8

Akane

El Hambre

Me despierta el dolor. Es precisamente como él dijo que sería, detrás de mi lengua, en mis venas. El dolor me tienta a gritar. Abro los ojos y de inmediato sé que no estoy sola.

El cuarto está inundado del aroma de Ranma, hay otros olores, como el de Leviatán, apenas un ligero toque a ceniza. En cambio, el de Ranma es tan nítido que me cuesta entender cómo es que antes no lo había notado. ¿Siempre ha olido así? Me recuerda al dojo, al sándalo y el bambú. Me permito absorberlo todo, quiero que sea así, por lo menos un segundo. Solo él en el aire y en mis pulmones.

Sé dónde está, puedo verlo sin ver, sentado a un lado de mi, recargando la espalda en la cama. ¡La espalda! Me giro y todo mi cuerpo se queja, lo veo ahí, el pecho desnudo excepto por las vendas. Puedo oler la sangre seca a través de la tela. Mi boca se humedece, mis ojos arden, siento mis manos crispándose. Entonces me mira por encima del hombro y quedo desarmada. Sus ojos están arrasados de tristeza, nunca había visto algo así.

En un instante estoy arrodillada con mis manos en su pecho, me he movido demasiado rápido, y eso lo ha sorprendido. Contiene el aliento y sus labios se abren. También escucho su corazón dar un brinco. No quiero que me mire así, como si no fuera yo.

¡Soy yo!

Soy yo, ¿verdad? Siento lo mismo, pienso lo mismo, lo amo desesperadamente.

Su piel bajo mis manos está caliente, febril, su respiración es honda. Quiero preguntar: ¿Estás bien? Pero, ¿cómo podría estarlo? Me parece absurdo y me hace sentir tan culpable. Las heridas en la espalda, la tristeza que lo envuelve … Todo es mi maldita culpa otra vez.

-Lo siento tanto –logro decir, y de nuevo lloro lágrimas de hielo. Quisiera detenerme, pero me es imposible.

No puedo controlar nada de lo que siento, se concentra en mi pecho, quiere salir al mismo tiempo y punza contra mis huesos. Pero el dolor, ese gana por sobre todo lo demás.

Tengo tanta hambre, y él huele tan bien… Las heridas en su espalda me llaman, me piden que abra más profundo. De pronto sus manos toman mi rostro, son tibias y grandes y fuertes.

-No tienes nada de qué disculparte.

¡Su aliento! ¡Dios! ¡Me marea y me absorbe! Siento que pierdo el suelo. Quiero besarlo, quiero sentir su lengua en la mía, quiero… Morderlo. ¡No! ¿De dónde ha venido eso?

-Ranma, debes alejarte de mi.

-¿Crees que te dejaría?

Necesito comer… No, no es comer, es alimentarme. Básico. ¿No fue esa la palabra que usó? -Tengo miedo –susurro, sobretodo porque no sé qué más decir. No quiero que se aleje, me siento tan egoísta, tan… Asquerosamente inhumana. Eso es. Muy bien-. Voy a lastimarte –no es una pregunta.

-No lo harás.

-Lo haré –¡Sé que lo haré! Si no me voy ahora mismo voy a lastimarlo y nunca me lo perdonaré.

Me pongo de pie, mis articulaciones se sienten como navajas. Ranma intenta detenerme, pero soy rápida, mucho más que antes, y él está débil, herido. Su mano se cierra en el aire apenas rozándome, y salgo de la habitación.

Sé que me sigue, puedo escucharlo todo. Tengo que alejarme de aquí, irme a donde sea, lejos de él, lejos de su olor que es como el cielo. Siento mi mente embotada y ardiente, como si me quemara por dentro. Sé que no estoy pensando claramente.

Necesito a alguien. A quien sea, ¡quien sea menos él! ¿Y si lastimo a ese alguien? No seas ridícula, vas a lastimarlos a todos, no hay forma de hacer esto sin dolor. La pregunta correcta es: ¿Y si mato a alguien?

No, tampoco esa es la pregunta correcta.

¿Qué será de mi si no me importa?

Abro la puerta, mi lengua es como una lija, mis dedos están temblando. Pero Ranma me alcanza, siempre ha sido tan fuerte, es como si la debilidad se resbalara de su cuerpo. Está detrás de mi, su brazo estirado a un lado de mi rostro, cerrando de golpe e impidiéndome volver a abrir. Estoy acorralada entre la puerta y él. Semidesnudo. ¡No por favor, no debo pensar eso! Herido.

Quiero gritar.

-Déjame ir –logro decir.

No me giro, no tengo el valor para verlo a los ojos, mucho menos para enfrentar su aliento, su sangre, su piel…

-Akane, escúchame.

¡Qué pesadilla! No necesito voltearme para sentir todo eso explotando en mi nariz, bajando por mi garganta con garras rojas.

-Necesito salir de aquí. Necesito alimentarme.

-Lo sé –me sorprende que lo diga con tanta calma cuando yo apenas puedo contenerme-. Pero si sales así, vas a lastimar a alguien, y no puedo permitirlo.

-Si no salgo te voy a lastimar a ti.

-No lo harás.

-¡Deja de decir estupideces! –grito, y mi voz es tan fría que me asusta.

Por un segundo no dice nada, y todo se llena con su respiración profunda y la mía enloquecida.

-Mírame, Akane.

