Gaara 10

Cuando nuestros cuerpos se vuelven a materializar, estamos en la misma playa en donde yo estaba solo hace un rato, Matsuri y Sasori han aterrizado mal, pero yo estoy de pie. Mi ceño se frunce al ver que ella está aquí, no planeaba traerla, no quería ponerla en peligro, pero ya es tarde para reclamar.

Me paro frente a Matsuri, ella se levanta rápidamente, yo le estoy dando la espalda, manteniendo la vista fija en Sasori, pero ella se me acerca y nota mi cicatriz.

—Gaara, estás sangrando —dice, ligeramente preocupada, pero mirando a nuestro enemigo.

Puedo sentir la sangre todavía, sigue tibia sobre mi rostro, me llevo la mano al lugar, para limpiarme un poco y observo mis dedos manchados.

—No es nada, estoy bien —digo con seriedad. Estoy viendo a Sasori ponerse de pie, todavía no nos ataca, sólo nos mira.

—¿Tienes un plan, verdad? —me pregunta Matsuri, a lo que yo no respondo nada, pues no tengo idea de qué hacer, literalmente mi único plan es hacerlo pedazos; incluso si es inmortal, no podrá moverse si destruyo su cuerpo.

En ese momento, Sasori saca un par de pergaminos de entre su ropa e invoca sus marionetas, son tres en total. Reconozco a una de ellas, ésta encierra el cuerpo de Sasori y lo protege, tiene un aspecto tétrico y esa cola de escorpión, llena de filosas cuchillas.

—Bueno, Kazekage, veamos si eres más rápido en esta vida —dice confiado, su voz suena diferente al estar dentro de la marioneta, ahora parece como si estuviera muy seguro de que va a ganar.

Yo simplemente sonrío, no me importan los trucos que tenga, lo haré añicos.

—¡Ataúd de arena!

Al exclamar mi técnica, mi arena rodea el cuerpo de Sasori rápidamente, encerrándolo en aquel sarcófago. Yo cierro mi puño y escucho el sonido de algo crujir, las marionetas que estaban delante caen al suelo, sus hilos han sido cortados, entonces retiro lentamente la arena.

A simple vista, parece como si yo hubiera ganado, pero sé que no debo confiarme.

—¿Es todo? —murmura Matsuri, yo continúo alerta.

Entonces lo veo, no le ha pasado nada, esta ahí de pie, como si fuera cualquier cosa.

—Qué decepcionante truco —habla burlón.

Mi ceño se frunce, estoy pensando en cómo voy a atacar, cuando escucho a Matsuri gritar para llamar mi atención.

—¡Gaara! —me llama, avisándome que una de las marionetas que antes estaban sobre la arena, ahora está detrás de mí. Ella y yo damos un salto y quedamos de pie, justo entre Sasori y aquella marioneta con forma humana; ni siquiera noté cuando las movió—. ¿Dónde está la otra? —susurra ella, mirando para todos lados.

De pronto, una hoja de espada sale de la arena debajo de nosotros, Matsuri pega un salto, al igual que yo, pero ella no es capaz de esquivarlo a tiempo y recibe un corte. Uso mi arena y la atrapo, elevándome junto a ella, sobre una plataforma. Veo de reojo que la herida está sangrando bastante, incluso cae sobre la arena, no puedo evitar sentirme culpable, pero no estoy tan acostumbrado a esto todavía, me es difícil protegerla.

—Lo siento, debí poner más atención.

—Estoy bien —ella me sonríe y se levanta, aunque sé que le duele—. ¿Cómo vamos a derrotarlo? No nos podemos ni acercarnos y el ataúd de Arena no logró romper el caparazón.

Asiento con la cabeza, volviendo a buscar al enemigo con la mirada.

—Lo sé... lo sé... no esperaba esto —respondo, localizándolo—. Mantente cerca ¿sí? —le pido con preocupación, a lo que ella asiente, dejándome un poco más tranquilo—. Primero tenemos que destruir estos títeres.

