7 Pequeños ladrones


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


Sorprendida porque Naruto no había aparecido para arrastrarla escalera abajo por los cabellos, Hinata se recostó en su incomoda cama. Reprimió la risa al pensar en todos aquellos hombres comiendo el estofado de conejo y se preguntó cuánto tiempo habrían demorado para encontrar los pelos de conejo entre sus dientes.

Su placer duró poco. Naruto abrió la puerta del cuarto y le ordenó:

—Ven a mi cuarto.

—Yo... ya estoy acostada.

—No me obligues a hablar de nuevo.

Con eso, él desapareció en el corredor.

Nerviosa, Hinata se levantó y obedeció. Cuando llegó al cuarto de Naruto, él se ocupaba de encender la chimenea, y demoró varios minutos para hablar:

—Estropeaste una carne de buena calidad, que es difícil de conseguir en estos meses de invierno. Lo que es peor, desperdiciaste lo que Menma y yo demoramos un día entero en cazar. ¿Crees que yo aceptaría tu comportamiento?

—¡Koharu me dijo que yo habría de retirar las piel y cortar las cabeza de los animales!

—Vos debiste hacer lo que te ordenaron.

—¡No aceptaré ordenes de una criada!

—Koharu tiene mi autoridad. Y ella es quien va a decir lo que yo espero que vos hagas.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Pretendes golpearme, si yo me rehusó a obedecer? — Hinata lo desafió.

—Tal vez — Naruto respondió en tono amenazador.

—¡Pues, entonces, golpéame! — ella dijo, dando un paso al frente, aparentemente dispuesta a enfrentar lo que viniese.

—Ten cuidado, Hinata. No me provoques.

—Ahórrame tus amenazas. Si vas a golpearme, golpea de una vez. No me importa porque nada más importa. ¿Qué puede ser peor de lo que ya me pasó? Me traes a este lugar horrible, para rodearme de personas que me detestan. No tengo nada para vestir, además de este vestido. No tomo un baño hace días. Estoy exhausta, pues esa bruja que vos llamas criada me despierta antes del amanecer, para hacer tu comida. Estoy cansada, Naruto, además de inmunda. Si me gano algunos hematomas, no hará la menor diferencia.

Naruto la miró por un largo momento. Entonces, dijo:—¿No tienes ropa?

No fue una pregunta, sino una constatación, como si sólo apenas él se hubiera percatado de eso.

—Estoy usando este vestido hace casi una semana — Hinata apuntó, sorprendida con la reacción de su marido.

—¿Por qué no me pediste nada? — Sin esperar por la repuesta, Naruto fue hasta la puerta y la abrió. — ¡Homura! ¡Trae agua caliente!

Hinata apenas creyó en su suerte. Se había preparado para recibir un castigo, pero había conseguido ganar el privilegio de un baño.

—Quítate eso — Naruto ordenó, apuntando al vestido.

—¡Oh! ¿Qué? — ella balbuceó.

— El vestido. Como vos misma dijiste, estás inmundo.

—Es lo único que tengo.

—Encontraré otro. Quítate ese ahora.

Como él no mostraba intención de salir, o siquiera de darse vuelta, Hinata permaneció inmóvil. Percibiendo su vergüenza, Naruto cruzó los brazos y exhibió una sonrisa cínica.

—Ya vi todo antes, esposa.

—Las circunstancias eran otras.

—¿Qué diferencia hay?

—Mucha — ella respondió, empinando el mentón.

—Voy a mandar a quemar ese vestido, de cualquier manera. Por lo tanto, si prefieres, puedo cortarlo — Naruto amenazó, tomando la daga.

—¡No!

Dejando de lado el pudor, así como la indignación, Hinata se libró del vestido.

—Homura va a entrar en cualquier momento — dijo. — ¿Él debe verme desnuda? ¿Eso es parte de tu venganza?

Aunque frunciese el ceño, Naruto agarró un cobertor y la envolvió. Al hacerlo, sus dedos le tocaron la piel desnuda. Perpleja, Hinata se descubrió perturbada por el contacto.

Homura llegó con el agua y ella se escondió detrás de Naruto, lo que fue innecesario, pues el criado no le dirigió la mirada. Cuando el criado salió, Hinata abandonó el cobertor, y entró en la tina.

Sabía que Naruto la observaba, atento, pero consiguió ignorarlo lo suficiente como para deleitarse con el baño. Sin embargo, a cierta altura, la mirada fija de su marido comenzó a inhibirla. Entonces, Hinata se levantó, tomó una toalla y se envolvió en ella.

