Holaaaaa c: Por fin llegó la charla... del regalo para nuestra Moroha. Se las dejo aquí, y realmente espero que les guste. Lo hice con mucho amor, espero que eso se note n.n
El próximo capítulo contará con los meses ocho y nueve ¡ :O ! ya estamos ahí nomás del nacimiento de la nena más hermosa de todas.
Quiero agradecer el ENORME APOYO que tengo en esta historia en general, en cada capítulo, a la gente fiel que siempre viene a dejar su review... LOS AMOOOOOOOO. Me hacen muy feliz y son mi principal motivo para seguir escribiendo esto :') Muchas gracias, en serio.
Los dejo con el capítulo uwu
Siete: el regalo
Después de acomodar y reubicar algunas cosas en la cabaña, se topó con un pequeño cofre de madera al cual aún no le había encontrado su lugar. No recordaba qué había guardado ahí dentro, así que la curiosidad se instaló en sus ojos dorados al instante. Con delicadeza, lo abrió. Sus orbes engrandecieron al encontrarse con el pequeño recuerdo de su mamá, Izayoi. Un precioso labial que quedó en su poder desde pequeño. Su corazón se estremeció un poco al verlo, incapaz de evitar que los recuerdos se reprodujeran en su mente. Luego, dirigió su vista hacia su amada esposa, la sacerdotisa Kagome, quien se ocupaba de la cena con una dulce sonrisa en su rostro mientras tarareaba una canción. Observó con detenimiento su gran embarazo de siete meses, y no pudo reprimir una cálida expresión en su semblante. Llegó a pensar en que desearía poder contarle a su mamá que encontró el amor de su vida y que ahora él iba a ser padre junto a ella. Imaginó lo feliz que se pondría, ya que ella había sufrido mucho por el desprecio y la soledad por la que él tuvo que transitar desde pequeño. Deseaba decirle que ahora sí era feliz, y que sanó su corazón gracias a Kagome. Pero, lastimosamente, no iba a poder. De todas formas, intentaba pensar que, de alguna manera, ella ya lo sabía. Entonces, tomó el labial y lo guardó con él. Internamente, ya sabía qué hacer con eso.
-.-.-.-
Otra armoniosa mañana se levantaba en el Sengoku. La suave brisa que acariciaba los árboles y los nuevos rayos de sol que iluminaban cada centímetro del paisaje hacían una perfecta combinación. Debajo de uno de estos árboles, se encontraba una sacerdotisa de cabello azabache. Estaba de pie, apoyada sobre el gran tronco, y con ambas manos sobre su gran vientre. Ya llevaba siete meses, por lo que el pequeño o la pequeña ya se hacía notar demasiado. Aunque un poco holgada, su vestimenta de miko no era suficiente para ocultar esa curva. Pero eso la hacía extremadamente feliz porque podía tomarla entre sus manos y acariciarla cuanto quisiera. Y eso era justamente lo que estaba haciendo en ese momento. Mientras cantaba en voz baja una canción de cuna que le enseñó su mamá, sus manos viajaban por esa gran curvatura, de arriba hacia abajo, de manera suave. Esta acción le transmitía mucha paz, y aprovechaba siempre que estaba sola o, mejor dicho, los escasos momentos de soledad que lograba tener, ya que el futuro padre siempre estaba cerca.
Falta poco para conocerte… Me pregunto cómo serás…
Tras unos minutos, la figura de un hanyou de cabello plateado comenzó a hacerse notar desde lejos. Unos cuantos pasos, y ya se encontraba la pareja reunida. La azabache le dio la bienvenida con su habitual cálida sonrisa.
–Lo siento, me tardé un poco. ¿Vamos?
–Claro, te estábamos esperando.
El plural siempre le arrebataba una pequeña sonrisa escondida al peli-plata. Acto seguido, rodeó los hombros de la joven con su brazo y comenzaron a caminar.
Al llegar al Árbol Sagrado, el medio-demonio ayudó a la sacerdotisa a sentarse a los pies del mismo. En su avanzado estado, le era algo difícil inclinarse o arrodillarse por sí sola, así que él siempre la ayudaba para luego sentarse a su lado y hacer que ella repose su cabeza contra su pecho y su espalda contra su torso. Ya acomodados, Inuyasha suspiró.
–Si pudiera cargarte, habríamos llegado mucho más rápido.
Si bien él podía llevarla en sus brazos, prefería no hacerlo. Un solo movimiento en falso, y no se lo perdonaría jamás. El embarazo de Kagome ya era demasiado sobresaliente como para tomar ese tipo de riesgos.
–Lo sé, extraño viajar en tu espalda. – anheló la joven, cerrando sus ojos.
