La serpiente y el perro.
Hermione se quedó helada, literal y metafóricamente cuando una bola de nieve chocó contra su nuca.
-¡Sirius!- Se quejó. Pero al hombre poco le importo.- Eres cómo un niño.- Masculló quitándose la nieve de su espalda.
-Soy peor.- Bromeó mientras sus ojos brillaban con una vitalidad que la dejaron atónita y maravillada. Hermione le sonrió divertida y lo abrazó con fuerza. Sirius no resultaba tan pueril cómo parecía a simple vista, simplemente era una persona alegre y vital; y eso reconocía que era una de las cosas que le gustaban de él. A pesar de todo por lo que había pasado, y sufrido, seguía sonriendo y eso… Sinceramente; le llegaba al corazón.
Caminaron abrazados todo el camino de vuelta al castillo, paseando tranquilamente dando un gran rodeo, disfrutando del pueblo, del tiempo y de la cita en general. De vez en cuando Sirius comentaba algo gracioso, o gastaba alguna broma que Hermione no podía evitar reír.
Estaba muy a gusto con él, sus nervios hacía tiempo que se habían esfumado. No sentía remordimientos, ni culpabilidad por estar disfrutando de su tiempo con él. Igual que tampoco se arrepentía lo más mínimo de haberlo besado. De hecho… Estaba segura de que lo volvería a hacer en unos segundos, unos minutos, o unas horas, pero lo volvería hacer.
Sirius dio un grito en el aire cuando una gran masa de nieve cayó sobre su cabeza. Miró hacia arriba, no había nada sobre sus cabezas. Un gemido delator a su lado le indicó lo que había pasado. La joven se había separado un poco de él, llevándose las manos a la boca tratando de tapar la sonrisa traviesa y la risilla que pugnaba por salir de su garganta.
-Traidora.- Encaró divertido.- Me has atacado cuando tenía la guardia baja.
-Esto es por lo de antes.- Se burló sacándole la lengua.- Aún tengo la nuca fría.- Le reprochó. Sirius la miró con tanta intensidad que la respiración de Hermione se cortó. Black la agarró por la cintura, la giró rápidamente y la apretó contra uno de los tronco de árbol que flanqueaban el camino. Agachó sus labios a los de ella y la besó. La verdad es que con extremado placer se perdería en aquellos labios para siempre. Hermione sonrió al sentir las cosquillas de la barba. Nunca había besado a un hombre con barba hasta hacía unos minutos, eran tan diferente, y le gustaba tanto… Le daba la sensación de estar con alguien maduro. Agarró a Sirius del cuello, enredando una mano en su pelo y otra cogiéndolo de la nuca para apretarlo contra ella con posesión y un deseo incipiente que jamás había sentido.
De nuevo se separaron, sólo que esta vez el exagerado rubor que cubría las mejillas de Hermione no eran provocadas por el frío.
Siguieron avanzando por el camino hasta llegar al castillo.
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Hermione salió de la chimenea refunfuñando y tratando de quitarse el hollín de sus ropas. Odiaba la red flú por eso.
-¿Y Sirius?- Preguntó Ginny mientras levantaba la vista de una revista de Quidditch que estaba leyendo. ¿Ni un qué tal?, o ¿todo bien? No; ¿Y Sirius? ¿Eso era todo lo que le interesaba a su amiga cotilla?
-¡Ginny!- Le reprochó divertida mientras le tiraba un cojín y se alejaba un poco.- Me voy a la cama, estoy cansada. Te veo mañana...
-Pero…- Protestó. Pero la bruja ya había desaparecido escaleras arriba con una amplia sonrisa.
Llegó a su habitación, se tumbó sobre la cama con la ropa y trató de reprimir un grito de entusiasmo mientras se tapaba la cara con la almohada. Había sido una tarde espectacular. Y para que engañarse, no había sido lo que esperaba.
Sirius tenía una fama, y había esperado que la llevara a sitios caros, a restaurantes lujosos y románticos haciendo un despliegue de sus habilidades seductoras… Pero no había sido así. Suspiró y cogió aire, no había esperado que fuera tan divertido, amable y genuinamente encantador sin buscar nada más. Y eso la confundía un poco, aunque le gustaba Sirius; nunca se había planteado tener nada serio con él. Sus prioridades y las suyas eran muy diferentes… Pero ahora…
Ahora no estaba tan segura de no querer algo con él. Con este Sirius si podía imaginarse algo…
Algo serio y eso…
La asustaba un poco.
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Hermione se levantó el lunes a primera hora. La habitación estaba vacía, igual que había estado el resto del fin de semana. Ginny había desaparecido el domingo por la mañana y a Luna no la había visto en todo el fin de semana. Ella se había dedicado a estudiar en la biblioteca, pasear por los terrenos, visitar a Hagrid y tomarse un té, y leer tranquilamente en algún lugar cerca del lago.
Había sido un buen fin de semana. Un muy buen fin de semana a decir verdad.
