Palabra: ilusión.


8. Mi cabeza piensa demasiado

Make a wish when your childhood dies
Hear the knock, knock, knock when she cries
We're all alone tonight
Hold your breath when a black bird flies
Count to seventeen and close your eyes
I'll keep you safe inside

S/C/A/R/E/C/R/O/W, My Chemical Romance


Esa noche Bakugo duerme a su lado y Eijiro siente que todo pesa.

Pesa el aire sobre los dos y pesa la distancia, porque Bakugo no se acerca a él como suele hacerlo. La cautela le duele también, porque en algún momento creyó que lo conocía más de lo que ha descubierto que sabe de él.

Finalmente, pesa su incapacidad para dormir y sólo lo mira tener un sueño inquieto. Se acerca para abrazarlo y así, dormido, Bakugo no lo aparta.

Piensa demasiadas cosas.

Piensa que hubiera odiado al Bakugo de la secundaria, que acosaba a otros más débiles.

«Hubieras también admirado su valía», le dice una pequeña parte de él.

Quizá sí, lo sabe. Por eso es todo demasiado complejo. Quizá es una suerte haberlo conocido cuando lo conoció y no antes. Así puede apreciar partes de él diferentes, más maduras, partes que se arrepienten de ese pasado. Partes que permiten que Eijiro duerma a su lado y abrace.

Así que, cuando Bakugo está dormido, Eijiro piensa.

Comprende que es un vértice de una historia tan larga y complicada que no conoce ni siquiera la mitad. Peor aún, en ese momento sólo conoce la mitad de Bakugo gracias a ese vómito de sentimientos que tuvo que escuchar. Se pregunta también donde está Midoriya. Quizá sólo necesita tiempo. Quizá debió salir corriendo detrás de él. Quizá. Quizá. Quizá. Es el problema de tener dos almas gemelas. No tiene ni idea de si está haciendo las cosas bien.

En la mañana, después de una noche mala y de un sueño intranquilo, se pone en pie mucho antes que Bakugo, que duerme hasta tarde cuando no se acuesta poco después de las ocho de la noche. Escribe una nota y la deja en la almohada, esperando que la vea cuando despierte y después agarra su celular.

Manda el mensaje cuando ya está afuera de la habitación de Midoriya.

«Ey, ¿quieres salir a correr?».

Es muy temprano, no tienen clase hasta más tarde.

Tiene que esperar unos minutos que se hacen eternos por una respuesta.

«Bueno».

«Estoy afuera de tu habitación».

Midoriya aparece tallándose los ojos y ajustándose una manga de compresión en el brazo.

—Kirishima. —Eso es lo único que dice y entonces se instala entre ellos un silencio incómodo, de esa clase que sale a relucir en los temas espinosos. Eijiro no quiere dejarlo sobrevivir, así que se adelanta a él.

—¿Vamos? —pregunta.

Y por un momento nadie dice nada más. Caminan hasta que el frío aire de la mañana les golpea la cara y entonces Midoriya, sin esperarlo, corre. Lo hace tan rápido que a Eijiro se le dificulta alcanzarlo.

Lo encuentra minutos más tarde, muchos metros más adelante.

Midoriya respira con dificultad.

—Quieres hablar, ¿no? —pregunta, directo—. Sobre… ayer.

No tiene caso negarlo. Así que asiente.

—Kacchan y yo tenemos historia —dice Midoriya, con cautela. Habla más lento que de costumbre, como buscando las palabras adecuadas—. Ahora eres parte de ella. Claro. Pero antes…

—Me contó —interrumpe—. No todo. Sobre…

Se corta porque no sabe qué tan correcto es soltar lo que a va a soltar. Se queda trabado allí, hasta que Midoriya vuelve a abrir la boca.

—Tendrás que decirme. —Sonríe con nerviosismo—. Nuestra historia tiene ya tantos capítulos que no puedo adivinar.

Así que tiene que decirlo.

—Te dijo que te suicidaras.

Y ante eso aparecen sombras en el rostro de Midoriya. Quizá no las sombras que espera, pero sombras, definitivamente.

—Ah. —Una pausa. Midoriya mira al piso un momento—. Eso. Esa parte. No sabía… no sabía que Kacchan pensaba en ella. ¿Sabes? Quizá sea un alivio darme cuenta de que sí lo hace. Que sabe qué fue exactamente lo que dijo. —Sonríe con nerviosismo y la sonrisa queda mal en su cara un momento—. No sabía que… Oh. Eso empezó mucho antes. Éramos niños entonces y había un río. Kacchan había empezado a comportarse un poco como un idiota hacía mí, porque un doctor había dicho que yo no tenía singularidad. —Hay una pausa, como si buscara como seguir—. Él se cayó al río y yo me precipité tras él; por si necesitaba ayuda. —Midoriya frunce el ceño entonces—. Nunca sé qué fue lo que le molestó tanto, ¿sabes? Quizá si él te cuenta a historia te contará esa parte. Y desde entonces todo escaló.

