El Ruiseñor
Capitulo 7: No.
Rukia soltó una carcajada por lo que había dicho Ichigo. Simplemente era ridículo que le estuviera pidiendo eso a cambio de decirle lo que había pasado cuando la salvó de Kaien. Varios de los invitados que estaban cerca voltearon a ver el origen de la risa pero ella los ignoró y no se disculpó sino que siguió riendo despacio ante la mirada confusa de Ichigo.
— ¿El príncipe de Avanta te propone matrimonio y lo único que haces es reírte?
Preguntó Ichigo con cierto tono dolido en la voz. No dejaba de mirarla mientras ella seguía riendo cada vez más quedito hasta que se calmó y bebió del vino que les habían servido.
— ¿Es en serio? — Preguntó cuando vio que Ichigo no se reía con ella. El hombre asintió de forma lenta. — ¿Estás loco? Que nadie te oiga decir eso, te pueden matar y a mí también y créeme cuando te digo que valoro mi vida. — Aquello sí la había tomado por sorpresa. Debía de estar loco. Seguramente el vino se le había subido.
— Tu familia ya no tiene es estigma de traidores y hasta donde sé, tú eres de una familia noble tan ancestral como la mía. ¿Cuál es el problema? ¿O es que quieres llegar a ser reina?
Soltó aquello con un dejo de molesta e ira porque aquella idea lo había molestado en cuanto la pensó. Rukia se levantó hirviendo de enojo y le dio una cachetada tan fuerte que Ichigo giró la cabeza por el golpe.
— ¡Idiota! — Le gritó y se fue de ahí.
Los guardias, que habían visto eso porque estaban cuidando la periferia, estaban a punto de ir tras ella pero Ichigo hizo un ademán para detenerlos. Los guardias miraron aquello y se quedaron sorprendidos, muchos habían perdido la mano por un acto así.
— Déjenla. — Los calló para que dejaran de protestar y luego volteó a ver a los presentes que parecía que habían contenido la respiración ante eso. Ese grito y el golpe fue algo que no pasó desapercibido para nadie. — No se preocupen. Que siga la cena.
Se levantó de su asiento y con disimulo se encaminó hacia el castillo. La cara de ardía por el golpe y la vergüenza pero tenía la suerte de que sus padres se hubiesen retirado cuando terminó el sacrificio. Tenía la intención de alcanzar a Rukia para pedirle una disculpa pero Kaien le cerró el paso dentro del castillo. Tenía esa desagradable sonrisa de superioridad en el rostro cuando lo hizo. Esa clase de sonrisa que dan ganas de arrancársela de un puñetazo.
— Hermanito, ¿Cuándo vas a aprender que a Rukia se le debe de tratar con mano firme? — Soltó con ese aire de saber todo lo que se debe de saber de Rukia. Asqueroso.
— ¿Ah sí? La última vez que la trataste con "mano firme" casi muere. — Dijo con enojo en la voz. Ambos tenían muy claro ese momento pero Kaien solo rió por aquello como si solo hubiese sido un juego. Ichigo no descartaba aquello, que Kaien lo hubiese visto como una especie de juego sádico, y eso lo hacía enojar una vez más.
— Se lo merecía. — Se encogió de hombros sin darle importancia a lo que había dicho. — Estaba espiando donde no debía. ¿Yo la mandé a seguirme? No. Ella sola se metió y yo tuve que…
— No se te ocurra terminar esa frase, Kaien. — La mano de Ichigo llegó tan rápido a su cintura buscando la empuñadura de su espada pero no la encontró. Había olvidado que ese día no se portaban armas. Kaien se había dado cuenta pero solo miraba a su hermano con aquella sonrisa de superioridad en los labios. — Te juro que si la terminas yo…
— ¿Tú? — La mano de Kaien se dirigió al cuello de Ichigo y lo apretó con fuerza. Ichigo era capaz de soltarse el agarre y reducirlo hasta el piso pero no lo hizo. No debía de enfadar a las Deidades. — Tú, pequeño hermano, no harás nada. Es más, te enseñaré cómo es que Rukia debe ser tratada. Para mañana ella ya estará de nuevo a mis pies…
— ¿Cómo cuando llegó a Avanta? — Preguntó con un poco de dificultad pero eso no impidió que el sarcasmo saliera con cada palabra. Kaien había estado apretando el agarre poco a poco mientras hablaba. Aquello hizo sonreír a Kaien y apretar más el agarre. — Lo dudo.