Bajó las escaleras y fue a desayunar. Obviamente era muy temprano, por lo que apenas se encontró media docena de personas en el comedor. Agradeció la tranquilidad, y el silencio de la mañana. Se sirvió un plato con tostadas y mermelada de frambuesa mientras abría otro de sus libros.
Acabó rápidamente, recogió sus cosas y se fue al aula auxiliar. Cogió aire y caminó con tranquilidad, aun tenía margen hasta llegar allí.
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Los días de la semana fueron pasando con extraña tranquilidad. Snape estaba siendo de lo más correcto y profesional y eso no sabía si le molestaba o no. Aun tenía un gran conflicto interno con ese hombre.
Había jugado con ella, o ella había dejado que lo hiciera… Aun no lo tenía claro. La cuestión es que Snape le había dicho que no quería nada con ella y se había comportado acorde a ello, y no estaba acostumbrada. Llevaban semanas jugando al perro y al gato a pesar de las constantes negativas del hombre; por lo que el hecho de que se estuviera comportando como realmente había dicho era desconcertante. ¿A caso había esperado que continuaran con esa especie de tira y afloja?
No, no le gustaba que jugara con ella. Pero en el fondo se sentía decepcionada de que no insistiera un poco más. Snape le gustaba… Le gustaba mucho; quizás por eso había esperado que no se rindiera, porque sabía que Severus merecía la pena; sabía que era una hombre que merecía el esfuerzo conocer. El problema era que no podía estar a la espera, tenía que mirar por ella y seguir adelante. Porque una cosa era hacer el esfuerzo de conocerlo si él se dejaba, y otra muy diferente era forzarlo desesperadamente hasta conseguirlo.
Le había pedido que se aclarara y eso había hecho; aunque había esperado otro resultado… Pero eso ya era otro tema. Lo principal era, que cómo había dicho; él se había decidido, aunque no le gustara su decisión.
Sin embargo y aunque no pudiera tener nada sentimental con Severus, estaba empeñada en ser algo más que una simple estudiante ¿quizás una compañera? ¿Una amiga de verdad? Estaba claro que él no tenía esa idea respecto a ellos, y no se lo iba a echar en cara. Pero Hermione no quería perder esa oportunidad, era el mejor ser humano que había tenido el placer de conocer y a estas alturas ya sabía que de una forma u otra no quería que Snape desapareciese de su vida, y se conformaría incluso si sólo lo tenía cómo profesor y luego como conocido.
¿Esa insistencia de querer tenerlo a su lado se debía sólo eso? ¿O se debía a algo más?
-¿Dónde estás Hermione?- Preguntó Ginny sentándose a su lado en el sofá de la sala común.
-Pensando.- Confesó.
-¿Puedo saber en qué?
-Mañana es el cumpleaños del profesor Snape…- Susurró lentamente.
-¿Y eso que quiere decir?
-Había pensado… Estaba pensando…. No sé…- Miró a su amiga y cogió aire.- Quizás en comprarle algo.- Comentó encogiéndose de hombros.
-Creía que entre tú y él no había nada.- Ginny alzó una ceja curiosa.
-Así es, sólo es mi profesor y tutor.- Sentenció.
-¿Y aun así le vas a hacer un regalo por su cumpleaños?
-Sigue siendo mi profesor…- Se excusó.- Es normal darle un detalle en una fecha así.
-¿Le regalas cosas por su cumpleaños a todos los profesores?
Hubo un extraño silencio.
-No.
-Pues a eso me refería.
-Creo que es adecuado.- Dijo Hermione llanamente.
-Adecuado es regalarle una tarjeta o felicitarlo, comprarle un regalo es algo mas…- Ginny la miró y le sonrió suavemente.- Personal…- La castaña se encogió de hombros.
-Lo sé… Pero necesito hacerlo, se lo merece, Ginny.- Insistió.
-Sigues esperando que cambie de idea respecto a vosotros ¿verdad?
-No lo sé… Puede.
Otro silencio largo y extraño.
-Está bien.- Susurró Ginny.- ¿Quieres hacerle un regalo? Nadie te está diciendo que no lo hagas, si quieres regalarle algo, adelante.- Afirmó feliz.- Sólo preguntaba.- Esperó de nuevo.- Entonces… ¿Qué le vas a regalar?
-No lo tengo claro, aunque tengo algo rondando en mi cabeza.
-Luna y yo tenemos la tarde libre. ¿Por qué no vamos a Hogsmeade y miramos algo allí?
-Yo tampoco tengo nada que hacer, el profesor Snape me dijo que me la tomara libre, que tenía encargos que hacer así que…- La miró y sonrió.- Podemos ir.- Confirmó mientras plegaba las piernas en el sofá y se aferraba a ellas mientras volvía a dejar su mente viajar.
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La nieve estaba por todo el pueblo, y aunque el ambiente festivo se había relajado tras las fiestas de Navidad, y sobre todo la gran fiesta de fin de año, aun se apreciaba la alegría y el entusiasmo que había en los habitantes del pueblo.
-Bueno…- Susurró Ginny mientras caminaban por la calle principal de Hogsmeade.- ¿Alguna idea de que regalarle?
