BLACK CLOVER Y SUS NO ME PERTENECEN.
Como se los he dicho durante cada capítulo yo solo los tomo prestados con el fin de entretener y pasar el rato.
Estaba sentada mientras revisaba documentos en su escritorio, últimamente las misiones estaban en aumento. Todo parecía seguir el curso que había antes del ataque de los elfos, era normal que hubiera tantas misiones después de haber cesado por un tiempo. El reino por fin parecía volver a seguir su curso, eso la relajaba notablemente. No era que le gustará ser una loca del control, solo le gustaba hacer las cosas bien.
No todo era miel sobre hojuelas. Las misiones de escolta habían aumentado, misiones de las que sus chicas se quejaban porque era aburrido, y también habían aumentado las misiones de investigación por actividades sospechosas. La última de ellas, y a la que ella misma había partido había resultado decepcionante, había resultado que era un gato el causante del problema. ¿Su crimen?, le gustaba buscar comida entre los callejones oscuros. Se había preguntado en un par de ocasiones si realmente las personas estaban paranoicas, o si la ausencia de Julius vagando por las calles comenzaba a notarse.
Habían sido notificados que el Rey Mago estaría entrenando en una ubicación secreta. Era necesario recuperar su nivel mágico, asumió que eso era obra de los altos mandos de la realeza, pero también era muy factible que fuese una decisión propia. No era muy difícil imaginar el sentimiento del actual Rey Mago, era cierto que los había salvado del ataque mortal y masivo de Patry. Julius había cumplido con su deber como el más fuerte del reino, pero eso lo había llevado a perder gran parte de su poder. La única forma de recuperarlo era entrenando, no sería un camino nada fácil, pero estaba segura de que no habría nada más que hacer. Ya era un extraño milagro que siguiera vivo, ser exigente no era una opción.
— ¡Nee-san!
Dirigió su vista a la puerta. Ella no estaba en la puerta aún y ya era tan explosiva cómo siempre. Sol nunca aprendería, seguramente no dejaría de referirse a ella así. Negó ligeramente mientras la miraba entrar corriendo, si era honesta esa imagen era algo graciosa, pero debía mantener su postura relajada y profesional. En especial con ella.
— ¿Cuántas veces tendré que repetirte que soy tu capitana?— le preguntó mientras dirigía nuevamente su vista a los documentos que tenía enfrente.
— ¡Lo siento nee-san!
Charlotte negó ligeramente con la cabeza, aún cuando decía que lo entendía y se disculpaba siempre volvía a suceder. No iba a rendirse aún, tenía que mostrar una postura más firme y mucho más autoritaria, si eso no funcionaba nada lo haría. Sol era una buena subordinada, era revoltosa la mayor parte del tiempo; no obstante, era hábil y fuerte. Sol era una digna miembro de las Rosas Azules, solo que la idolatraba demasiado, sabía que la admiraba pero en ocasiones era estresante. No era una malagradecida, tenía que agradecer tener subordinados tan leales, sólo que realmente agradecería que le diera su espacio.
— ¿Qué sucede?— preguntó mientras leía un nuevo reporte.
— Todas las demás se están comportando muy extraño— se quejó cruzando los brazos sobre su pecho— ¡No dejan de hablar de citas y planes!
— Mientras eso no las distraiga de sus actividades y responsabilidades, no le veo el problema— aseguró ligeramente sonrojada, incluso ella fantaseaba con poder ver más seguido a Yami—¿Qué?— preguntó de nuevo al ver la expresión de Sol.
— ¡Es que no lo entiendes nee-san!— soltó un leve grito. Su rostro lleno de terror.
No era que no lo entendiera. De hecho lo entendía mucho más que nadie, si hubiera un poco menos de trabajo tal vez, solo tal vez sería más sencillo verlo. Yami era de lo más discreto y demasiado bueno ocultándose en la oscuridad, era él quien la había buscado cada vez. Cada vez había llegado entrada la noche, aprovechando la oscuridad. Cada ocasión se había marchado antes de que amaneciera pero, la última vez, se había quedado profundamente dormida.
— ¿Intentan llevarte a sus citas grupales o algo parecido?— preguntó tomando un nuevo informe entre sus manos.
— ¡No!— gritó desviando la mirada con molestia.
— ¿Entonces cuál es el problema?— preguntó sin apartar la vista de los documentos frente a ella— Y llámame capitana.