Fue a sentarse ante la chimenea, donde usó los dedos para desenredar los cabellos .

—No tengo otra ropa - murmuró.

—No precisarás ropa esta noche.

El corazón de Hinata amenazó con detenerse.

—Mañana — Naruto continuó —, le diré a Koharu que te provea de algo para vestir.

Hinata apenas oyó las últimas palabras, pues había quedado afligida con el comentario acerca que ella no precisaría ropa aquella noche. Naruto le había dicho que quería hijos.

Ella sabía que debería haberse preparado para aquel momento, pero todas las noches, durante el viaje, él se había echado al lado de ella, sin dar la menor señal de sentir deseo. Se acordó de que, en el barco, Naruto le había dicho que, si consiguiese superar la repulsión que sentía por ella, haría lo necesario para que ella le diese hijos.

Si ahora mismo sentía la repulsión que le comento, ¿por qué sus ojos azules parecían hipnotizados, paseando por su cuerpo?

Asegurando la toalla con firmeza, Hinata se levantó.

—Voy a volver a mi cuarto — declaró. Naruto la tomó por el brazo.

—Todavía no resolvimos la cuestión del "estofado" que preparaste para cenar.

—¿Ahora que estoy limpia, me vas a golpear? - Hinata inquirió.

—No te voy a golpear. Vos descubrirás cual será el castigo, cuando llegar el momento.

—Entonces, voy para mi cuarto.

Una vez más, intentó salir, pero Naruto lo impidió.

—Vas a pasar esta noche aquí.

El pánico invadió a Hinata. Sería capaz de enfrentar la crueldad, la humillación y hasta la violencia, pero no soportaría que Naruto la tocase con intimidad, trayendo recuerdos por los cuales ella daría todo para olvidar.

Permaneció inmóvil, cuando él se aproximó y posó sus manos en sus hombros desnudos.

—Por favor… no — balbuceó. —Yo… no... estoy lista.

—Tampoco lo estabas la primera vez — él susurró a su oído —, yo te avisé cuales eran mis intenciones.

—¿Por qué te quieres acostar conmigo, si me odias?

En vez de responder, Naruto la empujó hacia su cuerpo.

—Sí, yo te odio, pero vos todavía sos mi esposa.

Con eso, la besó con violencia al principio, pero un instante después, sus labios se tornaron suaves en el encuentro con los de ella. Hinata se sobresaltó con la reacción intensa de su cuerpo, y no fue capaz de contener un pequeño gemido, que llevó a Naruto a apretarla contra sí.

Era exactamente aquello lo que tanto temía. El contacto de sus cuerpos surtió el efecto de una droga, intoxicándola. Hinata se perdía en las sensaciones, cuando recordó que, para Naruto, aquello no era más que una obligación desagradable.

Tal pensamiento la sacó del sopor y, determinada, ella se desprendió del abrazo y retrocedió algunos pasos. Naruto se limitó a mirarla, furioso… jadeante:

—Por favor - Hinata imploró. —No así, Naruto.

—¿Te estás negando a cumplir tu papel de esposa? Hinata sacudió la cabeza.

—Yo podría forzarte a obedecer, se quisiese.

—Sí, pero yo te imploro que no lo hagas.

—Sabes cómo parecer indefensa, Hinata. Sólo un hombre con corazón de piedra sería capaz de resistir. Y, aunque yo ya no sea tan ingenuo como antes, no soportaría forzar a una mujer. —Extendió la mano y la tomó por la nuca, con fuerza. — Yo te dije en el barco, cuáles eran mis intenciones. Hoy, vos descubriste que yo hablaba serio. Exigiré que compartas mi cama, siempre que yo quiera. Por lo tanto, prepárate, pues esta es la última vez que seré paciente.

Con ojos llenos de lágrimas, Hinata asintió.

—Ve a tu cuarto — Naruto ordenó.

Sin vacilar, ella salió corriendo y se fue a encerrar en su cuarto. Allí dio rienda suelta a sus lágrimas, que rodaron por su cara y fueron a caer sobre sus manos cruzadas. El fuego se reflejó en la alianza de oro que Naruto le puso en su dedo hace tanto tiempo. Hinata jamás había pensado en sacársela, ni aún para casarse con Toneri.