Ichigo no sonrió, estaba más preocupado pensando cómo explicar por qué su hermano tenía golpes en su real cara si no lo soltaba pronto. Kaien lo soltó con un gesto de superioridad, como quien ha tocado algo desagradable, y se alejó de él. Esperaba ver a su hermano menor tallarse el cuello pero Ichigo no lo hizo, eso lo molestaba más. Ichigo se le revelaba y no pretendía tolerarlo.
— Mañana después del desayuno se irán todo los invitados y ella también. Espero una disculpa tuya cuando la veas de mi brazo lista para quedarse en el castillo de una manera indefinida. Es más, iré a verla ahora.
— No te atrevas…
— ¿Quién me va a detener? ¿Tú? No olvides tu lugar… tampoco olvides que tienes un hijo y si valoras su vida, te quedas aquí.
Kaien tenía esa mirada de sadismo que podía helarle la sangre a cualquiera. Ichigo no se movió de su lugar pero no fue por la mirada que Kaien le dio sino por la amenaza a su hijo. Sabía que estaba buscando una manera de deshacerse del niño. Lo veía como un estorbo en su camino a la corona y era una amenaza que no pretendía tolerar. Eso era algo que Ichigo tenía claro y que su madre le recordó cuando lo recibió con el niño en el castillo.
— Como ordene, su alteza — Ichigo no tuvo más remedio que inclinarse ante él y ver como su hermano se iba por el pasillo hasta perderse de vista.
No le quedó duda de que iría por Rukia y tenía miedo de que le intentara hacer algo pero entre Rukia y su hijo, la vida de su hijo valía más. Valía más que su propia vida y eso Kaien lo sabía, por eso lo amenazaba de esa manera. Se disculpó en silencio con Rukia por no seguir a Kaien hasta su habitación y se dirigió a la habitación de su hijo. No había nada que lo hiciera temblar más que la idea de Kaien haciéndole algo al niño. No sería la primera vez que lo intentase.
Kaien se había quedado parado detrás de un pilar lo suficientemente ancho como para ocultarlo y sonrió al ver que Ichigo se dirigió hacia otro lado. Solo esperaba que le diera un motivo y el niño iba a volar por el acantilado como el águila que los representaba. Se acomodó la ropa y se encaminó hacía el pasillo que llevaba a la habitación que ocupaba Rukia esa noche. La mujer debía de empezar a pedir disculpas por haberse ido tanto tiempo sin su permiso.
El desayuno transcurrió como se esperaba. Todos los invitados del rey comieron en el jardín celebrando de manera oficial el primer día de primavera con las bendiciones de las Deidades. Ichigo notó a Kaien con una sonrisa hablando con Loly pero no vio a Rukia. Cuando cruzó miradas con su hermano supo que algo había pasado y no dejó de imaginarse lo peor ya que Rukia no estaba ahí.
Las ganas de interrogar a su hermano por lo que había pasado en la noche con Rukia no lo dejaban en paz pero no podía acercarse a él. Después del desayuno Kaien estaba en su papel de perfecto príncipe de Avanta despidiendo a los invitados después del desayuno junto con alguien que lo hizo quedarse mudo. Se había ido por un momento a atender algunos asuntos con uno de los soldados y cuando volvió ahí estaba Rukia. Se veía radiante a pesar de llevar uno de los vestidos feos y estaba tomada del brazo de Kaien como él había prometido la noche anterior. ¿Qué demonios estaba pasando?
Eso debió ser la respuesta a la pregunta de la noche anterior. Rukia quería ser reina y el golpe fue porque se vio descubierta. Se tragó el enojo junto con la decepción y puso su mejor cara de príncipe para despedir también a los invitados. Después de todo, él también era un príncipe de Avanta y por mucho que Kaien no lo quisiera, también era un candidato a la corona.
