Capítulo 8

«Su amor fue la esencia de la pasión y como el árbol por un rayo incendiado, con una llama eterna inflamó su corazón, que por último terminó estallando».

LORD BYRON, Las peregrinaciones de Childe Harold

No le quedaba otro camino que el de la honradez. Sakura sabía que tendría que rechazar a Itachi, por muy difícil que le resultara. También sabía que no podría traicionarlo, era demasiado digno y bueno. Debía contarle toda la horrible verdad antes de que hiciera la pregunta. Y entonces ya no la querría. Se sentiría asqueado y avergonzado. Odiaba hacerle eso, pero no tenía otra salida.

La vida era muy injusta. Al final, no resultaba en absoluto como se la imaginó cuando era una niña inocente, cuando soñaba con cuentos de hadas. Entonces creía que un caballero de brillante armadura, capaz de enfrentarse a dragones y enemigos terribles, la mantendría a salvo. «Bueno, es cierto que lord Shimura bien podría interpretar el papel de dragón...», se dijo. En las ensoñaciones infantiles, el caballero se casaba con ella y la llevaba a su castillo, donde la amaba durante el resto de su vida.

Se dirigió hacia la biblioteca con el corazón en un puño, segura de adivinar lo que el honorable señor Itachi Uchiha iba a preguntarle; y también sabía lo que debía responderle.

Entró en silencio en la biblioteca y se encontró a Itachi paseándose de un lado para otro, lleno de impaciencia. Lo vio mirar el reloj; las agujas estaban cada vez más cerca de la medianoche. Al oír el clic del picaporte de la puerta al cerrarse, el hombre se giró bruscamente.

El corazón le dio un vuelco a Sakura al toparse con su mirada. Los ojos negros del caballero se clavaron en los suyos y se suavizaron. Itachi no se había cambiado de ropa, estaba despeinado, como si se hubiera pasado la mano por el pelo una y otra vez, meditando desesperadamente. Algunos mechones oscuros habían caído sobre su frente. Tenía los labios apretados y destacaban entre la barba incipiente que los rodeaba. Eran los mismos que le habían besado la frente y las palmas de las manos.

«¡Qué guapo eres, Itachi Uchiha!».

Él se mantuvo sereno durante un momento, recorriéndola de pies a cabeza con la mirada, antes de fijar los ojos en su cara. Ella se había soltado el pelo, pero se lo había recogido en una trenza antes de ponerse una bata de brocado azul marino sobre un camisón de encaje.

Sospechó que al despeinado galán le gustaba lo que veía, porque tragó saliva antes de hablar.

—Gracias por reunirte conmigo, Sakura. ¿Me harías el favor de sentarte? —Le señaló una silla.

Al verlo tragar y ser consciente de la admiración que leía en sus ojos, sintió todavía más pesar por lo que debía decir. Se sentó y lo miró a la cara.

—Señor Uchiha... —Empezó casi en susurros. Quería que siguiera admirándola, pero sabía que no sería así una vez que ella le explicara por qué no podía aceptar su oferta de matrimonio.

Él se aclaró la voz y le quitó la palabra.

—Hoy me has dicho que tu padre quiere verte casada. Confieso que ya conocía sus intenciones, tu hermano me puso al tanto cuando me lo encontré en Londres. La idea me intrigó. Hace años que siento una profunda admiración por ti, pero eras demasiado joven y no estaba todavía dispuesto a sentar cabeza. Sin embargo, ahora mis aspiraciones han cambiado. —Su voz vaciló mientras volvía a recorrerla con la vista.

Sakura lo miró. Todavía seguía de pie ante ella, tan fuerte y alto que pensó que era el hombre más apuesto que hubiera visto nunca. Sintió una dolorosa punzada al recordar que seguramente no volvería a verlo después de esa noche.

Él se sentó frente a ella en una silla.

—Tenía que volver a verte, para aprender más sobre ti. Estar contigo no ha sido precisamente una decepción. Al contrario, ha resultado una experiencia increíble. Sakura, creo que eres perfecta para mí. —Extendió la mano y cogió la de ella—. Fueron mis abuelos los que me criaron, y mi abuelo, sir Homura, me legará el título de baronet cuando fallezca. Está envejeciendo y desea ver su linaje asegurado, así que me ha urgido a casarme y tener un heredero para Hallborough Park, nuestra propiedad en Somerset. Por tanto, como puedes comprobar, yo también tengo necesidad de casarme.

Ella sintió el absurdo deseo de reírse de las vueltas del destino. Itachi quería casarse con objeto de tener un heredero, igual que lord Shimura, pero él no era precisamente como aquel anciano repulsivo. ¿Cómo podían dos hombres querer lo mismo de ella y ser tan diferente su reacción ante ese hecho? La respuesta era muy fácil: uno era bueno y el otro malo. Itachi la veía como una persona mientras que Shimura la consideraba un objeto que podía usar para sus fines. Itachi representaba bondad y bienestar; Shimura, lascivia y terror.

Él tomó su otra mano, de manera que ahora sostuvo las dos.

—Si pudiera conseguir ese fin contigo, no sería un sacrificio. En absoluto, sería un privilegio. Me sentiría muy honrado de que fueras mi esposa. —Se enderezó en su asiento y tragó saliva—. Sakura, ¿quieres...?

