14

Naruto

La semana avanzaba. Y luego un par de días más. Vivía diariamente al máximo, de donde nadie podía bajarme, sin importar lo que hicieran o dijeran. Siempre fui bueno dejándome llevar por la corriente y tomando las cosas con calma, pero ahora sonreía a pesar de todo. La vida era simplemente increíble.

No me importaba si despertaba cada mañana con una furiosa erección que ni siquiera podía calmar masturbándome en la ducha. Despertaba al lado de ella. Con olor a lavanda en mis sábanas, su mano descansando junto a mi almohada a pocos centímetros de mi rostro, acurrucándonos accidentalmente algunas noches. Sí, no tenía ninguna queja.

—Entonces, ¿cómo están funcionando las cosas con Hinata? —me preguntó Sai una noche, justo antes de que abriéramos el club, a donde en realidad llegué a tiempo para trabajar… por octava vez consecutiva.

Él debió darse cuenta de que pensaba en Lunita, porque su sonrisa de complicidad me hizo fruncir el ceño.

—Oh, es… tú sabes… horrible. —Rodé los ojos exageradamente—. La cena está esperándome todas las noches cuando llego a casa. Mi apartamento está impecable. La ropa lavada está siempre doblada y guardada. Mi hijo está más feliz y sano de lo que jamás ha estado, y ésta mujer hermosa desfila delante de mí, usando pantalones de yoga moldeados a su trasero. Simplemente, sí, es totalmente horrible.

Sai empezó a reír. —No me di cuenta de lo mucho que hacía H. en nuestra casa, hasta que se fue. Inexplicablemente, como que la echamos de menos.

Fruncí el ceño, listo para decirle que no podría tenerla de regreso. Ella era mía.

—Aún así, no sabía que iba a mudarse contigo mientras cuidaba a tu hijo —añadió. Estrechando mis ojos, lo estudié, tratando de adivinar lo que decía.

Se encogió de hombros—. Sé que trabajas muchas horas, pero sé que algunas noches no trabajaste hasta tarde en Shinobi's.

Con Hinata siempre conseguimos llenar esas noches con razones para que se quedara hasta que, básicamente, era demasiado tarde para llevarla a casa de Sai e Ino. Una vez pedimos prestadas un par de sillas para los niños y dimos un paseo por el parque más cercano. Otra noche, cocinamos espaguetis juntos y terminamos hablando hasta casi pasada la medianoche.

Pero el comentario descarado de Sai me hizo dar cuenta de lo que estuvimos haciendo. Jugaba a la casita con mi novia soñada, usando su tiempo prestado, y saboreando cada maldito minuto. Sin embargo, no me gustaron sus preguntas. Amenazaban mi paraíso.

—¿Qué tratas de decir, Shimura?

Levantó las manos y se echó a reír inquietamente. —Oye, no me estoy quejando. Finalmente tengo a Ino para mí solo, y eso es genial. Solo estoy… interesado. Ambos se metieron en este pequeño asunto doméstico… o lo que sea, demasiado fácil. ¿Qué va a suceder cuando recuperes a tu niñera regular? ¿Vas a enviarla a casa con nosotros sin mirar atrás? ¿O qué pasa si tu esposa regresa? ¿Dónde encaja Hinata en esto?

Negué con la cabeza. —Mi esposa no… —me detuve, diciéndome que él tenía razón. Lo que hacía con Hinata era egoísta, y no podía durar. Gemí y desvié la mirada—. Entonces, ¿qué estás diciendo que debo hacer?

Se encogió de hombros. —Demonios, no tengo idea de lo que deberías hacer. Solo digo que no la lastimes. Mantenla contigo, envíala de vuelta, lo que sea. Pero si la lastimas, enojarás a Ino. Y eso me cabreará a mí.

Asentí, un poco ofendido de que estuviera más preocupado por molestar a Ino que por Lunita. Pero Ino era su novia, así que supongo que eso tenía sentido.

