Disclaimer: Slam Dunk pertenece a Takehiko Inoue y esta historia es solo por entretención, surgida de un momento de aburrimiento en cuarentena y sin grandes pretenciones.
Notas de la autora: Del capítulo 5 nació un nuevo ff, "El departamento de Kogure" sobre las aventuras de él, Akagi y Mitsui en la universidad.
Se recomienda ajustar los márgenes para una lectura cómoda.
Se agradecen los comentarios, sugerencias y correcciones.
Don't worry, sin contenido sexual explícito.
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El primer amor
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Capítulo 9: La chica del lunar escondido
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Narumi caminaba de un lado a otro de su pequeño departamento, se servía otra taza de café que se enfriaba antes de beber, intentaba evaluar unos exámenes, leer y mantener la calma. Ryonan estaba jugando el partido definitorio para clasificar al campeonato nacional. Si ganaban quedarían en el primer lugar; si no, tendrían que disputar el segundo y quizás quedarse sin la oportunidad.
Sendoh le pidió que no asistiera. Era la última oportunidad para alguien como él de tercero de preparatoria. Como pocas veces, estaba nervioso y si perdían no podría mirarla a la cara. Pero si ganaban, saltaría sobre ella sin importarle quién estuviera a su lado mirando: familia, amigos o los superiores de su trabajo. Él no quería contarle a nadie de la relación, no quería dar explicaciones ni tener que compartir su tiempo con alguien más y no iba a descuidarse después de varios meses felices.
Narumi respetó la decisión, pero apenas podía aguantar la curiosidad. Jugaban contra Shohoku. Quería que ganaran los dos. Anzai sensei confiaba tanto en esos chicos que hasta su esposa había comenzado a ir a los partidos. Gracias a los resultados del año anterior, muchos estudiantes habían ingresado a Shohoku por el equipo de baloncesto. Miyagi se había esforzado en preparar a todos y Sakuragi se creía un segundo capitán. La diferencia entre las capacidades de sus integrantes era abismal, pero lograron salir adelante.
Finalmente, el día nublado y el cansancio de la incertidumbre lograron hacer que durmiera un par de horas hasta que escuchó a alguien golpeando su puerta con insistencia. Se levantó malhumorada y observó por la mirilla, era Sendoh en su uniforme se Ryonan. Abrió con rapidez, el corazón en la mano. La profesora no podía descifrar su expresión así que se decidió a preguntar directamente "¿Quién ganó?"
- Ryonan -dijo dejando su bolso deportivo en el suelo y cerrando la puerta tras de sí.
Narumi sintió una lágrimas de felicidad intentando salir de sus ojos mientras lo felicitaba con un gran abrazo colgándose de su cuello. Sendoh aprovechó el brinco y la sostuvo de la cintura, ajustando sus piernas para que lo rodearan. La mujer se puso nerviosa y solo atinó a preguntar por Shohoku mientras intentaba separarse.
- Habrías estado orgullosa de ellos. Disputarán el segundo lugar contra Kainan, van a ganar - el tiempo le daría la razón.
Hundió la cabeza en su pelo largo y aspiró su olor a azahares. La escuchó tragar saliva y contener la respiración, estaba nerviosa.
- Akira... creo que deberías dejarme bajar...
No. La abrazó más fuerte. Luego de tres años por fin había llegado al campeonato nacional. Luego de tantos más había conseguido que la chica que amaba fuera su novia, llevaban varios meses saliendo y era perfecto. Ese día, en ese momento, todo era perfecto. Se había esforzado demasiado y su cuerpo por fin se dio cuenta de lo agotado que estaba. Sin embargo, ganar le había revelado que podía conseguir todo lo que se propusiera y que buscaría la forma de hacerlo.
La mujer lo dejó, entendía su felicidad y lo importante del día. Entrelazó los pies en su espalda para sostenerse con mayor comodidad e hizo lo mismo con los brazos tras su cuello, reposó la cabeza en su hombro y se relajó, lo dejó estar como quería. Se quedaron en silencio.
- ¿Fuiste a casa? -le susurró al oído, haciéndole cosquillas.
- Todavía no...
- ¿Los llamaste?
- Todavía no...
- Suéltame y llámalos, es una orden.
- Después...
Se separó un poco y la besó. La convenció -como siempre- y permanecieron así unos momentos más hasta que la mano de él comenzó a deslizarse por su muslo. La mujer se separó lo más rápido que pudo y lo obligó a llamar a casa. Seguro que organizarían una celebración. Aprovechó esos minutos para recomponerse, preparar algo caliente y servir algo de comer -que no era mucho, de los nervios había olvidado comprar comida y por primera en su casa solo había café y unas galletas azucaradas que su novio odiaba, pero a ella le encantaban.
