SÁLVAME

No podía moverme,mi respiración era entrecortada debido a la fuerza que el escorpión estaba ejerciendo sobre mí para mantenerme inmovilizada contra la pared; sentía los latidos de mi corazón retumbar en mis oídos, por Dios ¿cómo iba a salir de esta situación sola, si me estaba sometiendo la fuerza de un caballero dorado, siendo manipulado quién sabe por qué cosa o razón?? ¿Y si era algún espectro, o un dios desconocido el que se apoderaba de la mente de Kardia y lo utilizaba para sus negros fines? Todo era factible en el contexto de la Guerra Santa, no se me ocurría otra cosa por la cual el guardián de la octava casa quisiera hacerme daño alguno, apenas si cruzamos algunas palabras las veces que nos encontrábamos de casualidad en el templo de Acuario, cuando él lanzaba sus comentarios mordaces e indirectas tratando de que le prestara atención. Pero yo nunca había caído en su juego, siempre lo traté con la distancia y el respeto que todos le tienen a los caballeros dorados en esta época, mucho menos le coqueteé.

Kardia continuaba observándome, como lo hace un depredador con su presa antes de lanzarse sobre ella; aumentó la presión que estaba ejerciendo sobre mis muñecas y acercó su rostro al mío. Podía sentir su respiración sobre mi piel, lo cual me llenó de una sensación de repulsión, pues odiaba que invadieran mi espacio personal, pero lo que más me disgustaba era que me tocara. Su toque no era como el de Ásmita, cálido y tierno, sino que era rudo y desagradable; quisiera poder hacer algo para apartarlo de mí pero es imposible moverme cuando el escorpión está aplicando todo su peso sobre mí y tiene inmovilizadas mis piernas.

_Qué pasa muchacha, ¿estás asustada? Pero si recién estamos comenzando... después de esto, no querrás que nadie que no sea yo vuelva a tocarte... Esta vez no podrás rechazarme, y nadie vendrá a salvarte... ¡Ninguna mujer rechaza al gran Kardia!_ , rugió con voz ronca. Cerré los ojos y rogué a Dios en silencio para que me sacara de esta horrible situación.

_¡Por favor, señor Kardia, no me lastime, déjeme ir, sé que usted no es así! ¡Sea lo que sea que le haya pasado, luche contra eso que trata de dominarlo, no lo deje apoderarse de usted!!_ , le supliqué con voz quebrada, haciendo un último intento de razonar con él para que milagrosamente recobrara la cordura. _¡Cállate chiquilla!!_ , me gritó mientras me abofeteaba con el dorso de una de sus manos; sentí el sabor metálico de mi sangre dentro de mi boca, y que una parte de mi labio comenzaba a hincharse.

Traté de no llorar, pero las lágrimas comenzaban a asomar a mis ojos involuntariamente; no quería darle el gusto de verme quebrada. Me revolvía con todas mis fuerzas para zafarme de su agarre de hierro, más todos mis esfuerzos eran inútiles; Kardia comenzó a desgarrar la parte superior de mi vestido, y continué forcejeando para tratar de escapar como fuera.

En un arranque de furia, me lanzó sobre el escritorio de Degel; al caer sobre él, las cosas que se encontraban allí salieron disparadas por el aire hasta deslizarse en el piso. Me encontraba mareada y aturdida por el zarandeo, lo que Kardia aprovechó para acecharme nuevamente; me tomó de la cintura con un brazo y con el otro intentó levantar la falda de mi vestido. Moví mis piernas dando patadas para alejarlo, pero no se daba por vencido; comenzó a acariciar con rudeza mis piernas, subiendo lentamente hasta mis muslos. _Apuesto a que Virgo no te toca con esta pasión, ¿no es así?_. Su tacto, sus palabras y su aliento cerca de mi oído me dieron náuseas, ya no se me ocurría que más hacer, Kardia no estaba respondiendo a la razón. Lo único que me quedaba era resistir hasta el final: si no podía vencerlo con fuerza física y él lograba doblegarme, no se la dejaría tan fácil. Lucharía con todas mis fuerzas . Y eso hice. Grité, forcejeé y me revolví bajo su cuerpo, arrojé patadas y puñetazos. Pero él fue más fuerte y me giró boca abajo sobre el escritorio, me tenía inmovilizada bajo el peso de su cuerpo. Sentí su mano subir mi falda y rasgar mi ropa interior en el camino; mis gritos ya estaban ahogados por el agotamiento y las lágrimas que desbordaban de mis ojos. Pensé en mi mala suerte...