— ¡Son planes para que veas al capitán de los Toros Negros nee-san!— gritó nuevamente intentando ocultar, bastante mal, su descontento.
— No le veo el...— hizo una pausa antes de girar robóticamente su cuello en dirección a Sol— ¿Eh?— fue lo único que salió de su boca, su mano apretaba levemente el documento que antes leía.
— ¡Puri incluso envió una invitación a su orden!
El rostro de Charlotte se enrojeció, ¡tenían que estar bromeando, no podían hacer semejante cosa!. ¿Cómo se suponía que iba a enfrentarse a esa situación?, ¡sería demasiado incómodo y difícil tener que fingir que nada pasaba entre ellos!. Aunque conociendo a Yami, él aceptaría y aprovecharía la oportunidad de molestarla. Si era una invitación a cenar Yami jamás la despreciaría, mucho menos cuando alguien más pagaba la cuenta. Eso no le molestaba, el hecho de que ella era una mujer estaba lejos de significar que ella dependía de él, ¿acaso una mujer no podía pagar la cuenta en una cita?.
— Esta es una misión especial Sol, asegúrate de que esa carta no llegue a su destino.
Tan pronto había hablado Sol había desaparecido. No quería que todo se conociera aún, no quería que comenzarán las habladurías, sólo quería disfrutar del momento un poco más. Yami no había mostrado interés alguno en que alguien supiera sobre ellos. Tal vez podría pensar que lo estaba obligando a decirlo, no quería que él creyera que estaba desesperada por atención de ese tipo. La última vez todo había sido extraño y agradable, él le había cortado el hilo mientras la abrazaba. Sólo le había dicho al oído que durmiera, no había mostrado interés alguno en hacer el amor, solo la había acercado a su pecho y había cerrado los ojos.
No lo había pensado mucho, se había solo dejado guiar por la tranquilidad que sentía, hasta que se había quedado dormida. Sólo que una vez al despertar no le pareció una buena señal notar que él simplemente había desaparecido, era como si jamás hubiera estado ahí la noche anterior. Así había transcurrido casi todo el mes, el trabajo estaba realmente intenso últimamente ella lo sabía más que nadie, después de todo tenía que leer y asignar las misiones que llegaban a sus manos. Yami no había regresado desde esa noche, no había ocurrido ningún encuentro por las calles, sabía que él muy probablemente también estaba ocupado, pero la idea de verlo era demasiado tentadora.
Quería tomar la iniciativa y buscarlo, pero tal vez era lo mejor esperar. No quería verse desesperada, no cuando no sabía si realmente él quería o no verla; sin embargo, no era el único motivo para evitar buscarlo, de cierta forma era bueno saber que ambos podían tener su propio espacio. Se sentía suficiente cuando volvía a verlo, era mucho más de lo que había esperado tener alguna vez. La posibilidad de que sus encuentros fueran más constantes era alta, una vez que el trabajo disminuyera un poco más ambos tendrían más tiempo libre, podrían encontrarse con mayor regularidad.
Ella aún no quería decirle a nadie, sólo quería disfrutar de lo que tenían por un poco más, después todos tendrían algo que opinar, sus chicas querrían saber algunos detalles. Probablemente la nobleza comenzaría a hablar hasta por los codos, no era que eso le importara mucho. Una vez que se conociera su relación, todo mundo se creería con el derecho de opinar, las personas se inventarían un millón de rumores. No le gustaba ser el centro de atención, y mucho menos le gustaría serlo por esos motivos.
Pero eso solo sucedería una vez que lo hablaran y ambos creyeran que era necesario, pero hasta entonces quería que solo siguieran siendo ellos dos. Sabía que no sería efectivo por siempre, tampoco quería que lo fuera, era solo que en ese momento ella sólo quería gozarlo. ¿Qué había de malo en querer el momento únicamente para ellos dos?.
Despertó increíblemente cansado esa mañana, su cuerpo seguía agotado del entrenamiento que había tenido con Maraleona la noche anterior. No había forma de negarse ante los para nada sutiles pedidos de la mayor de los Vermilion, al menos el agotamiento había valido la pena. Había logrado adaptarse a la Zona de Mana, no diría que era un experto, porque sabía que estaba lejos de la habilidad de la loca del fuego.
