. Eso
convierte nuestro trabajo en algo bastante sencillo. Lo único que tengo que hacer
es dar la alerta en la red de los cazadores para que se inicie una búsqueda de un
ángel con las alas gris oscuro.
—Has hecho los deberes.
—El diseño de sus alas es tan distintivo como el tuyo —dijo ella—. Casi igual
al de la polilla gitana o Lymantria dispar.
—No alertarás a nadie.
Rukia tensó la mandíbula. Cualquier posible vestigio residual de deseo se
desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.
—¿Cómo se supone que voy a realizar mi trabajo si me impides hacer todo lo
necesario para llevarlo a cabo de manera eficiente?
—Esas cosas te resultarían inútiles en esta caza.
—¡Venga ya! —le gritó a la espalda—. Es un ángel enorme con unas alas
inconfundibles. La gente se habrá fijado en él. ¿Puedes mirarme cuando hablamos?
Él se dio la vuelta, con los ojos azules en llamas. El poder emanaba de él en
oleadas que Rukia casi podía percibir.
—A Aizen no le gusta llamar la atención. Y a mí tampoco.
Ella frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?... Ay, joder... —Ya no estaba allí. Rukia sabía que
tenía que estar por algún sitio, pero ella y a no lo veía.
Tragó saliva, se acercó hasta la última posición que había ocupado y estiró el
brazo. Tocó una piel cálida y varonil.
Una mano fantasmagórica se cerró sobre su muñeca cuando intentó apartar
el brazo. Luego, uno de sus dedos fue succionado por esa misma boca que había
contemplado momentos antes, y su calor húmedo provocó una nueva y violenta
palpitación entre sus muslos. Fue entonces cuando se dio cuenta de que parte de
su dedo se había vuelto también invisible.
—¡Para! —Apartó la mano de un tirón y retrocedió con dificultad hasta el
escritorio.
Ichigo apareció como un holograma antes de volverse sólido.
—Solo estaba demostrando lo que quiero decir. —Se colocó delante de ella
para impedir que se moviera.
—¿Siempre le chupas el dedo a la gente para hacer una demostración? —Se
le encogieron los dedos—. ¿Qué coño ha sido eso?
—Glamour —respondió mientras recorría el contorno de su boca con la
mirada—. Nos permite movernos entre las multitudes sin ser vistos. Es una de las
diferencias entre ángeles y arcángeles.
—¿Durante cuánto tiempo puedes permanecer invisible? —Intentó no
preguntarse en qué pensaba cuando la miraba de aquella manera y trató de
recordarse que había amenazado al bebé de Miyako y también su propia vida. No
obstante, resultaba difícil hacerlo cuando él estaba tan cerca, y era tan...
palpable. Casi parecía humano. Siniestra y sexualmente humano.
—Todo el que sea necesario —susurró, y ella tuvo la certeza de que el
comentario tenía un doble sentido—. Aizen tiene más edad que yo. Su poder es
mayor. Lo único que tiene que hacer... —Se quedó callado tan de repente que
Rukia comprendió que había estado a punto de revelar demasiado—. En plenas
condiciones, puede mantener el glamour durante un tiempo casi indefinido.
Incluso débil, puede mantenerlo durante la mayor parte del día y dejarlo durante
las horas de la noche.
—¿Vamos a dar caza al Hombre Invisible? —Se inclinó un poco más hacia
atrás, hasta que estuvo casi sentada sobre el escritorio.
Las manos del arcángel estaban apoyadas sobre la superficie resplandeciente
a ambos lados de sus caderas. Rukia no sabía cómo había conseguido acercarse tanto.
—Por esa razón necesitamos tu sentido del olfato.
—Yo percibo la esencia de los vampiros —replicó ella, frustrada—, no la de
los ángeles. No percibo la tuya.
Ichigo hizo un gesto con la mano para descartar aquellos detalles, como si
carecieran de importancia.
—Tendremos que esperar.
—¿Esperar qué?
—El momento oportuno. —Sus alas se alzaron e impidieron la vista de todo lo
demás, sumiéndolo en la oscuridad—. Y mientras esperamos, satisfaré mi
necesidad de comprobar si tu sabor es tan ácido como tus palabras.
El hechizo sensual se partió en dos. Sin avisar, Rukia hizo uso de su agilidad
para deslizarse hacia atrás y bajar por el otro lado del escritorio, aunque tiró al
suelo varios papeles con el movimiento.
—Te lo dije —jadeó. Saber que había escapado por los pelos hacía que su
corazón latiera a mil por hora—. No quiero convertirme en tu aperitivo, tu
juguetito ni en tu follamiga. Encuentra a una vampira a la que clavarle tu
colmillo. —Salió de la estancia a grandes zancadas y se dirigió al vestíbulo sin
aguardar respuesta.
Para su asombro, él no la detuvo. Cuando llegó a la planta baja, descubrió que
había un taxi esperando... para ella. Estuvo a punto de decirle al conductor que se
largara, pero sintió el frío de la noche y se sentó en el asiento trasero.
—Sáqueme de este puto lugar.
—Por supuesto. —La voz del taxista era muy suave. Demasiado suave.
Rukia alzó la vista para enfrentarse a su mirada en el espejo retrovisor.
—¿Ahora los vampiros conducen taxis?
El tipo sonrió, pero no tenía ni por asomo el elegante encanto de Grimmjow... y
tampoco la peligrosa sensualidad del arcángel que parecía decidido a convertir su
« relación» en algo... ¡Ja!... sexual.
Haría mucho frío en el reino privado de Lucifer antes de que eso ocurriera.
El sexo no estaba en el menú. Y tampoco Rukia.
Ichigo observó cómo se alejaba el taxi, sorprendido de que ella lo hubiese
cogido. Rukia estaba demostrando ser la más impredecible de todos cuantos se
encontraban bajo su mando. Por supuesto, ella no estaría de acuerdo con aquella
descripción, pensó, divertido como solo podía estarlo un inmortal poderoso y
letal.
La puerta se abrió tras él.
—¿Señor?
—Grimmjow, tienes que mantenerte alejado de la cazadora.
—Si eso es lo que mi señor desea... —Una pausa—. Podría hacer que suplicara.
No volvería a desobedecer tus órdenes.
—No quiero que suplique. —Ichigo se quedó asombrado al darse cuenta de
que aquello era cierto—. Será mucho más eficiente con su espíritu intacto.
—¿Y después? —La voz de Grimmjow estaba cargada de expectación sensual—.
¿Puedo tenerla después de la caza? Esa mujer... me atrae.
—No. Después de la caza, será mía. —Cualquier súplica que Rukia pudiera
hacer sería solo para sus oídos.