-No. Ranma, por favor, por favor no hagas esto. ¡Prefiero quitarme la vida que herirte aún más! –todas mis emociones están fuera de control, estoy enloqueciendo.

Es extraño porque jamás había tenido tan claro lo que quiero. Quiero sangre, sí, con cada célula de mi ser, pero también quiero morir, o podría morir, ahora mismo, con mis propias manos, antes que volver a lastimarlo. Esa decisión es lo único que no se mueve.

Me toma del brazo, sus dedos son como brazas, y me gira con facilidad. Ahora mi espalda golpea contra la puerta, y oculto mi rostro como una cobarde.

-Nunca vuelvas a decir eso. ¡Mírame! –con la mano que no me acorrala, me obliga a verlo. Sus ojos, ¿siempre han sido así? ¿Siempre han brillado como estrellas aún en esta oscuridad? Nunca lo había visto tan hermoso-. Nadie va a morir, ¿entiendes? No mientras yo esté aquí. Tu no vas a matar a nadie, Akane. No eres una asesina y nunca lo serás. Te conozco, sé quién eres. Puedo sentirte, aunque estemos lejos. Te he visto crecer, sé de memoria tus expresiones, tus movimientos.

-Justo ahora, lo único que quiero es arrancarte la cabeza -¿esa he sido yo? Todo lo que acaba de decir me confunde y quiero preguntarle tantas cosas, pero no estoy en control de nada.

-Mientes -¡con qué seguridad lo dice!

Tiene razón, estoy mintiendo. Las lágrimas golpean mis ojos.

-No piensas claramente –continúa-, estás famélica. Todo lo que dijo que sentirías, todo lo que te está pasando… Akane, aliméntate de mi.

Mi corazón se detiene. Duele. Duele tanto que creo que suelto un gemido. Casi no me puedo negar. La Bestia.

-¡No! –y lo repito de nuevo y de nuevo hasta perder el aliento. Nononononono-. Por favor no me hagas esto, Ranma, por favor. Déjame ir –algo dentro de mi se dispara, las palabras comienzan a salir de mi boca sin pasar por mi mente-. ¡Eso es! ¡Déjame ir! ¡Olvídame! ¡Olvida que nos conocimos, olvida el maldito compromiso! ¡Eres libre! ¡Nunca quisiste estar comprometido conmigo! ¡Pues ahí lo tienes, se acabó!

Y mientras grito intento zafarme de su agarre, pero lo que logro es que me bloqué con ambos brazos. ¡Está tan cerca!

-¡Basta! ¡Voy a protegerte, eso es lo que hago!

-¿Por qué? –no puedo creer que aún en medio de esta horrible situación que me tortura, lo que mi corazón realmente quiere saber es eso-. ¿Por qué, Ranma? ¿Quién te dijo que debías protegerme?

-Akane…-lo veo buscar las palabras, desesperado-. El compromiso –responde, y es tan decepcionante como sabía que sería-. Se lo juré a tu padre y al mío…

-¡Cállate ya! ¡Odio esto de ti, lo odio! –todo mi cuerpo tiembla y me siento increíblemente idiota. ¿Qué respuesta esperaba? - Como sea, no te haré daño. Por favor, entiende que voy a…

-¡No vas a lastimarme! –grita y me deja muda-. No vas a hacerlo, porque lo haré yo por ti.

Ahí está de nuevo. Miedo. El verdadero miedo, respirando sobre mi nuca.

Ranma se aleja y el alivio casi me dobla las piernas. La puerta ha quedado libre, solo debo abrirla y correr lo más rápido que pueda, beber del primer desafortunado que se cruce en mi camino. Pero no me puedo mover. Ranma camina a zancadas a la cocina y puedo verlo desde aquí, abre los cajones buscando algo, y sé exactamente lo que es.

Mi pulso revienta en mis sienes, incluso si creo que no es posible, logro correr hacia él.

-¡No, Ranma! ¿Qué haces? –pregunta estúpida, por supuesto.

Cuando cruzo el arco que divide la cocina del pequeño comedor, él ya tiene un cuchillo en la mano.

-Por favor –suplico y lloro y creo que grito un poco-. Por favor, no lo hagas. ¿Qué va a pasar si no puedo detenerme? ¿Qué va a pasar si…?

-No lo harás. Sé que no lo harás –su voz es firme y grave. Me mata lentamente-. Quiero que a partir de hoy solo te alimentes de mi. Siempre que lo necesites. Siempre.

Y el acero de la hoja brinca a su brazo por debajo del hombro. Corta, es rápido y es profundo. La sangre brota en seguida, una cascada negra en la penumbra. El olor me desconecta de todo; de este mundo y lo que conozco, de todos a quienes amo, de mi misma. Cuando me doy cuenta mis labios están alrededor de la herida, su carne arde, y succiono con fuerza, sin respirar. La sangre corre enloquecida por sus venas hasta mi boca, reventando en placer, puedo escucharla, su corazón es como un tambor sobre mis oídos, su respiración tiembla y me fascina.

Nada nunca ha sido tan exquisito. El mundo nunca se había visto ni sentido así. Estoy eufórica y aterrorizada, soy poderosa y maldita. Estoy maldita. No puedo detenerme y él no hace ningún movimiento para alejarme. No piensa hacerlo. Creo que casi puedo leer su mente en este preciso y perfecto momento, y sé que piensa que, si necesito de toda su sangre, toda su sangre me dará.