Aquellos muñecos con forma humana se abalanzan contra nosotros, la arena nos protege de cada golpe, lo haría incluso si yo no se lo ordeno, pero me cuesta un poco de trabajo crear un par de látigos de arena para que las ataquen, si hubiese tenido más tiempo para acostumbrarme...

—Siempre a la defensiva, Kazekage... —dice Sasori, sin detener los ataques, ni siquiera se mueve de su puesto—, eso mató a tus hijos la última vez. ¿Cierto, Matsuri?

Ese imbécil, ¿quién se cree que es? Me cabrea un montón que intente lastimar a Matsuri de ese modo, me enfurece, incluso si Matsuri no contesta.

—Bueno, es hora —dice entonces Sasori, que en todo este tiempo no ha dejado de atacarnos con sus marionetas, las cuales lanzan golpes y armas contra nosotros, pero ninguna nos toca.

En lo que me ocupo de desviar sus ataques, una de las marionetas se precipita hacia nuestra posición, así que levanto un muro de arena como defensa, al tiempo que, de un solo latigazo, intento destruir la otra, eso me descuida por un segundo y la primera muñeca atraviesa mi pared, yendo directo hacia Matsuri, pero se queda atascada ahí.

—Matsuri, quiero presentarte a mis nuevas obras de arte —escucho hablar a Sasori con burla—. ¡Cambio!

Las marionetas se rodean de humo y pierdo la visión por un segundo, entonces, cuando éste de dispersa, veo frente a mí que la marioneta ha cambiado, ahora tiene la forma de una joven chica de cabellera castaña, si no fuera por el color oscuro de su cuerpo, sería muy parecida a Matsuri, pero sus ojos, ellos son idénticos a los míos.

Me quedo paralizado durante un segundo al darme cuenta de que ella es Aika, es mi hija, la hija que tuve con Matsuri, incluso si no la recuerdo, estoy seguro de ello. Entonces, ella saca una espada y me atraviesa el hombro, aprovechando los segundos en los que me distraje.

La arena que nos sostiene se desbarata y caemos pocos metros hacia el suelo, ya que pierdo el control por el dolor, pero vuelvo a sostenernos antes de topar duramente.

—¿Son ellos, Matsuri? —pregunto, tratando de soportar el dolor de la herida y, el que también siente mi corazón.

¿Realmente ese bastardo se atrevió a asesinar a nuestros hijos y a convertirlos en sus juguetes? ¿Yo permití que eso ocurriera?

—Sí, son ellos —responde, recuperando el equilibrio y la concentración.

Entonces, la marioneta Aika pone sus manos sobre la arena y levanta una enorme ola que viene hacia mí y me deja enterrado bajo la misma, yo apenas reacciono ante lo que sucede, ella incluso tiene mis poderes, realmente Sasori la mató...

—¡Gaara! —escucho a Matsuri gritar desesperada, pero no puedo ver lo que sucede, todo es negro a mi alrededor—. ¡Gaara! ¡Gaara! —ella continúa gritando, yo sólo siento que la arena me rodea y me presiona, por un momento, he perdido la voluntad de continuar, luego de saber que dejé morir a mis hijos a manos de este monstruo.

Por primera vez, entiendo el sufrimiento de Matsuri al recordar lo sucedido con ellos, todo es mi culpa. ¿Quizás sea mejor no hacer nada y dejar que todo acabe aquí?

—Al fin —escucho a Sasori—. Es todo, Kazekage.

Justo cuando la arena se cierra contra mi cuerpo, así como lo hizo mi otro yo, una voz me saca de mis pensamientos.

Padre... no puedes morir...

—¿Aika? —cuestiono, confuso.

Padre, no pierdas, sino, jamás nos veremos.

—¿Shinki, eres tú?

Mis ojos se abren con sorpresa, ¿esas son sus voces? Me están pidiendo que los encuentre, que no me deje vencer, que no deje que Matsuri y yo perdamos.