- Gracias... sí... sí... ¡NO!
Narumi se sorprendió del pequeño grito, pero rio pensando en que probablemente querían hacer una fiesta enorme invitando a toda la escuela... o el barrio. A la familia de Sendoh le gustaba celebrar en grande para desgracia del capitán de Ryonan, que aunque es bastante sociable, prefiere estar en calma.
- ... nos juntaremos todos los del equipo hoy, Uozumi nos invitó a comer... nos quedaremos en su casa, es bastante grande. Sí, los quiero. Adiós.
- ¿Cuánto tiempo tenemos antes de que tengas que ir a la casa de Uozumi? Quiero saber todos los detalles del partido. ¡Debiste dejarme ir!
- Todo el tiempo del mundo... no hay celebración. O sea, la hay, pero dije que lo pasaría con mi familia.
Sabía que ella se enojaría por mentirle. A todos. Pero estaba decidido. Quería compartir esa felicidad solo con ella.
A pesar de todos esos meses, aún sentía que ella dudaba de la relación. Tenía completa seguridad de que Lily estaba enamorada, pero ella jamás lo admitiría y esa tensión solo desaparecía cuando el mundo los dejaba solos.
Sí, claro que estaba convencido de que ella lo amaba: porque siempre se hacía tiempo en su horario para verlo; porque le enviaba mensajes a cualquier hora cuando algo le parecía gracioso o bonito; porque conocía cada uno de sus días de exámenes y entrenamientos, dejándole un mensaje de ánimo muy temprano, para que lo primero que escuchara al despertar fuera eso; y, principalmente, porque ahora dejaba que le diera la mano en la calle. Y ella misma lo buscaba. La encontraba acomodándose en sus brazos para relajarse. Pero hoy quería algo más.
- No puedes quedarte aquí esta noche.
- Solo un rato, sin que nadie llame, sin tener que preocuparme por la hora para tomar el tren de regreso a casa, sin que mamá espere que llegue pronto de pescar, entrenar o estudiar (las mentiras que normalmente le decía)... solo déjame descansar aquí un rato.
Se recostó en el suelo dejando sus pies bajo el kotatsu.
- ¿Pero te irás? ¿A tu casa o a la de Uozumi? ¿Lo prometes?
- Sí.
Al principio bebió su café en silencio, él seguía inmóvil sobre el tatami. Luego se relajó y le indicó que se acercara.
Había un lugar prohibido para Sendoh en casa de Narumi: la cama. No dejaba ni que se sentara en ella. El departamento era monoambiente, pero él solo tenía permitido descansar en los cojines, bajo el kotatsu, en las sillas.
Por supuesto que tenían una relación física. Sendoh no la soltaría si le dieran la oportunidad, pero ella no dejaba que pasara más allá de besos o abrazos. Disfrutaba cuando se sentaba entre sus piernas y ocupaba su torso de respaldo para ver televisión o leer. La abrazaba y ella estiraba un poco hacia atrás su cabeza y la apoyaba en ese espacio entre el hombro y el cuello. Ahí podía olerlo y él podía hundir su cara en su pelo oscuro. Pero no lo dejaba tocar nada más. También le gustaba cuando lo dejaba dormir en su regazo y le acariciaba el pelo mientras revisaba algunos exámenes, a veces la escuchaba reír con las respuestas de sus alumnos.
Sakuragi y sus amigos siempre utilizaban ejemplos particularmente absurdos y estaba segura de que eran anécdotas reales en las que todos sufrían algún episodio vergonzoso. Bueno, todos menos Yohei Mito que parecía ser el favorito del grupo y el único que contestaba seriamente, sin participar de aquel juego. Ella no tenía cómo saberlo en ese momento, pero todo era un plan de los amigos para que la profesora pudiera conocerlo un poco más... sin que Yohei se enterara y los golpeara en el proceso.
Todo esto ocurría en el departamento de la profesora. Afuera le daba la mano y si lo besaba era brevemente. Por suerte para Sendoh, por como había sido criada, a su novia aún le parecía extraño que en Japón no estuviera bien visto que las parejas demostraran afecto en público. Estaba seguro de que si tuvieran la misma edad ella sería mucho más afectuosa en la calle. Para que su abrazo o beso durara más de unos segundos, la arrastraba repentinamente tras un árbol o auto. Narumi aún no se acostumbraba a ir caminando y sentir un tirón que le dejaba entre arbustos solo para tener un minuto de privacidad cuando Sendoh no podía esperar a llegar a casa.
Lily sabía que él quería algo más, era normal, pero salir con alguien más joven es diferente a acostarse con él por primera vez y preparaba todo para que jamás fuera necesario que se acercara a su cama. La regla era que no se podía sentar ahí y que no pasaría ninguna noche con ella, es decir, reducir cualquier tentación.