La próxima vez en que Naruto la tomase en sus brazos, ella debería de ceder. Sería apenas sexo, sin amor, sin pasión. Una obligación. Nada más. Si Naruto pretendía mantenerla en un infierno, había descubierto la manera más eficaz de hacerlo.


A la mañana siguiente, Koharu despertó a Hinata poco antes del amanecer.

—Su vestido — anunció en tono rudo, tirando la ropa sobre la cama. —Vístase y vaya a la cocina. Hay mucho trabajo que hacer. Lord Naruto partió y debo cerciórame que la señora no esté de ociosa, sólo porque él no está aquí.

Hinata se levantó, se vistió sin demora.

En la cocina, Koharu ya estaba a su espera.

—Cuando termine de asar la carne, va a hervir la ropa sucia. El caldero está allá afuera, Homura apiló leña, pero tendrá que encender el fuego sola.

Sin decir nada, Hinata se puso a preparar la masa de las tortas. Sobó la masa, la abrió con un palo de amasar y la cortó en discos pequeños. Después de colocar una cucharada de carne cocida sobre cada una, dobló la masa al medio y acercó los bordes con la punta de los dedos, como Koharu le había enseñado.

Apenas consiguió levantar la pesada asadera, y varias tortas cayeron al fuego. En el mismo instante, las llamas se transformaron en verdaderas lenguas de fuego, y las chamuscaron la manga del vestido de Hinata.

Pocos minutos después, sintió el olor de la comida quemada. Demasiado tarde retiró la asadera del horno, quemándose una de sus manos. Su esfuerzo fue en vano, ya que las tortas parecían pedazos de carbón.

Con determinación, comenzó a preparar una nueva porción de masa y relleno, buscando alivio en imágenes de Naruto empalideciendo, al sentir el puño de Hinata golpear su estomago.

Cuando, finalmente las tartas estuvieron listas, ella las colocó en el antepecho de la ventana y fue a cuidar de la ropa sucia. Sus manos presentaban innumerables cortes, causados por su falta de práctica en el uso del cuchillo.

Además de eso, la quemadura reciente le ardía. Aún así, Hinata revolvió la ropa con vigor en el caldero, pues sabía que ya estaba atrasada con sus tareas.

Fue escaldada por agua hirviente algunas veces. Entonces, tuvo que repetir el proceso de mover la ropa, pues se dio cuenta que se había olvidado de adicionar lejía. Cuando retorció las prendas y las extendió sobre rocas para secar, no había un centímetro en su cuerpo que no le provocase dolores.

Temblando de frío, removió las brasas con movimientos apresurados, pues no conseguía pensar en otra cosa, que no fuese volver dentro de la casa. En su prisa, demoró en percibir que el dobladillo de su vestido se incendiaba. Estaba apagando el fuego, cuando oyó los primeros sonidos.

Levantó la cabeza, dándose cuenta del entorno lúgubre. El cielo estaba cubierto por nubes muy oscuras y los árboles que circundaban la casa tornaban el lugar todavía más sombrío. Cuando otro grito cortó el aire, su primero pensamiento fue que eran fantasmas.

Luego, pensó en animales. Recordó el aullido del lobo en su primera noche allí y se preguntó si ellos serían tan osados durante el día, como acostumbraban a ser en la oscuridad. En el instante siguiente, sin embargo, distinguió voces estridentes y se dio cuenta de que se trataba de criaturas.

Luego consiguió localizarlos, escondidos detrás de los arbustos, en la pequeña colina.

—Es mejor que vengan hasta aquí y me digan lo que quieren — declaró en voz alta.

—¡Yo te dije que no deberíamos aproximarnos tanto! ¡Ella sintió nuestro olor! – alguien susurró.

Los dolores en el cuerpo y la total falta de perspectiva de un futuro digno habían desprovisto de todo humor a Hinata.

—¿Por qué me están espiando? — inquirió, irritada. Tres cabecitas aparecieron.

—¡Tenemos la cruz del Señor para protegernos, bruja!

—¡Salgan de aquí!

Sintiéndose helada, Hinata se dio vuelta para ir a la casa. No tenía tiempo que perder con criaturas desocupadas. Ignorando los susurros, entró en la cocina. Inmediatamente, notó la falta de las tartas. Con un grito furioso, corrió hasta la ventana y miró fijamente la asadera vacía. ¡Aquellos demonios habían robado sus tartas!