Estaba convencido de que esa mujer no era humana, pero al menos era agradable tener alguien con quien entrenar satisfactoriamente. No era que se le facilitara subestimar el poder de sus subordinados, reconocía su fuerza más que cualquiera en el reino, pero sabía que tanto sus idiotas como él mismo terminarían por contenerse inevitablemente. El caso con los otros capitanes era uno completamente distinto. Todos tomaban demasiado en serio sus responsabilidades, no significaba que él fuera un holgazán ni mucho menos, pese a lo que todos pensaban era bastante ordenado y responsable, pero también le gustaba divertirse. Los demás capitanes nunca parecían muy interesados en la diversión, bueno todos a excepción de Rill, afortunadamente aún estaban a tiempo de salvarlo de la aburrida vida noble.
Tal vez Jack era una buena opción en ocasiones, pero el tipo loco había partido en una misión y no había regresado aún. Nozel jamás aceptaría, y como siempre, le daría una mirada de asco. Fuegoleon estaba demasiado ocupado, se la vivía entrenando a sus subordinados hasta dejarlos inconscientes; Dorothy, se la pasaba durmiendo la mayor parte del tiempo; el otro de cabello raro,del cual no recordaba el nombre, no parecía nada interesante a su parecer. Vangeance estaba cumpliendo misión tras misión para redimirse. Descartando a todos ellos, sólo quedaba Charlotte y entrenar con ella sería duro, sus chicas seguramente estarían ahí y no le gustaba tanto esa clase de atención.
Julius siempre había sido su compañero de entrenamiento pero ahora no era posible, él estaba entrenando arduamente por su cuenta. Después de todo tenía que recuperar su nivel mágico, así que ahora era casi imposible verlo si no era absolutamente necesario. Eso lo descarta por completo también, y a él lo dejaba sin alguien con quien entrenar, pero ahora estaba también Mareleona y era un adversario más que calificado, ligeramente aterrador también. No diría que huía de ella, sólo que le gustaba mantener todas sus extremidades unidas a su cuerpo, ella era completamente salvaje cuando se entusiasmaba.
— Uhm.
Se estiró y se puso de pie, estaba cansado pero no podía quedarse en la cama más tiempo. Se colocó su camisa lentamente. Él no era la clase de hombre que dormía desnudo, siempre dormía en sus pantalones, era más práctico por si algo ocurría. En la base pasaban muchísimas cosas diariamente, cosas sin explicación a diario. Estaba seguro que un día iba a despertar con el techo encima de él, era mejor estar preparado para cualquier posibilidad que lo hiciera saltar de la cama.
En ese momento tenía tanta hambre, que la idea de comerse una res entera, no parecía imposible. Realmente esperaba que Charmy ya estuviera despierta. La idea de ponerse a cocinar no le apetecía, sabía hacerlo, pero eso iba a requerir tiempo. Su tiempo requeriría mucha paciencia, eso era algo que no tenía, no con el nivel de pereza que tenía.
Salió de su habitación mientras rascaba su nuca, había muchas cosas que hacer últimamente, apenas había encontrado tiempo de ver a la Reina de las Espinas. Aún cuando las Rosas Azules parecían saber sobre los sentimientos de su capitana, dudaba que ella les hubiera comentado algo, tenía que admitir que era divertido eso de actuar como que nada pasaba entre ellos. No encontraba un verdadero inconveniente para él si lo de ellos se sabía, pero tal vez para ella si, porque era cierto que si lo que había entre ellos se conociera se armaría un alboroto.
¿Qué era exactamente lo que tenían. Charlotte estaba enamorada de él y se lo había dejado claro. Él la había besado y tocado, la había hecho suya un par de veces también, no podría llamarle sexo a la forma de entregarse el uno al otro. Había tenido sexo algunas veces pero no con ella, decir hacer el amor sería muy cursi para él, pero estaba seguro de que no era sexo. Había transcurrido ya cerca de un mes desde su último encuentro. El trabajo había ido en aumento, había toda clase de misiones, le tocaba revisar más documentos de lo usual. Había tenido que asistir a más de un par de misiones en los últimos diez días., pese a sus esfuerzos, parecía que los disturbios iban en aumento.
La última vez que habían estado juntos él había entrado por su balcón. Ella había dejado la puerta entreabierta, le había gustado pensar en ese detalle como una invitación. Se había recostado a su lado, ella le había compartido algunas cosas, un poco de su día y una que otra vivencia del pasado. Mientras ella dormía la había escuchado decirle que lo amaba entre sueños, le había parecido algo bastante curioso, pero luego se sintió ¿perturbado?. No era que ella lo repitiera a cada instante, pero ella lo había dicho, y él aún no. Sabía que lo hacía e intentaba dejárselo claro cada vez que tenía la oportunidad, pero sabía que en algún momento tendría que decirlo.