— Su alteza, gracias por permitirme despedir a los invitados con usted. Ahora es tiempo de que yo también parta. Ha sido un festival de primavera maravilloso y tener un baile con usted será algo que atesoraré.
La melodiosa voz de Rukia, en un tono que él nunca había oído, lo hizo voltear a verla en el momento en que un coche tirado por un caballo se detenía frente a ellos. ¿No se iba a quedar? Por un instante no supo que pensar.
— Mi señora de Bosque Oscuro, me gustaría que se quedara por más días. Su compañía me es invaluable.
— Me encantaría pero hay cosas que no pueden esperar en mi hogar. Sus altezas, me despido.
Ichigo se había quedado callado ante lo que había escuchado y no reaccionó a la despedida que le dio Rukia a él ni a sus padres, que aún seguían ahí. La vio subirse ayudada por el pelirrojo que había llegado con ella y también a la niña que la acompañaba. Incluso se quedó ahí, parado, cuando sus padres se retiraron y el coche de la pelinegra había cruzado el portón principal perdiéndose detrás de las puertas.
— ¡Ensillen mi caballo! — Gritó en ese momento. No la iba a dejar ir así. Tenía que saber qué había pasado en la noche que Kaien la había ido a ver. Necesitaba saberlo porque la incertidumbre lo estaba matando.
Los mozos de las cuadras no tardaron en tener el caballo listo. Se montó en este y cuando estaba saliendo de las caballerizas Kaien lo detuvo cerrándole el paso. Ichigo por poco lo atropella con el caballo y tuvo que tirar las riendas del caballo tan fuerte como pudo para no hacerlo. Se miraron fijamente, de esa manera única en la que se miran los enemigos jurados, y Kaien habló con esa expresión de perfección que estaba empezando a odiar.
— Su majestad te llama. Necesita tu consejo. Ahora.
No le dio tiempo para rebatir ni negarse. La decisión entre ir tras Rukia u obedecer a su padre de nuevo se interponía. Apretó con fuerza las riendas del caballo, que se movía inquieto sintiendo las ganas de su jinete por salir de ahí, y desmontó. De nuevo, no había que pensar. Él no podía darse ese lujo de elegir. Las elecciones eran para la gente común y ellos de común no tenían ni el pelo. En el fondo sabía que había usado su única elección en la vida cuando tuvo a su hijo.
— Voy.
Fue lo único que dijo antes de entregar las riendas del caballo al mozo que estaba ahí y seguir a Kaien hasta el castillo donde su padre lo estaba esperando. Caminaron en silencio hasta antes de llegar al pasillo que conducía a la Cúpula.
— ¿Por un instante creíste que te dejaría ir tras ella? — La voz de Kaien sonó triunfante antes de que abrieran la puerta de la cúpula donde se llevaban a cabo las reuniones del consejo. — Sé que quieres saber qué pasó anoche entre nosotros así que te lo diré. Pasó lo que tenía que pasar entre un hombre y una mujer. No sabes cómo había extrañado sus besos.
Dijo eso ultimo antes de abrir las puertas dejando ver a su padre y a los miembros del consejo esperándolos. Lo había hecho a propósito para que no lo golpeara por lo que acababa de decir. Kaien era un bastardo pero sabía cómo jugar. Ichigo juró en silencio que eso se lo pagaría. No sabía cuándo o cómo pero lo haría.
Durante toda la reunión del Consejo su mente se desviaba hacía lo que su hermano había dicho. No dejaba de imaginarse a Kaien y Rukia juntos. En la cama. Se reprendió mentalmente por eso. Él no era nadie para ella y ella no era nadie para él, por más que la quisiera proteger no podía hacerlo si ella sola se aventaba a los brazos de Kaien.
— Ichigo, ¿has escuchado alguna palabra de lo que hemos dicho? — Preguntó su padre haciéndolo salir de sus ideas sobre su hermano y Rukia.
