Los días se tornaron años y los minutos horas, a estas alturas Caperucita ya no sabía que sentía.

En menos de una semana su corazón había estado ansioso y curioso, después dichoso y feliz como nunca, y ahora desesperado a la par que emocionado por lo que pudiera ver , por lo desconocido.

Aquella era la segunda noche del segundo día, solo tenia que conciliar el sueño después de aquella cena que no podía ser más incomoda con su madre.

Había llegado de un humor de perros de la casa de la Abuelita, no era la primera vez ni mucho menos que fallaba en su intento de traerla de vuelta, pero esta vez parecía que la discusión había sido más fuerte que las otras veces.

Rin no es que supiera nada, todo esto simplemente lo deducía y por la tensión que podía notar en el ambiente que le hacía querer meterse en su cuarto lo antes posible. Sin embargo los planes de Caperucita no salieron como esperaban ya que en cuanto se disponía a recoger los platos de la cena su madre le detuvo.

—Rin, me dijo El Cazador que fuiste maleducada con él, ¿Te parece bien tratar así a alguien que solo ha sido amable contigo?—

— Es cortes, porque le interesa, pero yo no quiero ni su cortesía ni su amabilidad ese hombre solo piensa en sus intereses sin importanle los sentimientos de su hijo, anda pero si es igual que tu madre no me extraña que saques la cara por él —Se defendía Caperucita sin pelos en la lengua, quería a su madre pero no podía quedarse callada al ver a su madre de parte de ese hombre.

—¡Hago lo mejor para ti! Creía que ya te habías dado cuenta, casi eres una adulta Rin debes despertar y dejar de creer en cuentos de hadas. El día de mañana trendrás una casa que mantener y a una familia que cuidar y solo el trabajo duro y el sacrificio es lo importante, no hay nada mágico ni principes que te solucionen la vida.—

— ¡Yo nunca pedí un principe y ni lo quiero! Yo solo quiero ser la que escriba mi historia, perdoname por aspirar a algo más que esta aldea pero ¡Nada ni nadie me va a encerrar aqui!—

—¿De qué crees que viviras eh? No sabes nada y mientras que yo sea tu madre harás lo que te diga así que empieza a comportarte como una mujer prometida, empezando no solo por respetar a la familia de tu futuro marido, sino también dejando de ser el centro de las habladurías ¿Crees que no te ven? ¿Qué yo no te veo? No se que querrá ese hombre pero más vale que no vuelva a verte nunca más con él.— Le advertía sin necesidad de decir a quien se refería porque sabía de más que no era necesario.

Caperucita tenía mil y una respuestas, estaba enfadada más que nunca con los puños apretados sobre la mesa con la mirada fija a su madre, la cuál también parecía compartir el mismo sentimiento pero algo en sus ojos le decía a Rin que en el momento que empezó a advertir sobre lo que creía saber de ella y el extranjero, empezó a notar algo más que por mucho que intentaba ocultarlo cada vez lo veía más claro ¿Acaso le daba asco su propía hija?

Estaba a un paso de hacerle saber como de grande era su ignorancia, que no necesitaba ya nada porque con Lobo veía que tendría todo cuanto quería y por eso mismo no quería un principe y mucho menos un cazador, Caperucita había elegido ya al Lobo feroz.

Sin embargo era consciente de que si le decía todo lo que sus labios esfuerzan por callar no la dejaría salir nunca más de casa, y a saber que buscaría hacer en contra de Lobo con su amigo El Cazador, por lo que esta vez Rin bajo la cabeza reprimiendo lo que su corazón gritaba para asegurarse en la mañana aquel encuentro tan esperado, sin embargo tampoco quería escuchar nada más así que en cuanto clavo su mirada al suelo salió corriendo hacia su habitación para encerrarse allí dando por terminada aquella conversación.

Caperucita aquella noche apenas pudo dormir y no era por aquella conversación con su madre ni mucho menos solo se habían dicho un par de verdades a la cara, sino por encontrarse con Lobo a solas una vez más y por todo lo que descrubría del mundo que le rodeaba.

Estaba tan ansiosa que como la vez anterior decidió partir antes de tiempo, aún no había amenecido pero ya podía notar que sería una mañana fresca por lo que no dudo en ponerse su caperuza para protegerla del frío, el otoño se acercaba sin pausa y a las hojas caidas ya se les sumaba la decolaración de las mismas que tiñían los arboles tanto de la aldea como del bosque que les rodeaba, con un juego de colores entre verdes y ocres y algún que otro amarillento hacía imposible el no acordarse de aquellos ojos dorados que solo parecían tener ojos para ella.

