Después de algunos minutos parado en la entrada solo tocando el timbre, el abuelo Jigoro le abrió y al verlo le dio una sonrisa.

—Ah ¡Tanjirou, bienvenido! Pasa —dijo dándole paso.

—¡Buenas tardes, señor! Gracias por recibirme.

El pelirrojo se adentró a la casa de Zenitsu, quién había estado faltando a la escuela desde hace días. No había avisado, a nadie le dijo nada, las llamadas las ignoraba, los mensajes no le llegaban. Habían pasado tres días cuando Tanjirou decidió ir a verlo, estaba más que preocupado por su amigo, quién desde hace tiempo se comportaba extraño.

—¿Quieres té? —cuestionó el abuelo, sonriendo de lado a lado, dirigiéndose a su cocina.

—Claro, ¿Podría llevarle uno a Zenitsu?

Él se veía realmente feliz cada vez que Tanjirou los visitaba. Era extraño encontrarse con personas tan amables y atentas, no podía evitar alegrarse al saber que su nieto tenía un buen amigo como él. Por lo que asintió ante su petición y se apresuró a prepararlo.

—Ha estado encerrado en su cuarto desde el martes —comentó— No me quiere decir qué le pasa, pero creo que contigo será diferente.

—Eso espero —y le sonrió, aunque Zenitsu tampoco le decía nada sobre sus problemas.

Pero tenía una idea, no había dejado de pensar desde el primer momento en que le perdió el rastro. Esa fiesta a la que asistieron meses atrás marcó un antes y después, no iba a olvidar ese detalle cuando estuviera frente al rubio.

Jigoro le entregó el té, uniendo sus manos segundos después como si pidiera en oraciones las respuestas que le eran ocultas. Después de agradecerle, el pelirrojo caminó por el pequeño pasillo hasta llegar a la habitación de Zenitsu. Un olor se incrustó apenas estuvo en frente, era una mezcla entre alcohol y sudor, ¿Acaso el abuelo Jigoro no lo había sentido? Tocó impacientado.

—Zenitsu, soy yo, Tanjirou. ¿Puedo pasar? —No tuvo respuesta, por más que esperara, no hubo ninguna— Voy a pasar.

Con una mano sosteniendo la pequeña bandeja, se permitió abrir la puerta y entrar sin más, encontrando en la oscuridad de la litera un montón de sabanas envolviéndolo. El olor se hizo más fuerte, no lograba identificar por completo que era.

Dejó las bebidas en la mesa de noche y se sentó en la orilla de la cama en silencio, solo observando el montón de cobijas.

Entonces un par de ojos ámbar se asomaron en una pequeña entrada. Rojos e hinchados, mirándolo como si esperaran que sus problemas desaparecieran de la nada.

—Hola —susurró, su voz fue áspera y profunda, como si tuviera seca la garganta.

Tanjirou elevó apenas la comisura de sus labios tomando la tacita y acercándosela.

—Vine a ver cómo estás —declaró.

Eso fue suficiente para que Zenitsu saliera de su nido y se sentara con las piernas cruzadas. Tanjirou arrugó aún más la nariz y se le acercó.

—N-no hagas eso —pidió el rubio, Tanjirou solo inhaló una vez más.

—Perdón, el olor es fuerte —Excusó con una pequeña sonrisa.

Zenitsu decidió ignorar ese comentario solo sorbiendo lentamente del té. Con diversos problemas rondando en su cabeza, el olor era lo de menos.

—¿Está todo bien? —Tanjirou ahora sostuvo la otra taza en sus manos— Te traje los apuntes pendientes, no te demores en volver a la escuela.

El contrario asintió a sus palabras sin prestarle atención por completo. Y Tanjirou no pudo evitar extrañarse por su comportamiento tan apagado, no habían quejas ni lloriqueos, solamente silencio. El pelirrojo giró su cuerpo hacia su amigo, formulando en su mente las preguntas que podía hacerle para aclarar la situación que lo tenía así. Apretó los labios cuando lo miró a los ojos.

—Uhm... —Zenitsu dejó la taza en la mesa— Tanjirou, ¿Somos amigos?

Sus palabras temblaron al final. Le miró sorprendido.

—Por supuesto que soy tu amigo.

—Entonces, ¿Me odiarías si fuera un mentiroso...?

Tanjirou abrió la boca, analizando sus palabras.

—¿Le estás mintiendo a alguien? —Tanjirou entonces llevó su mano a la barbilla pensativo— No creo que sea tan malo para que preguntes eso, Zenitsu.

Tragó grueso, sabía que era malo. Sus pensamientos no dejaban de repetírselo en los últimos tres días. Después que regresó a su hogar sin recordar la mayoría de lo que sucedió la noche anterior, no hizo nada más que pensar en Makio y Tengen, en el matrimonio donde se entrometió, en las cálidas caricias que le fueron entregadas por el mayor y las palabras bailarinas que la mujer soltaba cuando hablaron en su casa. Después la mirada enfurecida que le entregaron ese día era una que, podía garantizar, jamás haría Tengen si alguien se metiera con él.

Eso lo enojaba, porque su corazón se hundía en el pecho por la decepción. Tanta hacia Uzui como a él mismo.