No se había dado cuenta en qué momento había apretado el puño estrujando el papel que le habían dado al llegar. Bajó la mirada apenado porque no había escuchado ni una sola palabra. Su padre frunció el ceño y volteó a ver a Kaien haciéndole una seña para que hablara.
— Partiremos en una campaña en contra de Gardelia.
— ¿Qué? Pero… padre… Su majestad… ¿El norte?
Aquello había dejado sin palabras a Ichigo ¿Cómo había pasado por alto que de eso se trataba la junta? Se reprendió mentalmente por eso y por ser un idiota, seguramente Kaien lo había planeado así. Atacar Gardelia no tenía sentido pero era algo en lo que Kaien había estado insistiendo. Gardelia era un reino pacifico, no tenían una gran armada y no había lugar alguno a donde extenderse porque colindaban con el desierto y con el mar.
El Desierto Rojo estaba en el norte y era un páramo estéril en lo que no crecía nada. Solo vivían ahí los nómadas de la arena y los que servían en el templo. Sabía que más allá del desierto había más reinos pero esa mancha seca y caliente evitaba guerras. Los caballos no sobrevivían tanto tiempo así.
— El Norte. — Confirmó su padre.
— Ellos no nos han hecho nada. No son una amenaza para Avanta.
— Y no esperaremos a que lo sean para hacer algo. He tenido informes de que están preparando una armada. ¿Para qué quieren una armada? Nos hemos expandido. Protegemos nuestras tierras y añadimos nuevas. No permitiré que alguien nos arrebate lo nuestro. El verdadero poder está en lograr mantenerlo.
Ichigo no podía creer lo que su padre decía pero sabía que tenía razón. Durante años habían evitado ver hacia el norte pero no podían seguir así. En el fondo sabía que eventualmente la espada de su padre se dirigiría a ese reino. Se recuperó de ese impacto y se levantó de su lugar para ver el mapa extendido sobre la mesa. Él sería el comandante y debía de comportarse como tal.
— Gardelia no es un reino bélico, están más preocupados por conseguir comida que por armar un ejército sin embargo no podemos desacreditar el informe sobre la armada que están reuniendo. Sugiero un ataque directo. Tienen salida al mar pero no podemos darle la vuelta al continente, perderíamos al factor sorpresa. Tienen el Desierto Rojo por otro lado, no tendrán ayuda de ahí y Vayalat… No sé qué tan neutral se van a mantener ellos.
Comenzó explicando todas las posibilidades de ataque y defensa. Tenía que pensar por dos y era bueno haciendo eso. Su padre asentía a lo que decía y los concejales estaban, como siempre, con esa mirada de aprobación cuando él daba algún discurso concerniente a la guerra.
— Se mantendrán neutrales. Vayalat no se moverá en nuestra contra.
Ichigo asintió y regresó a su lugar mientras esperaba que alguien más rebatiera lo que él acaba de decir. Era primavera y era la mejor época para atacar.
— Las guerras nunca son fáciles pero esta vez me atrevo a decir que la victoria será nuestra. Preparen todo, Gardelia caerá antes del verano.
Prometió su padre con una sonrisa y todos los hombres celebraron por aquella promesa de victoria. Ichigo dejó de pensar en Rukia. Ella ya se había ido y mientras más lejos estuviera de Avanta, mejor. Partirían en cuanto los preparativos estuvieran listos.
─ • ─
Bosque Oscuro no le había parecido más hermoso que aquél día en que regresó de Avanta. Solo de recordar el tacto de Kaien se le erizaba la piel en una sensación tan desagradable que se preguntaba si golpeándose la cabeza lo suficientemente fuerte podría olvidarla. Se sentía sucia solo de recordarlo.
Yuki estaba tan emocionada que no dejaba de hablar de la fiesta, el ritual y que desde la bendición se sentía mejor y más feliz; incluso con suerte. Renji también estaba feliz y emocionado por todo lo que había pasado en Avanta. Rukia se alegraba que al menos ellos la hubiesen pasado bien y se hubiesen divertido.
— Ojalá nos inviten para el festival de invierno. No abrieron el cuarto rojo, los soldados dicen que solo es un rumor. Estoy pensando en unirme a la armada. Con suerte sería caballero. ¿Qué piensas Rukia?