-No exactamente.- Suspiró mientras se mordía el labio.
-Yo creo que es fácil.- Canturreó Luna.- ¿Qué le gusta?- Preguntó tranquilamente.
-¿Torturar estudiantes?- Bromeó Ginny. Las tres se echaron a reír, aunque Hermione se quedó pensativa un buen rato.
-Leer, las artes oscuras, el hidromiel, las especias picantes, el invierno…
-Vale.- La interrumpió la pelirroja suavemente.- Hubiera preferido que hubieras dicho lo de la tortura.- Se burló.- Pues no sé… cómprale una botella de hidromiel.
-Demasiado…
-¿Impersonal?- Preguntó Weasley con una ceja alzada.
-Si lo sé, soy su alumna. Pero para eso no le regalo nada…- Se enrocó.
-¿Qué tal un libro?- Propuso Luna.
-Eso podría valer… conozco un sitio aquí en Hogsmeade que podría tener algo interesante.- Murmuró.
-Bien, ahora que ese tema está arreglado…- La joven pelirroja sonrió y miró a su amiga con diversión.
- Espera…- Espetó Hermione tratando de parecer seria, pero no pudo evitar la sonrisa.- ¿Dime que no has venido a mirar el regalo de Snape sólo para poder preguntarme qué tal la cita con Sirius?
-Pues no te lo diré.- Se rió.- Vale, sí; he venido a preguntarte eso, pero no sólo por eso. Realmente no quería que vinieras sola.- Se excusó.- Es que no me has dicho nada en toda la semana.- Se quejó.- Bueno… entonces…
-¿Entonces qué?
-Merlín Hermione, ¿de verdad tengo que preguntarte qué tal te ha ido en la cita con Sirius?- Soltó la pelirroja impaciente. La susodicha agachó la cabeza tratando de ocultar sus mejillas sonrojadas.- ¡Habla!- Apremió divertida.
-Me llevó a una feria medieval en un pueblo de Polonia.
-¿De verdad?
-Si.- Sonrió.- Acabó participando en un concurso de cortar leña, lanzamiento de hacha y beber cerveza.- Comentó mientras trataba de no reírse al recordarlo.
-¿Estamos hablando del mismo Sirius Black?
-El mismo.- Afirmó mientras sonreía.- Luego me llevó a cenar a una taberna…
-No es muy romántico.
-Fue increíble.- Confesó recordando el día.- De verdad Ginny…- Hizo una pausa, miró a su alrededor y se tapó la cara avergonzada pero ocultando una sonrisilla traviesa.- Me besó.
-¿En la mejilla?- Se burló.
-¡No, no en la mejilla!
-¡Por fin!- Gritó Ginny feliz.- Ya era hora, tanta espera me estaba volviendo loca.- Soltó aliviada.- Ahora viene la pregunta del siglo. ¿Qué tal el beso?
-De los mejores de mi vida.- Confesó. Ginny dio un gritito de alegría que se unió al de Luna.
-Y ya has pensado en…- Quiso saber mientras le guiñaba un ojo.- Pasar a la siguiente fase… Ya sabes….
-Ginny, eso no te inte…- Hermione chocó contra algo al girar una esquina de una de las calles.- Disculpe no lo vi… ¿Profesor Snape?- La cara de la joven se puso pálida por la sorpresa, no esperaba verlo ahí. Después, se sonrojó violentamente, cómo un niño cuando es pillado con las manos en la masa. Snape gruñó sin más. Observándolas a todas con algo de curiosidad, pero sobre todo, con un odio y desprecio que no pudo ocultar.
-Es día escolar. ¿No deberían estar estudiando?- Encaró arrastrando las palabras mientras la fulminaba con sus ojos negros. Ginny fue a abrir la boca, pero prefirió no decir nada, Hermione la imitó.
-Hace una bonita tarde profesor.- Dijo Luna risueña.- ¿No le parece?- Preguntó feliz. El hombre miró a Hermione, sólo a ella, con una extraña expresión en su rostro que Hermione ya había visto antes, pero no sabía exactamente en donde ni porque; gruñó irritado y se fue de allí sin decir nada más.
-Eso ha sido incómodo.- Soltó Ginny.
Hermione las miró preocupada, para después seguir la figura oscura y tétrica de Snape mientras se deslizaba por la nieve alejándose de ellas.
Sacándola de su pequeño mundo, arrastraron a la bruja al interior de la librería donde el librero estaba con su aspecto desliñado y sus gafas redondas y sucias tras su mostrador.
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La bruja entró en el aula, dejó sus cosas en su sitio como siempre y no pudo evitar sonreír, estaba un poco nerviosa por darle su regalo. Habían dicho (o él había dicho más bien) que su relación era solo profesor alumno y Ginny le había preguntado lo mismo.
¿Pero podía hacerle un regalo no? Eso no era inapropiado, sólo era un obsequio formal e inocente. O no… Pero ¿Qué tenía de malo darle algo por su cumpleaños?