—Lo entiendo —asentí—. Y hablaré con Lunita al respecto. Ten por seguro que ella está obteniendo lo que quiere de esto.

Sai se quedó en silencio después de eso, al parecer satisfecho por mi respuesta.

Pero nunca hablé con Hinata. Tenía demasiado miedo de que quisiera dejarme una vez que esto acabara, o tal vez que estuviera contando los días para liberarse de nosotros… como hizo Fūka.

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Tenía que suceder. Trece días después de que Lunita viniera a cuidar de mi hijo, la varicela se fue del departamento de mi vecina, y ya no eran potenciales amenazas de contagio.

Esa noche en la cena, Hinata esperó hasta que estuvimos sentados en la mesa —Boruto dando manotadas en la parte superior de su sillita alta y Sumire situada por encima de su hombro— antes de decir—: Así que, la señora Rojas llamó hoy…

La papa horneada que masticaba se atascó en mi garganta. ¿Por qué demonios la señora Rojas también llamó a la línea fija, cuando ya habíamos hablado por teléfono celular? Estuve intentando olvidar o al menos postergar responderle durante el mayor tiempo posible. Como tal vez otra semana más o menos. Quizás, una década.

Hinata me observó, tratando de leerme con su mirada. —Supongo que están todos saludables, y finalmente recuperarás a tu niñera regular.

Asentí y tomé mi vaso de té helado, incapaz de decir algo. Pero maldito té helado. La mujer incluso hizo té helado. ¿Cómo demonios se suponía que solamente iba a dejarla ir?

Bien. El té helado no tenía nada que ver con esto. Incluso si ella nunca hubiese limpiado o cocinado una maldita cosa, todavía querría que se quede.

—Sumire y yo empacamos las cosas esta tarde —agregó, apuñalándome directamente en el pecho con su anuncio casual—. Después de que los platos de la cena estén limpios, podemos llamar a Ino para que venga a buscarnos.

—¡No! —Cuando Hinata parpadeó sorprendida, mi cara se calentó—. Es decir… —Mierda. Me pasé la mano por el cabello. —No tienes que llamarla. Con Luchador podemos llevarlas.

—Ah. —Sus hombros cayeron un centímetro y medio, y juro que vi decepción en sus ojos. Lo que encendió un fuego de esperanza en mi interior. Abrí la boca para pedirle que se quedara, pero luego sonrió y añadió—: Eso sería genial. Gracias.

Demonios. ¿En qué diablos pensaba? No podía quedarme con ella por siempre.

Sumire salvó mi mortificado trasero al escoger ese momento para escupir, y Boruto me ayudó lanzando su huevo de juguete por el borde de la sillita alta y llorando para que alguien se lo buscara. Pero eso fue solo una distracción temporal. Después de que con Hinata trabajamos lado a lado para limpiar los platos, se limpió las manos contra sus caderas y se dio vuelta con una tensa y expectante sonrisa.

—Bueno —dijo.

—Yo, eh… —dejé salir un suspiro—. Puedo llevar tus cosas a mi coche. Sus ojos se tornaron suaves y agradecidos. —Está bien. Gracias.

Asentí, me quedé parado un minuto, luego me di vuelta y salí de la cocina. Solo me tomó tres viajes conseguir que todo lo que ella acumuló en las pocas pasadas semanas entrara en el maletero, lo que significa, que después de solo tres breves viajes a mi coche y de vuelta de él, era tiempo de llevarla a su casa.

Ambos nos encontrábamos callados mientras abrigábamos a los niños. Recogí los cargadores de Boruto y Sumire, uno en cada mano. Hinata se colgó el bolso al hombro y lentamente miró alrededor de la habitación como diciéndole adiós. Luego se encogió de hombros y preguntó—: ¿Listos?