Justo cuando pensé que ya todo estaba perdido, una brisa helada comenzó a soplar dentro de aquella habitación. _¡Detente Kardia!!! ¿Qué demonios estás haciendo??? ¡Apártate de esa joven!!_ .

Reconocí al instante la voz de Degel; suspiré aliviada y di gracias al cielo por su aparición. El escorpiano al oírlo, sólo vaciló unos minutos pero no obedeció la orden, por lo cual Degel tuvo que utilizar una de sus técnicas para doblegarlo.

_¡Ejecución Aurora!!!!_ , luego de lo cual una potente luz blanco azulada y que emanaba una frialdad extrema,

golpeó de lleno al Escorpión, que salió disparado y chocó contra una de las paredes del templo, soltándome al fin.

Ya en el piso, Kardia experimentó una sacudida en todo su cuerpo, su mirada perdida cambió totalmente luego de parpadear varias veces; sus ojos habían vuelto a ser los de antes, todo rastro de oscuridad había desaparecido.

Al verme libre, salí corriendo para alejarme de Escorpio mientras acomodaba mis ropas y comprobaba si estaba ilesa luego de ese incidente.

_Pero, ¿qué es esto?? ¿Por qué estoy aquí?? ¿Qué pasó?? ¡Mi cabeza va a estallar!!!_ , dijo Kardia aún en el piso.

_¿Es que acaso no lo sabes idiota?? ¡Intentaste abusar de Natalie en mi templo!!! ¡Casi profanas el cuerpo de la doncella sanadora del Santuario, ¿en qué demonios estabas pensando?? ¡Me encargaré de que el Patriarca sepa sobre tus acciones y que recibas el castigo que mereces!!!_ , rugió Degel con una frialdad en su voz que jamás le había escuchado.

_¿Qué?? ¡Yo no pude haber hecho eso, no recuerdo nada!!!, le respondió Kardia. Luego se levantó, me miró y con preocupación genuina y arrepentimiento en su rostro, me preguntó si me había hecho daño, y me pidió disculpas; finalmente salió corriendo velozmente y se alejó de la casa de Acuario.

Degel tampoco comprendía lo que había sucedido, ya indagaría en los hechos después.

Se acercó a mí con cautela, temiendo que lo rechazara, py me ofreció su mano para levantarme, puesto que había adoptado una posición fetal en el piso, de cara a la pared. Tomé su mano dubitativamente, sin mirarlo a la cara, cubriéndome con los brazos ya que la parte superior de mi vestido estaba rota; mi amigo me colocó su capa sobre los hombros y me preguntó si Kardia había llegado a hacerme daño. Negué con un movimiento de cabeza, a lo que él suspiró aliviado. Me explicó que no estaba en su templo porque había recibido un mensaje escrito que decía que el Patriarca lo había mandado a llamar, lo que luego resultó ser falso; por lo que le conté, comenzó a tener la sospecha de que alguien había utilizado alguna sustancia para dominar la voluntad de Kardia y obligarlo a cumplir sus deseos, pero ¿quién? Eso restaba averiguar.

Le rogué a a Degel que no mencionara a nadie lo ocurrido, sobre todo a Ásmita, ya que quería evitar que haya discordia entre compañeros, al igual que una guerra de los mil días, pues ya teníamos suficiente con la Guerra Santa.

_Está bien, no diré nada. Pero, dime, ¿sientes algo por Ásmita verdad? No intentes negarlo, pude verlo en tus ojos cada vez que lo ves o hablas de él... _.

Asentí como respuesta a su pregunta, y él me deseó lo mejor. Se ofreció a acompañarme hasta la casa del Sanador; una vez allí me dirigí a mi habitación para tomar un largo baño, quería borrar todo rastro del ataque, no quería tener recuerdos del toque de Kardia sobre mi piel.