No era que no lo sintiera, tampoco que no se sintiera listo para decirlo, pero no consideraba del todo necesario decirle algo que era obvio. Se consideraba más una persona de hechos que de palabras, pero sabía que las mujeres esperaban escuchar esas cosas, aún cuando lo sabían ellas simplemente querían escucharlo. ¿Aquí aplicaba el famoso "creerlo no es lo mismo que estar realmente seguro"?. Aún si ella no se lo decía era obvio que esperaba escucharlo decirle esas palabras, pero no quería decirlas solo porque ella le decía que lo amaba. No quería decirle que la amaba sólo porque ella se lo había dicho antes, esa no era la forma en la que quería decirlo. No era que quisiera que fuera la ocasión perfecta donde todo es perfecto, no era para nada un hombre romántico, no creía en esas cosas de "El momento perfecto". Las palabras sólo saldrían de sus labios cuando tuvieran que salir. Ella se lo dijo en el momento en el que lo sintió apropiado, en el momento que no pudo retenerlo más. Él estaba al tanto de sus propios sentimientos, no tenía un lado precisamente romántico, no iba a idear el momento más perfecto y especial para decirle que la amaba.
Él hacía las cosas que creía que tenían que hacerse, si su mente creía que era adecuado entonces lo hacía. Le diría que la amaba en algún momento, conociéndose a sí mismo sería en un momento para nada adecuado. No era que realmente fuera un experto en el ámbito emocional, eso probablemente jamás sería una de sus cualidades. Después de todo había sido solo él y sus pensamientos por mucho tiempo, no era algo que pudiera cambiar con facilidad, pero tendría que aprender a comunicarse más con ella. Charlotte lo intentaba y eso era más que claro, eso lo obligaba a él a intentarlo también. De acuerdo, decir que lo obligaba no era la palabra adecuada en esa situación, él quería poner de su parte ya que quería de cierta forma demostrar interés también. Usualmente era ella quien hablaba, él era bueno escuchando, cada cierto tiempo hacía una pequeña broma. Unas la hacían sonreír, otras cosas más le molestaban, y otras más la hacían sonrojar.
No se encontraba a sí mismo interesante, su día tampoco era como si estuviera lleno de cosas interesantes, tal vez las misiones si lo eran, eso podía compartirlo si era realmente interesante. No tenía muchas aventuras que contar. La última noche que la miró ella había compartido algunas cosas con él, cosas sobre su pasado y pequeñas charlas habían surgido de ahí. Charlotte tampoco parecía la clase de persona que contaría algo sobre su pasado, pero extrañamente le había compartido un poco de ese pasado. Le había parecido interesante saber de ella, aunque eso también significaba que él tenía que compartir, la idea no lo emocionaba mucho, había cosas que no quería compartir. La idea de traer recuerdos de su pasado no le entusiasmaba, pero si ella preguntaba alguna vez sobre su pasado antes del Reino del Trébol,entonces simplemente lo diría. No le gustaba hablar de su pasado, así que eso no sucedería por el momento y probablemente nunca por voluntad propia.
A él le había gustado esa sensación, hablar y luego dormir, había dormido con mucha tranquilidad con ella a su lado. Sólo habían sido un par de horas de sueño antes de que despertara, la había observado por unos segundos, tenía que irse antes de que salieran los primeros rayos del sol. No podía arriesgarse a ser visto saliendo de su habitación, no si ella no parecía cómoda con las cosas aún. Pese a las pocas horas de sueño había regresado a la base de buen humor, estaba seguro de que Finral había notado algo extraño en él. De cualquier forma no había mencionado nada, seguramente pensaría que él se podría enojar, pero era bueno que no preguntara.
Finral no era realmente tan idiota, estaba seguro de que se había percatado que no había dormido ahí aquella noche. Se lo había topado en el pasillo cuando regresaba a su habitación, no le había preguntado nada tampoco pero su cerebro trabajaba rápido con esas cosas. No era tan preciso al punto de afirmar que estaba saliendo con alguien, pero si para por lo mínimo creer que había ido a saciar sus necesidades.