No pude responder así que me giré hacia la salida. Lunita sostuvo la puerta para mí, liderando el camino por las escaleras, y luego también abrió la puerta principal para mí. Quería decir: Trabajamos tan bien juntos, me parece una gran lástima terminar esto tan pronto, pero me tragué las ganas de hacerlo.

Una vez que los cuatros estuvimos con nuestros cinturones de seguridad puestos, busqué las llaves. Hubo un momento de silencio antes de que pudiera arrancar el motor y Boruto hizo una mueca de dolor y empezó a gemir, lanzando sus brazos como si se preparara para un magnífico berrinche.

—Oye, está bien, hombrecito. —A pesar de que técnicamente ya no era mi niñera, Hinata desabrochó su cinturón de seguridad y se inclinó sobre el asiento para ver cómo estaba, encontrándole un juguete para que se aferrara y lo masticara.

Eché un vistazo y vi que ella lo calmaba. —Creo que ésta es su forma de decirte que no quiere que te vayas.

Hinata me envió una mirada aguda y abruptamente se giró, sentándose de nuevo hacia adelante. Me mordí el labio, royendo en las esquinas, y apreté la llave dentro del encendido.

Cuando no encendí el motor y solo me quedé mirando al frente a través del parabrisas, Hinata se aclaró la garganta.

—Um… ¿Naruto?

—¿Mmm? —Cambié mi atención hacia ella.

Frunció las cejas. —¿Por qué no estamos yendo?

—Ah. —Miré hacia mi mano descansando sobre la llave. Pero tan solo no podía girarla.

Mierda. Era la hora de la confesión. —Supongo que es mi turno de rehusarme. —Solté una jadeante respiración y añadí—: Porque esta es mi forma de decirte que yo no quiero que te vayas.

Luego contuve la respiración, tragando saliva, con un nudo de angustia en mi garganta en tanto esperaba su respuesta.

—¿Quieres que me quede? —Sonaba esperanzada y con sus ojos iluminados. O tal vez yo era el esperanzado, tratando de proyectarlo dentro de ella. Sí, eso tenía que ser.

—No me hagas caso —murmuré, tratando de alcanzar la llave—, estoy siendo estúpido.

Pero ella deslizó su mano y cubrió mis dedos, impidiéndome arrancar el auto. —También me quiero quedar —dijo, su confesión tan baja que casi no la escuché.

Me enderecé y torcí todo mi torso completamente hacia ella. —¿Sí?

Asintiendo, retiró su mano de la mía y comenzó a retorcer todos sus diez dedos en su cintura. —Quiero decir, Boruto va a necesitar una niñera de todas formas, sin importar si soy yo o la señora Rojas. Y si nos pagas lo mismo, entonces no veo por qué haría alguna diferencia si yo…

—Quédate —dije simplemente.

Hinata se mordió el labio. Su pecho se levantó mientras tomaba una respiración profunda. Y entonces asintió. —Está bien.

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Hinata

Esto era una locura. Una locura. Completamente estúpida. Prácticamente accedí a mudarme con un tipo al cual nunca siquiera besé después de solo conocerlo por unos pocos meses.

Jamás aclaramos cuánto tiempo aceptaba quedarme. No estoy segura de si eso hacía que la situación mejorara o empeorara. Tal vez solo me quería por otro mes o dos. Tal vez para siempre.

Tenía la esperanza de que fuese para siempre, aunque oh por Dios, no debería estar esperando eso, ¿no?

¿Qué pasaría si su esposa llega a casa? ¿Qué si él empezara a salir con otras? ¿Qué si…?

—¿Necesitas llamar a Ino para decirle que no regresarás? —preguntó, cargando a ambos niños de nuevo, siguiéndome de regreso por las escaleras hacia su departamento—. Te está esperando esta noche, ¿no?

Mordí mi labio pero no me volví para dejarle ver mi repentina inquietud.

—Sí, supongo que debería llamarla. —Saqué la llave de mi bolso. Cuando abría la puerta, me di cuenta de que debí haberle devuelto la llave cuando pensaba irme.