—¡Muere! —escucho gritar al enemigo, pero justo cuando él cree que ha ganado, hago explotar la arena de mi alrededor y la dirijo en una lluvia puntiaguda hacia él, rasgando la capa negra de su marioneta y dejándolo enterrado bajo una pila de granos finos, a él y a su marioneta.

Busco a Matsuri con la mirada, desesperado y, cuando la encuentro, ella está detrás de mí, dentro de la marioneta de Shinki. No alcanzo a mover ni un dedo, cuando ella la hace explotar en pedazos, emergiendo con otra ropa, al igual como lo hice yo antes, ahora trae un vestido del mismo color que mi túnica, rojo oscuro, lleva sandalias ninja, justo encima de un par de medias que llegan hasta sus muslos, bajo el vestido usa un short negro y en el cuello lleva la banda con el símbolo de la aldea de la arena.

—¡MATSURI! —grito, luego de asegurarme de que Sasori no pueda atacarnos por el momento, Matsuri corre hacia mí, pero la marioneta escapa de entre la arena y ataca a Matsuri, dirigiendo golpes hechos de arena contra ella; sin embargo, yo los bloqueo todos, hasta que por fin logra llegar junto a mí.

—No es ella, Gaara, no es Aika —me dice agitada, yo también me siento cansado, estoy jadeando, después de tanto tiempo de no luchar, no es fácil usar tanto chakra.

—¿Cómo lo sabes? —le pregunto confuso, mirando a la marioneta que vuela cerca de nosotros, ésta abre su boca y saca una espada, igual que antes.

—Lo sé, te lo explicaré luego. No es Aika —repite Matsuri.

Asiento con la cabeza, no sé cómo es que está tan segura, pero yo confío en ella, siempre lo he hecho, así que doy un paso al frente.

—¿Puedes cubrirme la espalda? —le digo, ella da un asentimiento y me sonríe, parece feliz de que por fin yo le demuestre un poco de reconocimiento, ya que todo el tiempo he estado actuando como si la creyera débil, pero sé que no lo es, sé que Matsuri es fuerte... a fin de cuentas, yo la entrené.

Miro nuevamente a la marioneta de Aika, esta vez, sabiendo que no se trata de ella, aunque me intriga que pueda utilizar la arena, ¿cómo se supone que lo hace? Doy un salto para alcanzarla en el aire, mientras ésta se abalanza sobre mí con aquella espada filosa, la arena interviene su ataque y otro montón de arena la atraviesa por el estómago, pero esto no le afecta, después de todo, no es un ser viviente.

Una ola de arena me ataca por la espalda, es como si fuera un tsunami, literalmente, aunque tengo una sensación extraña, usualmente, cuando muevo la arena, ésta suele tener voluntad propia, protegiéndome de todo lo que me ataque, aunque yo me cruce de brazos, ¿por qué no siento eso en su arena?

Es como si sólo fuera... común.

—¡Matsuri! —exclamo al ver que "Aika" pasa de mí y va hacia ella, muevo mis manos para tratar de pararla, pero es bastante rápida.

Matsuri bloquea el ataque lanzándole un par de armas, no sé de dónde las ha sacado, pero aprovecho ese momento para atrapar la marioneta con mi arena hecha una mano con garras. La ola de arena nos alcanza a todos en ese momento, la playa se ha convertido en un verdadero desastre, pero sigue desierta, pues estamos lejos de la ciudad.

No puedo ver nada cuando la arena nos tiene enterrados, todo es negro, pero en ese desolado paisaje, tengo un pequeño recuerdo, una visión que me da claridad.

¿Arena de cuarzo? pregunta Matsuri, ladeando el rostro al ver a nuestra pequeña hija jugando en el patio de nuestra casa. Ella está sentada sobre la arena, formando pequeñas figuras de color blanco y riendo ante lo que puede hacer.

Es el poder de Aika respondo, asintiendo con la cabeza—. Su arena tiene ese color por el tipo de minerales que la componen, ¿no crees que es linda?