Ella solo lo escuchaba mientras comían en la cocina como lo hacían siempre. El comedor estaba ahí pero Rukia no lo usaba, le recordaba a su familia y era un recuerdo doloroso. La cocina era mejor. Era más pequeño y acogedor.
— Serías un maravilloso soldado. — Respondió con una sonrisa y con sinceridad en sus palabras. — Y como caballero el reino te asigna tierras propias. Es lo que siempre deseaste.
— Cuando vengan reclutando me apuntaré. — Prometió con resolución. Yuki lo felicitó.
Rukia tenía la impresión de que le había seducido demasiado la vida en Avanta y no podía culparlo. Ella también había caído en su encanto una vez y temía volver a caer si seguía más tiempo ahí. Quería decirle algo sobre la mágica Avanta pero no lo hizo. Terminó de comer y se fue a su habitación. Se sentía tan cansada que podría dormir por días. Sabía que podía hacerlo, Bosque Oscuro había sobrevivido años sin ella, no se caería en días. El padre de Renji era perfectamente capaz de mantener todo en orden.
Las pesadillas habían vuelto con fuerza pero de nuevo las olvidaba al abrir los ojos. Sabía que tenía pesadillas porque Yuki le decía que gritaba en sueños y que en una ocasión había llorado. Rukia recordaba eso, las lágrimas en sus mejillas al despertar eran prueba de que Yuki decía la verdad. Junto con las pesadillas le había llegado una fiebre que en verdad la había tumbado por días. Yuki la cuidó durante los días que se quedó en su cuarto. Le llevó la comida y cuidó que tuviera lo que necesitaba. También llevó a una médica.
— Se está desintoxicando. — Fue lo que dijo la médica que la fue a ver el día que amaneció con fiebre. — ¿Comió algo en mal estado?
Le hizo varias preguntas a ella y Yuki tratando de averiguar qué había comido pero no había nada extraño ni en mal estado. Solo comieron lo que les deban en el castillo junto con los demás y al llegar a su casa solo lo que la mamá de Renji cocinaba. Todos comían lo mismo. Que se estuviera desintoxicando no tenía sentido.
La médica dejó instrucciones de cuidado y varios jarabes que la ayudarían a curarse junto con la instrucción de que la llamaran si se ponía mal. Lo último que quería era gastar dinero en esas cosas, las médicas cobraban su cuota en oro y ellos lo necesitaban para poder comprar comida y lo que necesitaran para prepararse para el invierno.
Cuando se sintió mejor bajó de su habitación y se encontró al padre de Renji sentado en una de las sillas de comedor. Tenía en sus manos los registros de lo que había y al verla llegar la llamó. Le comentó lo que faltaba y lo que podrían necesitar ese año. Las cosechas que se pretendían hacer y los animales de granja que debían de procurar. El invierno pasado había sido demasiado frío y por poco no salían de el. Su llegada no estaba prevista por los padres de Renji y tuvieron que hacer esfuerzos para llegar a la primavera.
Ella solo asentía a lo que el hombre decía y dejó todo en sus manos. Rukia sabía que el padre de Renji conocía mejor Bosque Oscuro y lo que necesitaba. Sabía que estaba dejando sus responsabilidades de lado y no podía dejar que eso siguiera pasando. Seguir excusándose sobre no saber manejar un señorío y el tiempo que estuvo fuera no iba a hacer que apareciera un cofre con monedas de oro que los ayudara a mejorar sus problemas.
Durante los días que había estado enferma se estuvo cuestionando su existencia. La razón por la cual tenía esas pesadillas que no podía recordar. Lo que había olvidado de Avanta y que no podía recordar. Se preguntaba si las Deidades la estaban castigando por algo. No quería admitir que se sentía pequeña y perdida. Por un momento pensó que Ichigo le ayudaría pero había esperado demasiado de él. Necesitaba ayuda y necesitaba pensar en su futuro.