Sentándose en un banco, Hinata intentó dominar la rabia que la invadió. Al oír sonidos de pasos, irguió los ojos y encontró la mirada maligna de Koharu.

—¡Perezosa! ¡Basta de descansar! ¿Dónde está la cena? ¿Pasaste todo el tiempo sentada? Muy bien. Si no sigue mis instrucciones, va a quedarse sin cenar. Ahora, tome la carretilla y vaya a buscar leña al bosque. ¡Y no demore!

—Estoy empapada hasta los huesos — Hinata protestó en tono ligeramente amenazador. — Y estoy exhausta. Voy a mi cuarto, a sacarme este vestido y a esperar que se seque. Mientras tanto, creo que dormiré un poco.

Koharu dio un paso en su dirección.

—Vaya al bosque y haga lo que le mandé.

Hinata se levantó, se aproximó a Koharu y la encaró.

—No — declaró, simplemente. La criada la miró boquiabierta. Tomando un puñado de frijoles crudos, Hinata pasó por alado de ella y subió la escalera.


Menma se detuvo en la puerta del cuarto de Naruto y posó su mirada en los hombros de su hermano. Sabía que Naruto deseaba estar solo, pero tenía demasiado preguntas para, simplemente, dejarlo en paz.

—Todo salió conforme a lo planeado— Menma habló. — Yo esperaba que a esta altura, estuvieses muy satisfecho. ¡No me digas que estás en duda!

—¡No seas ridículo! - Naruto explotó.

—¿Qué hay de malo, entonces?

—La situación es mucho más complicada de lo que yo había imaginado — el mayor admitió. — En un momento, Hinata actúa como una mártir, pero después, se comporta como una rebelde.

—Vos ya tuviste sentimientos diferentes por ella — Menma le recordó. — Hinata es muy bonita y tiene el don de inspirar simpatía. Los hombres se refieren a ella como "la pequeña perla".

—Estoy obligado a admitir que ella es muy buena en eso — Naruto rezongó. — ¡Creí que iba a enfrentar una rebelión! Hinata consigue parecer la más inocente de las criaturas, además de la más injustamente tratada. En cuanto a ser llamada "la pequeña perla", creo que eso te lo debo a vos. — Apuntó el dedo índice hacia su hermano. — ¡Si estás tan preocupado con el destino de las almas, comienza por la de ella y déjame en paz!

Sin dejarse perturbar por la ira de Naruto, Menma replicó:

—¡Excelente idea! ¡Vos tienes toda la razón! — Entonces, se rascó el mentón, pensativo. — Sólo que no sé cómo hacer eso. No será tan simple...

Confuso, Naruto lo observó salir del cuarto, refregándose las manos ante la misteriosa revelación.


En silencio, Hinata se arrastró hasta la puerta. Ignorando el viento frío, puso la cabeza hacia afuera, a tiempo de ver el trío desaparecer al lado da casa. Con una sonrisa, caminó con cuidado, pegada a la pared, y se paró para oír.

—Come, Rin - el niño habló.

—Más vos, también estás con hambre.

—No. Come. Voy a buscar una más. ¡Ah, no, no!

—Pero fue la bruja quien lo preparó. Puede estar envenenada.

Lo que no era mala idea, pensó Hinata. Nada mortal, claro. Apenas algo que los hiciese arrepentirse de tanta osadía.

—Bobadas, Rin — argumentó otra voz femenina. —¿Por qué ella envenenaría su propia comida? Ella no sabía que Obito tomaría la perdiz.

—Las brujas saben de todo; Ella pudo haberlo visto en el espejo hechizado.

—¿Vas a comer o no? — el niño inquirió.

—Come, Rin. Sé que estás con hambre.

En ese momento Hinata espió. Y fue tomada de sorpresa por lo que vio. Los tres formaban un círculo. La más chica, que no tenía más de cuatro años, comía con voracidad. El muchacho de espaldas a Hinata, observaba el bosque; mientras la otra, la mayor de ellos, ayudaba a comer a la pequeña.

La sed de venganza de Hinata se fue en ese mismo instante. Mientras veía a la criatura comer con desesperación, se preguntó cuando aquellos tres habrían hecho su última comida.

De repente, Rin paró de comer y extendió la perdiz por la mitad a la mayor.

—Come el resto, Izumi.

La niña no resistió la tentación. Arrancó uno de los muslos del ave y sonrió.

—Sólo este pedacito—dijo. — Obito, come el resto.