Justo a las nueve en punto, Severus entró en la sala. Se le veía molesto, mucho más que incluso en la tarde de ayer cuando se lo habían cruzado en Hogsmeade. La cuestión es que no sabía el por qué de su humor. Otro gran misterio de la vida. Lo oyó resoplar y lanzarle una mirada fría y de odio que hacía tiempo que no veía. Eso la hizo fruncir el ceño y coger aire. ¿Qué ocurría?
-Buenos días profesor.- Saludó con educación, aunque sabía que no iba a recibir nada. Esperó unos segundos y efectivamente sólo recibió otra de sus miradas oscuras. Creía que estaban relativamente bien. Es decir, el no quería nada, ella lo había aceptado y en consecuencia habían vuelto a su trato profesor/alumna. No es que eso fuera lo idea, pero estaban relativamente bien y ahora sin embargo… Veía su enfado, su molestia, su ira.- ¿Está bien?- Se atrevió a preguntar.
-¿Bien?- Escupió.- ¿No lo va a negar?- Preguntó de repente Snape mientras la encaraba. Hermione abrió los ojos con sorpresa.
-¿Negar el qué?- Preguntó la bruja sin saber de qué iba el tema y sin saber porque Snape estaba tan furioso.
-¿Tenía que ser con el chucho pulgoso ese?- La encaró escupiendo las palabras con asco y con un profundo rencor. De repente Hermione se dio cuenta de que pasaba, se dio cuenta de que su conversación con Ginny y Luna había sido en la calle y de que Snape había aparecido poco después…
¡Estaba claro que lo había escuchado todo! Merlín…
La bruja se cruzó de brazos. ¿Así que era eso? Cogió aire y lo miró con firmeza, se había cansado de sus juegos. De verdad lo decía, se había cansado. Había tenido la esperanza de que cambiara. Pero si seguía esperando por él, aunque fuera inconscientemente, sólo le haría daño. No… Snape merecía la pena, pero no a costa de sus sentimientos o su bienestar.
-Tenía que ser con quien quisiera; no es cosa suya.- Sentenció con dureza.
-No sabía que se iba besando con cualquiera.
-También me besé con usted, varias veces de hecho. Por si quiere redefinir lo de besar a cualquiera.- Se le enfrentó la bruja con los brazos cruzándose y una determinación firme en su rostro. Estaba serio, y la miraba con un inquietante brillo en los ojos.
-Tiene muy poca decencia Granger.
-A mi decencia no le pasa nada.- Aclaró.- Porque quiero recordarle que entre usted y yo no hay nada. Y cómo no hay nada, soy libre de estar o no estar con quien quiera. Soy libre de tener las citas que quiera y soy libre de besarme con quien quiera y cuando quiera.- Enfatizó especialmente cada palabra, para que lo tuviera bien claro.
-Es un profesor.- Escupió con asco.
-Y usted también lo es, y no pareció importarle mucho cuando me besó.- Recordó.- Todo esto es culpa suya.
-¿Mía? No diga estupideces. ¿Por qué iba a ser culpa mía que decida intercambiar fluidos con el asqueroso del perro pulgoso?
-Si hubiera tenido el valor para afrontar lo que estaba ocurriendo entre nosotros dos…- Hizo una pausa y lo miró.- Fue usted el que dijo que no pasaba nada entre nosotros, y que no pasaría nada porque era muy complicado; pero si hubiera aceptado lo que había entre nosotros, no me habría besado con Sirius y no estaríamos teniendo esta conversación.- Explicó molesta.
-Conversación; yo más bien diría que discusión.
-No se desvíe del tema, puede llamarlo como quiera, pero eso no cambia la situación. – Hizo una breve pausa y se acercó a él enfadada.- ¿Sabe? Los demás no tienen la culpa de que usted sea un cobarde.-
-Mocosa.- Advirtió en tono amenazante.- No se atreva a hablarme así o…
-¿O qué?- Le retó igual de enfadada de que él. Snape se le acercó furioso, pasó un brazo alrededor de su cintura y la alzó hasta colocarla sobre el escritorio. Después la besó con toda la rabia contenida que sentía. Por estúpido y por cobarde. Gruñó contra los labios de la joven agarrándola de la nuca atrayéndolo más hacía él. Besándola con desesperación y rabia. Porque ella tenía razón, la tenía; pero no sabía qué hacer…
Estaba perdido, sólo la quería a ella y no sabía cómo…
Hermione abrió los ojos conmocionada. Se separó de él furiosa y le dio un fuerte empujón que lo apartó contra el escritorio.
-Le dije que si quería estar conmigo me lo dijera, le dije que si no quería estar conmigo me lo dijera también. ¡Me dijo que no teníamos nada!- Gritó enfadada.- Así que deje de jugar conmigo; deje jugar a ahora quiero besarla, ahora no quiero besarla. ¡No es un maldito crío Snape!- Le reprochó furiosa.- No quiero tener que adivinar cuando lo dice en serio y cuando no y mientras tanto se divierte a mi costa. No soy un juguete que pueda usarme cuando le venga en gana.- Le advirtió seria. Levantó la barbilla con orgullo, sus ojos brillaban más de la cuenta, un incómodo dolor en el pecho comenzó a oprimirla hasta dificultarle la respiración. Se acercó a él y le clavó el dedo en pecho.- No vuelva a besarme profesor Snape.- Ordenó. Cogió el regalo que tenía en su mochila y se lo tiró de malos modos encima.- Feliz cumpleaños.- Susurró mientras salía del aula aun sabiendo que tenía toda la mañana de clases con él. Pero no podía más…
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Golpeó la puerta de su despacho con algo más de insistencia de la habitual.