Quería serenarme y olvidar, si es que podía, el desafortunado episodio; no quería presentarme delante de Ásmita, él se daría cuenta de todo con tan solo tenerme frente a él. Mientras tanto, podría pensar en quién estaría tan interesado en dañarme de esa forma, y llegar al punto de manipular la mente de un caballero dorado; por más que le daba vueltas al asunto en mi cabeza no lograba dar con la respuesta. Cerré mis ojos, y dejé que el agua tibia se llevará todas mis preocupaciones, por lo menos por un momento.

Sage se encontraba en el edificio Star Hill, aquella morada que se utilizaba desde tiempos inmemorables para contemplar el firmamento y estudiar y meditar sobre su significado. En los últimos meses, había notado algunos cambios en la constelación de Virgo, los cuales habían comenzado desde el momento en que esa joven médica apareció en el Santuario. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa, triste, sin embargo.

Había estado revisando una pila de libros antiguos y viejos manuscritos, leyendo y releyendo durante varias noches con el fin de encontrar una respuesta a lo que tanto buscaba desde que había logrado sobrevivir a la anterior Guerra Santa: cumplir su sueño de sellar a los dioses gemelos, Thanatos e Hypnos. Sólo así su alma podría tener paz. En su búsqueda de respuestas, también encontró algo que podría ayudar a la joven médica a regresar a su tiempo, cuando fuera el momento.

Estaba sometido a una gran tensión, por lo que había comenzado a tener migraña y una gran acidez estomacal, por lo que decidió que requeriría de los servicios de la jovencita para aliviar su malestar. De paso, podría comentarle lo que había descubierto.

Ya más relajada, y habiéndome cambiado de ropa, decidí ir a ver a Ásmita; traté de pensar en otras cosas para que él no pudiera leer en mi mente todo lo que había pasado en la casa de Acuario. Esperaba poder lograrlo, pero en el fondo de mí, sabía que él lo descubriría.

A pesar de que ya la noche había caído, comencé a subir las escaleras que me llevaban a la entrada del templo de Virgo, e ingresé.

Me dirigí a la sala donde Ásmita realizaba su meditación, y allí lo encontré. Al notar mi presencia, se levantó del lecho de meditación y se dirigió hacia mí a paso apresurado, luego de lo cual me abrazó con fuerza. _¡Por Atena, Natalie ¿te encuentras bien??!_ .

Demonios. Él ya lo sabía.

_ Pude sentir una perturbación en tu cosmos cuando estabas acercándote hasta mi templo, y ahora que te tengo frente a mí, puedo ver la razón de ello. Perdóname por no haber podido estar en ese momento cuando me necesitaste tanto, estaba en pleno cumplimiento de una misión muy importante para esta Guerra Santa: al fin pude lograr que el discípulo de Dohko descubriera su propósito, su motivación para luchar, y ha despertado la fuerza interior que lo ayudará a enfrentar a Hades... Pero mi corazón se parte y me siento culpable por no haber estado ahí para cuidarte... Jamás hubiera permitido que alguien se acercara a ti para dañarte... Perdóname..._ , me dijo poniendo su frente sobre la mía.

_Está bien, nada ha pasado, estoy bien. Comprendo que tienes obligaciones con tu diosa y que del resultado de la Guerra Santa depende el futuro de la humanidad. Aunque debo admitir que me hubiera gustado que le partieras la cara a Kardia en ese momento_ , dije con un tono divertido la última frase. Una suave sonrisa se asomó en sus labios.

Él se puso serio nuevamente; presentí que tenía algo que decirme.

_Natalie... Mi momento de luchar ha llegado. Debo hacer mi parte en esta batalla para que mis compañeros puedan ganar la Guerra... Mi misión me llevará a las tierras de Jamir, y lo más probable es que no regrese... Sólo quiero que sepas que eres la razón por la cual mi vida cobró un sentido y se llenó de sentimientos tan bellos que jamás pensé que podría albergar en mí...Te amo...Eres la dueña de mi corazón, y la razón que me impulsa a luchar para que este mundo sea un mejor lugar..._ , fueron las palabras que Ásmita me dijo mientras ponía su mano con cariño sobre mi mejilla y la acariciaba suavemente.

Finalmente el día había llegado. Busqué refugio en sus brazos, el mejor lugar del mundo para mí, mientras las lágrimas nublaban mi vista.

CONTINUARÁ...