Estaba tan perdida que casi se le va la noción del tiempo, así que de un sobresalto giro sobre sus talones para dejar de ver aquel mundo por la ventana de su habitación cuando ahora podría caminar entre las hojas secas con quien más quería, sin embargo la sopresa de Caperucita no fue mayor al intentar abrir la puerta de su cuarto y ver que no se abría, al principio pensó que la puerta se abría atascado al fin y al cabo la casa tenía sus años así que insistió más hasta el punto de golpear la puerta con sus manos ¿Enserio estaba encerrada?

Se tomó unos segundos para calmarse y sobre todo relajarse, no quería que su madre se despertara si es que aún seguía dormida. Sus opciones eran limitadas no podía quedarse allí hasta que ella quisiera abrirle y faltar a su cita, eso nunca así que se asomó a la ventana de la habitación.

Para llegar al árbol más cercano tendría que dar un salto bastante amplio , nunca había tenido que escaparse de casa así que tampoco sabía si conseguiría llegar, su otra opción era conseguir una cuerda o similar lo suficiente largo como para llegar al suelo lo cual era difícil ya que su casa tenía dos pisos y las sabanas de su cama no era suficientes.

Debido a la desesperación, ver que se le haría tarde y que su madre podría levantarse en cualquier momento decidió saltar.

Estaba nerviosa y le temblaban las piernas cuando se puso de pie en el borde de la ventana, tenía que conseguir salir a toda costa, tenía que verle , no quería perder esa oportunidad y con el deseo de saber dio el salto rezandole a Sif que escribiera en sus páginas que aquel día Caperucita dio su primer día hacia la libertad.

A decir verdad cerró los ojos durante el salto así que no podía creer que estaba sobre una de las ramas cuando abrió los ojos, a la misma Caperucita le costaba creer su propio equilibrio y sobre todo que lo hubiese conseguido.

Aquello fue un golpe de adrelalina y sobre de confianza ya que aquello era para ella una prueba de que si creía lo suficiente en algo podría conseguirlo.

Cuando llegó al punto de encuentro Lobo ya estaba allí esperandole, y como todo un caballero pidió la mano de Caperucita como iniciar aquella aventura.

El corazón de Rin estaba a mi por hora pero aquello apenas era el comienzo ya que al adentrarse en el bosque lo suficiente Sesshomaru cambio a su forma original e invitó a su pajarillo a montarse sobre él para llegar más rápido.

Al principió Caperucita dudó sobre si aquello era correcto o no, pero por otro lado ansiaba saber como sería ir tan rápido como ella imaginaba que correría Lobo por lo que no se hizo mucho de rogar.


Hakone era el único pueblo por ser el más grande de la comumidad de los cuatro espiritus, pero también era el más importante porque su espiritu guardian era Thor esposo de Sif que bendecía a sus habitantes con la juventud, el fuego y la arquitectura.

Caperucita nunca había estado en Hakone por lo que para ella más que un pueblo le parecía una ciudad por la cantidad se gente que veía en todas partes y la gran diferencia que había con los edificios de aquel lugar con los de su aldea.

Por suerte Sesshomaru parecía estar familiarizado con aquel lugar despertando aún más su curiosidad ¿Realmente había vivido tanto y había estado en tantas partes?

Antes de ir a la biblioteca Lobo quería llevar a Caperucita a comer a algún sitio sin embargo esta estaba tan ansiosa que ni hambre tenía, por lo que este caballero simplemente se rindió a sus deseos y fueron directamente a donde le prometió.

La biblioteca era el edifició más antiguo del lugar, como si el pueblo y aquel edificio fuesen de épocas diferentes aunque este detalle no le restaba belleza a su arquitectura de ladrillo rojo desgastado por el paso del tiempo y amplios portones de madera que dejaban como hormigas a todo el que se parara frente a estas.

Una vez que salio de su asombro, Lobo le invitó a entrar y juntos fueron hacía la recepción donde se encontraba una mujer aparentemente joven, con la cuál Sesshomaru no necesito palabras solo levantar la vista para mirarla con aquel par de ojos dorados para hacerle saber quien era y esta reconociendole en el momento hizo una leve reverencia.

Apenas le hizo esperar unos segundos y le entregó una llave, a ojos de Rin aquella parecía estar hablado con anterioridad, como si esperara su visita.

Lo más improsionante de aquello no fue aquel momento para Caperucita sino las palabras que le dedicó mientras se marchaban.

«Espero que encuentre lo que busca, Señor Sesshomaru»

No era la primera vez que escuchaba que se referían a él como señor, lo que le llamo la atención era el querer saber porque pensaba que era Lobo y no ella la que buscaba información y más cuando ni siquiera habían intercambiado palabra.

La llave que le dió era para una puerta al fondo de la biblioteca que apenas resaltaba, para cualquiera aquello podría ser el cuartillo de limpieza sin embargo no podía ser más alejado de la realidad, era una de las tantas puertas que había por todo el mundo que escondían lo que los humanos no estaban preparados para ver y solo lo seres sobrenaturales sabían de su existencia, a no ser que como en este caso alguien te guíe.