–Pronto podré volver a hacerlo. – añadió el hanyou, haciendo referencia al poco tiempo que quedaba para conocer a su bebé. No pretendía sonar ansioso, pero era inevitable.
Podían estar así, sin decir palabra, simplemente disfrutando de la brisa matutina, por un buen tiempo. Los silencios no eran incómodos, más bien, pacíficos. La pareja en la dulce espera siempre se tomaba esos momentos de paz en la colina o, como en este caso, bajo el Árbol Sagrado. Pero justo en esta ocasión, las ansias de la joven no la dejaban permanecer callada. Deseaba compartir todos sus pensamientos y anhelos con su esposo.
–¿Tú cómo crees que será? ¿Como tú, como yo? – preguntó la sacerdotisa, dirigiendo su vista hacia la gran curva de su abdomen, sin dejar de depositar esas suaves caricias.
Se produjo un silencio corto.
–No lo sé. – respondió el híbrido. –Quisiera… que fuera como tú. – admitió, y sus mejillas automáticamente fueron conquistadas por un rojo potente.
–¿Como yo? Pero si no tengo nada especial. – bromeó y rió con ganas.
–Qué dices… – susurró molesto, roleando sus ojos hacia arriba. Las cosas que le hacía decir… ¿Cómo que nada especial? ¿No sabía ella que era hermosa? ¿Que sus dulces ojos chocolate eran los más preciosos que había visto? ¿Que su largo cabello ondulado y oscuro hacían juego con esa perlada y suave piel? ¿Cómo que nada especial?
–Yo quisiera que fuera como tú… – dijo la miko. –Con ese hermoso cabello plateado, y tus ojos dorados… ¡Y tus orejitas! – se volteó un poco para poder tocarlas mientras sonreía. Inuyasha no la detuvo, pero su semblante era una mezcla entre molestia y el color rojo. Se sentía halagado, pero a la vez recordaba cómo esas mismas características fueron las que le propiciaron una vida dura y solitaria. Ya había dejado claro que no quería la misma vida para su hijo o hija, pero Kagome ya le había explicado y asegurado que eso no ocurriría. Y que ella ahora deseara que su bebé se viera como él hacía que su corazón latiera tan fuerte que pareciera que iba a salírsele del pecho.
La joven de ojos chocolate se volvió a acurrucar un poco más en el pecho de su amado.
–Sea como sea, será nuestro bebé y lo amaremos mucho… – añadió la azabache.
Por supuesto que sí, después de todo, era la unión de los dos. Para ellos, eso ya era algo perfecto.
–Y tú, ¿qué crees que sea? ¿Niño o niña?
–No lo sé… en mi época ya podríamos saber eso. – la miko lanzó el dato, llenando de curiosidad los ojos de oro del híbrido.
–¿En serio? ¿Cómo? ¿Antes de que nazca? – inquirió confundido.
–Sí, exacto. – respondió. –Existen las ecografías. A través de eso, un médico puede ver al bebé aún dentro de su mamá. A partir de ciertos meses, ya puede decirnos qué será. – explicó con dulzura. Sin dudas, el embarazo que estaba viviendo no era como alguna vez imaginó que sería antes de conocer a Inuyasha. Sin ecografías, hospitales… Por un lado, pensaba en que le hubiera gustado vivir eso con su hanyou. Escuchar los latidos del bebé antes de tenerlo en brazos, saber su sexo ya, verlo en aquel monitor. Pero, por el otro, amaba lo simple que eran las cosas en esta época. Además, el misterio de no saber si sería niño o niña y tener en cuenta que se iba a enterar de eso en el mismísimo nacimiento traía consigo un sentimiento diferente. No cambiaría nada de su vida en estos momentos, eso tenía seguro.
–Wow…
Ese dato dejó el hanyou bastante pensativo y desconcertado. ¿Algo así era posible? Le era increíble. Y se encontró a sí mismo, de un segundo a otro, imaginando las distintas posibilidades. Primero, pensó en un niño, así como Kagome había descrito hacía unos minutos. Imaginó cómo sería con él, las cosas que podría enseñarle, el entrenamiento que harían juntos. Pero luego, pensó en una niña, y fue allí cuando su corazón dio un pequeño vuelco. La imaginó como Kagome, con sus brillosos y expresivos ojos, y su exacto color de cabello. La veía risueña, amable como ella, y en cómo deseaba protegerla de todo. Que seguramente sería la niña de papá, que le cumpliría todos sus caprichos para no verla llorar nunca. Entonces, llevó su mano hacia un pequeño lugar de su hakama donde estaba escondido algo. Lo tocó, y lo supo. Su mente pudo volver a la realidad.
–Bueno, y si es niña… ¿Qué opinas de que le demos esto? – tras decir esas palabras, metió su mano entre sus vestiduras para sacar el pequeño y delicado labial de su madre que había encontrado hace unos días. Los ojos chocolate de la sacerdotisa se abrieron en señal de sorpresa.