Matsuri asiente, acercándose a la ventana para quedarse más tiempo observándola, Aika apenas tiene dos años, hace poco hemos adoptado a nuestro hijo Shinki, él era un niño huérfano que también posee poderes similares a los míos.

Parece ser que nuestros hijos serán muy fuertes dice mi esposa, sonriente ante la felicidad de nuestra pequeña.

Yo asiento, estoy seguro de que está en lo correcto, ambos serán poderosos, mucho más que yo.

Apenas ha pasado un segundo desde que fuimos cubiertos por la arena, cuando mi chakra la aparta, creando una especie de cráter a mi alrededor, Matsuri está a mi lado, la estoy aferrando contra mi cuerpo, le ordené a la arena que la trajera conmigo justo cuando ésta nos rodeaba.

—¿Estás bien? —le pregunto, ella jadea, parece un poco sorprendida por todo lo que ha pasado en tan poco tiempo.

—He estado mejor —bromea, llevándose una mano a la herida de la pierna. La miro de reojo y arrugo el entrecejo, debemos terminar pronto, no quisiera que Matsuri siga sufriendo.

—Matsuri, debes estar alerta —susurro, pero tras mis palabras, las cuchillas salen desde abajo nuevamente, no las he visto venir, sólo noto que Matsuri pega un salto y me lleva con ella.

—¿Qué decías, Gaara?

Dejo salir una pequeña sonrisa.

—Nada...

—Bueno... ¿y ahora qué? —Matsuri busca la marioneta con la mirada, ninguno de nosotros ve a Sasori, ¿dónde se ha metido?

La muñeca de Aika vuelve a lanzar un montón de armas, está en el cielo, justo arriba de nosotros. La arena nos protege y Matsuri desvía algunas armas a golpes limpios, admito que es bastante fuerte.

—Ahora, a volar esa cosa —respondo, moviendo mi mano para dirigir la arena hacia ella, estoy harto de los trucos idiotas que usa este tipo, así que vuelvo a atrapar la marioneta, esta vez, por cada una de sus extremidades, incluída la cabeza. La arena sujeta fuertemente el cuerpo de madera y luego separa sus partes, entonces, cierro mi puño y las pulverizo.

El torso cae como un proyectil, desde donde se desprende otra cuchilla.

—Gaara, está moviendo la arena con sus hilos de chakra —me explica Matsuri, entrecerrando la mirada, supongo que intenta ver los hilos y se ha dado cuenta de ese modo; ahora entiendo que la marioneta jamás tuvo ese poder.

—Bastardo ingenioso —susurro, al tiempo que una garra de arena sostiene el torso que viene a atacarnos, corta los hilos de chakra y lo destruye por completo.

Adiós, estúpida marioneta.

—Supongo que algunas cosas deben hacerse directamente —escucho la voz de Sasori detrás nuestro, veo de reojo como nos ataca con su cola, pero mi arena nos protege. Tomo a Matsuri y nos alejamos unos cuantos metros de un salto, saliendo del cráter.

—Gaara... —ella me llama, arrodillándose—. Me siento cansada... pero... sé cómo acabar con él.

Me arrodillo a su lado, me preocupa verla así, realmente parece mal. Veo como ella se mete una mano al bolsillo de la ropa y saca de él dos pergaminos de tamaño pequeño.

—Hay que ponerlos sobre su corazón, ambos y luego destruir el corazón para finalizarlo —me explica, entregándome uno de ellos.

Yo asiento.

—¿De dónde los obtuviste? —pregunto sorprendido, aunque, a estas alturas, nada debería asombrarme.

—Shinki me los dio —contesta con seriedad—. Hay que acabar con esto.

Aunque a duras penas puede moverse, Matsuri se pone de pie y mira a Sasori, el cual está invocando nuevas marionetas para venir contra nosotros, qué molestia.