-Adelante.- Ofrecieron.
-¿Profesor Black?- Preguntó entrando en el aula.
-Hermione.- Dijo feliz al verla.- Merlín… ahora suena más raro que me llames profe…- Sirius se cortó y la miró.- ¿Qué ocurre?
-¿Cómo lo sabes?
-Por tú cara.- Susurró otorgándole una pequeña sonrisa para tranquilizarla. Se acercó a ella, cerró la puerta del aula con un hechizo y la abrazó cálidamente cómo había hecho ya en varias ocasiones. Sintió a la bruja suspirar contra su pecho y relajarse poco a poco.
-Sirius…- Gimió.
-Cuéntamelo Hermione.
-No… yo…
-No digas que no es justo para mi.- La cortó.- Yo decidiré que es justo para mi y que no.- Aclaró.- Además veo que algo te molesta. Si tú no estás bien yo tampoco.- Confesó. Hermione respiró profundamente varias veces, abrazándolo con fuerza mientras hundía la cara contra el cuello de su chaqueta de traje burdeos y dejó que el olor de su colonia la tranquilizara del todo.
-Hoy fue el cumpleaños del profesor Snape.- Indicó. Se separó un poco de Sirius y se dejó guiar hasta los sofás de su sala.- Aunque me dejó claro que no quería nada conmigo, sentí que quería hacerle un regalo, así que fui con Ginny y Luna ayer a Hogsmeade a comprarle algo.- Hizo una breve pausa.- Por el camino, obviamente Ginny aprovechó para hacerme preguntas sobre nuestra cita. Parece ser que el profesor lo escuchó, y hoy cuando fui a clase me recordó.- Soltó mientras fruncía el ceño.- ¡Estaba celoso Sirius! Celoso porque tuvimos una cita, celoso porque tú y yo nos besamos.- Explicó. El animago se limitó a mirarla con calma, se limitó a dejar que se explicase, aunque para ella tuviera que reprimir la potente mezcla de sentimientos encontrados que revoloteaban en su estómago.- ¡Pero no tiene derecho ninguno! Soy libre de estar con quien quiera.- Declaró. Sirius asintió con orgullo, no importaba que lo hubiera elegido a él o a otro. Estaba orgulloso de ella porque por fin había decidido disfrutar y ser libre de hacerlo.- Lo llamé cobarde, le dije que no jugara conmigo y….- Lo miró un momento y siguió.- Me besó…- Soltó enfadada.- No sabes lo indignada que me encuentro.- Susurró.- Le dije que no volviera a besarme más…. Le tiré su regalo de cumpleaños y vine aquí.- Dijo por fin.
Sirius la miró, sentía ternura hacia ella, odio hacia Snape. Quería estrangularlo con sus propias manos, pero lo curioso…
Es que no quería golpearlo por besarla. No podría hacerlo por eso, ahora que conocía bien a esa mujer y que la había besado, no podría culpar Snape por querer hacerlo. Al fin y al cabo… Hermione era la mujer más increíble y maravillosa que conocía… Snivellus sería un estúpido si no quisiera hacerlo. Su enfado, su ira hacia el Slytherin era por el hecho de haber jugado con ella, por hacerle creer una cosa y después otra, por rechazarla y hacerla sentir así. No se lo merecía.
Hermione era demasiado buena para que Snape no supiera verlo.
-Hermione.- La llamó.- Si Snape no quiere ver lo que ha perdido al rechazarte, es su problema. Mira, por algunas personas, algunos perdemos el tiempo, otros la cabeza y otros el corazón. ¿Ten cuidado vale?
-¿Lo dices por Snape?
-Lo digo por todos.- Susurró lentamente de corazón.- Si crees que merece la pena arriesgarte, adelante.- Comentó.- Eres la persona más honesta y buena e inteligente que conozco, y por eso me da miedo que te hagan daño.- Confesó. Sirius miró el reloj.- ¿Vas a volver a clase con Snape?- Preguntó. Hermione negó rápidamente.- Yo tengo clase un par de horas ahora, y luego tengo una más después de comer. Pero eres libre de quedarte aquí si quieres.- Sugirió.- ¿Crees que Snape preguntaría por ti?
Hermione se encogió un momento de hombros pero luego pensó.
-No, no lo hará.- Respondió.
-Pues bien, mi oferta sigue en pie…- Sirius se levantó del sofá y miró de nuevo el reloj. Oyó el suave murmullo que formaban los alumnos al entrar en el aula de defensa.
-No quiero molestarte.- Dijo de repente.