Dios, inconscientemente sabía desde el principio que no iba a irme a ningún lado esta noche, ¿no?

—¿Quieres usar mi celular? Su número ya está en la agenda.

—Está bien. —Pero no quería llamar a Ino. Sabía lo que me diría. Se convertiría en mi conciencia y me diría lo terrible, horrible y estúpida que era esta idea. Y luego, ¿qué si ella de alguna forma me convencía de no quedarme? No quería que me convenciera de no hacer esto. Me quería quedar con Naruto y Boruto.

Naruto bajó los dos cargadores y sacó el teléfono de su bolsillo. En tanto me lo entregaba, buscaba mi mirada con la suya. Cuando me di cuenta de que trataba de leerme y ver si yo quería cambiar de opinión, mi decisión de quedarme se consolidó aún más. Me quería aquí, pero jamás haría nada para obligarme. Es por eso que no me quería ir, porque él quería que fuera yo misma y tomara mis propias decisiones.

Tomé el teléfono y marqué mi cumpleaños para ingresar a la pantalla de inicio, lo que me recordó que él guardaba secretos. Demonios, tal vez actué precipitadamente. No sabía mucho sobre él.

Pero el teléfono ya sonaba en mi oreja, y todavía me quería quedar. Mis instintos confiaban en este hombre; y raramente confiaban en alguien.

Se me revolvió el estómago. Naruto sacaba a los niños de los cargadores, así que me di media vuelta y corrí por el pasillo hacia nuestra habitación.

Cuando mi prima contestó, un sudor frío se vertió sobre mí.

—Oye —le contesté—, yo, eh, supongo que no voy a regresar esta noche después de todo.

Ino no sonaba sospechosa. —¿De verdad? ¿Qué pasó ahora? ¿Los vecinos contrajeron malaria?

No me reí con ella. —No. No. —Negué con la cabeza y, nerviosamente, comencé a jugar con mi cabello, dándole vueltas a los mechones alrededor de mis dedos, dejándolos subir en espiral—. Todos los Rojas están sanos. Con Naruto solo… decidimos que debería quedarme, ya sabes, en el futuro inmediato, como… como su niñera permanente.

Cuando mi prima no me contestó, cerré los ojos y apreté los dientes.

—¿En el futuro inmediato? —hizo eco.

—Sí. —Me encogí de hombros, haciéndolo sonar como si no fuera gran cosa—. Ya sabes, solo improvisando. Él necesita una niñera, y yo todavía necesito un trabajo. Esto… funciona bien para nosotros de esta forma. Y Sai y tú tienen que mantener su nido de amor sin ser molestados.

—Cierto. —Ino alargó la palabra—. Porque todo esto es sobre Sai y yo.

Su tono mordaz me hizo fruncir el ceño. Abrí la boca para decirle que quería que ella y Sai consiguieran algo de libertad —incluso si esa no era la razón principal— pero Ino explotó.

—En serio, ¿qué estás haciendo, H? Tú eres la que me convenció del por qué no pueden estar juntos. Así que, ¿por qué te torturas de esta forma? Vas a terminar enamorándote de él, y luego su esposa va a regresar a casa, y serás echada, quedarás sin hogar, sin trabajo, y malditamente desconsolada con el corazón roto.

Suspiré y cerré los ojos, ni cerca de decirle que parte de su predicción llegó demasiado tarde. Ya me encontraba enamorada de él.

—No es así —discutí—. Nunca nos hemos besado siquiera.

Ino resopló. —Estaba más que enamorada de Sai antes de que él siquiera colocara sus labios en cualquier lugar cercano a mí. El amor no comienza con besos o sexo, comienza con sentimientos. Y tú y Naruto… gah, no puedes decirme que no hay sentimientos ahí.