—No escaparán —dice Sasori, dirigiendo sus dos nuevas armas hacia nosotros. Matsuri y yo esquivamos cada ataque, mientras una lluvia de armas y sellos explosivos nos cae encima, intento mantenerla lo más cerca de mí que pueda, tengo el presentimiento de que ha sido envenenada, pues luce cada vez más pálida y cansada.

—No te separes —le susurro, dando un nuevo salto sobre una plataforma de arena. Veo que una marioneta me ataca con su cuchilla, no tengo tiempo de esquivar, así que la bloqueo con la arena, pero entonces observo con horror como una especie de látigo rodea a Matsuri y la aleja de mi de un tirón—. ¡MATSURI!

—¡GAARA! —grita ella, intentando soltarse, doy un salto para atraparla, pero Sasori salta en medio de nosotros y me ataca con su cola, la arena lo bloquea al instante y pierdo totalmente de vista a Matsuri.

Caigo sobre una plataforma delgada, hecha de mi arena, mirando a Sasori, el cual está frente a mí y levanta su mano hecha de madera, puedo ver los hilos de chakra que está sosteniendo y una de sus marionetas parece castañear sus dientes mientras se eleva entre nosotros dos.

—¿Dónde está Matsuri? —pregunto con rabia, pero él no me contesta—. ¡¿En dónde está?! —insisto, dirigiendo un montón de arena contra él.

—¿Realmente eres tan tonto como para preocuparte por una mujer en medio de la batalla? Ella no durará mucho de todos modos —contesta el sujeto, haciendo que su muñeca de madera esquive cada uno de mis ataques.

Mi ceño se frunce, ¿qué es lo que está tratando de decirme?

—Supongo que es tu debilidad, ¿no? —él sigue hablando, yo intento no distraerme, pero está claro que no lo consigo del todo, no puedo sentirme tranquilo si no la tengo cerca—. El gran quinto Kazekage, uno de los más poderosos shinobis y comandante de la división de ataque de la gran cuarta guerra ninja, ¿quién diría que su punto débil es una mujer?

—Cállate —digo cabreado, me está empezando a poner de malas.

Sasori mueve su otra mano y una segunda marioneta aparece detrás de mí, atacándome con pequeñas bombas redondeadas que se incrustan en mi arena y la hacen explotar, mientras la marioneta de delante sigue esquivándome, es jodidamente rápida.

—¿Qué vas a hacer si ella muere?

Sus palabras me distraen un segundo y siento la explosión cerca de mi oído, a pesar de que no me daña físicamente, el fuerte sonido pitea en mi cabeza.

—El veneno que inyecté en su cuerpo ya debe estar haciendo efecto, estará muerta en un par de minutos, si es que no lo está ya.

—Te voy a cerrar esa sucia boca —lo amenazo, creando una mano de arena desde el suelo, que agarra la molesta muñeca que no deja de lanzarme bombas y la destruye en pedazos.

Tengo literalmente media caparazón de arena a mi alrededor, estoy cansado, pero no dejo de atacar a Sasori, aunque mis ataques son cada vez menos eficientes.

¿En dónde demonios está Matsuri?

—Maldita sea... —cierro uno de mis párpados y delante de mi aparece un ojo redondo que está flotando, un poco de arena lo rodea, es mi técnica del tercer ojo.

Debo mantener el brazo inmóvil y mis mano en posición del sello para mantener la técnica, con la cual empiezo a buscar a Matsuri por todo el campo de batalla, pero no logro verla.

Mientras la arena intenta interceptar los ataques que vuelve a lanzarme la marioneta, Sasori se me acerca con un nuevo intento de golpearme con las cuchillas de su cola, pero no consigue atravesar mi defensa sólo por poco; si me llega a dar con una de esas, quedaré envenenado, es el juego sucio de ese tipo.

Entonces empieza con los golpes consecutivos, se ha dado cuenta que, entre más chakra utilizo, más cansado me siento y ahora mismo, estoy moviendo una gran cantidad de arena entre los ataques hacia la marioneta, defenderme de sus golpes y buscar a Matsuri.