Antes de que el padre de Renji se fuera lo detuvo con una propuesta muy convincente y conveniente para ambos. El hombre no negó que había estado pensando aquello y Rukia solo asintió al saberlo. Era obvio que lo hubiese estado pensando, si ella no regresaba hubiese sido mejor para ellos, podían haber pedido a Avanta que las tierras se les concedieran. Rukia supuso que por eso Bosque Oscuro funcionaba tan bien sin ella. Le querían demostrar al rey su lealtad. En el fondo, a pesar de que comprendía eso, le dolió. El padre de Renji había sido el castellano de su padre y realmente nunca pensó que el hombre quisiera las tierras para él. Que pequeña e ingenua era.
Renji llegó unos momentos después de que su padre lo mandara a llamar y se quedó confuso al ver que Rukia y su padre estaban sentados en la mesa del comedor. Se sentó en una silla libre esperando a que alguien le dijera que estaba pasando.
— Lady Kuchiki me ha dicho que te quieres unir al ejército del reino y eso me parece muy bien, pero…
Habló el padre de Renji rompiendo el silencio y adjuntando una frase de aprobación antes de que su hijo hiciera una protesta. No le permitiría pensar que estaban en contra de eso. A Renji no le gustó el "pero" que adjuntó su padre al final. Esa palabra núnca presagiaba algo bueno.
— ¿Pero? Supongo que no voy a poder hacerlo. ¿No es así? — Rukia solo podía ver la decepción en su mirada. Se sintió culpable. Él la había seguido hasta más allá de las Tierras de Ocaso y ahora estaba por cortar de nuevo su camino.
— La Señora de Bosque Oscuro ha hecho una propuesta y la he aceptado.
— ¿Una propuesta? — Su padre pocas veces se había referido así a Rukia. Lo hizo estremecer.
— Si. Una propuesta de matrimonio. — Rukia fue la que respondió haciendo que Renji se quedara con la boca abierta. — Estos días y desde que llegué he estado pensando en lo que pasará con Bosque Oscuro cuando muera y no fue difícil llegar a la conclusión de que se designará un nuevo señor por el rey. Eso no sería justo para tu familia. Así que he decidido pedir tu mano en matrimonio. Al momento de casarnos te volverás el señor de Bosque Oscuro y…
— No. No. No. ¡No! — Renji se levantó molesto de la silla mirándolos a ambos con furia en los ojos.
— ¡Si! ¡Te casarás con la señora de Bosque Oscuro! Ella sabe que somos nosotros los que merecemos cuidar la tierra.
— ¡No! Tu sueño fue siempre ser el señor de esta tierra. ¿Te ofreciste a casarte con ella? Espera, no puedes porque mi madre sigue viva y me usas a mí.
— Piensa en tu hermana. — Su padre trataba de hacerlo entrar en razón.
— ¡Piensa tú en mí y en lo que quiero! — Volteó a ver a Rukia después de gritarle a su padre. — Rukia… tú… tú…
Pero no formó ninguna frase coherente y se fue de ahí arrojando las cosas que se encontraba en el camino. El padre de Renji solo miraba a Rukia apenado por la reacción que había tenido.
— Está bien. Cuando se calme hablaré con él. La ceremonia será en verano, cuando las primeras cosechas se den. No será una gran fiesta pero trataremos que sea tan tradicional como lo dictan las Deidades.
El padre de Renji asintió y se levantó también del lugar en donde estaba. Rukia de nuevo lo detuvo antes de que se fuera pidiéndole discreción hasta que Renji haya dado una respuesta favorable. El hombre no se negó a eso y se fue de ahí.
Rukia se quedó pensando en si lo había hecho bien. Era su primera decisión real como señora de Bosque Oscuro, esperaba haberlo hecho bien. Esperaba que su amigo lo entendiera. Esperaba muchas cosas de la vida y no sabía cómo moverse por ella. De nuevo se sintió pequeña y perdida.
•NotitaDeLaAutora: Disfruten el capitulo. Y no, no es broma. ¿Les gusta? Háganmelo saber.
•reesen555: Hi! The only I can to say you is that you have a point but not how you think. You're the reason that I upload the chapter today. I will try to do the chapter more large but I can't promise that. Enjoy you the story.
