HASTA DESPERTAR A TU FANTASMA

Estaba agotada. Caminaba arrastrando los pies y con los hombros hundidos. El turno del hospital se había alargado más de lo previsto. Su cuerpo todavía temblaba ante la visión de aquel niño que se había caído de cabeza de un árbol practicando su control del chakra. Varios trozos del cráneo habían quedado incrustados en el cerebro. La operación, de por sí difícil, se complicó. Fueron horas en las que, con los dedos agarrotados, intentó trasmitir chakra al paciente para que se mantuviera con vida. Hipoxia, su corazón se paró por 5 minutos. Aún desconocían las secuelas que podrían quedarle. Tenía la intención de quedarse toda la noche vigilando sus constantes, pero Shizume la convenció para que se fuera a casa y descansara. Sin embargo, sabía que en la soledad de su habitación las imágenes volverían a ella con más fuerza así que prefirió dar un pequeño paseo.

Disfrutaba del aire frío contra su rostro y de las calles tranquilas. Aún faltaban horas para el amanecer y la siempre bulliciosa Konoha dormía. Había algo en la luz de las farolas que ayudaba a dejar de pensar. Estaba tan ensimismada que ni sus reflejos se activaron cuando un cuerpo chocó contra ella, tirándola al suelo.

Lo siguiente que pudo registrar fue una mano tendida hacia ella para ayudarla a levantarse

—Disculpe, no estaba viendo por donde andaba.

Lo reconoció por la capa de Hokage. Naruto parecía tan agotado que ni tan siquiera se daba cuenta de con quién estaba hablando. Le observó preguntándose dónde había quedado aquel genin que trataba de arreglarlo todo con una sonrisa y la promesa de no faltar a su palabra. En su lugar había un hombre con ojeras y el entrecejo fruncido. Era como enfrentarse al fantasma de lo que una vez fue.

Tomar su mano para levantarse fue como saludar a un viejo amigo. El debió notar algo en su tacto porque sus ojos brillaron.

—Sakura-chan! Ni me había dado cuenta de que eras tú—dijo a la vez que se rascaba la nuca en un gesto que le hizo parecer infantil y cercano.

—Creo que ninguno de los dos está pasando su mejor noche—contestó ella con una pequeña sonrisa en los labios.

Él la propuso escoltarla hasta su casa, casi como si aquello se tratara de una misión. Aquello retrotrajo a Sakura muchos años atrás. La presencia de Naruto siempre había sido reconfortante. Como si fuera capaz de alejar y arrinconar todo lo malo, de devolver la esperanza a su vida.

Pasearon contándose las novedades en voz baja, como si no quisieran despertar a Konoha con sus problemas. Demasiado trabajo, las responsabilidades, el cansancio…ambos callaron la sensación de soledad que les perseguía, la angustia de verse distanciados de sus seres queridos. En una especie de acuerdo tácito evitaron mencionar a Sasuke, aunque era un tema que siempre parecía planear sobre ellos.

—El otro día vi a Sarada, ha crecido muchísimo.

—Sí. — Sakura alzó la cabeza con orgullo —.Se lo toma muy enserio, será una gran konuichi.

—Es curioso vernos así, como padres y adultos responsables—comentó Naruto de forma ligera.

Aquellas palabras transportaron a Sakra muchos años atrás, cuando buscaban a Sasuke incansablemente. Habían obtenido una nueva pista sobre una de las posibles guaridas secretas de Orochimaru a las afueras del País del Hierro. Por aquel entonces ambos todavía eran optimistas. Encontrarían a su compañero y le convencerían de que regresara con ellos. Volverían a ser el Equipo 7 al completo. Habían acampado en el bosque, pero ni Naruto ni ella podían dormir de los nervios. Se habían alejado de la hoguera para no despertar a Kakashi y mirando las estrellas imaginaban cómo serían sus vidas.

—Ya veras, Sakura-chan, llegaré a ser Hokage y toda la aldea me reconocerá. — Las manos de Naruto se movían con ímpetu, subrayando sus palabras.

Sakura generalmente se mostraba escéptica por las palabras de su compañero, pero en aquella ocasión creyó que sería posible.

—Volveremos juntos a Konoha y nada nos volverá a separar—completó ella.

Aquel recuerdo permanecía en ella con colores mucho más brillantes que los del presente. Era la primera vez en meses que lograba charlar tranquilamente con Naruto y Sasuke…hacía dos años que no veía a Sasuke.

—¿Es todo como lo habías soñado?— preguntó Sakura de repente.

El "Claro" de Nauto no sonó demasiado convincente.

Fue como si la conversación muriera en ese preciso momento. Rodeados de silencio llegaron ante la casa de Sakura.

—Ha sido bueno poder hablar contigo. Deberíamos chocarnos en la calle más a menudo.

— ¿Quieres pasar a tomar un té?

Naruto se quedó cortado. Sakura sintió cómo el sonrojo subía desde sus mejillas. Una mujer casada no invita a hombres a entrar a su casa de madrugada. Por un momento recordó que Naruto había estado enamorado de ella cuando eran adolescentes y temió que malinterpretara la situación. Estaba a punto de empezar a murmurar una disculpa cuando Naruto la respondió.