-Hermione….- Sirius se acercó a ella lentamente, colocando el pulgar sobre su mentón, acariciándolo suavemente.- Hagas lo que hagas, jamás… Jamás podrás hacer nada para molestarme.
-Pues me quedo.
-Bien.- Le sonrió mientras bajaba la mano.- Tefty es mi elfo privado, cualquier cosa que necesites, tus libros, comida, lo que sea… pídeselo a él.- Indicó.- Yo volveré en dos horas.- Sonrió una vez más antes de despedirse con un casto beso en la frente y salir a su despacho para acceder al salón de clase.
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Sirius se despidió de sus alumnos con una amplia sonrisa, cerró la puerta tras el último estudiante y se dirigió a sus aposentos privados. Entró con sigilo y se apoyó en el marco de la puerta disfrutando de la visión. Hermione estaba descalza, sentada en la alfombra mullida y peluda frente a la chimenea mientras leía un libro, no podía ver de qué se trataba, pero a juzgar por la cara de concentración de la bruja y su ceño fruncido, hubiera dicho que debía ser algo realmente interesante. Se quedó fascinado mirando para ella.
Observando a aquella mujer preciosa que se encontraba en el suelo de sus habitaciones. Resultaría extremadamente fácil acostumbrarse a estar con Hermione en su vida las 24h del día.
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Las campanas del reloj de pared sacaron a la bruja de su ensoñación, había pasado todo él día en las habitaciones de Sirius, obviamente había mandado a Tefty con un mensaje para Ginny para que no se preocupara por ella.
Sirius la miró, estaba tentado en pedirle que pasara la noche con ella, no es que quisiera hacer nada que ella no quisiera, sólo quería dormir abrazado a ella, cómo habían hecho en Grimmauld place en Navidad. Sólo quería pasar la noche sintiendo su cálido cuerpo contra el de él.
Pero sabía que debía ser responsable, y aunque su lado merodeador le gritaba que se saltase las normas y la secuestrase a su cama, su maldito lado responsable le decía que ya habría momentos para pasarlos con ella.
-No quiero echarte…
-Lo sé.- Hermione sonrió, ya había cerrado el libro que tenía en las manos en cuando había visto la hora.- Es tarde, mañana hay clase y debería volver.
-Déjame que te acompañe a tu sala.- Se ofreció. Hermione ni se esforzó en rechazarlo, realmente le gustaba la idea, y no había nada de malo ni ninguna regla que estuvieran infringiendo.
-Será un placer.- Admitió. Ambos se levantaron, la joven recogió sus cosas y con calma y tranquilidad pasearon tranquilamente por los corredores oscuros y desiertos del castillo. No por nada había pasado el toque de queda para los estudiantes. El silencio entre ellos era cómodo y cálido, y Hermione sonreía en todo momento, no podía evitarlo.
Llegaron a la estatua de Sigfredo el loco. La verdad es que Hermione no quería separarse de él, y creía que Sirius tampoco quería. Pero ya se verían mañana.
-Descansa Hermione.- Se despidió con gentileza mientras le daba un beso en la mano y le otorgaba una reverencia. La joven desapareció tras la estatua.
Black se giró para irse, se metió por un oscuro corredor cuando vio a Snape frente a él. Ambos se miraron, atravesándose con la mirada.
-Chucho.
-Murciélago.- Se burló Sirius.
Sus miradas estaban fijas el uno en el otro. Se sentía la hostilidad crecer poco a poco.
Ambos estaban a pocos centímetros, los puños de Snape estaban cerrados con fuerza, volviendo sus nudillos blancos, el asqueroso perro ese había puesto sus sucias manos sobre su… sobre… ¡Sobre ella! ¡La había besado! No podía evitar la bilis en su garganta, ni todo su autocontrol servía en aquel momento. Su calma y su mente fría no le servían en ese instante. Lo único que sabía, es que ese hombre que tenía delante la había besado y eso sólo le provocaba un profundo asco en el fondo de su garganta. Que no quisiera tener nada con su alumna porque fuera complicado no cambiaba el hecho de lo que sentía por ella. Y es que ya había admitido que Hermione Granger le gustaba y atraía.
Las manos de Sirius estaban también en posición, preparadas. No podía evitar recordar lo que le había dicho Hermione de Snape, su rechazo por ella… Eso lo enfureció mal. Maldito Snivellus. Snape no se merecía el cariño que Hermione le profesaba, ese maldito Slytherin no era consciente de la suerte que tenía…
El ambiente era extremadamente tenso, una pequeña chispa, un pequeño movimiento malinterpretado, un leve sonido y aquello pasaría a los puños rápidamente. Había demasiada hostilidad y rencor en el aire.
Snape bufó como una serpiente.
Sirius gruñó como un perro.
-¿Profesor Snape? ¿Profesor Black?- Preguntó la directora apareciendo por el corredor con su pijama de cuadros escoceses a juego con su bata.- ¿Qué hacen a estas horas despiertos?- Les echó en cara mientras esperaba expectante, con los brazos cruzados mientras los miraba con severidad. Se notaba a las leguas la hostilidad que flotaba en el aire, la magia cargada chisporroteando como partículas diminutas. -¿Y bien?- Insistió impaciente. Ambos se quedaron callados, mirando para ella tratando de parecer adultos, pero ambos parecían sólo unos niños que estaban siendo reprimidos por su profesora. A pesar de la ira que ambos se profesaban, a pesar del ambiente cargado y tenso, en aquellos momentos parecían dos estudiantes mas.