Si Finral sospechaba que se estaba acostando con alguien, por lo menos no había hecho ningún comentario al respecto. Tampoco era que creyera que su vida sexual era algo de importancia para el castaño, realmente esperaba que no fuera el caso. Finral no le diría a nadie ni una sola palabra al respecto, e incluso si alguien en la base hacía algún comentario al respecto, era muy probable que él los detuviera. Lo haría mayormente por miedo a su ira, pero también por respeto.
Mientras caminaba logró divisar a Finral y a Magna. Estaban haciendo cosas extrañas y parecían demasiado concentrados, tanto que no habían notado su presencia. No hasta que ya estaba lo suficientemente cerca de ellos.
— ¡Buenos días Yami-san!
Finral parecía demasiado emocionado para ser tan temprano. Elevó ligeramente su mano a modo de saludo, estaban desbordando energías, seguramente algo bueno había sucedido mientras dormía.
— Despertó demasiado temprano y por su propia cuenta, ¡nuestro capitán es todo un hombre!— gritó Magna eufórico.
— Ustedes dos parecen bastante entusiasmados para ser tan temprano— soltó un bostezo mientras se dejaba caer en una silla— ¿Es bueno?— preguntó con pereza.
No era que estuviera realmente emocionado, tal vez de tener menos sueño, o si tal vez tuviera menos hambre, él los hubiera escuchado con un poco más de interés. Tal vez con la misma cara de aburrimiento, pero escucharía con mucho más interés; sin embargo, esa no era la situación, tenía un mal presentimiento sobre lo que estaba por escuchar y su instinto jamás se equivocaba.
— ¡Nunca nos decepciona Yami-san!— gritó Finral emocionado.
— ¡El capitán tiene un olfato infalible!— Manga asintió varias veces.
— ¿Eh?
Yami rascó su mejilla mientras buscaba a Charmy con la mirada. No tenía nada que ver con el olfato, era más bien su actitud, siempre que consideraban que algo era bueno hacían esa clase de cosas. Todos en la base actuaban así, incluso Gordon y Grey, lo cual sí era divertido. Cada uno de los suyos tenía algo que los emocionaba de manera excesiva, le gustaba pensar en eso su sello distintivo.
— ¡Esta mañana recibí una carta de Finesse-san!
Finral le mostró un papel en un estado lamentable. Le corrían lágrimas por el rostro, parecía que alguien había dejado el grifo abierto sobre sus ojos, no creía que eso fuera posible, sus idiotas eran todos unos anormales. Yami le dio un vistazo a la hoja de papel. No parecía para nada una carta enviada por alguien en la nobleza, parecía una simple carta de dos personas completamente normales.
No recordaba haber enviado cartas jamás, ¿a quién podría enviarle él una?, nunca hubo necesidad de hacerlo. ¿Enviar cartas de amor no era demasiado anticuado?, él no era la clase de hombre expresivo, se quedaría completamente en blanco intentando escribir. Las palabras de aliento tampoco eran mucho su fuerte, pero hacía el intento, eso era mejor que nada, ¿cierto?. Esperaba que Charlotte no deseara que él hiciera esa clase de cosas, eso sería un gran inconveniente, posiblemente también un problema. Con la situación que tenían enfrente la probabilidad iba en aumento, ¿cómo actuar contra eso?.
— ¡Tendrán una cena privada!
De acuerdo, ¿de dónde mierda había salido Asta?, no había percibido su ki cerca pero eso poco le importo en el momento. ¿Por qué usaba un delantal?, cada vez confirmaba que realmente estaba rodeado de una bola de idiotas anormales, ¿qué era ese palo con plumas negras que tenía en la mano?. Suspiró cansado y llevó un cigarrillo a su boca, ciertamente nunca habría un día normal en ese lugar, siempre tenía que pasar algo extraño y ruidoso. Cabía la posibilidad de que el delantal y esa cosa fueran obra de Noelle, realmente si cualquier otra persona lo mirara no pensaría que era un caballero mágico.
Tenía que ser justo por completo con sus desastrosos subordinados y ninguno de ellos parecía ser un caballero mágico. En realidad Asta era una caja de sorpresas, esos años en esa iglesia le habían hecho bien, el de cierta forma era el más responsable de todos esos idiotas. Había notado que las tareas del hogar habían pasado a ser en su mayoría del usuario de antimagia, pero solo era algo que era notado con facilidad porque él no tenía magia. Las tareas que a otros no les tomaría mucho lograr para Asta eran más agotadoras, pero él lejos de molestarse por eso siempre estaba más que animado y deseoso por ayudar.