Incapaz de moverse, Hinata vio al muchacho sacudir la cabeza, en una orden muda para que las hermanas comiesen todo.


El viento cargaba el aroma delicioso de las tres perdices asadas, colocadas en el antepecho de la ventana. Agachada detrás de la mesa, Hinata esperaba pacientemente…

Hacía casi una semana que los pequeños ladrones habían atacado, y ella se había obsesionado con la idea de atraparlos. Todos los días, preparaba trampas para tentarlos, pero los niños no habían aparecido.

Uno de los beneficios de tal misión era la aprobación que Koharu demostraba en relación al trabajo de Hinata. Eso, combinado a la insubordinación de la más joven, había desalentado el tratamiento rudo que la criada le dispensaba antes.

Finalmente, la paciencia de Hinata fue recompensada. Triunfante, ella vio la manito sucia agarrar una de las presas. Fue cuando ellos la vieron. Izumi fue la primera, levantando los ojos y abriéndolos.

Percibiendo la expresión de alarma, el niño se dio vuelta. Por último, la pequeña Rin miró a Izumi y emitió un sollozo.

—¡La bruja! - Obito exclamó.

—¡Esperen! — Hinata gritó. —¡No huyan!¡Tengo más perdices!

Fue en vano. Los tres ya habían desaparecido en el bosque. La necesidad súbita y desesperada de traerlos de vuelta la sorprendió. Ya no quería castigarlos. Después de haber visto los rostros sucios y hambrientos, se le ocurrió que ciertamente no eran ladrones, sino apenas criaturas, que no tenían otra manera de conseguir su sustento.

Lo intentó una vez más:

—¡No soy una bruja!

Ellos ya no oían. Todo lo que restaba de la perdiz estaba caído en el suelo.

Al día siguiente, Hinata salió de la casa, cargando una cesta, y desapareció en el bosque. Detrás de ella, como se la había olvidado, la puerta quedó abierta. El aroma tentador de carne de venado se esparcía en el aire.

Una vez protegida por los árboles, se agachó y, dejando la cesta en el suelo, volvió a la casa y entró por la puerta del frente. Atravesó el salón deprisa y fue a esconderse en la cocina.

Los susurros no demoraron en alcanzar sus oídos. Oyó los pasos cuidadosos, que se aproximaban a la mesa, donde la comida los esperaba. Después de certificar que los tres habían entrado, Hinata salió de su escondrijo y cerró la puerta.

Gritos ensordecedores invadieron la casa. Hinata se dio vuelta y se puso a agitar las manos, frenética.

—¡Quietos! ¡No griten! ¡Les prometo no lastimarlos! Obito tomó un palo utilizado en la cocina y lo empuñó con determinación.

—¡Déjenos salir, o le partiré esto al medio!

La escena no era fácil, ya que las tres pobres criaturas estaban aún aterrorizadas. Además de eso, aunque el niño no tuviese más de ocho o nueve años, podrían provocar serios daños, en caso que decidieran llevar adelante la amenaza. Aún así, Hinata no se controló, ante de tanta demostración de coraje.

—Oigan lo que tengo que decir —. Habló entre risas. — No soy una bruja.

—¡Si! Lo eres. ¡Tengo la cruz do Señor y sé cómo usarla!

¡Aquello ya era demasiado! Hinata estalló en carcajadas.

Rin comenzó a llorar, dejando a Obito todavía más agitado.

—¡Quieta! - él ordenó.

—Calma - Hinata insistió. – Sólo quiero conversar con ustedes.

Enterrando el rostro en la falda de la hermana, Rin sollozaba.

—¡Rin! - Obito le advirtió.

—¡La bruja nos va a comer!

—¡Cierra la boca!

Con eso, el niño dio una palmada en el rostro de su hermana. Con un único movimiento, Hinata se aproximó, tomó el palo de Obito y lo apartó de Rin.

—¡No trates así a tu hermana! - Girando hacia Rin, dijo: -. Juro que no soy una bruja. ¿Por qué yo te comería, cuando tengo un venado tan delicioso?

Los tres parecieron sorprendidos por el argumento lógico. Para ilustrar sus palabras, Hinata tomó un pedazo de carne y comenzó a comerlo.

—¿Quién sos ,entonces? - Izumi preguntó.

—Soy lady Hinata, esposa de lord Naruto:

—¡Una lady! - Obito burló.

Era verdad que ella no se parecía en nada a un miembro de la nobleza.