—Itachi —lo interrumpió—. No sigas. —Inclinó la cabeza—. No hagas esa pregunta. —El pesar que impregnaba su voz resultaba lastimoso incluso a sus oídos. Arrancó las manos de las de él.

Itachi se resistió durante un instante antes de dejarlas ir.

—¿Por qué?

—No puedo casarme contigo porque no soy adecuada para ser la esposa de ningún hombre —susurró, rezando para ser capaz de relatar el resto de la historia cuando él se lo exigiera.

—¿Por lo que ha ocurrido hoy con Shimura? Eso no me importa nada, además lo detuve antes de que él... pudiera hacerte daño. —Él le acarició la mejilla con los nudillos—. Nadie te hará daño nunca. Yo te protegeré de...

La puerta se abrió de golpe y los dos giraron la cabeza hacia allí para ver al padre de Sakura atravesar la estancia a grandes zancadas.

—¿Qué significa esto? ¡Uchiha! ¿Qué hace un joven como tú... perdiendo el tiempo con mi hija en la oscuridad de la noche? ¡Cómo te atreves! —Su padre lanzó una mirada furibunda a Itachi, pero ella pudo detectar una leve expresión de triunfo en sus ojos.

Itachi se levantó e hizo una reverencia, conteniéndose como deferencia a la edad de su padre.

—Mis disculpas, señor Haruno, pero le aseguro que mis intenciones con respecto a su hija son honorables.

—Menos mal, Uchiha, porque la has comprometido y solo aceptaré una oferta por ella.

—Algo que estoy muy dispuesto a hacer. De hecho, me he reunido esta noche aquí con la señorita Haruno para preguntárselo a ella directamente. Luego pensaba hablar con usted. —Itachi se giró, sonriente, y le tendió la mano.

A ella se le empañó la vista con las lágrimas. Agitó la cabeza y miró con ansiedad al hombre que quería, pero que jamás podría tener. No estaba escrito en su destino. El azar había intervenido y exigido su pago.

—No puedo casarme con usted, señor Uchiha. Es imposible. —En presencia de su padre, volvió a utilizar un trato formal.

—¿Por qué? —preguntó él, perplejo ante su negativa, mirándola con el ceño fruncido.

¡Oh, Dios! Le dolía el corazón. Aquel debía de ser el sufrimiento más intenso que había en la vida.

—Se lo he dicho antes, no soy adecuada...

—¡Sakura! ¡Controla esa lengua, joven! —advirtió amenazadoramente su progenitor.

—¡Papá! No pienso engañarle. No lo haré. A él, no. —Se sentía más angustiada a cada minuto que pasaba. Tenía la impresión de que había abandonado su cuerpo y en la distancia se menospreciaba a sí misma, mientras pronunciaba las horribles palabras que echarían a perder la oportunidad de tener una vida feliz.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué me rechazas, Sakura? —La voz de Itachi sonaba ahora diferente, la duda había penetrado en su corazón.

—Soy..., soy yo...

—¡Maldita sea, cállate ya! —explotó su padre, con el rostro encendido por la ira.

—¡No, papá! ¡No puedo! Él merece saber lo que supondría casarse conmigo. —Se enfrentó a su padre con valentía, sabiendo que pagaría más tarde por aquel desafío.

Itachi parecía ahora realmente preocupado.

—¿Qué supondría, Sakura? —Lo vio tragar saliva, haciendo que la nuez oscilara en su garganta.

Lo miró a los ojos y respiró hondo.

—Apenas puedo mirarlo y decir las palabras. Tan grande es mi vergüenza... Merece algo mejor que yo. Mucho mejor.

—¿Qué supondría que me casara contigo, Sakura? —Repitió la pregunta, ahora con voz agudamente dolorida.

Ella tragó de nuevo.

—Que tendría una novia, una mujer arruinada —dijo con rapidez, antes de perder el valor—. Una novia que ya no es casta y pura... Incapaz... Incapaz de soportar el acto carnal... De cumplir con su deber matrimonial. No puedo hacerlo. Como le dije antes, no soy adecuada, he sido deshonrada.

Ella vio que la ira brillaba en los ojos de Itachi y que hacía una mueca de desagrado al comprender las implicaciones de tan espantosa confesión. Sintió la necesidad de abrir la boca en un mudo grito; el dolor que padecía no era comparable a nada, pero no podía hacer otra cosa. Su corazón se estremeció, oprimido, como si estuviera fuera de su sitio.

Se le ocurrió la enloquecida idea de arrojarse a sus pies y rogarle que se casara con ella de todas maneras. A pesar de la gravedad de sus revelaciones, se aferró por un segundo a esa posibilidad, pero enseguida la descartó, era solamente una reacción de pánico; jamás podría hacerle eso a Itachi. Él se merecía una verdadera esposa, una mujer que pudiera darle los herederos que necesitaba.

Aquello dolía. Dolía mucho. La angustia la aterró: era demasiado intensa; pero tanto dolor debía de significar que era un sacrificio digno, que hacía lo correcto. Sí, así tenía que ser; sacrificaría su felicidad para asegurar la de él. Haber perdido a Itachi Uchiha supondría siempre un hondo pesar, pero sabía en lo más profundo de su corazón que, esa noche, había hecho lo correcto al dejarlo marchar.