–Es… el recuerdo de tu madre.
–Sí, yo… – comenzó a sentirse un poco nervioso. –Pensé en que sería buena idea dárselo. – comenzó a explicar. –Pensé en lo mucho que me gustaría que mi madre supiera que ahora voy a ser padre y que pude formar una familia, que soy feliz contigo… – mientras el hanyou hablaba, su esposa no salía de su asombro.
–No podrá conocerla, pero… tendrá algo de ella. Eso me reconforta. Creo que… sería un buen regalo. – terminó su explicación, pero los nervios seguían allí. No sabía qué podría decir Kagome al respecto.
La susodicha no tardó mucho tiempo en reaccionar. El medio-demonio pudo notar las lágrimas repentinas acumulándose en las cuencas de sus ojos chocolate. Se asustó un poco, aunque no tanto como antes, ya se había acostumbrado a verla llorar por la cosa más insignificante en todo el embarazo.
–Inuyasha… – sollozó. –Me parece… un hermoso regalo. – pronunció con voz quebrada. –Sé lo importante que fue tu madre para ti. Nuestra pequeña lo amará, estoy segura. – tomó el labial entre sus manos y lo abrió. Millones de momentos imaginados pasaron por su mente en un segundo. No sabían si sería una niña, pero en ese momento deseó que lo fuera. Cerró sus ojos, provocando que las lágrimas cayeran por sus mejillas. Anhelaba verla usándolo, imaginando lo hermoso que lo luciría.
Esbozó una dulce sonrisa mientras lo cerraba.
–No puedo esperar a dárselo. – sollozó, ahora entre risas y limpiando sus lágrimas con sus puños.
El hanyou la rodeó con sus brazos y apoyó su cabeza sobre la de ella.
–Pronto lo haremos… – murmuró, cerrando sus ojos, inhalando tanto el aroma de su esposa como el de su futuro bebé. Indudablemente, iba a extrañar sentir esa combinación de olores. Poco faltaba para que ese olor ya pudiera sentirse por sí solo y no unido al de su madre.
–Estamos muy ansiosos por conocerte… ¿verdad? – pronunció Kagome con calidez, acariciando su vientre y dirigiendo su vista hacia su esposo tras la pregunta. Inuyasha no tardó mucho en colocar su mano allí también y unirse a las caricias.
–Sí, muy ansiosos… – contestó en voz baja y serena, sonriendo sutilmente.
Ellos pensaban en un regalo para su bebé, porque ese bebé era un regalo para ellos.
:3 ¿Qué tal? ¿Les gustó? Déjenme sus opiniones con sus reviews :3 Y estén atentos al episodio de este sábado que se viene con todooooo. Yo no doy más de las ansias que tengo de verrrr, mi Inukag precioso, y el SesshRin confirmado, OH MY GOD.
Aish, Inu... Kag... si supieran lo bella que se ve Moroha con ese labial y que le da unos poderes espectaculares y unos preciosos ojos dorados T_T
Espero que hayan disfrutado este capítulo, y recuerden, los amo c:
Respondiendo a usuarios no registrados:
Anyeli: ¡Muchas gracias! Me alegra que te guste esta historia c: Gracias por tu review uwu
Ara: ¿Fanfic favorito? :0 OMGGG :') Lloro :') ¡MUCHAS GRACIAS! En serio :')
Manu: ¡Hola! c: Muchas gracias por tu review n.n Voy a ver qué tengo en mente para las historias que me dijiste jajaja insisto en que la del collar suena muy bien. Y en cuanto a Ranma 1/2, sí la vi n.n A mí me gustó mucho, aunque no me volví fan. Akane tiene ese tipo de personalidad dura pero tiene escenas muy bonitas con él, así que a mí la pareja me gustó mucho :') Por cierto, podrías volver a intentar crearte la cuenta! Y así poder escribir (: ¡Animos!
Tereyasha Mooz: ¡Preciosaaaa! Qué alegría verte siempre por aquí :') Muchísimas gracias a ti por leer, me hace feliz que te haya gustado el capítulo :') Saluditos!
Cami: Ay siiii jajajaja yo me moriría, amo el chocolate, el helado, las gaseosas... nada que haya en el Sengoku, un martirio para mí :'c Pero bueno, Inuyasha fue un dulce c: Muchas gracias por tu review :') Ya falta poquito para Moroha! n.n
Angie: ANGIEEEEEEE PRECIOSAAAAAAA! :'D Ay gracias por venir a dejar un review :') Lloro :') Me hace muy feliz que te guste! En serio, gracias gracias, eres un amor uwu
Con amor, Iseul.