Cerré los ojos y suspiré. —No puedo irme, Ino In. Yo solo… no puedo. Sé que no lo entiendes, pero…

—No, cariño. Lo entiendo perfectamente, y por eso estoy preocupada. Pero también quiero que seas feliz, y jamás te he visto tan feliz como te veo con él. Sin embargo, voy a seguir preocupándome, porque te amo.

Mi corazón se derritió cuando me di cuenta de que sentía sus palabras. Todavía era tan extraño y sorprendente para mí que a alguien le importara mi bienestar. —También te amo, pero…

—Nada de peros. Entiendo. Solo soy desconfiada. Y ahora que expresé mis preocupaciones, me callaré. Recuerda, si me necesitas, siempre estaré aquí. Puedo al menos prometerte que no estarás sin un hogar.

—Gracias. —Mordí mi labio. Sabiendo que quería lo mejor para mí pero seguía recelosa, y me hizo dudar de mí misma—. Sabes —dije lentamente—, solo para estar segura, tal vez todavía no traiga todas mis cosas de tu casa.

—Decisión inteligente.

Al colgar, sus palabras resonaron en mi cabeza. Caminé lentamente desde el pasillo a la sala de estar, donde Naruti se paseaba en el piso con Sumire. Se dio la vuelta abruptamente hacia mí, con una mirada ansiosa.

—¿Y bien?

—¿Y bien qué? —Maldita sea, sabía que yo era una charlatana.

—¿Te convenció de no quedarte?

La balanza se inclinó a su favor de nuevo, y una luz me iluminó desde el interior cuando negué con la cabeza. Le preocupaba mucho que lo dejara. Se sentía bien ser así de querida. Corrección: Se sentía bien saber que él me quería.

—No. No lo hizo.

Su mirada se estrechó. —¿Te quieres liberar de esto?

—Aún no. —Después de acercarme el resto del camino hacia él, fijé mis manos en sus antebrazos y me incliné para besar la cabeza de Sumire. Mientras mis labios todavía presionaban su suave piel, mi mirada se encontró con la de él. Calor se enrolló en mi interior cuando me di cuenta de que solamente nos encontrábamos a centímetros de distancia.

Sus ojos azules eran atentos, cuidadosos, y sin embargo, llenos de deseo. —Así que, ¿vamos a hacer esto?

Me aparté lentamente y asentí. —Sí. Vamos a hacerlo.

Alivio salió de sus pulmones, y una lenta sonrisa se propagó en su rostro.

—Bien.

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Naruto

Hinata me tranquilizó, pero aun así nos quedamos en silencio por el resto de la noche. Después de colocar a los niños en la cama, nos acurrucamos juntos en el sofá y encontramos una comedia para mirar. Envolví mi brazo alrededor de sus hombros y ella apoyó su mejilla en mi pecho.

A la hora de ir a la cama, seguíamos sin hablar mucho mientras nos preparábamos para dormir. Una tensión nerviosa vibraba a través de mis huesos. Apagué la luz y esperé hasta que se subió al colchón y la seguí debajo de las sábanas. Por fin, liberé el suspiro nervioso que contenía, un poco más seguro de que se quedaría realmente.

La luz de noche de la cuna iluminaba la habitación lo suficiente para poner un brillo romántico en la atmósfera. Con Hinata yacíamos en nuestros lados, frente a frente, las manos debajo de nuestras mejillas. Nos estudiamos el uno al otro durante un rato sin hablar. Me preguntaba qué pensaba, pero tenía mucho miedo para preguntar, así que dejé que mis pestañas se cerraran.

Casi inmediatamente, pude sentir su mente comenzando a girar, y mis tripas se anudaron, con preocupación. Si cancelaba nuestro nuevo acuerdo, no sabría cómo sobrevivir a ello.

—¿Naruto? Maldita sea.

Abrí los ojos con cautela. —¿Si?

Preocupación recubría su mirada. —¿Esto es incorrecto?