—¡Esta jodida arena me tiene harto! ¡Ya muérete de una puta vez! —empieza a gritar, parece que está perdiendo un poco la razón.

Caigo de rodillas, me cuesta respirar y la semi coraza que me protege se empieza a desmoronar.

—Mierda... —digo cuando mi tercer ojo se desvanece, he usado casi todo mi chakra y todavía no le hago ni un rasguño a Sasori.

En ese momento, mi arena finalmente parte en dos la marioneta que estaba atacando y, al tiempo, Sasori atraviesa mi pared con su cola, está a punto de darme con ella, ni siquiera mi armadura de arena podría protegerme del veneno.

—¡Gaara! —escucho la voz de Matsuri, la busco con la mirada y la veo en el suelo, a unos metros de mí, ha cogido la cola de metal a unos centímetros de mi cara con su Jōhyō.

—Matsuri... —dejo salir un suspiro, estoy tan aliviado de ver que ella está bien.

En un solo segundo, concentro gran cantidad de chakra en mi puño derecho y aprovecho la cercanía de Sasori para darle un golpe, no suelo atacar directamente a mis enemigos, pero tengo que usar esta oportunidad. La marioneta Hiruko se hace pedazos, mientras mi plataforma se desestabiliza y me lanza al suelo, en donde Matsuri me atrapa entre sus brazos.

—Gaara, ¿qué tienes? —me pregunta, abrazándome, apenas y puedo moverme, pero ella se ve bien.

—Estoy agotado... —le respondo, intentando recuperar el aliento—. Creí que él te había envenenado, ¿estás bien?

Ella asiente, sin soltarme y manteniendo la vista al frente, observando que nuestro enemigo cae de pie unos metros más allá, en su verdadera forma.

—Lo hizo, pero el efecto ya pasó, solamente me paralizó —me contesta, yo asiento, ese estúpido me mintió, dijo que el veneno la mataría y solamente estaba mitiendo para quitarme concentración.

—Me alegra que estés bien —digo, también mirando a Sasori—. Ya no tenemos mucho tiempo y casi no me queda chakra, tenemos que acabarlo, sería malo que alguien se diera cuenta de lo que sucede aquí.

—Lo sé, hay que hacerlo, Gaara —Matsuri toma mi mano, apretándola con fuerza—. Tengo un plan, ¿puedes confiar en mí?

La miro durante unos segundos, ¿que si puedo confiar en ella? Incluso si no me lo pidiera, lo haría a ojos cerrados.

—Por supuesto —respondo, sonriendo levemente, estoy atento para escuchar sus instrucciones.

—¿Puedes acercarnos a él? —me pregunta con seriedad, a lo que yo asiento, un poco confuso —. Necesito que nos acerques a él, lo más posible... no importa si nos apunta con sus armas tenemos que estar lo más cerca que se pueda —indica, me sorprende lo increíblemente certera que se muestra.

—¿Segura? —le pregunto dudoso.

—Sí, no te detengas, no importa que diga o como nos amenace... no te detengas —insiste, está llena de confianza y eso me hace sentir lo mismo a mí, así que vuelvo a crear una plataforma de arena que nos eleva a ambos, al tiempo que me pongo de pie.

—Como tu ordenes —respondo, extendiéndole mi mano para ayudarla a levantarse.

Sasori esboza una sonrisa sarcástica.

—¿Atacarás directamente? —me cuestiona—. Esta mujer sí que te vuelve un estúpido, Kazekage —dice antes de lanzar varias armas desde su propio cuerpo, las cuales, en su mayoría, son desviadas por mi arena, mientras que Matsuri intercepta una que otra que se escapa

—Prepara el sello —ordena ella—. Cuando te de la orden colócalo sobre su corazón, mi sello ya estará ahí.

Lo que dice me confunde, así que la miro un momento, de verdad no entiendo a qué se refiere.