— ¡El capitán te dará un ardiente consejo para tu cita!
— ¿Eh?. De ninguna manera— se negó, su rostro inexpresivo.
No sabía lidiar con su propia vida amorosa, esos idiotas no podían estar esperando que él le diera consejos. Finral había estado en tantas citas que realmente dudaba que necesitara ayuda, era ridículo siquiera pensar en eso. De todos en la base el más indicado para hablar de eso, si había alguien capaz de leer el ambiente cerca de una mujer era él, para nada necesitaba un consejo.
¿No era bastante obvio que la mujer estaba más que interesada?, ¿por qué le daría un consejo a Finral?. Las decisiones en ocasiones necesitaban de un empujón, a su parecer Finral sólo debía decidirse sobre qué hacer ya que, después de todo, ¿no era decisión solo de dos personas que hacer o qué no hacer por una relación?. Como él lo veía no se trataba de obedecerse el uno al otro, pero bueno la idea de pensar que habría otros con su pensamiento no parecía probable.
— Pero… — comenzó Asta mientras sostenía su barbilla, evidente pensando algo— ¿Por qué le daría un consejo amoroso el capitán?, lo más parecido a una relación amorosa que tiene es con el baño— Asta estaba lo suficientemente distraído pensando que no fue capaz de lograr notar el cambio en la mirada de su capitán— Y su temperamento ahuyenta a las que se interesan en él.
Una cosa era que no le interesara cualquiera, pero una muy distinta era lo que acababa de escuchar, ¿acaso ese mocoso sabía que podía escucharlo?. Esperaba que estuviera en sus cinco sentidos, porque quería escucharlo gritar cuando le diera una lección.
— A… Asta-kun, tal vez deberías parar.
Finral y Magna habían retrocedido un par de pasos conscientes de la creciente ira en su capitán. Realmente el menor de los Toros Negros no era un genio, no era capaz de notar cuando su vida corría peligro. Claramente usaba su ki como si fuera una habilidad en el campo de batalla, de usarla mejor notaría que su ki estaba iracundo.
— Siempre tiene esa cara de que nada le interesa— intentó recrear una de sus caras de pereza— Su boca está llena de "Idiota" "Bastardo" "¡Te matare!", a las chicas no les gusta eso—creó una X con sus brazos—A las chicas les gustan los hombres que escuchan, los que demuestran interés, el capitán casi nunca muestra interés por nada, tampoco le gusta compartir nada muy personal—negó ligeramente.
Para este punto Yami ya se había puesto de pie, estaba hambriento, tenía sueño también. No estaba de humor para tener que soportar las idioteces de ese enano, no iba a demostrar interés en cualquiera solo para satisfacerlo, ese no era su jodido problema. No podía debatir ante "no le gusta compartir nada muy personal", ahí tenía que concederle una pequeña victoria. No sería con ellos y posiblemente tampoco pronto, pero compartiría esa clase de cosas.
— ¡Pero también tiene muchas virtudes!— se aceleró a gritar Finral, hacer molestar tan temprano a Yami nunca era una buena idea.
— ¡Es increíblemente fuerte!— secundó Magna, se había colocado estratégicamente detrás de Finral. Él no pensaba morir joven.
Escucharlos a ellos, lejos de calmar su ira la había hecho crecer más. Ese par solamente lo decían para salvar sus sucios y asquerosos traseros, tal parecía que tendría que disciplinar a ese trio de idiotas. No podían perderse las buenas tradiciones, tenía que pensar con claridad en un castigo apropiado, Finral sería su taxi sin descanso, lo usaría hasta que no pudiera ponerse de pie; Magna podría despedirse de el flan por un tiempo, y Asta...
— Uhm...— Asta nuevamente se dedicó a pensar— Pero a las chicas les gustan los hombres atentos y románticos, nunca lo he visto cerca de una mujer a menos que sea estrictamente necesario—suspiró —Además siempre está aquí o entrena, no hay forma de que esté en una relación, ¿no debería darte un consejo alguien que tiene una relación?.
— Bueno que eso es verdad— murmuró Finral adoptando la misma pose pensativa que Asta— Todas huyen.