Pero ese día había clasificado al campeonato nacional y se veía tan cansado que lo dejó. "Solo por hoy". Se sentó en la cama apoyando su espalda en la pared y puso un gran cojín sobre sus piernas. Lo llamó y él se arrimó con pereza, descansando ahí su cabeza. Estaba feliz. Durmió una media hora. Lily se quedó todo ese tiempo mirándolo. Le acarició el cabello y lo tapó un poco. Se veía tan feliz y relajado. Había cumplido su sueño y solo quería dormir en vez de celebrar con su equipo.
"No hay vuelta atrás ¿verdad?" pensó. La había conquistado completamente y a pesar de esos seis meses aún le costaba comprender cómo es que el amor estuvo siempre tan cerca. Lo movió un poco para asegurarse de que realmente dormía y se acercó para besarle la frente.
- Te amo.
Lo dijo en un susurro tan bajito que por un momento Sendoh dudó de que fuera real, pero llevaba unos minutos despierto. Disfrutaba de las caricias en el cabello antes de que lo enviara a casa apenas lo viera consciente otra vez. Ahora estaba decidido, se quedaría.
Abrió los ojos y ella se sobresaltó. Su cara completamente pálida, la boca entreabierta y la garganta seca. "Mierda". No tenía planeado decirlo.
- Te amo - le contestó él.
Se incorporó y la beso fuerte, con muchas ganas, quizás demasiadas, pero ella se resistió. Quería ese beso, lo deseaba, pero Sendoh estaba acariciándole la espalda y agarrando su cintura. Sabía lo que significaba y no podía permitirlo. Se separaron por falta de aire y lo empujó.
- Prometiste que te irías.
La interrumpió con otro beso y la apoyó de espaldas en la cama. Una parte importante de ella quería que se detuviera, otra muy fuerte quería quedarse así con él para siempre. Sendoh comenzó a besarle el cuello, a dar un pequeño mordisco en su hombro y a quitarse la sudadera de Ryonan.
- No podemos. No puedes. No puedo... - en el fondo sabía que intentaba convencerse a sí misma.
- Quiero esto -dijo lamiéndole el cuello, mordiendo su oreja y, para su suerte, escuchando un pequeño quejido ahogado de ella en respuesta. Nadie lo esperaba en casa, no se iría esa noche.
Alargó la mano hasta acariciar su pierna por sobre el viejo pantalón deportivo que ocupaba en casa y le besó la clavícula. "Ahí no, maldita sea, justo... ahí... no".
- No quiero... -dijo besándole el hombro entre cada sílaba -pero puedo detenerme si realmente lo deseas.
Volvió a besarle la clavícula y a morderle suavemente el hombro, a lamer el lugar que había enrojecido. La sintió temblar. Ella también lo supo, él no se iría a casa esa noche. Lo apartó y se incorporó en la cama.
- Akira, escúchame bien. ¿Estás seguro?
- Sí.
- No, no contestes por tus hormonas volviéndose locas. Piénsalo de verdad.
La única vez que ella estuvo con un hombre fue a los diecinueve años, uno más que Sendoh. Con Daisuke, antes de su semestre en el extranjero, pensando que estaría con él por siempre.
Akira la miró con seriedad y las mejillas sonrojadas. No solo estaba seguro, estaba decidido, estaba listo. Y si le hubiese pedido gritarlo por la ventana o correr a pedir el permiso escrito de sus padres, lo habría hecho. Pero por sobre todas sus ganas, sabía que en ese instante ella también lo deseaba y eso era suficiente.
- Lily, no hay nada que quiera más que estar contigo y saber que tú también quieres que me quede.
Se rindió. Fue ella quien lo besó esta vez y quien cambió sus posiciones quedando sobre él. Lo ayudó a quitarse la camiseta. Gruñó.
Sendoh se preocupó, había hecho algo mal y no sabía qué. Los nervios lo consumieron por segunda vez en el día, sin embargo, a diferencia de con el baloncesto, en esta área era un principiante. Y aunque lo había imaginado muchas veces, en ninguna ella gruñía al mirarlo. No de manera exasperada al menos.
- ¿Por qué te enojaste de pronto?
"Porque eres perfecto, maldita sea, ¿te has mirado al espejo?".
No podía decirle que verlo sin camiseta había hecho que surgieran todas sus inseguridades. Sí, había practicado deporte durante su vida, pero había perdido musculatura y era más blandita que cualquier cosa, totalmente diferente a él. Seguro que se vería mejor con una chica igual de joven, participante activa de un club deportivo y que no pasara sus días revisando exámenes y bebiendo una cantidad poco sana de café. Comenzaría a jugar baloncesto con él otra vez.