Negué con la cabeza, tratando de no perderla. —¿Por qué lo sería? No es diferente a lo que hemos venido haciendo en las pasadas dos semanas.

Se encogió de hombros y mordió su labio. —Pero me encontraba aquí solo porque tú necesitabas ayuda. Ahora… ahora estoy aquí porque… quiero.

Guau. Solo escucharla decir eso me calentó por completo. Tragué, tratando de no ir y simplemente tirarla contra mí. —Todavía necesito ayuda. Boruto aún necesita una hermana.

—Pero es diferente ahora. ¿No puedes sentirlo? El hecho de que yo decida quedarme… cambió cosas.

Acercándome lentamente, tomé su mano y apreté los dedos. —Sí, lo siento —admití—. Pero todavía no quiero que te vayas.

—Tampoco quiero irme. —A pesar de que dijo eso, sin embargo, quitó su mano de la mía, poniendo distancia emocional entre nosotros.

Mierda, odiaba la distancia emocional.

La confusión llenó sus ojos. —Sé en mi interior que esto está mal, pero creo que encontré mi nido en la vida estando aquí. Quiero decir, ¿es estúpido que de verdad me guste ser ama de casa? ¿Qué me guste mirar a los niños? Ellos son simplemente… me siento realizada cuando los veo aprender cada cosita, como estirar sus manos para agarrar una caja o algo. Me gusta… se siente tan satisfactorio cuando logro que dejen de llorar después de que están enojados. Me gusta alimentarlos, limpiarlos y vestirlos. Son solo esos perfectos seres en miniatura que todavía no tienen idea de cómo ser personas. Cuando los calmo, es cómo si usara mi súper-poder. Me siento… rejuvenecida.

Sacudí la cabeza, arrugando la frente con confusión. —¿Por qué sería eso estúpido? Creo que es increíble.

Se ruborizó y levantó una esquina de la costura de la funda de su almohada. —No lo sé. Es que… Donde creí, las mujeres que se quedaban en el hogar, cuidando de la casa y mirando a los niños, eran menospreciadas. Si querías llegar a alguna parte del mundo, te ibas de la universidad y conseguías un trabajo real, así podías pagarle a alguien más para que cuidara de tus hijos si alguna vez tenías alguno. Pero el estar aquí las pasadas semanas, en verdad hacer esto… es un trabajo difícil. Toma esfuerzo, paciencia, perseverancia y mucha más maldita energía de la que alguna vez creí que poseía. Y aun así, al final de cada día, me sentía más llena, más… No lo sé… solo más satisfecha de mi vida y de mí misma de lo que me sentí antes.

Cubrí su mano de nuevo, deteniendo su nervioso temblequeo. —Creo que lo que haces con esos niños es tan importante si no más importante que cualquier trabajo "real" con una tarjeta de tiempo y un formulario. Ese otro tipo de vida estaría bien, si es lo que quisieras. Pero no tienes que ser algo ostentoso e importante para el mundo, no cuando eres el mundo entero para Sumire y Boruto. —Sacudí la cabeza.

Nunca tuve una madre. Ella me abandonó en el hospital donde nací. Ni siquiera me nombró. Un par de enfermeras me apodaron como sus maridos. Ese es el por qué tengo tres nombres. —Trayendo su mando a mi boca, besé su palma con reverencia—. No tienes idea lo que hubiera dado para tener una madre tan atenta como tú, alguien que rondara su vida a mi alrededor. Tú haces una diferencia, y es una enorme. No hay nada tonto o insignificante al respecto.

Lágrimas llenaron sus ojos. —Tienes una habilidad con las palabras, Naruto Sarutobi Uzumaki.

—Así es, ¿cierto? —Sonreí suavemente y extendí mi mano para quitar una lágrima de su mejilla.

Ella sorbió y limpió su mejilla. —¿Es malo de mi parte decir que espero que tu esposa no vuelva nunca?