—Bien, soy una Lady, sí, señor. Pero eso no importa.

—Vos sos fea - Rin declaró.

—Yo también no diría que ustedes tres forman un modelo de belleza - Hinata retrucó, irritada. - ¿Por qué roban a mi comida?

—Papá estaba furioso y tuvimos que salir de allá - Obito respondió en tono agresivo.

—¿Qué hicieron? Alguna travesura, sin duda.

—¡No hicimos nada! - Rin afirmó.

—Entonces, ¿por qué tu padre habría de pegarles?

—Porque estaba borracho. Hinata quedó en shock.

—¿Están diciendo que él, simplemente, los golpea? No lo creo probable.

El niño cruzó los brazos y se rehusó a hablar más. Izumi dio un paso al frente.

—No creo que seas fea. Ya les dije eso a ellos. Cuando te vieron removiendo el caldero, creyeron que eras una bruja, pero yo creí que tal vez estuvieses apenas cansada.

—Y lo estoy - Hinata confirmó con una sonrisa.

—¿Por qué estás cansada? ¿Por qué no vas a dormir? - Rin inquirió.

—Tengo mucho trabajo que hacer.

—¿Vieron? Ella no es una lady. ¡Las Ladies no lavan la ropa, ni cocinan, niñas tontas! - Obito levantó el mentón. —Ella está mintiendo.

—Bien, soy una lady, pasando por momentos difíciles. Ahora, basta. Son ustedes quien deben dar explicaciones.

—¿Por qué no reúnes a tus caballeros y te vas a tu castillo? - Obito insistió.

—Porque ella tiene que esperar a su príncipe, Obito - Izumi respondió.

—Exactamente — Hinata acordó. — Fui traída acá por un hombre encaprichado y tengo de esperar por alguien especial para que me lleve.

—¿Quién te trajo acá? - Obito preguntó. — Si eres una lady, puedo luchar para defenderte.

—Vos no sos un príncipe - Izumi objetó.

—¡Cállate la boca, Izumi - su hermano gritó e hizo un ademán como para empujarla.

—¡Eh! -, Hinata gritó más alto, separándolos. –Eso es desagradable, ¿sabías?

—¿Qué sabes? - él retrucó, con lágrimas en los ojos. —¡Es sólo una niña y vos no sos una verdadera lady!

Consiguió desprenderse y abrir la puerta. Entonces, desapareció en el bosque.

rin estrechó los ojos y se puso las manos en la cintura.

—¡Sos malvada! - gritó, antes de salir corriendo detrás de su hermano.

Perpleja por el desenlace inesperado, Hinata miró a Izumi, que permaneció callada por algunos momentos, antes de salir con pasos lentos.

—Izumi – Hinata la llamó y, envolvió unas galletas en una tela y se las dio.

— Creo que sos muy bonita — Izumi murmuró, antes de partir.

Sola, Hinata repasó en su mente ese extraño encuentro. Se sentía confusa y conmovida. Algo la incomodaba. En un intento de descubrir lo que era, fue hasta el cuarto de Naruto, tomó un pequeño espejo que viera allí y, por la primera vez en semanas, examinó su propio reflejo.

Si, estaba muy fea. Su cara estaba pálida, las ojeras le circundaban los ojos y sus labios estaban irritados por el frío. Los cabellos sin brillo se encontraban sujetos en un rodete bajo y descuidado. No era de extrañar que Obito no hubiese creído que ella era una lady; O que las criaturas hubiesen creído que ella era una bruja.

Tal pensamiento la llevó a una larga reflexión. Naruto le había sacado su libertad. ¿Le habría sacado también su juventud y su belleza? ¿Le quedaba algo de lo que ella fue antes, o él le había sacado eso, también?

Días antes, Hinata estuvo decidida a pelearse con tres criaturas hambrientas, porque ellos habían robado un poco de comida, lo que no era más que un pequeño inconveniente. ¿Estaría cambiando tanto, a punto de haber endurecido el corazón?

¡Estaba comenzando a parecerse a Shion! ¿Sería culpa de Naruto... o de ella misma?

La determinación fue creciendo en su pecho. No. Naruto sólo le sacaría lo que la definía como persona, si ella así se lo permitiese.

Lo que Hinata no haría. Lucharía hasta el fin para mantener su alma a salvo de la ira vengativa de su marido. No aceptaría más aquella humillación, aquella... degradación.

¡Y comenzaría asumiendo el papel de lady, en Myōboku!