Yami para ese momento ya se acercaba al menor para levantarlo del suelo mientras aplastaba su cabeza con una de sus manos. Había escuchado suficiente mierda por un día, les daría una lección a esos idiotas, les patearía el culo tan fuerte que no podrían sentarse, eran una bola de insolentes que tenía que ser corregida. ¿Quiénes se creían?, un mocoso que estaba enamorado de una monja, un casanova sin suerte buscando la cura de su "maldición", y un idiota adicto al flan. Había considerado ser piadoso pero esos idiotas lo habían pedido a gritos, sus castigos ya no serían tan indulgentes. Le prohibiría a Magna comer flan por dos meses, ya contaba con el secuaz perfecto para fastidiarlo y lo mejor era que no necesitaba decirle que lo ayudará. A Finral lo usaría como transporte hasta que no pudiera ponerse en pie, luego cuando se recuperara lo haría ir a una cita rodeado de mujeres hermosas. Seguramente sufriría tanto que desearía jamás haber abierto la boca.
Asta, ese enano era el platillo principal de su venganza, a él lo torturaria lentamente, le prohibiría en su totalidad ejercitarse. Le pediría personalmente a Julius una misión en la Aldea de Hage, cerca de esa monja de la que tanto hablaba, y cuando él estuviera seguro que lo enviaría. Le daría la misión a Finral y a alguien más, pero Asta no olería esos aires bajo ningún motivo, lo disfrutaría realmente a lo grande. Si Asta estaba tan seguro sobre su idea de desposarla, debía ser una mujer hermosa, pero ella ya se había entregado a alguien espiritualmente. Nunca pasaría algo entre ellos.
— Los asesinare a todos.
Y ahí estaba el tono más mortífero de Yami, aparentemente calmado, increíblemente ronco por su tono de voz natural, pero el acompañamiento visible de su mana y la vista asesina, simplemente lo volvían escalofriante.
Tomo a Magna del manto y potenciando su fuerza lo mando a volar, ¡genial ahora destruía su base al despertar!. El cuerpo de Magna había roto una ventana al salir por ella a una velocidad monstruosa, pero en ese momento poco le importaba. Habían elegido el peor día para jugar con su paciencia, habían arruinado su mañana y ahora ya estaba lo suficientemente despierto como para volver a la cama. Tendría que darle una lección matutina a esa bola de idiotas que se hacían llamar sus subordinados.
No había respondido a la orden de su capitana, no había necesidad de que se lo dijera dos veces. Ahora estaba camino a interceptar al mensajero de las Rosas Azules, no le gustaba la idea de su capitana con el irresponsable del capitán de los Toros Negros.
Si Charlotte decidía por su propia cuenta que era lo que quería ella no iba a oponerse. Honestamente no tenía derecho alguno para opinar sobre su vida personal, tampoco podía opinar al respecto de su vida laboral, el respeto que le tenía era demasiado. Pero la idea de que las demás se creyeran con la libertad de decidir por ella, eso si era inaceptable. Había partido en dirección a la oficina de la rubia con la intención de notificarle los hechos, si ella no encontraba un problema con eso, entonces ella lo aceptaría. Por el contrario, si lo encontraba inaceptable, partiría a detener al mensajero aún si no se le daba la orden.
Sabía que los sentimientos de su capitana no cambiarían, estaba dispuesta a aceptarlo llegado el momento, aún cuando no consideraba a ese molesto hombre lo suficiente para ella. Tenía que admitir que era el más acercado a estar a su altura, después de todo aún siendo un forastero él había escalado tan alto como para convertirse en un capitán de orden. Pese a los rumores que había escuchado cuando era niña, estaba segura de que no lo habían nombrado capitán sólo por su apego al Rey Mago.
Cuando su capitana había sido poseída por esa elfa, se vio obligada a admitir que no podría hacerla volver en sí. Había sido duro admitirlo, pero lo más molesto era que había terminado por rogarle que la salvara y él lo había hecho. La había traído de regreso sana y salva, sin ninguna herida. Claramente Yami no era un hombre débil, y pese a no querer admitirlo, probablemente ya no pensaba en él como un hombre patético.
Cuando Charlotte les había confesado aquella tarde su amor por él, no lograba entenderlo. Su capitana mostraba todo el tiempo su desprecio a los hombres, ¿cómo podría estar enamorada de uno?. Había visto mujeres enamoradas antes y ellas simplemente dejaban de lado casi todo, algunas incluso dejaban el campo de batalla, eso era escalofriante. Pensar que Charlotte podría convertirse en una de esas mujeres, era una sensación que no le gustaba. Pero, nuevamente tenía que recordar que no tenía nada que ver con ella. Su capitana iba a actuar de la forma que ella quisiera, después de todo era su vida.