—¿Cómo lo vas a hac...? —detengo mis propias palabras, sonriendo, no tiene caso que se lo pregunte ahora—. Sí, sí, me lo explicarás luego.

Ella solo ríe bajito.

—Te lo explicaré luego.

Sasori toma un poco de distancia de nosotros al darse cuenta que no estamos retrocediendo, hace vano intentos por retrasarnos con infinidad de sellos explosivos; sin embargo, mi defensa ni siquiera se inmuta, le he añadido todo el chakra que me queda.

—¿Asustado, Sasori? —le pregunto, riendo confiado, pues su expresión no es precisamente de alegría.

Veo que intenta huir, pero no se lo permito. Junto mis dos manos y una pared de arena crece justo detrás de su espalda, impidiéndole el paso. Veo de reojo el extraño sello que hace Matsuri con las manos, creo haberlo visto antes, pero en este momento no estoy seguro de ello, además, debo mantenerme concentrado en detener a Sasori.

Matsuri respira hondamente.

—¡Reloj de arena! —exclama Matsuri, justo en ese momento, una sensación muy extraña me recorre de pies a cabeza, es como un deja vú.

Cuando me doy cuenta, Matsuri se ha esfumado de mi lado.

—¡AHORA, GAARA! —la escucho gritarme desde abajo, no sé en qué momento se ha movido, pero intento no prestarle atención a ello y hago lo que tengo que hacer. Me acerco todo lo que puedo a Sasori y él sabe que está acorralado.

Me muestra una sonrisa.

—Parece que ya no puedo escapar, supongo que te veré en el infierno —me dice, sabe que ha sido derrotado, pero continúa siendo arrogante.

—Yo no iré al infierno —le respondo, estoy seguro de ello ahora—. Adiós, hijo de puta.

Ubico el sello sobre su corazón y me alejo al instante, una intensa luz blanca surge y me ciega por un momento, haciéndome caer al suelo, en donde está Matsuri. Apenas puedo moverme debido a la ceguera, pero doy con ella y la abrazo con fuerza.

Al cabo de un rato, ambos abrimos los ojos; todo alrededor es tranquilo, el mar, la playa, incluso las aves que vuelan por el cielo.

—Destrúyelo —dice Matsuri y yo asiento.

Levantó y mano y mi arena se encarga de elevar el corazón de Sasori frente a mí, su única parte que todavía es humana; no lo supe hace cientos de años, pero lo sé ahora, después de ponerle correctamente los sellos para evitar que pueda recuperar su poder, sólo queda acabarlo.

Cierro mi puño y esa especie de contenedor se convierte en polvo, él ya no es un ser inmortal, está muerto.

Está hecho.

Matsuri apoya su cabeza sobre mi pecho, relajando su cuerpo, está agotadísima.

—Al fin... se acabó —me dice aliviada, yo también me relajo. Ambos estamos heridos y cansados, con la ropa rasgada, sin una gota de energía, pero hemos vencido, eso significado que ahora nuestras vidas nos pertenecen.

—¿Estás bien? —le pregunto, separándola un poco de mí para poder acunar su rostro entre mis manos—. Ese idiota te hirió, ¿te duele?

—Estoy bien —responde, sonriéndome, mientras sus dos manos cubren las mías—. Gaara, puedo recordar todo —dice, sorprendiéndome—. Recuerdo cuando nos conocimos, cuando me hiciste tu estudiante, y cuando me enamoré de ti.

Usualmente no soy el tipo de persona que se avergüenza de las cosas, pero ahora mismo, no puedo evitar que mi corazón se apriete y mis mejillas ardan, ¿será porque estoy emocionado?

—¿Lo dices en serio? —pregunto, abrazándola con fuerza una vez más, Matsuri se queja de que no la dejo respirar, pero no deseo soltarla aún, tenerla así me hace tremendamente feliz.

—Te amo, Gaara... —susurra a mi oído, siento que pierdo la razón cuando dice eso, así que me separo para poder mirarla a los ojos, exigiendo que me lo repita con la expresión de mi rostro—. Te amo —vuelve a decir ella.