-Seguro que el murciélago estaba merodeando para pillar algún estudiante.- Soltó de repente Black.
-En realidad había quedado con una puta, le dan morbo las mazmorras, seguro que la conoces chucho…- Insinuó. Los puños del ex presidiario se cerraron más fuerte hasta que perdió sensibilidad en los dedos.
-Normal que sea un puta, de ninguna otra forma una mujer se atrevería a tocarte.- Soltó con asco.
-¿Quieres que te de nombres?- Escupió con veneno Severus.
-¡Ya basta!- Gritó Minerva furiosa. Ambos no dijeron nada y se fueron cada uno por su lado. La mujer se quedó sola en el pasillo, a oscuras resoplando mientras miraba por donde se habían ido esos dos.
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-¡Profesor Snape!- Lo llamó Draco mientras lo interceptaba en uno de los pasadizos ocultos que daban al gran comedor.
-¿Qué quieres Draco?- Preguntó de mala gana. No le apetecía lo más mínimo aguantar a un Malfoy a aquellas horas de la mañana. De ninguna de las maneras…
-No me rindo.
-¿Con que?- Soltó alzando una ceja.
-Contigo.
-No soy una obra de caridad, no soy el proyecto personal de nadie. ¿Te ha quedado claro?- Escupió con odio.
-No eres un proyecto, eres mi padrino.- Sentenció serio.- Y aunque no te guste la idea no me voy a ir.- Declaró con firmeza mientras lo cogía por el brazo con familiaridad y confianza.- ¿Estás bien?- Preguntó con énfasis. Vio la cara de Snape, su palidez y su mirada fría y oscura, y no hizo falta que le respondiera. Estaba claro que no estaba bien, no hacía falta que le dijera nada más. De hecho, aunque le dijera que si lo estaba; que si estaba bien… Él sabía que su padrino no lo estaba y estaba más que seguro que sabía porque era.- Aun no está todo perdido, vamos…- Insistió.
-Black la besó.- Dijo de golpe.
-Lo sé.
-Y por lo que tengo entendido está claro que le prefiere a él antes que a mi.- Susurró con odio.- Yo creo que no hay mucho que hablar.
-¿Qué esperabas? No va a esperarte eternamente por mucho que le gustes. ¡Le dijiste que no querías tener nada con ella!- Recordó.- Ella sólo continuó con su vida.- Aclaró mientras lo miraba firmemente.- No va a quedarse para vestir santos, sería un desperdicio si lo hiciera.- Soltó. Vio como el hombre bufaba y se cruzaba de brazos enfadado y frustrado.- ¿Qué es lo que no me estás contando padrino?- Preguntó serio, aunque por la cara del pocionista no parecía tener intención ninguna de contarle nada mas.- Se honesto por una vez en tu vida.- Insistió un poco más.
-Me enteré de que el perro pulgoso ese la había besado porque escuché a Granger hablando con Weasley y Lovegood ayer.- Explicó. Draco se quedó callado mirando para él, esperando que continuara hablando.- Y hoy cuando vino a clase le eché en cara que se hubiera besado con él…
-¡Merlín padrino!- Se quejó.- Que poco tacto.
-¿Qué esperabas?- Gruñó enfadado.- No se lidiar con estas situaciones.- Masculló de mala manera.
-Y Granger estaba como un basilisco ¿correcto?
Otra vez el silencio le confirmó a Draco que su suposición era acertada. ¿Cómo no iba a ser acertada? ¿Quién no se enfadaría por algo así?
-Me dijo que era un cobarde… así que la besé.
-Perdona… ¿Hiciste qué?
-La besé.- Masculló lentamente.- La besé.- Repitió resignado.
Un frío silencio se instaló entre ambos. Draco sopesó un momento la situación, analizando todo lo que sabía, lo que podía intuir, analizando los movimientos de su padrino, sus gestos, lo que decía con palabras y lo que no decía.
-Porque intuyo que no salió como esperabas.- Susurró lentamente Malfoy.- ¿A qué no?
-No.- Respondió secamente.- Me apartó.- Dijo molesto e irritado.
-Lógico padrino.- Dijo alzando una ceja. Snape lo miró con odio, entrecerrando os ojos casi de forma amenazante.- ¿Qué esperabas padrino? ¿Una bienvenida?- Le encaró.
Snape bufó y se tensó. No había pensado cuando la había besado. Sólo había seguido el impulso que había sentido en sus entrañas. Merlín… Ni que fuera un mocoso. Resopló de nuevo.
-Me dijo que dejara de jugar con ella, y que no me divirtiera a su costa. Que no era un juguete que pudiera usar cuando me viniera en gana.- Explicó.- Y que no volviera a besarla.- Declaró.