Ella tenía derecho a ser feliz, que Charlotte estuviera enamorada de Yami significaba muchas cosas y ninguna era de su incumbencia. Era un amor que había iniciado desde hacía mucho tiempo, un amor que ella se había obligado a mantener en secreto por tanto tiempo. Ese amor no se había desvanecido con el paso de los años, y aún cuando ese hombre era un verdadero salvaje, Charlotte no había dejado sus sentimientos atrás.
Negó con la cabeza y se dio un par de palmadas en las mejillas. Eso no importaba ahora, solo tenía que detener al mensajero, esa era la decisión de su capitana y había decidido aceptarla fuera cual fuera. Ella solo quería verla feliz, lo demás no importaba. Solo que no dejaría que las demás hicieran por ella las cosas, Charlotte era la única que decidiría qué hacer, incluso ella misma lo buscaría si su capitana se lo pedía.
— Los mantos azules parecen estar persiguiendome este día.
Se detuvo en seco al escuchar su voz, él parecía venir en dirección de su base. Sin duda alguna ese hombre era tan fastidioso y habilidoso, ella no había logrado sentir su presencia. Era obvia la diferencia de poder entre ellos y esa brecha tal vez jamás se rompería, Yami Sukehiro era un capitán demasiado despreocupado, pero era fuerte y de palabra. Él estaba ahí frente a ella con el rostro totalmente inexpresivo, él era alguien intimidante cuando estaba serio y la naturaleza de su mana era demasiado particular.
Era obvio que él ya había recibido la dichosa invitación que ellas habían enviado, le supo mal ver ese rostro inexpresivo. ¿Acaso ese hombre podría ser más idiota?, no sabía qué era lo que decía la dichosa carta o invitación, lo que sí sabía era que él parecía no estar siquiera interesado en eso. ¿Qué era lo que podría hacer en ese momento? ¿Realmente había algo que hacer en esa situación?. No sabía el motivo pero ella realmente quería hacer algo al respecto, odiaba la idea de ver a quien más respetaba sufrir, por tanto, tendría que hacer algo.
— Se toman muy seriamente la frialdad.
Lo miró encogerse de hombros antes de seguir su camino. No había podido cumplir la misión que le había dado su capitana, ¿no se suponía que ella era la Rosa Azul más leal a su capitana?. Agachó la cabeza ligeramente antes de apretar sus puños con fuerza, había fallado en esa misión pero eso no era lo que le molestaba. Lo que le molestaba era que no le molestaba en lo más mínimo, tal vez ya no consideraba tan mala idea que esa cena o lo que fuera ocurriera.
— Capitán Yami nosotras deseamos agradecerle por haber salvado a nuestra Capitana.
Ella soltó un grito logrando que él se detuviera. Realmente no había pensado mucho en sus palabras, su única intención era que él se detuviera e intentará tragarse sus palabras. Charlotte le había pedido que detuviera esa carta, pero una vez que la carta había sido entregada todo había cambiado. Ahora solo podría defender a su capitana de la mejor manera posible, lo mejor era cubrir todo para que ella no se viera descubierta.
— ¿Salvarla?— él liberó el humo de su cigarrillo— Yo no hice eso, su capitana es una mujer fuerte, ella no necesita ser protegida.
Y entonces lo supo, Yami Sukehiro era alguien bueno, incluso para ser un hombre. Pudo vanagloriarse por haber salvado a Charlotte, pero él era honesto con cada una de sus palabras. ¿Todos los capitanes pensaban así o eso era solo cosa suya?, no lo entendía en realidad, pero el capitán de los Toros Negros cada vez parecía ser alguien más respetable.
Hola de nuevo.
Ya pasó un tiempo desde la última vez que nos leímos, realmente lamento mucho la demora. No hay una excusa que dar en realidad, todos tenemos días buenos y malos, ¿no es así?.
En este momento no se que decir en realidad. ¿Fue algo agradable de leer?.
Como siempre agradezco sus comentarios y su apoyo desde el fondo de mi corazón, realmente siempre son una motivación más para continuar.
¡Hasta la próxima!
D.N.M