—Dijo también que te había acosado todo el tiempo —añade Eijiro—. Lo vomitó. O lo obligué a vomitarlo. Está convencido de que no merece nada por ello.

—Que… curioso… —dice Midoriya—. Nunca oí que Kacchan creyera que no merece algo. He oído otras cosas… Pero… —Sacude la cabeza—. No, hay cosas que tendrá que contarte él. Lo conozco muy bien, pero no estoy en su cabeza. Todo escaló y pasaron muchos años. Hasta ese momento. Tenía la mano en mi hombro. Creo. No sé. La tuvo en algún momento. La calentó, por supuesto, siempre lo hacía, intentando intimidarme. —Por la cara que pone, a Kirishima le parece atisbar que Bakugo lograba su cometido, al menos en parte—. Y lo dijo. ¿Cómo lo dijo? Que tomara vuelo desde lo alto del edificio o algo así. —Se encoge de hombros—. Fue tan… estúpido.

«Estúpido».

Eijiro no lo calificaría así.

Lo calificaría de «cruel» y «desconsiderado». Lo guardaría en la lista de las cosas más horribles que puedes decirle a alguien. No en la de las estupideces.

—No sé si lo dijo en serio. Nunca le he preguntado. Sólo recuerdo que más tarde ese día me pareció estúpido. ¿Sabes qué pensé?

—No —responde aun cuando sabe que es una pregunta retórica.

—Pensé algo como… No sé. Recuerdo haberme dicho a mí mismo que Kacchan era un estúpido si creía que algo como eso no acabaría en su expediente. Yo que sé. Nunca se me pasó por la cabeza. Y después pasaron demasiadas cosas, ¿sabes? Esa fue la primera vez que vi a All-Might. —Sonríe, como si esa fuera una buena memoria. Eijiro no pregunta más—. Quizá no importó demasiado porque más tarde estuve a punto de morir. Y luego Kacchan estuvo a punto de morir y sólo quedó eso en mi mente. Parecía que necesitaba salvación. —Deku suspira—. Más tarde me dijo que no lo necesitaba y que yo era un idiota, por haber saltado a salvarlo. Quizá sí. No sé. Sólo pensé… Los héroes profesionales estaban todos mirando. Y eso… —Aprieta los puños—. Eso me dio impotencia. Cuando yo salté e intenté salvarlo nadie estaba haciendo nada.

—Salió en las noticias —dice Eijiro, por llenar con algo el silencio—. Aunque sólo lo mencionaron a él. Dijeron que era muy valiente.

—Kirishima, estaba asustado —dice Midoriya.

Y luego, de nuevo, otra pausa.

—Le dije que tenía que hablar contigo —dice Eijiro—. Porque sus pensamientos lo están comiendo por dentro. Se siente culpable, aunque sea con meses de desfase.

—¿Lo juzgas? —pregunta Midoriya, súbitamente.

—Es imposible no hacerlo.

—No…, no lo hagas. Es nuestra historia. Mía y de él. Contigo se merece una historia más limpia —dice—. Y al final sólo yo puedo saber cómo me siento con respecto a él. Y es difícil intentar explicarlo, ¿sabes? Es una mezcla de miedo e ilusión. Miedo a que me rechace, a que lo odie, a que sienta que sólo está atascado conmigo en la vida. Ilusión porque lo desee siempre, incluso cuando no entendía lo que eran las almas gemelas. Pensaba que Kacchan y yo teníamos que estar siempre juntos, aunque no entendía el amor y el romance, y que ser almas gemelas era la solución a eso. Siento muchas cosas. No sé explicarlo. Debería hablar con el primero, ¿no?

—Sí.

—Sólo quiero… No sé. Me gustaría saber cómo se sienten sus brazos, Eijiro. Esa clase de cosas simples… Eso me hace ilusión.


Notas de este capítulo:

1) Eh, sí. Los sentimientos de Izuku con muy complicados. Más complicados que este capítulo, pero 1300 palabras (que me parecen muchas para la idea de capítulos cortos porque son diarios) dan para lo que dan.

2) Uno de estos días tendré que hacer cap doble, pero no será hoy ni será mañana porque el plan de mañana es leer hasta morir. Estén atentos.


Andrea Poulain