—Me vendría bien, no me gusta trastear en la cocina cuando llego tarde porque podría despertar a Hinata o a los niños…— debió de darse cuenta de que estaba dando demasiadas explicaciones—. Me gustaría, gracias Sakura-cha

Sakura abrió la puerta y le dejó pasar a. No pudo evitar el echar un vistazo sobre su hombro, rogando para que ningún vecino hubiera sigo testigo de la comprometedora escena. En el hall se encontró a Naruto muy quieto, intentando no hacer ruido.

—No te preocupes, Sarada está pasando la noche en casa de Chou Chou—dijo mientras encendía las luces y le indicaba el camino a la cocina.

Al pasar junto a él notó el aroma a colonia que seguramente le había comprado Hinata. Ella no podía librarse del olor a desinfectante y a hospital por más que se duchara. Era raro verlo así, bien arreglado y guardando las formas. En la mente de Sakura se interpuso la imagen de un niño vestido de naranja y pelo indomable. Para ella era como si aquel Naruto de 12 años fuera mucho más real que la versión adulta que estaba parado en su cocina.

Ajeno a su escrutinio Naruto se entretenía contemplando la nueva casa. Había enviado un clon para ayudarla con la mudanza, pero no la había visto terminada.

—Todavía me quedan cajas por abrir—se quejó Sakura mientras ponía a hervir la tetera—.Es como si nunca se acabaran.

Naruto soltó una risita y se acercó al aparador donde estaban las fotos. La sonrisa de su cara se extendió al coger el marco en el que se veían a ellos 3 de jóvenes. Justo cuando formaron el Equipo 7.

—Si me hubieran dicho en aquel entonces todo lo que pasaría no les hubiera creído—comentó el Hokage acariciando el cristal.

Sakura se sintió súbitamente vieja, como si los hombros le pesaran y la arrastraran hacia el suelo. Ahí estaban los 3. Sasuke con ese gesto serio que no era más que una pose. Ella en el centro, con el pelo largo y las mejillas sonrojadas por estar al lado del Uchia, y Naruto haciendo el gesto de la victoria con los dedos. Tan jóvenes, tan llenos de vida. Pesó en el chico del hospital, en que él quizás no tuviera futuro.

El pitido de la tetera la sacó de su ensimismamiento y se apresuró a servir las tazas.

—Es curioso—.Naruto tomó asiento frente a ella—, siento mucha añoranza por aquellos tiempos. Es como si hubiera olvidado lo mal que lo pasamos en aquellos años.

Sakura detuvo el gesto de llevarse la taza a los labios a mitad de camino y miró a su antiguo amigo con sorpresa. Naruto enfrentó sus ojos con aquella seriedad que parecía haber adquirido en los últimos años.

—Vamos, Sakura, recuérdalo. Tú llorabas todas las noches y yo tenía ataques de ansiedad. La búsqueda de Sasuke estaba consumiendo nuestra vida.

Escuchar el nombre de su marido la incomodó. Se había acostumbrado tanto a su ausencia, a que ninguno de sus amigos se atreviera a preguntar por ellos, por su relación, que se le hacía raro hablar sobre él.

—Ahora estamos bien—continuó Naruto—. Ambos tenemos todo lo que quisimos para nuestras vidas.

Sakura suspiró.

—Sin embargo, antes todo parecía mucho más fácil.

La mano de Naruto cubrió la suya. Sakura la estudió con curiosidad. Era grande y áspera. Ligeramente morena. Se preguntó cómo podía tener ese color si se pasaba la vida encerrada en la torre del Hokague.

—Lo siento mucho, Sakura— el arrepentimiento de su voz hizo que volviera a centrar su atención en su antiguo compañero—. Sé que estás triste porque Sasuke nunca está y es culpa mía, pero te prometo que su misión está a punto de terminar.

Ella negó con la cabeza. Sabía que la misión de Naruto no era la causa. A lo largo de los años había aprendido a comprender bien a Sasuke. Para él siempre quedarían cuentas pendientes que saldar, pecados que expiar. Eran ellos los que le mantenían lejos de la aldea, no el Hokague y antiguo rival. A veces Sakura pensaba que lo único que hacía en su vida era esperar por Sasuke. Quizás debería llegar un momento en el que una pudiera romper las promesas de su adolescencia, pero parecía como si tanto ella como Naruto se hubieran quedado atrapados en ellas.

—No te preocupes, Naruto. Simplemente está siendo una noche un poco más difícil de lo normal.

—Yo también tengo de esas—. Sus ojos eran terriblemente azules. Contrastaban con los tonos mortecinos de la cocina, con toda su cotidianidad, con la rutina.

Bebieron en silencio, como si no tuvieran nada más que decirse. Sakura acompañó a su invitado hasta la puerta de salida. Mientras se despedían se preguntó cómo hubiera sido su vida si hubiera aceptado el amor de Naruto. Era tan fácil creer que sería mejor…pero en ese preciso momento recordó la cantidad de veces que había visto a Hinata comprando sola en el mercado, o cuando las dos se juntaban para que los niños jugaran en el parque porque así tenían una excusa para salir de casa.

Quizás Naruto y Sasuke eran más parecidos de lo que creían. La única diferencia es que el rubio regresaba a su casa casi todas las noches, cuando todos estaban dormidos.

Se despidieron asegurándose que no dejarían pasar tanto tiempo sin reunirse. Ambos sabían que mentían. Sakura se quedó en el umbral viendo la capa blanca perderse en la noche. Naruto, el niño, el genin, se hubiera girado en mitad de la calle para agitar la mano en señal de despedida. El hombre adulto siguió andando.