Verlo sin camiseta también hizo surgir todos sus deseos y comprobó, una vez más, que A-chan había desaparecido hace muchísimo tiempo. Lo había visto así antes, se conocían de niños y compartieron veranos completos en el río y en la playa. Pero ver por primera vez a Akira, su novio, sin la mitad de su ropa, era otra cosa.
Su tierna cara de preocupación y descubrir, por sus reacciones y respiración agitada, que a él no le preocupaba nada de eso, la sacó de sus pensamientos.
- No estoy enojada... -se mordió el labio dudando de admitir lo que quería decir, pero se decidió- tus brazos, tus hombros, tu abdomen, pero qué demonios, hasta tu cuello... lo quiero todo.
Dijo besándole cada parte nombrada. Sendoh no aguantó y le quitó la camiseta. Estaba sin brasier.
- ¿Eh? ¿No ocupas ropa interior?
- Claro que sí, idiota -se avergonzó y cubrió con los brazos- pero no esperaba que vinieras y estaba sola en casa, son incómodos... -su voz se volvía más pequeñita con cada excusa.
- Qué bien, me preocupaba no saber cómo desabrocharlo.
- Por favor, no me hagas cambiar de opinión...
- No puedes arrepentirte ahora. Además, quería ver ese lunar de cerca hace muchísimo tiempo.
Quedó helada. ¿Cómo sabía él que tenía un lunar en uno de sus pechos?
- Oye, pervertido, ¿Cómo sabes eso?
Akira sonrió de manera tonta, había dicho demasiado. La mujer le insistió y comenzó a separarse de él, enojada. La mantuvo en su lugar agarrándola firmemente de la cadera, no quería salir de entre sus piernas, así que lo admitió.
- ¿Te acuerdas de esa noche antes de tu viaje, cuando esperabas a... Daisuke? - Qué mal momento para recordar ese nombre. La mujer asintió. - Pues te acercaste a subir el cierre de mi sudadera y... tal vez... miré tu escote... rapidamente... ¡En mi defensa era bastante pronunciado y jamás te había visto así!
- ¡¿Qué?! ¿Qué clase de quinceañero eras?
- ¡Uno muy normal en realidad!
Le separó los brazos para que dejara de cubrirse y lamió la pequeña mancha, succionando levemente la piel alrededor. Era vergonzoso admitir la cantidad de veces que había soñado con tenerla así.
Ella lo separó y sostuvo su rostro con las dos manos, levantándolo un poco para acercarlo a su altura y besarlo. Su largo cabello lo cubrió y el roce hizo que Sendoh sintiera unas suaves cosquillas en la espalda.
La lluvia primaveral en la ventana la despertó muy temprano. Por unos segundos olvidó lo que había pasado hasta que sintió el peso del brazo de su novio sobre ella. Se incorporó.
Tenía que enviarlo a casa. Solo pensar en mirar a su familia la llenó de vergüenza. ¿Qué haría el domingo cuando visitara a sus padres y se encontrara como siempre a la mamá de Sendoh conversando con la suya?
"Hola, ¿Cómo está? ¿Si he visto a su único y preciado hijo últimamente? Sí, bastante. De hecho, sé lo bien que se siente tenerlo adentro mientras miente sobre su paradero a usted, a su padre y a su equipo. Y lo bien que se sienten sus manos... y su lengua... todo él en realidad, por cierto, les agradezco mucho tal creación. ¿Le sirvo un poco de té verde? ¿Cómo va todo en el trabajo? Por favor, no me mate, juro que lo amo y que lo evité lo más que pude."
Debía levantarse, vestirse, pedirle que se vistiera (por favor, no es posible verse mejor sin ropa que con ella), y aclararle que no volvería a suceder. Porque no volvería a suceder.
Pero, solo por ese momento, considerando que era todavía muy temprano y la lluvia justificaba quedarse en cama un poco más, decidió dejar esas preocupaciones de lado. Verlo con el cabello desarmado sobre los ojos valía la pena de enfrentarse a unos padres preocupados. Y qué bueno que no utilizaba ese estilo en su vida diaria, no era celosa, pero las chicas no lo dejarían en paz jamás. Akira despertó al sentirse observado y entrelazó sus piernas a las de ella mientras su novia acomodaba la cabeza en su pecho.
- Buenos días, Akira.
- Buenos días, Lily.
- ¿Podemos quedarnos así un rato más?
Le besó la frente en respuesta. "Podemos quedarnos así todo el tiempo del mundo".
- Sí, aunque también podríamos...
- ¡No!
Se rio fuerte, sabía que ella se negaría. La abrazó un poco más y volvieron a dormir.