-Siendo Granger, y visto lo visto…- Hizo una pausa.- Da las gracias de que no sea peor.- Indicó.- Pero padrino… Sabes que tiene razón, no puedes jugar con ella. No es sólo por ella, por ti también…-Declaró.
-Lo sé… Pero ahora que más da.- Rugió.- No tiene solución, prefiere a Black.
-Aunque no estoy muy seguro de que realmente prefiera a Black, en lo otro lamentablemente tienes razón, poco hay que se pueda hacer después de lo que has hecho.
Snape sacó algo de entre su túnica y se lo enseñó.
-¿Qué es?
-Mi regalo de cumpleaños.- Sentenció. Draco lo observó unos momentos. Abriendo los ojos con sorpresa y con una inquietante brillo en los ojos muy típico de los Malfoy.
-¿Qué?- Preguntó el rubio sorprendido.
-Granger me lo regaló después de…- Se calló mientras lo miraba.- Nuestra discusión.- Admitió.
-Y me dices que a pesar de todo lo que pasó ayer, de las discusiones; de haberla besado así, y de haberte apartado…- Sopesó con una ceja alzada.- ¿Me dices que a pesar de todo eso te dio el regalo igual?
-Más bien me lo tiró.- Aclaró irritado.- Pero si…
-Bueno, eso cambia las cosas.
-¿Porqué?
-Porque significa que la partida aún no ha acabado. Aun tienes posibilidades.- Indicó mientras ponía cara pensativa.- Pero por favor padrino, no la fastidies más o ni Merlín te salvará de esta.- Draco sonrió divertido mientras se cruzaba de brazos.
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Snape entró en el gran comedor con rapidez. Miró hacia la mesa, normalmente se despertaba pronto para evitar a la gente a la hora del desayuno, (a toda). Pero su charla con Draco lo había entretenido más de la cuenta, llegando casi en hora punta. Había estado tentado de saltarse el desayuno. Pero Flitwick lo pilló cuando había decidido emprender la retirada, cortándole la maniobra. Se sentó en la mesa lo más alejado de Black que pudo y gruñó molesto.
-¿Que tal la puta de ayer?- Preguntó Sirius con malicia.
-Me alegra que me lo preguntes chucho, es una historia muy graciosa, la verdad es que muy bien, me contó que quería tener el apellido Black y casarse con uno, pero le dio asco y prefirió meterse a puta.- Siseó con peligro.
-¿Os importaría comportaros los dos?- Sugirió la directora enfadada apareciendo detrás de ellos.- O si pretendéis hablar con palabras soeces o mataros, tener la decencia de hacerlo cuando no forméis parte de esta institución, o como mínimo hacerlo al menos fuera de los terrenos de este colegio.- Soltó.- Sinceramente me encantaría veros a los dos peleándoos cómo energúmenos, quizás así fuerais capaces de resolver por un momento vuestras diferencias, ya que no podéis hacerlo cómo adultos quizás podáis hacerlo cómo los adolescentes. Ya que parece que es como os comportáis últimamente.
Snape la miró sin más mientras le daba un sorbo a su café negro y sonreía con maldad.
-No sé cómo eres capaz de desayunar tan tranquilamente con tu comportamiento tan infantil.- Le encaró Minerva.
-Ni que fuera a desayunar de pie, me sentaría mal el café e imagínate lo que le haría eso a mi carácter.- Masculló con burla y veneno mientras se levantaba.- Pero me arriesgaré a hacerlo, porque la alternativa es vomitar si tengo que tener a ese a menos de diez metros de mí.
-Dadas las opciones Snivellus, verte vomitar sería más agradable que verte hablar.
-Basta.- Ordenó en voz baja Minerva.- Se os están acabando las oportunidades, una tontería más y os juró que no me va a temblar la varita.- Amenazó.- Está claro que no vais a parar así que… Os quiero ver esta tarde a los dos en el aula de estudio.- Declaró.
-¿Nos vas a castigar como niños malos?- Preguntó el animago bromeando.
-Así es profesor Black.- Sentenció mientras se levantaba y los dejaba solos.
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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- -fin del capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Ladies, gentleman, animagos y demás criaturas del reino.
Sirius y Snape, Snape y Sirius… Y Draco que no se rinde y Hermione que está hasta los huevos… Las cosas se ponen tensas pero interesantes. No desesperéis mis queridas lectoras… O si… desesperaros un poco, que tampoco va a pasar nada por un poco de emoción de vez en cuando.
Snape se ha dado cuenta de que ha metido la pata, y Draco se ha dado cuenta también, así que hay por donde seguir.
Hermione se ha dado cuenta de que le sigue gustando Snape a pesar de todo, pero debe cuidar de sí misma.
Y Sirius… el sigue ahí, paso a paso… Pico y pala como dicen en mi tierra.
Muchas gracias a las que me leéis, las que dejáis mensajes (Algunas muuuuuchos, y me muero de amor por ello) a los que dejáis menos y a los que no lo dejáis pero lo leéis igual. Gracias por vuestro apoyo.
Saludos de Cloe