Luego estaba Kaigaku, su frialdad al hablar le dolía, pero no tenía a quien contarle lo que le pasaba. Cada encuentro que tuvo con ese chico eran horribles, pero esos podían llevar a su final. Tan solo si Tanjirou lo escuchara, si su amigo pudiera comprender sus sentimientos entonces...

—Yo... ¿Puedo contarte un secreto? —Sus manos temblaron al esperar la respuesta del pelirrojo.

Su amigo le dio una sonrisa al asentir, con su calida mirada que lo caracterizaba. Así que Zenitsu, doblando los dedos de sus pies ante los nervios, se inclinó un poco hacia donde estaba Tanjirou con la intención de ocultar sus ojos hinchados a punto de llorar otra vez.

—Puedes contarme lo que sea, Zenitsu.

—Yo uhm... —Dudó con miedo antes de reverlarlo— Me gusta alguien... —Tragó duro, por unos segundos sus pensamientos comenzaron a mezclarse sin saber cómo continuar su secreto. Las lágrimas salieron involuntarios ahogando su vista entre gotas saladas de culpa, así que pasó la manga de su pijama contra sus ojos, secando— Me gusta pero... Es más doloroso que cualquier otra cosa.

Tanjirou le escuchó en silencio, intentando dar con la persona que le gustaba, pero fallando a la falta de una. Nunca había escuchado o visto a alguien llamando la atención del rubio. Normalmente solo se junta con ellos, apenas le habla a sus demás compañeros.

—Te gusta alguien —repitió pensativo. De pronto lo recordó, el momento en que Zenitsu pareció distanciarse en un comienzo— Acaso, ¿Lo conociste en la fiesta de Tomioka?

El rubio levantó su mirada con velocidad, mirándolo sin creerlo.

—¿Cómo lo... sabes? —titubeó sintiendo las lágrimas correr por sus mejillas.

Cuando los ojos de Tanjirou se suavizaron, cuando esa sonrisa se asomó por sus labios, en ese momento no pudo contenerse, simplemente sollozó ocultando su rostro en la cobija de su cama.

Por primera vez se sintió así, como si un peso se quitara de encima. Su amigo le acarició la espalda como confortación, sin saber que en realidad, gracias a eso Zenitsu se sentía aliviado después de semanas sintiéndose como un pedazo de mierda. Hasta ahí le fue suficiente, dejando que el amargo sabor de la culpa se deslizara por sus ojos hasta saciar su paz interior.

Cuando Zenitsu se tranquilizó, después de que Tanjirou saliera por más té, las cosas volvieron a la normalidad.

—¿Te has bañado? —Que Zenitsu desviara la mirada solo indicaba que no lo había hecho desde su encierro.

En realidad no le preocupaba su olor, tenía aún ese característico aroma de burdel y el sudor acumulado de tres días. Desde que llegó esa madrugada solo quiso dormir y dormir, no hacer más que eso, ni comer, ni ducharse o salir a estudiar. El teléfono lo apagó y se perdió entre sus cosas, tampoco lo había hecho por buscar en un intento de autocontrolarse en enviarle un mensaje a Tengen.

—Levántate y toma un baño, te estaré esperando aquí —y se cruzó de brazos.

Zenitsu apenas soltó un suspiro agotado, bebió lo más pronto que pudo del té y bajó sus pies de la cama.

—Gracias por visitarme —le dijo seguido a una sonrisa y comenzó a buscar entre sus cosas por ropa limpia.

Sus manos se sumergieron entre la ropa amontonada en una silla y con las yemas de sus dedos sintió la textura fría del celular. Lo sostuvo entre sus dedos, debía soltarlo e ir a ducharse.

Debía ser fuerte y no revisar su buzón de mensajes.

Pero en vez de soltarlo, lo sustuvo con más fuerza y se lo llevó al bolsillo. En seguida salió de su habitación y se dirigió al baño. Presionó el botón para encenderlo y vio la pantalla iluminarse.

Encerrado en el baño, dejando caer la ropa al suelo e ignorando el olor que su cuerpo desprendía, revisó entre sus mensajes por un nombre en específico.

Y ahí lo vio, el nombre de Uzui con mensajes sin abrir.

"Te extraño"

Resaltó entre tantos. Otros le pedían por volverlo a ver, habían disculpas e invitaciones a comer. La calidez en su estómago se extendió por su cuerpo. Y justo arriba de esos, se hallaba el nombre de Kaigaku.

"Espero verte otra vez"

Ahí cayó en cuenta de la traición. La traición que sintió la última vez que vio a Tengen. La calidez se detuvo y un nudo se alojó en su garganta.

Bloqueó el teléfono ahora con las manos temblando ligeramente y las ganas de llorar volvieron. Recogió su ropa y se dispuso a bañarse.

Pero se estaba cansando de sentirse así. Había descubierto que odiaba ser solo un pasatiempo al que engatusaban con mentiras. Además, ahora se sentía mejor, capaz de lo que creía inimaginable, sabiendo que ya no tendría que ocultarlo para sí mismo por más tiempo.

Apretó los dientes. No lo pensó tanto tiempo.

Uzui Tengen no volvería a jugar con sus sentimientos.