Personaje: Penélope Clearwater.

Prompt: bruja.


El ataque de los carroñeros (Parte II)

La segunda vez que fue atacada, Penélope Clearwater se encontraba en su casa.

Días atrás había recibido una carta de Percy, un hecho inusual, puesto que no se escribían desde hacía mucho tiempo. Sus problemas comenzaron cuando él consiguió el puesto que tanto anhelaba en el Ministerio de Magia y, desde entonces, apenas tenía noticias suyas. Las pocas ocasiones en que se veían, a Penélope le resultaba fácil perderse en la pasión del momento e ignorar lo que estaba pasando; pero luego Percy comenzaba a hablar acerca de su trabajo o el señor Crouch y no podía evitar irritarse, ya que estaba tan concentrado en sí mismo que no se tomaba la molestia de preguntarle siquiera cómo estaba o qué hacía. Una noche en que se vestía apresuradamente para irse porque «Tengo mucho que hacer, sigo reemplazando al señor Crouch», Penélope le cuestionó, sarcástica:

—¿Entonces estoy acostándome contigo o con el señor Crouch?

Él se sonrojó y se marchó sin responderle.

Penélope, a diferencia del personaje con su mismo nombre, no estaba dispuesta a esperarlo por siempre y decidió terminar la relación. Pronto obtuvo un empleo en Gringotts y su vida siguió su curso normal, al menos hasta que recibió un inesperado aviso de despido y le informaron que debía acudir a la Comisión de Registro de Hijos de Muggles. Percy, precisamente, le advertía en su carta que no lo hiciera. Los mortífagos acababan de tomar el control del Ministerio.

La única alternativa posible era el exilio. Estaba a punto de abandonar su casa, maletas en mano, cuando se encontró con un par de carroñeros esperándola al otro lado de la puerta. Se desató una lucha encarnizada, pero Penélope no tardó en darse cuenta de que no se encontraba ante magos competentes y, luego de repeler sus hechizos, contraatacó. Recuperó sus maletas y dejó atrás los dos cuerpos desplomados.

Se radicó en Estados Unidos, donde descubrió que la medicina era una carrera tan apasionante como sus padres la describían. Ya no usaba la magia con frecuencia porque su varita tuvo que permanecer guardada en el fondo de un cajón, para evitar que Rachel la encontrara por accidente. Conocer a esa muggle había sido una gran revelación. Llevaba el cabello escandalosamente corto, jamás se maquillaba y usaba camisas holgadas y vaqueros rotos. Sus padres la habrían desaprobado al primer vistazo, pero a Penélope le gustaba porque siempre le preguntaba sobre su día y solía jugar con sus rizos rubios entre los dedos mientras escuchaba sus anécdotas en el hospital.

Finalmente se vio obligada a contarle que era una bruja.

—Yo también —le respondió Rachel, maravillada—. Soy wicca.

Penélope se rió tanto que apenas pudo ser capaz de explicárselo, pero la otra lo entendió.

Si bien la guerra que la hizo abandonar su país había terminado hacía años, en ese momento se dio cuenta de que ya no tenía la menor intención de regresar.


Las pocas veces que leí de Penélope, tenía un destino trágico. Yo creo que se merece un final feliz.