—Yo también te amo, Matsuri —respondo con total sinceridad, acercando mis labios a los de ella para poder besarla, sabiendo que ahora no existe ningún peligro que nos amenace, ambos somos libres para estar juntos y disfrutar de esta vida.

Cuando me separo de ella, unos metros más allá, veo algo que me llama la atención, son los sellos que Sasori robó para recuperar su forma perfecta, así que me levantó y me acerco a mirar; por esto es que murió Neji Hyûga.

—Hay muchas instrucciones aquí —murmuro, leyendo atentamente lo que puede hacerse con ese poder—. Sasori lo usó para recuperar su cuerpo como si fuera nuevo, que con los años se volvió inservible.

—Él no envejecía, pero el material con el que estaba hecho sí —dice Matsuri, sentándose a mi lado para echar un vistazo—. Oh, ahí dice que también puede sellar memorias... Gaara, ¿no será que las nuestras fueron selladas con esto?

¿Sellar memorias? Me quedo pensando en eso por un segundo, para luego mirar a Matsuri. La imagen de mis hermanos y mis padres aterrados viene hacia mí mente, el sufrimiento por el que ha pasado Matsuri desde que nos encontramos, toda esta pesadilla.

—¿Acaso debería...? —no termino mi frase, cuando siento la mano de Matsuri sobre la mía, la miro y ella niega con la cabeza.

—Ni siquiera lo pienses, Gaara —dice con seriedad—. No vas a sellar nuestras memorias, no lo voy a permitir.

Me levanto de golpe, con el ceño fruncido, ella no entiende que yo sólo estoy pensando en su bienestar.

—Pero Matsuri — digo en tono de reclamo—. ¿No te das cuenta? Si olvidamos todo esto, nosotros... podremos tener una vida normal, no más recuerdos de otra vida, ni chakra, ninjas o sufrimiento, nada de eso...

Ahora es ella quién acuna mi rostro entre sus manos, aunque tiene que alzarse un poco para alcanzar mi altura y poder juntar su frente contra la mía.

—Para mí no vale la pena una vida normal en donde no sepa quién eres, Gaara —dice, dejándome helado—. No sólo tú y yo, creo que todos tienen derecho a decidir sobre lo que quieren recordar o no, yo quiero estar a tu lado, no quiero volver a olvidarme de ti nunca.

—Matsuri... —mi cuerpo se relaja ante la suave caricia que me produce su aliento tan cerca de mí. Es verdad, yo tampoco quiero olvidarla, ni quiero que ella me olvide, no quiero.

—Además, Gaara —ella vuelve a hablar, dibujando una pequeña sonrisa—. Tú y yo tenemos que encontrar a nuestro hijo, Shinki —toma mi mano y entrelaza nuestros dedos, haciéndome soltar el pergamino que cae sobre la arena de la playa—. Aika llegará, pero Shinki nos espera.

—Lo sé, lo encontraremos —le respondo, rodeando su cintura con mis brazos.

El sol comienza a ponerse y el cielo se vuelve rojo y, mientras la brisa suave mece nuestro cabello en una misma dirección, nuestros labios permanecen unidos nuevamente.

...

Heeeey, hemos llegado al fin de esta historia TT no se olviden pasar a leer la parte 10 de GSMatsuri por si algo acá no les quedó claro, lo van a entender allá, jajaja.

Sinceramente, esto fue súper difícil de escribir, soy malísima en hacer escenas de acción y me costó un montón, pero quién me manda a hacer un fic que incluya estas escenas, JAJAJA. De todas formas, lo amé, fue súper entretenido y me divertí un montón comentando con GSMatsuri qué era lo siguiente que haríamos, tanto así, que decidimos no terminar aquí.

¡Esta historia continúa! Y sabrán qué pasará mañana cuando subamos el epílogo, por cierto, que tengan todos una feliz noche buena :3