Solté un largo suspiro antes de susurrar mi terrible confesión—: Espero lo mismo.

Hinata se adelantó, moviéndose hasta el borde de su almohada y cerrando la brecha entre nosotros. Un calor instantáneo me inundó. La erección que siempre tenía cuando me acostaba con ella en la cama se volvió furiosamente fuerte. Solté su mano para apretar mis dedos en el colchón para no tocarla.

—Lunita… —Empecé, pero decir ese nombre se sintió mal en este momento. Lunita era una fantasía, un sueño de una mujer que nunca conocí, alguien que quería que viniera y me salvara de mi estúpida y jodida vida. Hinata era una realidad y mucho mejor que cualquier visión que tuve a los catorce. Así que agregué—: Hinata…

Mi voz era mucho más vacilante y recelosa que el resto de mí. Quería que se moviera más cerca. La quería contra mí, encima de mí, debajo de mí, toda sobre mí. Pero parecían haber todo tipo de razones por las que eso era una mala idea.

—Solo quiero besarte —dijo, sus ojos llenos de esperanza.

Apreté mi mano, jodidamente tentado; no tomaría mucho volcarme hacia el borde. —Nena, tú sabes que esto no puede ir a ningún lado.

—Lo sé. —Se movió incluso más cerca, entonces levantó su mano y la colocó sobre mi mejilla—. Pero aun así quiero hacerlo. Solo una vez.

Me derrumbé. —¿Solo una vez? —Deslizando mis temblorosos dedos en su nuca, levanté su cara, en tanto mi otra mano se cerraba alrededor de su cintura y la atraía hacia mí—. Tienes que ser la que pare cuando tengas suficiente, porque… —Sacudí la cabeza. Yo no sería capaz de hacerlo.

—Lo haré. —Asintió y me volvió loco cuando se lamió sus labios en anticipación. Maldita sea, esto podría matarme.

No lo hagas, gritaba una partecita racional de mi cabeza. Pero ni siquiera la escuché.

Bajé mi cara y me detuve a milímetros de tocarla, dejando que la anticipación se construyera entre nosotros hasta que crepitaba malditamente cerca con electricidad. Hinata gimió y se tensó, acabando con su impaciencia cuando cerró la brecha y presionó su boca con la mía.

Mis dedos se tensaron en su cabello, en la base de su cuello, sin dejarla acercarse más. Esperé diez años por esto, de ninguna manera me apresuraría. Pero su suave cuerpo deslizándose contra el mío hacía más difícil contenerme.

Sus dedos se apretaron alrededor de la tela de mi camisa, justo sobre mi corazón donde su nombre se encontraba impreso en mi pecho y dentro de mi alma. Aumenté la presión contra sus labios suavemente. Su boca era suave y flexible, dándole a la mía exactamente la cantidad correcta de calor y presión. Y cuando su aliento se deslizó entre ellos, mezclándose con el mío, gemí. Sabía a… ni siquiera lo sé, pero sabía a un hogar.

Agarró mi hombro con una mano y soltó mi camisa con la otra para enterrar los dedos en mi pelo. Me moví más cerca hasta que sus pechos se aplastaron contra mí y mi excitación se apretó en su cadera.

Agarrando mi cabello con más fervor cuando apliqué más presión a su boca, ladeó sus caderas y las movió lenta e hipnóticamente. Mi palma se deslizó hasta tu culo para ayudar su movimiento. Para el momento en que nuestras bocas se abrieron y nuestras lenguas se tocaron, nos estábamos manoseando, yendo tan lejos como podíamos con nuestras ropas puestas y nuestras manos quedándose encima de la tela.

Pero mierda, demonios, joder, juro que tuve un orgasmo sin siquiera disparar mi carga cuando su lengua se deslizó contra la mía y la frotó. Mis músculos se tensaron y mis caderas se elevaron. Acostándola, me subí encima de ella y acomodé mis piernas entre las suyas en tanto nuestras bocas se movían una encima de la otra. Amarrando nuestros dedos, coloqué sus manos sobre la cabeza y la besé, destrozando sus labios, rozando su lengua, con el corazón palpitando, y los dientes chocando.

Jesús, lo era todo.

Mordí su labio inferior y sus caderas chocaron contra mi dolorida polla.

—Naruto —jadeó, apretando su agarre en mis manos—. Necesito… necesito…

—Lo sé, cariño. Estoy en ello.

Pero cuando mi mano se deslizó hacia abajo sobre su cadera alrededor de su muslo, dirigiéndose a la dulzura entre sus piernas, mi hijo decidió despertarse.

—Tienes que estar bromeando —gruñí, levantando mi cara.

Debajo de mí, Hinata se rió. —Guau, él es más efectivo que un cinturón de castidad.

Gemí y rodé sobre mi espalda a su lado, lanzando mi brazo sobre mi cara y tratando de controlar mis hormonas en ebullición. Pero Hinata continuaba riéndose.

Volví mi cara para fruncirle el ceño. —No hay nada gracioso en esto. Lo cual la hizo reír más fuerte.

Mujeres.

Cuando se sentó para levantarse de la cama, tomé su brazo. —Te lo alcanzaré yo. —Necesitaba una razón para salir de esta cama y, con suerte, enfriarme.

Sonrió en agradecimiento, y su sonrisa era tan hermosa que me tentó a volver encima de ella. Pero resoplé y me giré. Frunciéndole el ceño al niño, lo levanté y lo llevé de nuevo a la cama, donde Hinata lo alcanzó con los brazos abiertos para tomar el control. Después de subirme y sentarme, gemí con amargura mientras Hinata abría su camisa y sacaba un pecho desnudo, con el más brillante pezón rojo frambuesa, antes de colocarlo dentro de la boca de Luchador.

—Pequeño jodido bloqueador de penes —murmuré—. No podrías haber tenido un pañal sucio para ayudarme a enfriarme, ¿no? Oh, no. Tenías que tener hambre así yo podía ver eso. —Agité mi mano con irritación al pecho expuesto de Hinata—. Y solo hacer que se amplifique incluso más. Muchas gracias, amigo.

Riéndose a carcajadas durante mi discurso, Hinata se cubrió la boca y sacudió la cabeza. —Deja en paz al pobre chico. Él solo se está asegurando que trabajo para ganarme el sueldo.

Mis hombros cayeron. Recordar que se encontraba aquí por un trabajo mató mi estado de ánimo. Observé miserablemente como alimentaba a Boruto.

—Realmente eres mi empleada, ¿no es así?

Sus ojos se abrieron al darse cuenta lo que eso significaba —No — reprendió—. Sé lo que estás pensando y tú no hiciste nada mal. Te rogué que me besaras.

—No, yo te besé porque lo quería más que a mi próximo aliento, incluso cuando debería haber reprimido mis deseos egoístas y negarme. —Tiré de mi cabello, queriendo dejarme un ojo negro—. ¿En qué demonios pensaba? No te voy a hacer esto. No voy a empezar algo que no puede ir a ninguna parte. No es justo para ti. En absoluto.

Ella abrió la boca, pero luego la cerró y asintió silenciosamente antes de agregar—: Entiendo.

Cerré los ojos. Escucharla decir eso debería haberme liberado de mis preocupaciones, pero solo me hizo sentir más mierda, culpable y dolido. Y me hizo amarla incluso más.

Volviendo mi cara hacia la de ella, abrí mis ojos y forcé una sonrisa, tratando de no enfocarme en sus pechos expuestos. —Sin embargo, fue un beso increíble, ¿no es así?

Su sonrisa floreció, lo que por fin me alivió un poco. —Sí, lo fue. Tienes razón. Un pedacito de cielo es mejor que nada.

Malditamente cierto.

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Continuará….